En tiempos donde todo parece correr demasiado rápido, hay quienes deciden ir en dirección contraria. Volver a mirar la tierra con calma. Escucharla. Recuperar lo que parecía perdido. Y sí, también hacer vino con uvas que apenas unos pocos recordaban.
Es el caso de la esperó de gall, una variedad mallorquina casi extinguida, que ha vuelto a la vida gracias a la tenacidad de unos pocos —entre ellos, Pep Rodríguez, el alma detrás del proyecto Soca-Rel. Pep no es un viticultor cualquiera: es un vigneron a la francesa, un vinyòvol a la mallorquina. Habita la viña los 365 días del año, habla con las cepas, los suelos, las nubes, y tiene una idea clarísima del vino que quiere conseguir. Natural, honesto, sin artificios. De los que cuentan algo.
Y lo ha conseguido. Su nuevo tinto, Soca-rel Politxó Negre Esperó de Gall, es, como diría alguno con buen paladar y mejor intuición, un milagro de la viticultura moderna. Un monovarietal que se cultiva de forma ecológica y se vendimia manualmente. En bodega, se realiza una maceración fermentativa con sombrero sumergido, una técnica que permite una extracción más delicada y controlada de color y taninos, perfecta para esta variedad de piel fina. Luego se prensa con suavidad y se clarifica por decantación natural en depósito de acero inoxidable, sin filtrados agresivos ni intervención innecesaria.
El resultado es Soca-rel Politxó Negre Esperó de Gall, un vino limpio y sincero que evoca el aroma de campo seco y tierra viva. No busca impresionar, sino tocar el alma. Nos habla de un paisaje, de una variedad casi olvidada, y de una filosofía de vinificación basada en la paciencia, la sensibilidad y la autenticidad. Un ejercicio de resistencia, de honrar la memoria y de mirar hacia el futuro.