Blog de vino

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Descubriendo a Juan Carlos López de Lacalle, enólogo de Artadi

Visionario, transgresor, revolucionario… son algunos de los adjetivos con los que se suele describir a Juan Carlos López de Lacalle quien, desde su modesta trinchera de conocimiento y sin hacer apenas ruido, ha conseguido de manera brillante y creativa hacer vinos de vanguardia en Artadi, su bodega familiar. Elaboraciones con las que ha sido capaz de alcanzar los tan deseados 100 puntos Parker.

Juan Carlos extiende su sabiduría y versatilidad a otros puntos de la geografía española donde también elabora grandes vinos. Todo ello, sin duda le ha convertido en uno de los enólogos más admirados y con más proyección internacional del que nos gustaría conocer un poco más.

- Cuarta generación de una familia de viticultores y nacido en la tierra del vino por excelencia, ¿cómo nos podrías describir lo que significa el vino para tí? ¿Serías capaz de vivir sin él?

El ser humano es un ser muy fuerte con grandes dotes de supervivencia y por lo tanto creo que es demasiado decir que yo no sería capaz de vivir sin el vino. Ahora bien, también es cierto que después de casi cuarenta años de mi vida vinculado al vino y al viñedo, sinceramente sería muy difícil para mí imaginar mi vida sin todas mis experiencias y vivencias en torno al vino. Realmente la viticultura es una actividad que te atrae y te atrapa de forma muy fuerte.

- ¿Tienes algún primer recuerdo relacionado con el vino que guardes con especial cariño?

Los primeros recuerdos están ligados a la familia y, en concreto, a mi abuelo Jenaro y al tío Julián; dos hombres que vivieron de forma intensa el devenir de la viticultura en nuestra comarca. Desde la reconversión de los viñedos afectados por la filoxera hasta la mecanización de los viñedos de aquellos lejanos años cincuenta y sesenta, ellos formaron parte como protagonistas de aquellos momentos. Yo era muy pequeño, tendría unos ocho o diez años, cuando se grabaron en mi memoria mis primeras experiencias y aquellos momentos vividos con ellos en el viñedo.

- Nacido en una zona vinícola, de familia viticultora, ¿llegaste a imaginar tu vida dedicándote a otra cosa que no fuera el vino? ¿Qué fue lo que definitivamente hizo despertar en tí “la llamada del vino”?

Lo he comentado en otras ocasiones que cuando terminé el bachiller estaba ilusionado en estudiar arquitectura. Pero afortunadamente, mi padre me dijo que este no era el mejor momento económico ni más apropiado para la arquitectura y dirigí mis sueños hacia mis raíces. En aquel tiempo, mis abuelos habían fallecido y mi madre ya tenía un viñedo en propiedad, lo que me hizo redirigir mis ilusiones hacia el vino. Inicié mis estudios de enología en Madrid y posteriormente hice Ingeniería Técnica Agrícola en Pamplona. Y así inicié el camino para dedicarme al viñedo y al vino.

- Artadi nace en 1985 en Laguardia (Rioja Alavesa) como una cooperativa de cosecheros. En 1992 tu familia toma el timón del proyecto. Obtienes tus primeros 100 puntos Parker con tu vino “El Pisón 2004” y en 2015 decides abandonar la DOca. Rioja. Muchos cambios y emociones en relativamente poco tiempo. ¿Cómo las has vivido y cómo han hecho llegar a Artadi a tan espléndida madurez vinícola?

La vida es una carrera larga y en la que evidentemente hay muchas etapas que recorrer. El proyecto de la cooperativa ligado a doce viticultores -cosecheros - fue mi primer proyecto. Un proyecto ilusionante con el objetivo de poner en valor el vino de cosechero. No fueron tiempos fáciles, el momento económico no nos ayudó para poder seguir adelante.

Las inversiones que tuvimos que abordar con la construcción de bodega, adquisiciones de barricas, depósitos, estructuras de comercialización etc., hizo inviable este primer intento.

A partir de 1992 nace una nueva etapa como sociedad anónima. Fuimos capaces de incorporar capital, lo que nos posibilitó abordar procesos de producción y de comercialización más meditados desde el punto de vista técnico y económico. En definitiva, nos propusimos alcanzar niveles de calidad más exigentes, entendiendo que el mercado iba a valorarlos favorablemente. De ahí llegó que en 1995 tuviéramos un reconocimiento importante por parte de la prensa internacional especializada.

En el año 2002 iniciamos la andadura hacia una viticultura ecológica. Con la cosecha 2004 vivimos uno de los momentos más gratificantes en la historia de la bodega con el reconocimiento de esos primeros 100 puntos Parker. En 2009 abordamos la elaboración y comercialización de Vinos de Parcela, que tantas satisfacciones profesionales y emocionales nos han brindado últimamente. Y así llegamos al año 2015, momento de una decisión, quizá arriesgada pero muy meditada en el tiempo, que nos iba a llevar a abandonar la D.O.Ca. Rioja.

El proyecto de la D.O. Ca. Rioja es un gran proyecto, hasta podemos decir que es un gran proyecto de éxito, pero yendo de su mano, no podríamos satisfacer las ambiciones por las que estamos trabajando. El viñedo como concepto, la tierra, los lugares únicos, sus orientaciones, las añadas, la variedad edafológica …. En definitiva, la riqueza vitícola de la que contamos era muy difícil de transmitir al mercado en un único mensaje. Y no lo digo yo, es la realidad de la inmensa mayoría de las grandes comarcas vitícolas del mundo, que para crecer cualitativamente necesitan caracterizar sus vinos o ofertarlos al mercado con un mensaje más concreto y ligado a su territorio.

En estos momentos en Artadi creemos que gracias a poner en práctica estos valores, nuestros vinos son considerados y reconocidos por su calidad dentro del mercado nacional e internacional.

- Estarás cansado de que te pregunten por qué Artadi abandonó la DOca. Rioja en el año 2015. Más que el por qué, nos gustaría saber ¿Qué es lo que os ha aportado esta salida? y ¿Cómo es el trabajar con libertad? sin tener que ceñirse a modelos quizá más comerciales o políticos que no son parte de tu filosofía de trabajo. ¿Se refleja este cambio en tus vinos? ¿De qué manera?

Al principio sí que sufrimos un poco de presión de los medios, pero ya se ha pasado. Poco a poco el tiempo pone las cosas en su sitio. La realidad es que Artadi no se ha ido de su casa, seguimos cultivando nuestros viñedos en Laguardia, continuamos elaborando los vinos en la misma bodega desde hace 40 años y nos esforzamos en descubrir las grandes posibilidades que nos ofrecen las peculiaridades de nuestra tierra. Seguimos estando donde hemos nacido, en Laguardia.

Trabajamos en libertad, pero atados a la naturaleza con la que queremos ser respetuosos y con medios de cultivo sostenibles para poder ofrecer vinos con un carácter propio. Podríamos decir que la naturaleza no sabe de reglamentos, ni de sistemas de control administrativos, muchas veces de difícil comprensión. Y así, con un cambio que para nosotros no ha sido cambio, seguimos en nuestro trabajo diario.

- También decidiste salir de Rioja, sin abandonarla, pero en este caso para elaborar vinos en otras regiones de España. ¿Qué es lo que te cautivó de El Sequé, en Alicante y de Artazu en Navarra? 

Una de las grandezas del vino es descubrir los lugares, las variedades y sus gentes. En este devenir he tenido la suerte de encontrarme zonas vitivinícolas como Alicante, con un clima mediterráneo, pero de contrastes, una variedad como es la Monastrell arraigada a su territorio, donde el frescor y la elegancia son sus credenciales. También conocí, gracias a un gran amigo como es Randall Grahm, la magia de la garnacha, su fuerza, su energía y esto nos llevó a Artazu (Navarra) para elaborar nuestros vinos de garnacha en esta región. Y por último, estamos inmersos ahora en un nuevo proyecto de elaboración de un espumosos en Zarautz, a partir de las variedades tradicionales en esta comarca como son Hondarrabi Zuri y Hondarrabi Beltza. Es otro proyecto lleno de misterio, lo que nos genera energía para intentar descubrir nuevas emociones en un mundo idílico como es el de los vinos espumosos.

- Una característica que comparten tus vinos en las distintas zonas donde los elaboras es que son monovarietales. ¿Hay alguna razón por la hayas decidido no elaborar coupages?

Los viñedos en coplantación, junto con los vinos ensamblados de diferentes variedades es una gran alternativa enológica y generan vinos grandiosos llenos de complejidad, fuerza y personalidad. Pero la verdad es que nosotros nos hemos decantado por descubrir otros vinos. Son, quizá, vinos mas transparentes que nos dejan ver el paisaje de las zonas vitícolas donde trabajamos.

A veces son vinos más sencillos pero se hacen grandes cuando esa sencillez se hace pura y define con precisión el carácter de un terroir. Entendemos que es otra alternativa para interpretar un viñedo.

- Estás considerado como todo un visionario. Un enólogo transgresor y revolucionario, vamos que si te dedicaras a la música serías toda una estrella del rock. Hablando ahora con más seriedad ¿cómo lo haces? ¿Cómo podrías describir esa energía o intuición que te mueve para elegir caminos que no han sido los habituales en la elaboración del vino? ¿Es esta filosofía y este estilo de elaboración el que podría definir a los “vinos del nuevo Viejo Mundo”?

Me gustaría responder a tanta pregunta citando a Antonio Machado, en su “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. La viña y el vino son elementos vivos que responden a la biología y a ciertos elementos físico-químicos. Ponerlos todos en sintonía, si bien es cierto que requieren cierta visión humana, sólo se consigue a través de la naturaleza. Ella es la gran diseñadora y la que nos conduce y define nuestras mínimas intervenciones.
Por todo ello, quizás me siento más identificado con la escuela del Viejo Mundo y guiado por una mínima intervención. También es cierto que en el Nuevo Mundo esta tendencia es ya una realidad. Por ello, me gusta tu expresión de Nuevo Viejo Mundo.

- Eres uno de los primeros españoles en haber conseguido, con tu vino de finca “El Pisón”, los tan codiciados 100 puntos Parker. Para tí, ¿qué es lo que debe de tener un gran vino?

No es fácil describir en unas pocas palabras las sensaciones que recibo de un gran vino. A veces nos contentamos con enumerar las sensaciones visuales, olfativas y gustativas, pero los grandes vinos llegan un poquito más allá. Los vinos nos seducen con sus aspectos externos y sensoriales, pero realmente un Gran Vino, es aquel en el que llegas a sentir el alma, encuentras espíritu, encuentras emoción… y al final te encuentras con una sombra que te induce a ver el territorio, la tierra y el hombre.

- “A la uva hay que mirarla mucho y tocarla poco”, sueles decir. ¿Cuál es para ti la clave del éxito para intervenir poco obteniendo la máxima calidad?

Quizás me repito un poco en mis afirmaciones indicando la esencia o la clave del éxito, pero quiero ser sincero y decir que la clave del éxito está en la naturaleza y el hombre sólo debe intentar descubrir las sensaciones que el hombre es capaz de disfrutar.

- Cuarta generación de una familia de viticultores, poseedor de un gran legado y siendo todo un revolucionario en el panorama vinícola español, ¿cómo ves a la nueva generación de Artadi? ¿Cómo se presenta el futuro más inmediato?

Siempre les he dicho a mis hijos que deben tomar su propio camino porque la vida es de cada cual y por lo tanto debe estar forjada por uno mismo. Pero no me han hecho caso. La viña y el vino tiene tanta fuerza que ha conseguido que todos mis hijos estén en este proyecto. Por ello estamos viviendo una nueva etapa de regeneración de ideas, de procesos, de valores que cada generación enfatiza de manera diferente. Tanto la familia como todo el equipo de Artadi estamos disfrutando de una manera nueva de afrontar un futuro lleno de proyectos nuevos. Proyectos vistos desde un prisma actual, moderno, vanguardista y acorde a los tiempos que vivimos. Somos unos afortunados.

- Y a propósito de nuevas generaciones, ¿crees que sabemos “comunicar” el vino? ¿Qué aconsejarías hacer para acercar la “cultura del vino” sobre todo a los más jóvenes?

Esto sí que es difícil ... comunicar es de sabios. Pero podríamos hacer un ensayo e intentar traer a los jóvenes e incluso a los más jóvenes al campo, a la viña, a la bodega, a las labores de cultivo del viñedo, en definitiva , acercarlos a la naturaleza. Quizá, de esa manera sea más fácil conseguirlo. Creo mucho en la juventud y por supuesto es el futuro de esta vieja cultura.

- Eres un enólogo muy versátil, además de vinos tintos y blancos has elaborado cava en Rioja, con la variedad viura. En Alicante te has atrevido con la versión dulce de El Sequé, de monastrell. En 2015 Artadi inició un nuevo proyecto, Izar-Leku, en Zarautz, País Vasco, donde elaboras un espumoso a partir de las variedades hondarribi zuri y hondarribi beltza que te está dando muchas satisfacciones. ¿Nos puedes hablar un poco sobre él?

Izar-Leku es un proyecto fruto de la amistad que une a las familias Zapiain y López de Lacalle desde hace mas de 40 años. En el año 2015 iniciamos la experiencia de elaborar Txakoli en Zarautz. La idea primitiva era la de producir una parte de la cosecha como vino tranquilo y otra parte de vino espumoso pero los resultados de la primera elaboración fueron tan satisfactorios que decidimos centrar toda la actividad productiva en la elaboración de vinos espumoso. Hoy, después de los resultados en la elaboración de seis cosechas podemos afirmar con rotundidad que hemos acertado y que hemos elegido el camino adecuado.

Producimos vinos con un marcado carácter salino y mineral. Vinos llenos de energía, exuberantes en su frescor frutal y que después de un largo periodo de crianza en botella desarrollan una elegancia y finura propias de los grandes espumosos del mundo, Estamos muy ilusionados con este proyecto que ya empieza a ser realidad y estamos seguros que en los próximos años sus vinos nos van a dar grandes satisfacciones.

- Como a muchos enólogos y amantes del vino, sabemos que también te cautivan los vinos de Jerez. ¿Tienes planes para elaborar algún vino en aquella zona? ¿Te gustaría?

Creo que nadie puede discutir la inmensa grandeza de los vinos de Jerez. Jerez es una universidad del vino. Las posibilidades y la riqueza que sale de esas tierras y esas bodegas son únicas en el mundo. Así que, ¿con estas mimbres a quien no le gustaría hacer un cesto? Todo en la vida no se puede pretender y por ello me voy a conformar con disfrutar, que no es poco, de los vinos que elaboran los amigos que tengo en esa tierra.

- Y, para finalizar, apasionado como eres de los vinos y espumosos ¿nos podrías decir
cuál es el último que has probado y que ha conseguido emocionarte?

Como buen padre, para mí lo primero son mis hijos. Pero entiendo y así lo comparto, que las posibilidades de disfrute organoléptico que encontramos en el mundo del vino es tan inmenso que no nos es difícil encontrar grandes joyas. Uno de los últimos vinos que me ha sorprendido ha sido Comtesse Mari de France de Paul Bara 2005, su equilibrio en boca conjugado de forma maestra con su profundidad y largura rozan, en esta botella, la perfección.

Ha sido un gran placer compartir con vosotros las experiencias y mis vivencias sobre el vino.

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