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Descubriendo a Mario Rovira, una de las grandes promesas de la vitivinicultura española

29/09/2020 Entrevistas

Joven y emprendedor, así es Mario Rovira, un enólogo incansable y una de las grandes promesas de la vitivinicultura española actual. Mario es un hombre tranquilo quien desde la sencillez sabe escuchar y entender a la viña. No conforme con enfrentarse al reto de elaborar vino en el Bierzo, despliega su talento por territorios tan distintos como Jerez o Alella. Conozcamos un poco más sobre Mario y sus interesantes proyectos que están dando mucho de qué hablar.Mario Rovira

Entrevista a Mario Rovira en exclusiva para Decántalo

Para tí, ¿qué es el vino? 

Para mí, el vino es una forma de vivir. Me considero una persona algo tímida y reservada por lo que el vino para mí es una forma de expresarme, de comunicarme, una forma de relacionarme con el entorno y de interpretar a través de una botella lo que veo y siento en el viñedo durante todo el año… también es en gran parte pasión para poder tirar adelante los momentos duros que las heladas, la piedra o las enfermedades nos han tocado en estos años,  es arte, es cultura y ¡cómo no! un negocio también. Y en este último punto es donde a través de la concienciación social y la didáctica intentamos que como pequeños productores la gente sea consciente de lo que cuesta hoy en día mantener y tirar adelante proyectos pequeños y familiares como el nuestro.

¿Cuál es el primer recuerdo que tienes relacionado con el vino? 

Tengo muchos recuerdos relacionados con el vino pero aquel que creo que fue el primero es el gusto del mosto que me daba mi abuela en botella de un litro. Procedo de un barrio humilde de Barcelona y mis padres trabajaban hasta tarde así que pasaba los días con mis abuelos hasta que llegaban mis padres por la noche a buscarme, y en su casa siempre había una botella de mosto,  un sabor que no olvidaré. Era adictivo, recuerdo la fruta, el azúcar, el color de la botella…una etiqueta horrible por cierto…

¿Qué es lo que te impulsó a dedicarte a la elaboración de vino? 

Desde la facultad ya escogía asignaturas de producción vitícola. Hacíamos prácticas en viñedo e hicimos un vino estilo rosado como trabajo final y me empezó a llamar la atención el mundo del vino así que, después de estudiar Agrónomos en Lérida, me orienté hacia la Enología y a hacer vendimias…pero mi verdadera revolución fue el poder trabajar con Jean Claude Berrouet en la Fleur Petrus (Pomerol) su último año antes de jubilarse. Allí pude aprender mucho sobre el rigor y el conocimiento del vino…el por qué de muchas cosas y lo más importante: respeto, equilibrio y humildad, algo que pienso que en nuestro sector es muy necesario. Desde allí salté a Sancerre, después a Nueva Zelanda y terminé en California.

Al finalizar tu formación profesional en el extranjero ¿por qué elegiste el Bierzo para comenzar tu proyecto vinícola?

Al volver a España tenía mucha inquietud por intentar hacer mi propio proyecto, tenía 27 años y buscaba hacer algo muy personal y que tuviese como base el viñedo viejo, las variedades autóctonas, zona de montaña, altitud, laderas y suelos. Buscaba hacer vinos más atlánticos así que me puse a buscar y un buen amigo me invitó a conocer el Bierzo y encontré lo que buscaba.

Gracias a mi familia que me apoyó en todo momento pude iniciar el proyecto de Akilia arrendando mis dos primeras parcelas en diciembre del 2010, a partir del 2013 empezamos a comprar viñedo viejo hasta hoy en día que tenemos 4,5 Ha. en la zona de San Lorenzo (Bierzo), llevadas en orgánico desde el primer año y en donde invertimos todos nuestros esfuerzos para que esas parcelas se expresen cada día más y mejor en nuestros vinos.

Sabemos que eres un enamorado de la variedad mencía. ¿Qué es lo que te aporta esta uva que la distingue de las demás variedades tintas?

Creo que es una variedad muy compleja… todavía hoy me sorprende. Dentro de las variedades autóctonas considero que es capaz de ser interpretada de muchas maneras diferentes y dar vinos muy diferentes: desde hacer vinos jóvenes con tensión y eléctricos hasta vinos de guarda que evolucionan muy bien con el tiempo.

Esa versatilidad que, sumada a las diferentes laderas y orientaciones que hay en Bierzo, hace que el juego sea muy divertido y que puedas elaborar vinos muy distintos a partir de una única variedad.

Los vinos de Akilia, tu proyecto personal en el Bierzo, han causado sensación entre los catadores de la prestigiosa publicación “The Wine Advocate”. ¿Qué es lo que les ha llamado más la atención o valoran más en tus vinos?

Pues sinceramente no lo sé, nunca he hablado sobre ésto con ellos pero lo que intentamos en nuestros vinos es representar la añada, representar un zona como es San Lorenzo, zona de altitud y de laderas, pero sobre todo lo que desde un inicio queríamos era hacer vinos frescos y elegantes, para ello siempre hemos intentado ajustar mucho la fecha de vendimia buscando un punto muy concreto que está entre el final del envero y el inicio de la maduración, un punto muy crujiente de la uva, con una fruta muy especiada y poco compotada. Hemos intentando huir de la sobre maduración a pesar de las añadas complicadas que nos ha tocado vivir… y todo esto es lo que me gustaría que la gente pueda apreciar en nuestros vinos.

Luego de echar a andar Akilia, tu proyecto en el Bierzo (Castilla y León), decides elaborar vinos también en Jerez (Andalucía) y en Alella (Cataluña). ¿Cómo relacionas este particular triángulo vinícola? ¿Qué es lo que te ha llevado a elegir estos sitios para elaborar nuevos vinos?

Pues son tres proyectos que se nutren unos de otros pero el primero que inicié después de Akilia fue el de Jerez (Sanlúcar de Barrameda) en 2014 en colaboración con una bodega histórica del Marco de Jerez como lo es Delgado Zuleta.

Fue una colaboración casual e inesperada ya que yo he elaborado mis blancos del Bierzo desde el 2011 con la variedad palomino, de hecho el viñedo más viejo que tenemos, de 118 años, es de palomino y hacemos un parcelario que se llama “Valdesacia”. Coincidimos en una feria y, catando yo sus vinos y ellos los míos, decidimos hacer una bota conjunta sin fortificar y bajo velo flor. De esa bota pasamos a dos botas al siguiente año y así hasta hoy, que jugamos con 7-8 botas y dos depósitos. Así nació el proyecto de “Tosca” y en donde hoy en día tenemos tres vinos Tosca, Tosca Cerrada y Tosca de Lentejuela que juegan de menos a más con la intensidad de la crianza biológica pero siempre sin fortificar.

El proyecto de Alella es una espinita que tenía clavada desde hacía muchos años.

Tenía inquietud por hacer algo en mi tierra intentando expresar un Mediterráneo más fresco y junto con mi mujer, que por cierto conocí en Bierzo, encontramos una parcela de 3 Ha. orientada al mar dentro del parque natural de la Serralada de Marina y con viñedo viejo así que en 2017 empezamos con la poda e hicimos nuestra primera vendimia en 2018. Todo un reto elaborar en Alella con maduraciones tan rápidas y el mar tan cerca. Intentamos que el suelo de granito (sauló) y la salinidad del mar sean nuestro hilo conductor en los tres vinos que elaboramos en Alella pero siempre terminamos corriendo para que los golpes de calor que tenemos en agosto no hagan perder la acidez de la uva.

Elaboras vinos en Jerez, y los que vinificas en Alella tienen nombres relacionados con el flamenco. ¿Existe alguna relación entre unos vinos y otros, un hilo conductor que los enlace? De ser así, ¿Nos la puedes contar?

Pues sí que tienen relación. Hemos utilizado botas de Jerez de nuestro proyecto de Tosca para elaborar los vinos de Alella. Hacemos parte de la crianza en bota para nuestro primer blanco, “La Flamenca”, que es pansa blanca y macabeo, y para el vino parcelario “La Farruca”, que es 100% macabeo, fermentamos y criamos todo en bota de Jerez. Los nombres son diferentes palos del flamenco, ya que hacemos un mestizaje entre variedades de aquí y botas del sur.

¿Nos podrías presentar tu vino favorito de alguno de tus proyectos?

Es difícil poder decir uno porque todos tienen cosas que me gustan y que hacen que sean únicos y diferentes, desde la frescura de los vinos de la añada 2012 pasando por la elegancia que tienen ahora los vinos del 2016, como el Villa de San Lorenzo, o la delicadeza de Villarín 2018. La evolución del Tosca Cerrada 2017 en botella creo que es mágica o los vinos de Alella de mi primera añada, la 2018, después de un año en botella.

Pero si hay un vino que podría destacar por su rareza y por un aspecto emocional sería el Valdesacia tinto que procede de la parcela de Valdesacia, de 118 años de edad, donde todo es uva blanca de palomino menos dos filas de mencía. Sólo hemos hecho dos añadas de momento, de poquitas botellas, pero que deben su mérito a un buen amigo que ya no está con nosotros, era un enamorado de esa parcela y que me animó a vinificar esas uvas por separado.

¿Cuáles son las pasiones secretas y no tan secretas y, sobre todo, confesables de Mario Rovira más allá de todo lo relacionado con el vino? 

Sinceramente desde que inicié el proyecto de Akilia no tengo mucho tiempo libre, antes leía mucho, dibujaba, me gustaba mucho el mar, pero ahora cuando dispongo de tiempo intento estar con la familia que es mi otra gran pasión, los que me aguantan, me apoyan en todo momento y sin ellos no sería posible todo esto.

Como joven enólogo, ¿nos podrías explicar alguna dificultad a la que te hayas tenido que enfrentar para sacar adelante tus proyectos? 

Son muchas las dificultades a las que me he enfrentado, desde el inicio de una idea y encontrar recursos para llevarla a cabo o el rechazo de la gente cuando quieres hacer las cosas diferentes en una zona tradicional, eso es lo que más me costó en los inicios. También las añadas tan dispares que hemos tenido en un periodo tan corto de tiempo, el mercado que cada vez es más volátil y ahora el COVID, que representa un gran reto a todos los niveles.

¿Hay algún joven proyecto vinícola como el tuyo al que nos aconsejes seguirle la pista y por qué?

Actualmente hay muchos pequeños proyectos que son muy interesantes en España pero me gusta beber vinos de los proyectos de jóvenes productores del Marco de Jerez, los vinos eléctricos de Galicia, los vinos de mínima intervención que se hacen en Penedés o las Garnachas de Gredos.

¿Cuál es el último vino que te ha emocionado y por qué?

Pues en la comida  de final de vendimia de este año en Alella me sorprendió un vino blanco de Sicilia elaborado por Azienda Agricola Cos con la variedad grecanico dorato con un punto de evolución contenida, salino, mineral, con buena acidez y con cierta textura… pienso que era el momento también para beber ese vino después de vendimiar.

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