Espumosos de la denominación D.O. Empordà

La DO Empordà nos ofrece en primer plano el trabajo de muchas bodegas que ya apuestan por las variedades tradicionales, incluso algunas en vías de recuperación, y las diferentes maneras de vinificar las uvas de viñas viejas. Son pocas botellas, sí, pero son una vía abierta para reinterpretar el Empordà con variedades que proponen vinos genuinos y singulares. Lo más interesante es que prácticamente todas las bodegas, desde las más radicales hasta las más eclécticas, consolidan esta tendencia creciente hacia la calidad y la búsqueda de una mayor singularidad de los vinos del Empordà.

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Conoce D.O. Empordà

No hay ninguna duda que la cultura de la viña en la zona se establece en VI aC gracias a la más importante colonia griega del país, Empúries, ciudad que, pasados los siglos, dará nombre a toda la comarca del Empordà. Cuatro siglos más tarde, ya hay constancia arqueológica y documental de que los vinos de territorios de Emporiae son conocidos en los mercados interiores, en otras provincias del Imperio Romano y en la propia metrópoli.

En la Edad Media, cuando las viñas crecían al amparo de abadías y monasterios, en las faldas de la montaña de Rodes se fueron escalonando bancales plantados de cepas tuteladas por el monasterio de Sant Pere de Rodes. Sin embargo, la plaga de la filoxera aparece en 1879 en una viña de Rabós d'Empordà antes que en ninguna otra viña de España, la cual arruina totalmente este periodo próspero de los vinos ampurdaneses. Pese a todo, hay un resurgimiento en la época de la Primera Guerra Mundial, cuando se incrementa notablemente la venta de vinos a Francia y se consolida la exportación a Suiza. Momento en que también se inicia el movimiento de las bodegas cooperativas, que abren una nueva etapa que permitió sumar esfuerzos en la mejora de la calidad y el proceso de elaboración del vino, al que paulatinamente se suman tímidamente algunas otras iniciativas privadas, hasta que en 1975 se establece la DO Empordà, que durante unos años se llamó DO Empordà-Costa Brava, reconociendo que los vinos de l'Empordà habían alcanzado, después de muchos años, los niveles de prestigio y de calidad. Un apunte significativo de este cambio de negocio es que hace tan sólo 10 años el número de bodegas se ha duplicado, pasando de las 25 a las 50, mientras que el número de hectáreas, unas 1.800, prácticamente, se ha mantenido.

La DO Empordà se sitúa en el extremo nororiental de España, dentro la Comunidad Autonómica de Catalunya, fronteriza con Francia (El Rosellón), y engloba un total de 48 municipios distribuidos en dos comarcas: 35 en el Alt Empordà y 13 en el Baix Empordà.
La zona de producción del Alt Empordà limita con los Pirineos al norte, el Mediterráneo al este y la llanura al sur, y está resguardada en las faldas de las sierras de Rodes y de las Alberas, en un arco que va desde el cabo de Creus a la denominada Garrotxa d’Empordà (Albanyà).
Por otro lado, la zona de producción del Baix Empordà se encuentra delimitada al norte por el macizo del Montgrí, al suroeste por el macizo de Les Gavarres, que forma una llanura costera con el macizo de Begur, y al este con el Mediterráneo.

Clima, suelo y variedades

Es una de las zonas vitícolas sometida a un régimen de inestabilidad climática, con una gran influencia del clima Mediterráneo, y que cuenta con el viento más violento (La Tramontana), pero que en todo caso beneficia que el viñedo no tenga parásitos, por lo que no es extraño ver muchas viñas atadas entre postas y alambres.

En el norte predominan los suelos pardos, con contenido calizo, mientras que el resto del viñedo se asienta preferentemente sobre tierras pardas meridionales. Se trata de terrenos sueltos, con buen drenaje, y pobres en materia orgánica.
Cabe resaltar en lo que se refiere a la temperatura y la insolación, que toda esta zona ampurdanesa se sitúa en la región III de la clasificación Winkler y Amerine, lo que la convierte en idónea para el cultivo de variedades de ciclo mediano y largo, y extraordinaria para la elaboración de vinos dulces naturales.

En cuanto a las variedades tintas, domina la Cariñena o Samsó, que constituye la base de la viticultura ampurdanesa junto con la Garnacha tinta (denominada en la zona Lledoner). Estas variedades tradicionales se complementan con otras variedades que durante años se fueron introduciendo en la zona, principalmente el Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Syrah. Las variedades viníferas blancas dominantes son la Garnacha Blanca y Roja, y Macabeo, y en mucha menor proporción encontramos Moscatel, el tradicional Xarel·lo y de nueva implantación la Chardonnay, Sauvignon blanc y Gewurztraminer.

Vinos y bodegas de la DO Empordà

En la DO Empordà se elaboran todo tipo de vinos, desde los vinos blancos en todos sus estilos, pasando por rosados y tintos, hasta dulces y espumosos con DO Cava en algunos municipios.

En general Los vinos tintos son de buena calidad, con cuerpo, bien constituidos y armónicos, en ocasiones matizados por una cuidadosa crianza, mientras que los vinos blancos son frescos y sabrosos, frecuentemente elaborados con variedades autóctonas, pero también con otros monovarietales de notable calidad. También se elaboran rosados, caracterizados por un color cereza bien definido, una gran personalidad y aroma delicado, frescos y de graduación alcohólica moderada. Una singularidad de la zona es la Garnatxa de l’Empordà, un vino dulce natural con el sabor propio de la uva madura, cálido y sedoso, virtudes que lo convierten en un vino de postres excepcional, junto con el Moscatell de l’Empordà, el otro vino dulce propio de la zona.

Por otro lado, cabe también señalar que las cooperativas también gozan de buena salud en el Empordà, sobre todo Empordàlia, Agrícola de Garriguella y la Cooperativa de Espolla, donde la progresión cualitativa es no sólo rápida, sino también interesante por el trabajo que hacen con varietales casi perdidos, ofreciendo esporádicamente vinos de consumo fácil y rápido, incluso algunos elaborados con la Cariñena Blanca, aunque el Consejo Regulador tiene un problema con esta variedad en vías de solución, ya que en Bruselas no consta en el listado de variedades conocidas y aceptadas para ser plantadas en territorio europeo.

Un párrafo aparte merecen los dulces. Los moscateles clásicos elaborados, la mayoría, por el método del apagado, que es posible que resulten demasiado dulces para el gusto que impera hoy en día, pero son verdaderas obras de arte enológicas. Y lo mismo pasa con las clásicas garnachas, donde las de solera son un patrimonio compartido con la denominada Cataluña Norte, en Francia.

Las cooperativas fueron y son todavía la base de la supervivencia de toda esta región productora, pero las medianas y pequeñas bodegas proliferan de forma constante en toda la zona.
No obstante, hay que remarcar que, desde su fundación, el gran motor económico de la DO Empordà ha sido y sigue siendo Castillo de Perelada, donde muchas otras bodegas se han mirado a su espejo. Es cierto que elabora una amplia gama de vinos, desde los más lineales y competitivos hasta los las exclusivos, como el Finca Garbet, el Finca Malaveïna o la ccción de sus Ex Ex, entre otros, pero también propone vinos elaborados con varietales autóctonos, como el Perelada Garnatxa Blanca, el Cigonyes Blanc, Finca La Garriga Samsó, etc. No obstante, más que el peso numérico de la variedad de vinos, merece la pena subrayar el esfuerzo que ha realizado esta bodega por desterrar el progresivo retroceso que sufría la imagen de la zona como tierra de vinos a granel, embotellados oxidados y otros poco ofertables. Se puede decir que Castillo de Perelada llevó el timón y marcó un nuevo rumbo a los vinos del Empordà, y ahora hay muchas otras bodegas más pequeñas y muy preparadas que están proponiendo vinos novedosos, genuinos, modernos y personales.

Otra bodega interesante es Lavinyeta, con 24 hectáreas de viñas y olivos que ofrece la posibilidad de realizar actividades diversas en torno al mundo del vino, siempre con el trato directo de los propietarios.

Celler Martí Fabra, con 24 hectáreas, se ubica en una masía del siglo XII donde se producen vinos desde hace muchas generaciones y unos terrenos pizarrosos situados en la sierra de la Albera donde crecen viñas de excepcional calidad, con lo que logran unos vinos de carácter y extremadamente elegantes.

Celler Martín Faixó es una bodega familiar con 11 hectáreas de viñedo situada en el collado de Cadaqués, dentro del Parque Natural del Cap de Creus, a 300 m de altitud, sobre un terreno de pizarra, donde el viento de tramontana protege el estado sanitario de la viña.

Empordàlia es una cooperativa ejemplar y la crónica viva de un legado secular que mira hacia el futuro, con 350 hectáreas de viñedo con cepas autóctonas y antiguas.

Espelt Viticultors es una de las propiedades más grandes dotada de modernas instalaciones, con 200 hectáreas de viñedo cultivadas en el Parque Natural del Cap de Creus y en el Paraje Natural de la Albera. Mas Oller es una pequeña bodega con 11 hectáreas de viñedo que combina un ambiente rústico muy agradable con la máxima modernidad en los procesos de elaboración enológica.

Celler Oliver Conti, ubicada en Capmany y con 15 hectáreas de viñedo, es una pequeña bodega creada con el objetivo de elaborar vinos de alta calidad, insólitos y sorprendentes, que aportan un toque de aire fresco al rico paisaje vinícola del Empordà.

Vins JOC es el proyecto personal de Jordi Oliver Conti, que pasa por la selección de viñas singulares en Espolla, las cuales hace tiempo despertaron su interés por su rareza, ubicación geográfica, edad y pequeña producción.

Situación de D.O. Empordà