Blog de vino

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Almudena Calvo, Directora Técnica de Pago de Carraovejas y Ossian Vides y Vinos

Entrevistas

Licenciada en Ciencias Químicas y en Enología y Directora Técnica desde hace más de quince años en una de las firmas referentes de Ribera del Duero, Almudena Calvo Abad comienza su andadura en esta misma bodega en 2003. Desde entonces hasta ahora se ha convertido en todo un ejemplo profesional cuyos logros se reflejan en cada uno de los proyectos que lidera tanto en Pago de Carraovejas como en la bodega hermana Ossian Vides y Vinos. Una trayectoria que merece, sin duda alguna, nuestra más sincera atención.



- ¿Nos podrías contar tu primer recuerdo con el vino?
La verdad es que no puedo recordar nítidamente mi primer contacto con el vino, es de ese tipo de cosas que no recuerdas cuándo ha entrado en tu vida; me da la sensación de que siempre ha formado parte de ella. Lo que sí recuerdo es cuándo me inicié de lleno en este mundo y fue más o menos en el año 2000; ya terminando mi carrera de Enología fue cuando empecé a hacer visitas más profesionales a bodegas y a conocer sus equipos, descubrí diferentes métodos de elaboración, las distintas maneras de trabajar los terruños…


- ¿A qué edad sientes “la llamada del vino”? ¿Cuándo y por qué decides dedicarte a ello?
Creo que siempre ha sido un sector que me ha llamado mucho la atención. El vino es algo muy especial, no es un sector más, es una experiencia. Alrededor de una botella es donde pasan las cosas verdaderamente importantes de la vida, y eso es lo que creo que siempre me ha llamado la atención. Por todo esto, aunque mi primera licenciatura es en Químicas, en cuanto tuve la oportunidad quise introducirme en el mundo de la Enología.


- ¿Algún gurú, experto, colega o incluso familiar que te haya marcado en tu camino profesional?
Podría decirte muchas personas y muchos expertos a los que admiro y de los que trato de aprender, pero la verdad es que echando la vista atrás en mi carrera no puedo pasar sin destacar a mi equipo en Alma. Yo traspasé las puertas de Pago de Carraovejas en el año 2002, era jovencísima y estaba tan llena de ilusión como ahora; me gusta recordar que todo lo que soy y lo que he conseguido es gracias a las personas que han estado conmigo estos años y que me han acompañado y animado siempre a dar un paso más. Mi equipo es mi gurú.


- Entras en Pago de Carraovejas en 2002 y en poco tiempo lideras el equipo técnico. ¿Cómo llegó la oportunidad? ¿Qué supuso para ti dicho reto?
Entré en 2002 simplemente a realizar unas prácticas y poco podía suponer lo que iba a significar para mí esta casa. Muy pronto empecé a formar parte del equipo técnico y en 2007 pasé a liderarlo. Sin duda fue un reto enorme para mí, y una gran responsabilidad poner en marcha todos los proyectos y la estrategia marcada por todo el equipo de la bodega y por su Dirección; pero siempre me he sentido muy segura gracias al enorme equipo de profesionales que conforman Carraovejas; eso es lo que lo ha hecho todo fácil.


- Desde que en 1991 nace la primera cosecha de Pago de Carraovejas ya se convierte en todo un referente en la zona. ¿Cuál crees que es el secreto de vuestro éxito?
La verdad es que no creo que haya ningún secreto. Hay muchos profesionales del sector que están haciendo cosas muy interesantes en la zona y creo que el único secreto de verdad es seguir buscando esa mejora continua que nos ayuda a crecer. En el caso de Pago de Carraovejas tengo claro lo que nos hace especiales: nuestra manera de hacer las cosas. El cuidado por el entorno y su biodiversidad; la apuesta por la innovación; y, sobre todo, poner siempre en el foco de nuestras decisiones a las personas. Esta cultura lo inunda todo y creo que es lo que nos hace diferentes; y eso se nota en nuestros vinos, la pasión que le ponemos a trabajo.


- Hay un cambio importante en la bodega cuando lanzáis la cosecha 2015. Se abandonan las categorías tradicionales de envejecimiento, crianza y reserva y en su lugar aparece un único Pago de Carraovejas que se comercializa con etiqueta genérica ¿En que se basa este cambio?
Desde luego fue un momento muy importante para todos. La verdad es que creo que era lo que necesitábamos; para nosotros ya no tenía sentido seguir unidos a esas categorías tradicionales. Por supuesto que a lo largo de la historia del vino, y de nuestra denominación, estas categorías han sido muy útiles para poner en valor los vinos en los mercados, pero creo que nosotros ya estábamos preparados para dar un paso más y para entender nuestro Pago de Carraovejas como el vino que fuese capaz de expresar nuestro paisaje, el terruño de nuestra finca. Tras una profunda reflexión y análisis, el equipo y la Dirección de Carraovejas se decidió por este rumbo con el objetivo de tener más flexibilidad y de buscar esa expresión más honesta de nuestro terruño.


- También hay una apuesta por los vinos de parcela. En Cuesta de las Liebres y El Anejón ¿qué es lo que más cuesta para mantener la identidad del paraje que tanto los identifica?
Lo mejor de nuestras referencias más especiales es precisamente su paraje, lo característico de su terruño. A tan solo unos minutos de la bodega podemos visitar estas parcelas y entender lo especial de las uvas que nacen allí. Cuesta de las Liebres es la expresión más pura de nuestro tempranillo y refleja en cada añada esta parcela de más de 900 metros de altitud y pendientes que llegan a más del 40%. Mientras, El Anejón muestra un paisaje muy diferente dispuesto en terrazas, de hecho, hay muy pocos ejemplos en la denominación con esta disposición; y en su mezcla de tempranillo, cabernet sauvignon y merlot logra mostrar la mineralidad y el carácter floral de la parcela.


- Como Directora Técnica también de Ossian Vides y Vinos, un proyecto de viñedos prefiloxéricos de verdejo en la zona de Nieva (Segovia), habéis sabido imprimir un sello muy personal a vinos tan singulares como Capitel, Ossian o Quintaluna. ¿Dónde radica el secreto?
Aquí sí que lo tengo claro: la clave está en el impresionante patrimonio vitícola de sus viñedos centenarios y, por supuesto, en nuestro respeto y cuidado por este legado único. Pasear entre esas viñas que llevan allí más de 100 y 200 años te recuerda la fuerza de la naturaleza y te obliga a esforzarte cada día más por saber transmitir en nuestros vinos de Ossian toda la singularidad de sus paisajes.


- El calentamiento global existe y el cambio climático es una realidad. ¿Cómo afecta en vuestras viñas y qué estrategias lleváis a la práctica para combatirlo?
Todos los que trabajamos ‘a pie de tierra’ tenemos la enorme ventaja de entender la fuerza de la naturaleza y nuestra consecuente vulnerabilidad ante ella. Frente al reto de Sostenibilidad que se nos presenta como sociedad solo podemos seguir trabajando en conocer cada día mejor nuestro trocito de tierra y aprender a cuidarlo. Nuestra materia prima es la naturaleza y eso nos hace aún más conscientes de la necesidad de cuidar el planeta. Además, desde los inicios de Pago de Carraovejas, el respeto por el entorno ha sido uno de los principios básicos de la bodega; en este sentido desarrollamos iniciativas de innovación, como el proyecto GLOBALVITI que busca la mejora de la producción vitivinícola frente al cambio climático y, además, en nuestro día a día buscamos mejorar la biodiversidad de nuestro entorno con pequeñas actuaciones como nuestro reciente plan de agroforestería o la instalación de cajas nido para aves a lo largo de la finca, etc. Lo importante es seguir siempre alerta y recordar la importancia de mantener un crecimiento sostenible y respetuoso con el entorno.

- La mayor presencia femenina es algo que hoy en día puede apreciarse en todos los procesos que rodean a la cultura del vino en España. Por ejemplo, en Rueda la mayoría de los enólogos son mujeres. ¿Podemos afirmar que el mundo del vino, hoy, tiene alma de mujer o todavía queda mucho?
En el mundo del vino, al igual que en el resto de sectores, sigue quedando mucho camino por recorrer. Sin duda, se ha avanzado mucho en los últimos años, paralelamente al progreso de la sociedad y gracias al trabajo y la dedicación de muchas mujeres que han demostrado su valía. A nadie se le escapa que el mundo rural y, en particular, el mundo del vino, ha estado tradicionalmente muy masculinizado y la verdad es que tengo unas cuantas anécdotas muy poco divertidas al respecto, pero, personalmente, he tenido la suerte de estar en un proyecto comprometido desde siempre con la igualdad de oportunidades y nunca he sentido que el género fuese un hándicap en mi desarrollo profesional dentro de Carraovejas. Aún así, como digo, queda mucho camino por recorrer.

- En tu caso, ¿cómo combinas trabajo con familia?  ¿La conciliación es realidad o ficción?
La conciliación entre la vida personal y profesional es uno de los grandes retos a los que nos enfrentamos como sociedad, tanto hombres como mujeres. Encontrar ese equilibrio siempre es complicado, aún más en profesiones que no entienden de horarios o de fines de semana, pero creo que es nuestro deber como personas buscar esa armonía para desarrollarnos en los diferentes ámbitos de nuestra vida. Y, por supuesto, también es un desafío para las empresas ofrecer facilidades para que esta conciliación sea efectiva. Personalmente me queda mucho trabajo por hacer en este sentido, pero creo que he llegado a encontrar un buen punto de equilibrio y desde Alma, además, la Dirección y todo el equipo mantienen un enorme compromiso con este tema, lo cual nos impulsa a seguir consiguiendo cada día una mejor conciliación.


- El vino seguro que es tu gran pasión. ¿Algún otro hobby o afición, compatible o no, con el mundo del vino?
Soy de la opinión de que todo es compatible con el vino. Tengo muchas aficiones, pero creo que destacaría dos: me gusta mucho leer, y me encanta pasear por la playa. Sé que no son muy originales, pero me relajan mucho.


- Por último ¿nos puedes confesar tu último hallazgo vinícola?
Pues creo que voy hablar de un vino que probé hace muy poco en una cena con amigos, un riesling de Trimbach del 2007. Tengo un recuerdo muy bueno de esa cena y del vino.

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