Telmo Rodríguez, enólogo de Compañía de Vinos Telmo Rodríguez y Remelluri
Si alguien sabe vender país, ese es Telmo Rodríguez. Nos encontramos frente a uno de los grandes del vino español. Más de un cuarto de siglo de recorrido profesional le avala como una de las referencias internacionales que ha sabido defender como nadie la calidad frente a la cantidad. Y todo bajo la premisa “el futuro está en el pasado”. Una vuelta a los orígenes para reivindicar lo que tenemos en casa. Es todo un honor que nos dedique unos minutos...

- De familia vitivinícola, el vino siempre te ha acompañado. ¿Cuál es el primer recuerdo que nos puedes contar relacionado con el vino?
En Remelluri en los años 70, casi siempre se vendimiaba con nieve. Yo entonces era un niño y se me grabó la imagen de la antigua nave de fermentación donde las uvas entraba tan fría que tenían que encender fuegos para que fermentaran. La imagen sería dantesca, las grandes cubas de madera en medio del fuego y el humo. Estoy seguro de que ese fue mi primer recuerdo fuerte del vino.
- ¿Desde siempre tuviste claro dedicarte al mundo del vino? ¿O hay un momento en tu vida en que sientes la llamada?
La verdad es que nuestros padres nunca pretendieron marcarnos el camino. Tengo una familia muy ecléctica mezcla de emprendedores y artistas. Somos de Irún, un pueblo de la frontera. Yo empecé a estudiar Biológicas quizás porque me gustaba mucho el mar. El vino fue una intuición que luego se convertiría en mi oficio. Quizás fue una lotería.
- Estudias enología en Burdeos, trabajas en las bodegas de la familia Prats y después sigues formándote en el Valle del Ródano con nombres tan importantes como Chave o Trévallon. ¿Qué te llevas de toda esa época? ¿Crees que tus vinos serían muy distintos si te hubieses quedado a estudiar en tu país?
Es lógico si queremos dedicarnos al vino beber de las fuentes francesas. Hay que reconocer que Francia tuvo el talento de transformar un producto de diario en un producto de lujo. Para mí lo más importante fue conocer a muy buenos viticultores y sobre todo a muy buena gente. Ellos fueron los que realmente me engancharon con este increíble mundo.
- Teniendo en cuenta que con lo que aprendiste en Francia se te abrió todo un mundo, una vez regresas a España y te incorporas a Remelluri, ¿qué fue lo más fácil y lo más difícil para integrarte en el proyecto familiar?
Cuando llegué a Rioja mi padre me explicó que no podíamos hacer un gran vino. Él estaba convencido que los consumidores de los Rioja no lo entenderían. Yo al principio sentí mucha rabia, pero seguramente mi padre tenía razón. El gran éxito de Rioja fue hacer mucho vino lo más barato posible. Dejamos al roble americano el protagonismo del gusto. La viña y el sabor de Rioja ya habían desaparecido. Decidí alejarme de Remelluri y tuve la oportunidad de viajar y conocer lugares olvidado. Comprendí que nuestro país era muy excitante y había que ir en busca de esos viñedos que iban desapareciendo; teníamos los más bonitos viñedos olvidados esperando a que alguien los mirara.
- De tus compañeros de estudios destaca Pablo Eguzkiza con quien compartes amistad y trabajo. Con él te embarcas en tu propia aventura a la búsqueda de micro dominios vitícolas por toda la península ¿Qué es lo que te dio la fuerza para creer en tu propio proyecto? Creo que nuestra historia es bonita. Nos conocimos en los pupitres de la facultad de enología de Burdeos y aquí seguimos.
Siempre hemos trabajado juntos. Hemos pasado momentos difíciles, sin medios, sin encontrar a veces lo que quisimos, pero siempre hemos disfrutado, nos hemos divertido mucho. Seguimos plantando en lugares mágicos, a veces nos creemos inmortales, hoy queremos transmitir todo esto a la gente con la que trabajamos. Nuestro proyecto es sencillo y humano, hoy tenemos prácticamente todo lo que necesitamos para ser muy felices.
- Es así como en 1994 arrancáis Compañía de Vinos Telmo Rodríguez. para reivindicar la autenticidad del territorio y la vuelta a los orígenes. Muestra de esta filosofía de trabajo nace Alma, un vino de garnacha elaborado en una época en la que se consideraba una variedad de segunda. ¿Qué supuso para vosotros apostar por variedades autóctonas cuando lo que vendía eran las foráneas?
Siempre hemos ido a contracorriente. Es verdad que a finales de los 80 principios de los 90, España no era muy excitante. Se vendió la idea de progreso con las variedades francesas, las espalderas y los riegos. Nosotros tuvimos la suerte de estar en contacto con la gran viticultura. Aprendimos de los viticultores heroicos que protegieron sus viñedos de toda la vida.
Llevamos así más de 30 años trabajando contracorriente. Creo realmente que hemos tenido mucha suerte, no nos podemos quejar. Hay muchos proyectos extraordinarios en nuestro país liderados por gente joven. Ellos nos están dando la razón. La verdad es que no tenemos mucho mérito pues todo lo que hacíamos era muy lógico.
- Si por algo ha destacado vuestra Compañía es por la búsqueda de microdominios vitícolas. Desde Ourense hasta Alicante, desde Málaga hasta Burgos, desde Ávila hasta La Rioja... Parece que el término “driving wine-maker” te va al pelo. ¿En qué te basas o qué pistas sigues para empezar a indagar una zona en concreto?
No creáis que me gusta esa idea del “driving wine-maker” que nace del concepto de un enólogo que viaja para hacer vinos igual por todos los lados. Nosotros es verdad que hemos recorrido mucho país, aunque insistimos que somos del noroeste; nos gusta la idea del noroeste. Nuestro trabajo ha consistido en ir a diferentes zonas, conocerlas aprender de ellas, sentir su paisaje y adaptar nuestro conocimiento e intentar explicar los diferentes gustos de los sitios.
- En 1996, cuando el mercado creía que España era solo país de tintos, lanzáis Basa, un vino blanco de Rueda elaborado con las variedades verdejo y viura. ¿Qué supuso para vosotros tan osada hazaña?
Es verdad que fuera de España se nos conocía como país de tintos, incluso aquí tampoco se apreciaba el vino blanco. Vimos en Rueda un gran potencial. Vimos un gran territorio con unas variedades y gusto muy interesantes. También cuando empezamos, como no teníamos dinero, estábamos obligados a tener éxito muy rápido. Estamos muy agradecidos a Basa por todo lo que nos ha dado. Es un vino sencillo, original, honesto que ha dado mucho placer y que ha descubierto a mucha gente de fuera el potencial de nuestros blancos.
- Durante todo este tiempo habéis recuperado una magnífica colección de viñedos en diversas zonas de España. Grandes vinos como Matallana, Lanzaga o Pago La Jara dan fe de ello. ¿Te has planteado alguna vez elaborar vino en terroir extranjero? Si fuera el caso ¿dónde te gustaría probar suerte?
Cuando volví de Francia tuve claro que teníamos que trabajar solo en nuestro país. Nunca hemos imitado a los vinos franceses. Los admiramos y los bebemos pero aquí estamos en un país extraordinario y hay mucho por hacer. Hoy tenemos 85 Has de “grand cru”. Para disfrutar de nuestro trabajo no necesitamos salir de nuestras fronteras.
- Tus vinos proceden de distintas denominaciones: La Rioja, Ribera del Duero, Rueda, Valdeorras, Alicante, Toro, Málaga, Cigales, Ávila. Aunque cada una de ellas es de su padre y su madre, alguna característica en común deben tener los vinos de Telmo Rodríguez. ¿Nos confiesas alguna de ellas?
Siempre hemos intentado que cada vino que hacemos sea original, del más sencillo al más complejo. A mí me gusta cuando se dice que nuestros vinos son honestos, que explican bien los lugares y que dan placer. Generalmente cuando llegamos a un lugar sea Gredos, Rioja, Ribera del Duero….tardamos muchos años en hacer el gran vino. Pablo es un gran perfeccionista. En nuestro proyecto no todo vale.
- En 2010 te reincorporas a la bodega familiar Remelluri y junto a tu hermana Amaya apuestas por una vuelta a los orígenes en Rioja donde unas pocas parcelas se explican en un solo vino. ¿Remelluri Reserva es un vino de finca basado en el referente histórico Medoc Alavés? ¿Podrías explicarnos en qué consiste este término?
El Medoc Alavés fue seguramente la historia más bonita que ha visto nuestro viñedo. Fue un intento de abrir la puerta del gran vino en nuestro país. Quizás fue demasiado pronto y por supuesto fracasó el intento. Rioja desde el S.XIX estuvo marcada por un concepto del comerciante. Seguramente con la influencia de los comerciantes de vino que vinieron de Francia. Yo vuelvo a Remelluri en 2010 con mi hermana con el objetivo de que nuestra generación haga el gran vino de Remelluri. Estoy seguro de que mi padre hoy lo aprobaría. Ya vemos un mercado preparado. Remelluri es una propiedad del siglo XIV extraordinaria. Tenemos todos los elementos para hacer algo muy bueno. Nos hemos alejado del modelo de éxito comercial de Rioja Hoy tenemos claro que queremos hacer menos vino, trabajar más y alumbrar ese gran vino que duerme en nuestras viñas.
- Sabemos que por tu trabajo eres un viajador nato. El poco tiempo libre que te queda entre viñedos y aeropuertos ¿a qué te gusta dedicarlo?
Sigo siendo un hombre de mar y me gusta hacer muchas cosas.
- Y por último, ¿nos podrías descubrir el último vino que te ha cautivado?
Llevo varios años comprando cada vez más vinos de gente joven de nuestro país que están haciendo un trabajo increíble. Creo que todo lo que se está haciendo en Galicia, en Bierzo, en Levante, en Rioja y en Jerez, estoy descubriendo lo bonito que es nuestro país. Creo que definitivamente hay una nueva generación a la que le gusta el vino profundamente y que van a descubrir algo que desconocíamos.
¡Muchas gracias!