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Blog de vino
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¿Qué nos dice el color en un vino?

Cuando hablamos del color en un vino es posible que nos limitemos a pensar en los tres estilos básicos que conocemos para elegir: vino blancovino rosado y vino tinto, lo cual es correcto; sin embargo, el color de un vino esconde mucha información que constituye una buena pista para adivinar, comprender y disfrutar mejor de lo que tenemos en nuestra copa.

¿Te animas a descubrir todos los secretos que esconde el color de un vino?

¡Vamos allá!

El color de un vino nos puede hablar de cómo ha sido elaborado

Tenemos vinos blancos, tintos, rosados y naranjas (los tan de moda orange wines) gracias a los flavonoles y los antocianos, unos pigmentos solubles en agua que se encuentran en la piel de las uvas y que son los causantes del color de un vino.

Si cortas una uva podrás darte cuenta de que, sea cual sea el color de su piel, la pulpa no tiene color (salvo algunas contadas excepciones). Al elaborar un vino tinto, el mosto permanece en contacto con los hollejos de las uvas (tintas), que son los que le aportan el color. En el caso de los vinos blancos, durante la fermentación el mosto no permanece en contacto con las pieles, por lo tanto, no adquieren color. Y esto hace que sea posible elaborar vinos blancos también a partir de uvas tintas, los conocidos como blancs de noirs.

Un caso de excepción es el que ocurre si hablamos de vinos naranjas (orange wines). A pesar de estar elaborados con uvas blancas, estos se vinifican de manera similar a un vino tinto, es decir, su mosto se deja en contacto con las pieles, que consiguen aportar características organolépticas y una personalidad distinta a la de los vinos blancos. El contacto prolongado con los hollejos y una exposición a la oxidación durante su crianza hacen que el vino resultante sea de un color que se irá acercando al naranja o ámbar. De ahí su nombre.

Los vinos rosados se elaboran igual que los tintos, pero a diferencia de estos, el contacto que el mosto tiene con los hollejos de las uvas es tan breve como sutil se desee su color. Es decir, su color final dependerá del tiempo de contacto entre el mosto y las pieles de las uvas tintas, para obtener el vino que tenga pensado cada elaborador.

El color nos habla sobre la edad o estado de conservación del vino

Es bonito poder comparar un vino con una persona, ambos seres evolucionan con el paso del tiempo, y así como pasa con las personas, hay vinos que envejecen mejor que otros y hay algunos que, a pesar de su juventud, aparentan más años de los que tienen. 

El color del vino nos da pistas sobre su estado de madurez o edad. Los tintos con el paso del tiempo suelen perder intensidad y sus colores pasan de ser de un púrpura vibrante a los tonos granates o teja, es decir, decaen. En los vinos blancos pasa lo contrario, de tener brillantes tonalidades amarillo-verdosas, con el envejecimiento su color se apaga y se torna opaco y amarronado con tendencia a los tonos que van del dorado al ámbar. A los vinos rosados también se les nota la edad. Sus vibrantes colores, que van del frambuesa al rosa pálido, pueden verse apagados y comenzar a tornarse amarronados.

Es posible encontrarnos con vinos que, a pesar de su juventud, una mala conservación los ha expuesto a factores que adelantan su oxidación o envejecimiento, cuyos síntomas veremos reflejados en su color, aroma o sabor. También puede haber otros que, a pesar de contar con un color brillante, lleno de juventud, su sabor puede estar decaído, falto de alcohol y acidez, es decir, carente de la vida que refleja. Podemos encontrar maravillosas excepciones. Grandes vinos que por su color representan una edad avanzada, pero que conservan una envidiable vivacidad. O aquellos preparados para crianzas largas, como algunos vinos de la DOca. Rioja, a los que los años les sientan de maravilla, a pesar de que su color en la copa muestre los indicios de una larga vida.

El color nos da pistas sobre la variedad con la que está elaborado un vino

Sobre todo en los vinos tintos, el color puede ser una pista importante sobre la variedad con la que está elaborado. Vinos de capa baja o de capa alta pueden ser los descriptores para aquellos cuyo color es más sutil, como los elaborados con la variedad pinot noir, o aquellos cuya tonalidad es tan intensa y cerrada que no nos deja ver a través del líquido, como puede ser un vino de cariñena o merlot.

Que un vino tinto tenga un color menos intenso, que da la sensación de diluido, no es motivo para juzgarlo o rechazarlo, ni es un indicador de falta de carácter, estructura o calidad. Más bien nos habla noblemente del respeto del viticultor por conservar las cualidades de la uva con la que lo elabora. Los vinos tintos de Borgoña, de la variedad pinot noir, son algunos de los más buscados y caros del mundo y, sin embargo, su color suele ser ligero y sutil.

Esperamos que estas pistas que nos aporta el color del vino te sirvan para disfrutar y saber más de lo que contiene tu copa, pero recuerda que no podemos basarnos solo en la vista, y en este caso, en el color de un vino para su análisis completo. Necesitamos la complicidad del paladar y de la nariz. Aquello que puede parecer un defecto, puede llegar a ser un factor diferenciador que hace que un vino sea único y especial.