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Blog de vino
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Descubriendo a Agustín Santolaya, director general de Bodegas Roda

06/09/2023 Bodegas , Entrevistas

Agustín Santolaya es un caballero de pies a cabeza. Personifica la elegancia, el don de la palabra y la pasión por el vino. Agustín es una persona amable, respetuosa y carismática; un gran comunicador que comparte con generosidad conocimientos y emociones. Agustín Santolaya se ha entregado de lleno a su trabajo en Roda, una bodega reconocida por su compromiso con la excelencia y la calidad que, a pesar de su juventud, llegó para revolucionar el panorama riojano con sus grandes vinos. Gracias a su profundo conocimiento de la industria vinícola, dedicación y experiencia, Agustín ha contribuido al éxito y prestigio de Roda en todo el mundo. Escuchar a Agustín es un placer. De manera sencilla, pero efectiva, contagia alegría, desprende sabiduría; es un bon vivant de los pequeños grandes placeres de la vida. 

Conozcamos un poco más sobre Agustín Santolaya, director general de Bodegas Roda.

- Para ti, ¿qué es el vino?

El vino es una de las formas más bonitas y apasionantes de vivir que existen. Permite estar inmerso en la meteorología, en el paisaje, en el cultivo más telúrico que nos da la agricultura, que es la viña, en la industria apasionante y viva de las fermentaciones, en el mundo paciente de la crianza en bodega, en la creación del vino, de la marca, del marketing más avanzado, de las estrategias de ventas, de la gestión de una empresa compleja y agradecida y además de todo esto te permite disfrutarlo con los aficionados de cada rincón del mundo. El vino vive al mismo ritmo que las personas, transmitiendo su paisaje y una botella de una añada concreta te acompaña recordándote a lo largo de su vida, la tuya.  

- Vienes de una familia de generaciones que se han dedicado a la viticultura. Teniendo tan cerca desde niño un entorno vinícola, ¿puedes compartir con nosotros algún recuerdo relacionado con el vino que guardes con especial cariño?

Muchas horas con mi abuelo Chatillo en la bodega familiar de Villamediana, aprendiendo que el vino es para compartir y abre las puertas de la amistad. A él le hacíamos cada año una cuba de 150 cántaras para disfrutarlas con cada persona que pasaba por la puerta. Si alguien no paraba a tomar un trago y a charlar, se molestaba. Eran otros tiempos en los que la prisa no se había instalado en nuestras vidas.

- Estudiaste Ingeniería Técnica Agrícola, ¡y llegaste a tener tu propia marca de vino! ¿Queda algo de aquellas botellas? ¿Por qué no continuaste elaborando vino?

Porque encontré un proyecto que me enamoró y entendí que eran absolutamente incompatibles. Por supuesto quedan botellas de aquella época y las disfrutamos de vez en cuando, con recuerdos maravillosos. Era un vino rompedor, muy moderno que ahora lo seguiría siendo.

- También fuiste profesor al mismo tiempo que tuviste tu propia consultoría sobre temas vinícolas, pero llegó Roda… ¿Amor a primera vista? ¿Qué fue lo que te conquistó para dejarlo todo y dedicarte en cuerpo y alma al proyecto de Roda?

Durante el magister de viticultura y enología, entre 1988 y 1990, tuve la suerte de coincidir en el pupitre con Isidro Palacios. Desde ese momento comenzamos a trabajar juntos como consultores de proyectos vitícolas, vamos a cumplir 35 años de trabajo en equipo. Así llegamos a RODA y la visión de Mario Rotllant nos impresionó y cautivó. Quería hacer un gran vino, que aportara algo diferente al sector de aquel momento, pero no tenía prisa. Buscaba la excelencia en cada paso del proceso, desde la viña hasta la comercialización. El objetivo era ir paso a paso, sin cometer errores. Un proyecto absolutamente emocionante, que más de 30 años después, y absolutamente consolidado, seguimos llamando “proyecto”.   

- Con solo 36 años, Roda es la bodega más joven del mítico Barrio de la Estación, en Haro (La Rioja), donde tiene como vecinas a bodegas centenarias como La Rioja Alta o CVNE. En tan poco tiempo de vida, Roda ya cuenta con un importante reconocimiento internacional. ¿Cuál crees que es el secreto de su éxito?

El éxito está en un equipo increíble, liderado por Mario Rotllant. Un equipo que sentimos RODA como nuestro y llevamos la marca en la sangre. Hemos creado un estilo de vinos llenos del paisaje y de la meteorología de cada año, que encantan a los aficionados y gustan mucho a los que todavía sólo son consumidores.

Hemos procurado no cometer errores comerciales, intentando siempre que cada botella que se venda genere marca y no vender ninguna que la destruya.

- Si no eres una mítica marca de vino, para diferenciarte y destacar en Rioja debe existir algo más que una gran calidad. En Roda habéis decidido elaborar vinos separándolos por sus características organolépticas. Un concepto moderno de un vino de Rioja que ha tenido mucho éxito. ¿Nos cuentas en qué consiste y cómo nació esta idea?

Rioja es un paraíso para el vino, mil paisajes distintos bordeando ríos y barrancos, con colinas plantadas de viñedo a todos los vientos y tres climas que se superponen cada año dando vinos diferentes. A veces la variedad tempranillo, en algunos viñedos, madura con la sensación de las frutas rojas, finas y delicadas, otras veces, en otros viñedos, maduran con la profundidad de las frutas negras, hondas, voluminosas y minerales. En Bodegas Roda vinificamos cada parcela por separado y las criamos por separado. Cuando llevan un año de barrica, ensamblamos los viñedos que han madurado en el perfil de las frutas rojas para formar RODA y las que han madurado en el perfil de la fruta negra para formar RODA I. A partir de ese momento continúan la crianza conjuntados. Podíamos sacar 40 o 50 vinos de una única parcela, pero creemos que conseguimos una mejor sensación del paisaje de esta forma, con dos grandes vinos formados por varias parcelas únicas. 

- Luego de consolidar el éxito en Roda, decidís dar el salto a la Ribera del Duero en la búsqueda de las mejores tierras para el cultivo de la variedad tempranillo. ¿Cómo nació bodegas La Horra-Corimbo? ¿Sigue el mismo modelo que Roda, en Rioja?

Las empresas tienen que crecer, pero en el mundo del vino, más no suele ser mejor. Queríamos mantener RODA con la dimensión actual para poder asegurar una enorme calidad. Decidimos hacer otra bodega con la variedad tempranillo, que nos encanta y es la que mejor conocemos, pero no queríamos que estuviera en Rioja para no hacernos nuestra propia competencia. Elegimos la mejor zona de España para el tempranillo que nos gusta, fuera de Rioja. Después de peregrinar por varias áreas, llegamos a la conclusión de que el entorno de La Horra, en La Ribera Burgalesa era el más adecuado.

Bodegas La Horra se fundó en 2009 y se está construyendo en fases, la primera fue ese año, la segunda en 2015 y acabamos de comenzar las obras de la fase definitiva que será una auténtica preciosidad, absolutamente integrada en el paisaje y con la máxima atención hacia la eficiencia energética. Sigue el mismo modelo de RODA en cuanto a la capacidad y el concepto de la elegancia en el vino. Lógicamente los vinos son muy diferentes porque los paisajes son absolutamente distintos. En Rioja está la finura y la delicadeza, en Ribera está la fuerza y la raza, pero en ambos está la elegancia firma de la casa. Los vinos Corimbo y Corimbo I son una visión diferente sobre la ribera burgalesa que merece la pena conocer.  

 - Después de echar a andar estos dos grandes proyectos, Roda y La Horra, con tanto éxito, para ti, como consultor vinícola, ¿qué crees que es más difícil, hacer un buen vino o vender un buen vino? 

Las dos cosas son muy difíciles y se van aprendiendo y perfeccionando con el tiempo, pero lo realmente complicado es que el cliente que ha comprado una vez siga repitiendo y conseguir que se convierta en un embajador de la marca. Si esto ocurre, significa que todas las áreas de la bodega han funcionado a la perfección, la viticultura, la enología, la comercialización y la imagen de la marca.  

- En Bodegas Roda siempre habéis estado preocupados por la riqueza del entorno y su conservación. Acabáis de estrenar nueva bodega, muy cerca del Barrio de la Estación (Rioja) que cuenta con una superficie de 1.400 metros cuadrados y que ha sido ideada para ser eficiente energéticamente y sostenible. ¿Nos cuentas un poco sobre ella y lo que significa para Roda?

En Bodegas Roda, en el Barrio de La Estación, estábamos muy ajustados de espacio y teníamos varios almacenes alquilados para material auxiliar y producto terminado. Decidimos unificar todo y sacar del Barrio la parte logística: material auxiliar, parte del botellero, etiquetado, producto terminado y expedición. En la nueva ampliación, que está perfectamente aislada ya está funcionando un campo solar de 100 kW, que genera la energía suficiente para todo el consumo. 

- La inauguración de la nueva bodega también constituye una oportunidad para potenciar el enoturismo. ¿Es así? ¿De qué manera ayuda el enoturismo a acercar el vino a los consumidores? ¿Crees que toda bodega debería contar con una oferta de enoturismo?

Es así, una de las consecuencias de sacar fuera del Barrio la parte logística, es generar espacio para el enoturismo, que cada vez es más importante para la bodega. El Barrio de La Estación se ha convertido en una de las mecas de la peregrinación de los aficionados al vino de todo el mundo. Ha sido un enorme éxito provocado por la unión entre las bodegas, que aún siendo competencia entre nosotros hemos entendido que juntos somos mucho más fuertes que separados. Cada bodega nos hemos transformado, haciendo bares de vinos y magnificas terrazas para acoger a los visitantes que se sienten felices cuando vienen a Haro.

Creo que en una bodega del siglo XXI el enoturismo debería ser una de las áreas de importancia, con una dotación presupuestaria y un equipo exclusivo. Aunque todas las bodegas no tienen la suerte de estar en el Barrio de la Estación.   

- Y, hablando de comunicación del vino, tú que te destacas por ser un gran comunicador, ¿cuáles crees que son aún nuestras tareas pendientes para acercar la cultura del vino a la población, sean o no consumidores? ¿Son las redes sociales una buena herramienta que nos permite llegar a los más jóvenes? ¿O corremos el peligro de llevarlos hacia la frivolidad, más que hacia el disfrute con conocimiento y responsabilidad?

Creo que todos los medios son buenos para comunicar, por supuesto las redes hacen un trabajo excepcional y de una forma u otra las empleamos todas las bodegas, pero el vino es un producto que se toma en compañía y la presencia física en los mercados es fundamental para fidelizar al consumidor. El enoturismo es también una magnífica forma de comunicación. Un visitante en una bodega tiene todo el tiempo para dedicarlo y hay que aprovecharlo. Si se hace bien contará la experiencia a sus amigos y esa es la forma mejor de llegar, a través de otra persona, no vinculada a la empresa, que genera confianza en su entorno. 

- Sabemos que estás entregado en cuerpo y alma a tu trabajo en Roda. Cuando tienes tiempo libre, ¿a qué te gusta dedicarlo?

Soy de fácil entretenimiento. Vivo en el campo, cuido el jardín, el huerto, me gusta salir con los amigos, me apasiona la gastronomía, andar, jugar al golf con mi mujer y mis hijos, leer,… No me aburro. 

- Nos encanta tu concepto del vino como un transmisor de emociones que nos permite viajar en el tiempo. ¿Cuál sería esa botella mítica que aún no has podido probar y con quién te gustaría compartir ese viaje en el tiempo y por qué?

Son muchísimas y cuanto más conoces el mundo del vino, más crece la lista. Algunas de ellas las tengo en casa, en mi colección y como sólo hay una, me da un miedo escénico enorme abrirlas, porque a partir de ese momento ya no la tendré, aunque las haya disfrutado y queden en la memoria. Por eso recomiendo comprar al menos dos para no tener esta duda.

Por elegir una botella,… hay un Castillo de Ygay del 1925 que me está mirando desde hace tiempo. Mi casa está muy cerca de esta finca y será un placer ver como ha evolucionado este paisaje a lo largo de los años. Esperaré hasta 2025 y catar un siglo del mismo suelo que estás pisando, tiene mucha fuerza.