Promoción captación España

Envío gratis y sacacorchos de regalo primeros pedidos >49 € con el cupón DECÁNTALO

Decántalo
Blog de vino
No te pierdas nuestros artículos sobre el mundo del vino. Bodegas, elaboraciones, zonas vinícolas, maridajes, entrevistas con los mejores profesionales del panorama vinícola… Todas las novedades sobre el mundo del vino.

Telmo Rodríguez, enólogo de Compañía de Vinos Telmo Rodríguez y Remelluri

07/07/2021 Entrevistas

Si alguien sabe vender país, ese es Telmo Rodríguez. Nos encontramos frente a uno de los  grandes del vino español. Más de un cuarto de siglo de recorrido profesional le avala como  una de las referencias internacionales que ha sabido defender como nadie la calidad frente  a la cantidad. Y todo bajo la premisa “el futuro está en el pasado”. Una vuelta a los orígenes  para reivindicar lo que tenemos en casa. Es todo un honor que nos dedique unos minutos...

- De familia vitivinícola, el vino siempre te ha acompañado. ¿Cuál es el primer recuerdo que  nos puedes contar relacionado con el vino?

En Remelluri en los años 70, casi siempre se vendimiaba con nieve. Yo entonces era un  niño y se me grabó la imagen de la antigua nave de fermentación donde las uvas entraba tan fría que tenían que encender fuegos para que fermentaran. La imagen sería dantesca,  las grandes cubas de madera en medio del fuego y el humo. Estoy seguro de que ese fue  mi primer recuerdo fuerte del vino.

- ¿Desde siempre tuviste claro dedicarte al mundo del vino? ¿O hay un momento en tu vida  en que sientes la llamada? 

La verdad es que nuestros padres nunca pretendieron marcarnos el camino. Tengo una  familia muy ecléctica mezcla de emprendedores y artistas. Somos de Irún, un pueblo de la  frontera. Yo empecé a estudiar Biológicas quizás porque me gustaba mucho el mar. El vino  fue una intuición que luego se convertiría en mi oficio. Quizás fue una lotería. 

- Estudias enología en Burdeos, trabajas en las bodegas de la familia Prats y después sigues  formándote en el Valle del Ródano con nombres tan importantes como Chave o Trévallon.  ¿Qué te llevas de toda esa época? ¿Crees que tus vinos serían muy distintos si te hubieses  quedado a estudiar en tu país? 

Es lógico si queremos dedicarnos al vino beber de las fuentes francesas. Hay que  reconocer que Francia tuvo el talento de transformar un producto de diario en un producto  de lujo. Para mí lo más importante fue conocer a muy buenos viticultores y sobre todo a  muy buena gente. Ellos fueron los que realmente me engancharon con este increíble  mundo.  

- Teniendo en cuenta que con lo que aprendiste en Francia se te abrió todo un mundo, una  vez regresas a España y te incorporas a Remelluri, ¿qué fue lo más fácil y lo más difícil para  integrarte en el proyecto familiar? 

Cuando llegué a Rioja mi padre me explicó que no podíamos hacer un gran vino. Él estaba  convencido que los consumidores de los Rioja no lo entenderían. Yo al principio sentí  mucha rabia, pero seguramente mi padre tenía razón. El gran éxito de Rioja fue hacer  mucho vino lo más barato posible. Dejamos al roble americano el protagonismo del gusto.  La viña y el sabor de Rioja ya habían desaparecido. Decidí alejarme de Remelluri y tuve la  oportunidad de viajar y conocer lugares olvidado. Comprendí que nuestro país era muy  excitante y había que ir en busca de esos viñedos que iban desapareciendo; teníamos los  más bonitos viñedos olvidados esperando a que alguien los mirara. 

- De tus compañeros de estudios destaca Pablo Eguzkiza con quien compartes amistad y  trabajo. Con él te embarcas en tu propia aventura a la búsqueda de micro dominios vitícolas  por toda la península ¿Qué es lo que te dio la fuerza para creer en tu propio proyecto? Creo que nuestra historia es bonita. Nos conocimos en los pupitres de la facultad de  enología de Burdeos y aquí seguimos. 

Siempre hemos trabajado juntos. Hemos pasado momentos difíciles, sin medios, sin  encontrar a veces lo que quisimos, pero siempre hemos disfrutado, nos hemos divertido  mucho. Seguimos plantando en lugares mágicos, a veces nos creemos inmortales, hoy  queremos transmitir todo esto a la gente con la que trabajamos. Nuestro proyecto es  sencillo y humano, hoy tenemos prácticamente todo lo que necesitamos para ser muy  felices. 

- Es así como en 1994 arrancáis Compañía de Vinos Telmo Rodríguez. para reivindicar la  autenticidad del territorio y la vuelta a los orígenes. Muestra de esta filosofía de trabajo nace  Alma, un vino de garnacha elaborado en una época en la que se consideraba una variedad  de segunda. ¿Qué supuso para vosotros apostar por variedades autóctonas cuando lo que  vendía eran las foráneas? 

Siempre hemos ido a contracorriente. Es verdad que a finales de los 80 principios de los 90, España no era muy excitante. Se vendió la idea de progreso con las variedades francesas,  las espalderas y los riegos. Nosotros tuvimos la suerte de estar en contacto con la gran  viticultura. Aprendimos de los viticultores heroicos que protegieron sus viñedos de toda la  vida.  

Llevamos así más de 30 años trabajando contracorriente. Creo realmente que hemos tenido  mucha suerte, no nos podemos quejar. Hay muchos proyectos extraordinarios en nuestro país liderados por gente joven. Ellos nos están dando la razón. La verdad es que no  tenemos mucho mérito pues todo lo que hacíamos era muy lógico. 

- Si por algo ha destacado vuestra Compañía es por la búsqueda de microdominios vitícolas.  Desde Ourense hasta Alicante, desde Málaga hasta Burgos, desde Ávila hasta La Rioja...  Parece que el término “driving wine-maker” te va al pelo. ¿En qué te basas o qué pistas  sigues para empezar a indagar una zona en concreto? 

No creáis que me gusta esa idea del “driving wine-maker” que nace del concepto de un  enólogo que viaja para hacer vinos igual por todos los lados. Nosotros es verdad que hemos  recorrido mucho país, aunque insistimos que somos del noroeste; nos gusta la idea del  noroeste. Nuestro trabajo ha consistido en ir a diferentes zonas, conocerlas aprender de  ellas, sentir su paisaje y adaptar nuestro conocimiento e intentar explicar los diferentes  gustos de los sitios. 

- En 1996, cuando el mercado creía que España era solo país de tintos, lanzáis Basa, un vino  blanco de Rueda elaborado con las variedades verdejo y viura. ¿Qué supuso para vosotros tan osada hazaña? 

Es verdad que fuera de España se nos conocía como país de tintos, incluso aquí tampoco se apreciaba el vino blanco. Vimos en Rueda un gran potencial. Vimos un gran territorio con  unas variedades y gusto muy interesantes. También cuando empezamos, como no  teníamos dinero, estábamos obligados a tener éxito muy rápido. Estamos muy agradecidos  a Basa por todo lo que nos ha dado. Es un vino sencillo, original, honesto que ha dado  mucho placer y que ha descubierto a mucha gente de fuera el potencial de nuestros  blancos. 

- Durante todo este tiempo habéis recuperado una magnífica colección de viñedos en  diversas zonas de España. Grandes vinos como Matallana, Lanzaga o Pago La Jara dan fe  de ello. ¿Te has planteado alguna vez elaborar vino en terroir extranjero? Si fuera el caso  ¿dónde te gustaría probar suerte? 

Cuando volví de Francia tuve claro que teníamos que trabajar solo en nuestro país. Nunca  hemos imitado a los vinos franceses. Los admiramos y los bebemos pero aquí estamos en  un país extraordinario y hay mucho por hacer. Hoy tenemos 85 Has de “grand cru”. Para  disfrutar de nuestro trabajo no necesitamos salir de nuestras fronteras. 

- Tus vinos proceden de distintas denominaciones: La Rioja, Ribera del Duero, Rueda,  Valdeorras, Alicante, Toro, Málaga, Cigales, Ávila. Aunque cada una de ellas es de su padre  y su madre, alguna característica en común deben tener los vinos de Telmo Rodríguez.  ¿Nos confiesas alguna de ellas? 

Siempre hemos intentado que cada vino que hacemos sea original, del más sencillo al más  complejo. A mí me gusta cuando se dice que nuestros vinos son honestos, que explican  bien los lugares y que dan placer. Generalmente cuando llegamos a un lugar sea Gredos,  Rioja, Ribera del Duero….tardamos muchos años en hacer el gran vino. Pablo es un gran  perfeccionista. En nuestro proyecto no todo vale. 

- En 2010 te reincorporas a la bodega familiar Remelluri y junto a tu hermana Amaya  apuestas por una vuelta a los orígenes en Rioja donde unas pocas parcelas se explican en  un solo vino. ¿Remelluri Reserva es un vino de finca basado en el referente histórico Medoc  Alavés? ¿Podrías explicarnos en qué consiste este término? 

El Medoc Alavés fue seguramente la historia más bonita que ha visto nuestro viñedo. Fue  un intento de abrir la puerta del gran vino en nuestro país. Quizás fue demasiado pronto y  por supuesto fracasó el intento. Rioja desde el S.XIX estuvo marcada por un concepto del  comerciante. Seguramente con la influencia de los comerciantes de vino que vinieron de Francia. Yo vuelvo a Remelluri en 2010 con mi hermana con el objetivo de que nuestra  generación haga el gran vino de Remelluri. Estoy seguro de que mi padre hoy lo aprobaría. Ya vemos un mercado preparado. Remelluri es una propiedad del siglo XIV extraordinaria. Tenemos todos los elementos para hacer algo muy bueno. Nos hemos alejado del modelo de éxito comercial de Rioja Hoy tenemos claro que queremos hacer menos vino, trabajar  más y alumbrar ese gran vino que duerme en nuestras viñas. 

- Sabemos que por tu trabajo eres un viajador nato. El poco tiempo libre que te queda entre  viñedos y aeropuertos ¿a qué te gusta dedicarlo? 

Sigo siendo un hombre de mar y me gusta hacer muchas cosas. 

- Y por último, ¿nos podrías descubrir el último vino que te ha cautivado?

Llevo varios años comprando cada vez más vinos de gente joven de nuestro país que están  haciendo un trabajo increíble. Creo que todo lo que se está haciendo en Galicia, en Bierzo, en Levante, en Rioja y en Jerez, estoy descubriendo lo bonito que es nuestro país. Creo que definitivamente hay una nueva generación a la que le gusta el vino profundamente  y que van a descubrir algo que desconocíamos.  

¡Muchas gracias!