Hay espumosos que buscan la ocasión, y otros, como Castellroig Reserva Brut, la crean.
En el corazón del Penedès, a pocos kilómetros del mar y lo suficientemente cerca de Barcelona como para sentir su pulso, se extiende la finca familiar de Sabaté i Coca: un mosaico de viñedos que ha ido creciendo con el tiempo como crecen las cosas que se cuidan de verdad. Cuatro generaciones después, la familia sigue trabajando la tierra con una calma casi obstinada, como si cada parcela tuviera algo que decir si se le escucha lo suficiente. Marcel Sabaté, enólogo y guardián de todo esto, ha convertido ese paisaje en un mapa íntimo de suelos, microclimas y matices que solo se revelan con paciencia.
Castellroig Reserva Brut nace de ese mismo lugar, pero no busca explicarlo todo. Es un espumoso que se construye desde la diversidad silenciosa de la finca, desde viñedos que maduran un poco más despacio, como si se tomaran su tiempo antes de hablar. Xarel·lo, macabeo, parellada y un toque de chardonnay se encuentran aquí con naturalidad, después de haber sido trabajadas por separado, como conversaciones distintas que acaban coincidiendo en la misma mesa. Luego el tiempo hace su parte, afinando el conjunto sin imponerse.
En copa, Castellroig Reserva Brut es luminoso, directo, con esa sensación de frescor que recuerda a tardes abiertas, a mesas sin prisa y a cosas que no necesitan demasiada explicación para funcionar. Hay fruta blanca, un punto cítrico muy limpio y una textura que lo hace fácil sin hacerlo simple; parece discreto, pero se queda en la memoria sin hacer ruido.
Castellroig Reserva Brut es como un pequeño secreto bien encontrado: de esos que no necesitas explicar demasiado, perfecto para descorchar cuando no hace falta justificar nada: una comida improvisada, un encuentro que se alarga, una tarde que no estaba pensada para ser especial pero lo acaba siendo. Un Corpinnat de Sabaté i Coca que no presume de lo que es, pero lo demuestra en cuanto llega a la mesa.