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  • Constantia
  • Corpinnat

    Corpinnat

    Los compromisos que Corpinnat busca están ligados a la alta calidad y son los siguientes:Compromiso con el origen y su territorio:
    -Compromiso con el origen y su territorio: nacimiento en la cuna de los grandes del Penedès.
    -Compromiso con la sostenibilidad y el medio ambiente: cultivo exclusivo en ecológico de sus viñedos.
    -Compromiso con el proceso de elaboración: vinificaciones en la propiedad y no en espacios alquilados en otras bodegas, garantizando así el estilo y la calidad desde el origen.
    -Compromiso con la calidad: vendimia manual para respetar al máximo la integridad de la uva y garantizar que llega en óptimas condiciones a la bodega. Todos los espumosos se envejecen como mínimo 18 meses en rima. Además cada bodega elabora también otro espumoso con 30 meses o más de crianza y otro con un mínimo de 60 meses de crianza.
    -Compromiso con los viticultores: establecimiento de contratos de compra de uva de larga duración con precio mínimo y justo garantizado por cada kg. Ese punto se convierte en un gran diferencial, y es que Corpinnat apuesta por un comercio sostenible y justo para toda la cadena de negocio de sus vinos espumosos.

    Localización clima y suelos

    Los criterios que se establecieron para delimitar el territorio de Corpinnat fueron factores de índole territorial y ambiental, factores referentes a la presencia humana sobre el territorio y por último aspectos vitivinícolas.

    La zona geográfica de Corpinnat se encuentra en en sur de la provincia de Barcelona y una pequeña parte de la de Tarragona. Se asienta en la depresión prelitoral del Penedès y las sierras adyacentes que la limitan y forma una área compacta dentro de la D.O. Penedès. Incluye la totalidad o parcialidad de la comarca del Alt Penedès, Alt Camp, Baix Penedès, Baix Llobregat y Anoia.

    El clima que baña Corpinnat es mediterráneo, con inviernos suaves, veranos calurosos y una pluviometría anual de 500 mm. Sin embargo, en las cotas más altas el contraste térmico es un poco mayor así como lo son también las precipitaciones anuales totales.

    Los suelos de la zona de Corpinnat son constituidos principalmente por brechas y conglomerados, areniscas y lutitas, calcáreas y dolomías, conglomerados y areniscas, arcillas y yesos, calcáreas dolomías. Si buscamos el significado etimológico de Penedès y de Corpinnat encontramos una una referencia a estos tipos de suelo: Penedès viene de pinnae, que significa peña o roca y Corpinnat, que es una conjunción de COR, corazón en catalán, y PINNAT, adjetivación de pinna.

    Según la cantidad de azúcar residual los espumosos se distingue:

    -Brut Nature: <3 g/l.
    -Extra brut: 0 y 6 g/l.
    -Brut: <12 g/l.
    -Extra seco: 12 -17 g/l.
    -Seco: 17-32 g/l.
    -Semi-seco: 32 - 50 g/l.
    -Dulce: >50 g/l.

    Reglamento de Corpinnat

    El reglamento de Corpinnat se ha diseñado en aras de garantizar unos mínimos de gran calidad en todas las elaboraciones de las bodegas de la agrupación.

    Para conseguirlo se limitan tanto los rendimientos en el campo como de la prensa y solamente se autoriza el cultivo y vinificación de ciertas variedades. En la clasificación de las variedades de uva se distinguen las autorizadas históricas de la zona: las blancas Macabeo, Perallada, Malvasía o Subirat Parent, Xarel·lo y las tintas Garnacha, Monastrell, Sumoll, Xarel·lo Rosado. Y las variedades autorizada no históricas: la blanca Chardonnay y las tintas Pinot Noir y Trepat .

    Solamente se pueden vinificar bajo el amparo de Corpinnat estos cepages y como máximo un 10% de toda la uva que entra en bodega puede ser de variedades autorizadas no históricas.

    Otro condicionante se refiere a la duración de crianza en rima. Para etiquetar bajo Corpinnat la crianza mínima es de 18 meses pero el elaborador deberá tener en el mercado también un espumoso Brut Nature con una crianza mínima de 30 meses y otro Brut, Extra Brut o Brut Nature de añada con un mínimo de 60 meses de crianza en botella. 

    El tiempo de crianza en rima de los espumosos con segunda fermentación en botella es un factor determinante en su calidad. Cuánto más tiempo de crianza, más integrada y fina será la burbuja y más complejo, cremoso y toques de bollería ofrecerá el vino. 

    Las bodegas con las que nace Corpinnat

    Las bodegas que forman parte de la marca colectiva y que cumplen todos los requisitos y el reglamento son:

    Gramona, fundada en 1921, es una bodega pequeña y es una referencia obligada cuando se habla de espumosos artesanales y de larga crianza. Apoyada por una experiencia de cuatro generaciones, su III Lustros, Celler Batlle y el Enoteca se encuentran entre las mejores marcas de espumosos del país. 

    Llopart: fundada en 1887 en Subirats, sigue siendo una empresa familiar, y está muy bien considerada por la seriedad y la larga crianza que caracteriza desde siempre todas sus elaboraciones. 

    Nadal: es una familia que se dedica al cultivo de la vid y la elaboración de vinos desde 1510. Elaboraron el primer cava Nadal Brut en 1943. Especializada exclusivamente en la elaboración de espumosos. Está ubicada en El Plà del Penedés y Nadal Brut Salvatge, con cuatro años de crianza, es un buen exponente para los amantes de los espumosos radicalmente secos.

    Recaredo: fundada en 1924, esta pequeña y familiar, y es reconocida tradicionalmente como la bodega de vinos espumosos con más solera y tradición del Penedés. Sus producciones son tremendamente cortas y limitadas, y su especialización recae en los espumosos de larga crianza.

    Sabaté i Coca: bodega ubicada en el valle del río Bitlles actualmente dirigida por la cuarta generación familiar. Aplican una viticultura y vinificaciones específicas por cada una de sus parcelas y sus 18 tipos de suelos.

    Torelló: desde la Masía de Can Martí de Baix, la familia Torelló sigue ofreciendo a los amantes del vino espumoso la mayor prueba de fidelidad a unos principios empresariales honrados, con una producción corta y limitada, que comercializa bajo la marca Torelló.

    Can Feixes: se encuentra en Cabrera y Mediona, en tierras altas del norte del Penedès. La finca fue fundada en 1768 por Jaume Feixas y fue comprada por la familia Huget a principios del siglo XX. Elaboran vinos tranquilos y espumosos de cosecha propia.

    Júlia Bernet: es una bodega familiar situada en el macizo de Ordal con viñedos a unos 400 metros sobre el nivel del mar. La familia se dedicaba a la viticultura desde hace degeneraciones y decidieron elaborar sus propios espumosos apostando por la calidad, el compromiso con el territorio y el rigor. 

    Mas Candí: es una joven bodega fundada en 2006 ubicada en Les Gunyoles de Avinyonet, el macizo del Garraf, con un carácter inquieto y que busca experimentar con diferentes técnicas tanto en el viñedo como en la bodega.

  • Côte de Brouilly
  • Côte Roannaise
  • Côtes de Provence
  • D.O. Alella

    D.O. Alella

    La Denominación de Origen Alella es una de las más pequeñas y también una de las más antiguas de la Península Ibérica. En el yacimiento arqueológico de Veral de Vallmora, en Teià, se han encontrado una serie de estructuras que documentan la elaboración del vino desde el siglo I hasta el IV dC, y una inscripción en un sello de plomo demuestra que era explotado por familias de Barcino. Esta historia nos cuenta que ya los romanos guardaban sus ánforas de vino en Tiana, pequeña localidad que hizo de capital en aquel tiempo, y que desde el Maresme salían barcos cargados de vino hacia las ciudades del Cantábrico español. Allí, junto a otros vinos de otras procedencias, emprendían la larga travesía a las Indias. No obstante, este origen histórico no estaba centrado en la viña ni el vino de Alella tal como hoy los conocemos, sino en los vinos primordialmente tintos elaborados con Monastrell, que adopta aquí el nombre de Mataró, que se producían en toda la zona del Maresme y que gozaban de un gran prestigio en la época, siendo también los preferidos de los canónigos de la Seo de Barcelona en tiempos medievales.

    Más recientemente, después de la plaga de la filoxera, la mayor parte de la viña que había en la zona no se volvió a replantar. De hecho, sólo se salvó Alella, y lo hizo gracias a una situación privilegiada y a la lucidez de los que en 1906 construyeron la Cooperativa Alella Vinícola, hoy Alella Vinícola, donde la visión comercial se centraba en la burguesía barcelonesa de la zona, sin perder de vista lo que sería y fue durante muchos años su mejor cliente, cada vez más potente, y muy cerca: Barcelona.

    La DO Alella se constituyó en 1956, está situada al noreste de España, dentro de la Comunidad Autonómica de Catalunya y a tan sólo 15 km al norte de Barcelona. En la actualidad están inscritas algo más de unas 220 hectáreas de viñedo, se contabilizan casi un centenar de viticultores y sólo hay 8 bodegas. Los viñedos se reparten en dos zonas bien definidas: el Maresme, volcada al Mediterráneo, y el Vallès Oriental, al otro lado de la Cordillera Litoral. 

    Clima, suelos y variedades

    El clima de la zona del Maresme es Mediterráneo de tipo Litoral Central. La precipitación media anual oscila entre los 550 mm. y 800 mm, logrando los valores más altos en el norte y en el área del Montnegre y los más bajos a los pueblos costeros del sur de la comarca. En cuanto a la temperatura, los inviernos son moderados, con medias de 8 ºC a 10 ºC, y los veranos calurosos, entre 22 ºC y 23 ºC de promedio, comportando una amplitud térmica anual moderada. La zona del Vallés Oriental presenta una gran variedad de paisajes naturales muy cerca de las ciudades. Las formas suaves de la llanura vallesana, llena de pequeñas colinas, valles y torrenteras, contrastan con los riscos y conjuntos montañosos más abruptos. El clima es algo diferente según la zona debido a la orografía del terreno: es Mediterráneo Prelitoral Central en la llanura del Vallés; Mediterráneo Prelitoral Norte en el macizo del Montseny; y al sur de la meseta del Moianès es Mediterráneo Continental. La distribución de la precipitación es irregular, de los 1200 mm a los 600 mm con un total anual escaso, exceptuando las partes más elevadas. En cuanto al régimen térmico, fuera de los lugares de montaña, los veranos son calurosos y los inviernos son moderados, con una temperatura media de 14,5º, aunque cabe destacar las frecuentes inversiones térmicas en la depresión del Vallés, sobre todo en invierno.

    En la comarca del Maresme la mayoría de los suelos dedicados al cultivo de la viña tienen como base la arenisca, llamado localmente “sauló”. Son suelos de estructura arenosa o franco-arenosa, fáciles de trabajar, de alta porosidad, aireados, de color claro (prácticamente blanco), con buen drenaje, gran permeabilidad, niveles bajos de materia orgánica, poca capacidad de retención de agua y elementos nutritivos, con un alto contenido de sílice, y con un pH ligeramente alcalino. En la zona del Vallés los suelos son por regla general francos arcillosos, ligeramente alcalinos, y en las zonas del prelitoral y partes altas donde la topografía es más accidentada, es granítico y de tipo arcilloso en las partes bajas.

    En relación a las variedades de uva cultivada, la DO Alella autoriza nada menos que 20 variedades, entre blancas y tintas. Las variedades recomendadas son la Pasa Blanca (Xarel·lo) y la Garnacha Blanca, pero también ese autorizan la Macabeo, Malvasía, Moscatel de grano menudo, Parellada, Picapoll Blanco, Chardonnay, Chenin Blanc y Sauvignon Blanc. Y en cuanto a tintas la DO recomienda  la Garnacha Tinta, pero también autoriza el cultivo de Cabernet Sauvignon, Garnacha Peluda, Merlot, Monastrell, Pinot Noir, Sansó o Mazuela, Sumoll Tinto, Syrah, Ull de LLebre o Tempranillo.

    Vinos y bodegas

    Las ocho bodegas de la DO Alella tienen políticas muy diferentes a la hora de cultivar y elegir la elaboración su gama de vinos. Algunos todavía arrastran una visión muy ecléctica del vino catalán, combinando la vertiente más hedónica con la más comprometida con la recuperación varietal y territorial del viñedo de Alella. La buena noticia es que casi todas las bodegas están comprometidas, en mayor o menor medida, con una viticultura ecológica, incluso con algunos vinos naturales, y todos han comenzado una vía para conectar con la adopción de la Pansa Blanca como bandera de la zona. Incluso ahora, con la Pansa Blanca, parece que ya no es suficiente, y hay quien está trabajando para recuperar la Pansa Rosada, reincorporar la Picapoll Blanca, por hacer que abunde más la Garnacha Blanca, e incluso hay quien trabaja la Sumoll en versión tinta. La DO Alella es pequeña y la recuperación varietal es más fácil en espacios reducidos, en los que el mismo esfuerzo representa un porcentaje mucho mayor del trabajo que queda por hacer. Por otro lado, Alella sufre más que otras zonas las cosechas. Quizás porque el tamaño de las bodegas son más pequeñas, y los medios también son proporcionales. Pero es una gran noticia que sea sensible a las añadas, dado que el consumidor puede captar que los vinos no tienen a su servicio una gran estructura de bodega que pueda ocultar lo ocurrido en la viña. Y esto es de agradecer. El futuro pasa, como en el resto de la viticultura catalana desde hace unos años, por las variedades tradicionales. De hecho, en los últimos diez años, la única propuesta de la DO Alella ha sido la Pasa Blanca, mientras el resto de variedades, incluida la Garnacha Tinta, no reciben el mismo apoyo, quizá porque nadie cree que realmente formen parte del futuro de la DO Alella. Los vinos se elaboran en todas sus versiones: blancos, rosados, tintos y dulces, además de vinos espumosos bajo la DO Cava.

    Marfil Alella, fundada en 1906 como cooperativa y con carácter de sindicato agrícola, está desde 1998 en manos privadas con el nombre de Alella Vinícola, pero todavía cuenta con más de 60 has de viñedos propios en Alella, Teià, El Masnou y Tiana y otras 90 has controladas de diversos viticultores, con las que elaboran los tradicionales vinos Marfil Clásicos (tinto crianza, blanco y rosado) y los nuevos vinos de finca: Ivori (blanco y tinto), Vallmora (Garnacha) y Costa del Maresme. También con la etiqueta Marfil elaboran una colección de espumosos y dos Cavas, un brut y un brut nature, y una pequeña cantidad de vinos dulces tradicionales de la zona, tanto por sistema de soleras como de añadas.

    Alta Alella es una bodega familiar y ejemplar, nacida en 1991, y es el proyecto personal de la pareja formada por Josep Maria Pujol-Busquets y Cristina Guillén cuando adquirieron la finca novecentista Can Genís, situada a 2 km del mar Mediterráneo entre los municipios de Alella y Tiana. Es una bodega moderna que desde el inicio apostó por la agricultura ecológica y el respeto por el entorno y la naturaleza. Cuentan con unas 12 has de viñedo en un espectacular anfiteatro que mira al mar, donde cultivan la Pansa Blanca y otras internacionales. La bodega, diseñada expresamente para microvinificaciones, elabora bajo las marcas Alta Alella (AA) y con la etiqueta Parvus un blanco seco, un rosado y un tinto crianza. La etiqueta Lanius corresponde a un blanco seco con cuatro meses de crianza, y Orbus es un tinto monovarietal de Syrah. También elabora un tinto dulce a partir de la variedad Mataró (la antigua Monsatrell), el Dolç Mataró, y las etiquetas Mirgin están reservadas a sus cavas, donde destacan su brut nature de Chardonnay y su brut nature rosado de Pinot Noir.

    Parxet es una bodega centenaria que se remonta al siglo XVIII, pero fue a principios de 1980 cuando esta bodega empezó a crear lo que hoy se denomina el “estilo Parxet”, bajo una clara visión en los nuevos hábitos de consumo. Su estilo de Cavas secos, frutales, elegantes y serios lo impuso primero en su línea de cavas Parxet y Titiana, y más tarde, en 1981, creo su línea de blancos tranquilos bajo las etiquetas de Marqués de Alella, hoy Bodega Raventós d’Aella, donde elabora una colección de vinos modernos y frescos con la Pansa Blanca y otros con ciertos aires de internacionalidad. En la actualidad Parxet y Raventós d’Alella están en manos de la familia Raventós Basagoiti, con bodegas en Rioja, Ribera del Duero y Montsant.

    También otras empresas como Elvi Wines, que también elabora en seis denominaciones de origen de España, y de la mano de la riojana Castillo de Sajazarra,han puesto sus ojos en la DO Alella para proponer vinos singulares, como su blanco Invita, con Pansa blanca y Sauvignon Blanc, y más recientemente su Invita Rosado, procedente de viñedos propios situados en la zona del Vallés, en el paraje de Bell-lloc.

  • D.O. Alicante

    D.O. Alicante

    El cultivo de la vid en la zona de Alicante es milenario. Se han encontrado yacimientos arqueológicos desde los siglos VI aC con representación de la viña en muchos ritos religiosos y funerarios.
    Durante los siglos XVI y XVII hay un desarrollo de la enología y un proteccionismo feroz, especialmente en la ciudad de Alicante con la creación de su “Junta de Inhibición del Vino de Alicante”, cuya finalidad era proteger y potenciar la fama de los vinos elaborados con variedades propias, cuyos vinos ya eran conocidos en el norte de Europa, donde eran importados por comerciantes ingleses, suecos y flamencos para dar cuerpo y color a sus famélicos y maltrechos vinos. De hecho, su producción era tal, que en 1510 un privilegio real prohibió la importación de vinos producidos en cualquier otro lugar mientras se siguiese elaborando vino en la región.

    No cabe duda que la exportación de vinos con el nombre de “Alicante” fue una clave para el conocimiento de esta región en todo el mundo, como atestiguan los vinos que viajaron con Magallanes en su primera vuelta al mundo, así como su presencia en numerosas casas reales, en especial el “Fondillón” o el “Aloque”, muy desarrollados en la huerta de la ciudad de Alicante.

    Algunas de sus leyendas más famosas apuntan a la ciudad de Monóvar, situada en el sur del área de cultivo, que ya fue famosa internacionalmente desde tiempos de Felipe II por su vino dulce Fondillón, ya que según apunta Saint Simón, el bocado favorito de Luis XIV durante los últimos meses de su vida era la tarta bañada en ese vino tinto dulce y viejo. También hay referencias en el “Conde de Montecristo” o en otras piezas literarias desde autores extranjeros hasta  grandes autores locales: Gabriel Miró, Azorín, Miguel Hernández, etc. De hecho, el desarrollo del viñedo en toda la zona de la montaña y el Vinalopó ha sido constante y uno de los motores del desarrollo económico y social de toda la región en el siglo XIX, impulsado sobre todo con la creación del ferrocarril Alicante-Monóvar.

    Actualmente la DO Alicante se encuentra en el centro meridional de España, en la provincia de Alicante, y se creó definitivamente en el año 1957 para gestionar una primera Denominación de Origen que había sido reconocida ya en el año 1932. El Consejo Regulador controla más de 9.000 hectáreas de viñedo, que cultivan cerca de 2.000 viticultores y donde se encuentran más de medio centenar de bodegas entre elaboradoras y embotelladoras. Comprende las subzonas L'Alacantí, L'Alcoià, Alto Vinalopó y Medio Vinalopó, Bajo Vinalopó, La Marina Alta, La Marina Baja y El Comtat, aunque en líneas generales todos esos territorios se dividen en dos amplias áreas bien diferenciadas: Vinalopó y La Marina.

    La más extensa es Vinalopó, que está situada sobre la ribera del río Vinalopó, y se extiende detrás de la ciudad de Alicante hasta encontrarse con Castilla-La Mancha y Murcia, donde en ésta última Comunidad se adentran unas 600 hectáreas de viñedo. Aquí los viñedos se sitúan desde el nivel del mar hasta los 400 metros de altitud hacia la meseta central.

    La otra zona es La Marina, ubicada en la parte norte de la costa alicantina, a unos 75 kilómetros al norte de Alicante, capital de la región.  Esta zona es una lengua de terreno muy amplia que se extiende entre Denia y Calpe, y se adentra en el mar, aunque la mayor parte de la superficie de los viñedos se encuentra en el interior, a una altura de entre 500 y 650 metros.

    Clima, suelo y variedades

    En líneas generales el clima en la D.O. Alicante presenta marcadas diferencias entre las dos subzonas. Los viñedos costeros de La Marina disfrutan de un característico clima mediterráneo, mientras que los de la ribera del Vinalopó están sometidos a un clima cada vez más continental conforme se adentran en el interior. También en ambas subzonas los suelos son principalmente pardo-calizos y se asientan sobre rocas calizas, con algunas zonas de arcilla arrastrada por los ríos que discurren hacia la costa de Alicante.
    Son suelos bastante sueltos y sanos, y pobres en materia orgánica. Sin embargo, dentro de las dos grandes subzonas hay matices que las diferencian. Por ejemplo, en la zona de la Marina Alta, el territorio se condensa en pequeñas comarcas con altas y espesas montañas que marcan valles y territorios escalonados. Desde el Cabo de la Nao, que es el más meridional de la Península Ibérica, los aires se empotran contra esas montañas y crean un microclima especial marcado por una presencia constante de humedad en forma de brisa o lluvia. Aquí se encuentra un suelo arcilloso, fértil, con filtración muy rápida al ser franco-arenosos, pero sus características escarpadas propician el cultivo la Moscatel, lo que da a sus vinos una particular finura.

    Por el contrario, en la zona del Vinalopó y l´Alcoiá las brisas marinas circulan a través de los pasillos naturales creados por un lado por la desviación de las brisas de las Sierras de Carrasqueta y Maigmó hacia el interior del Vinalopó, y por el otro por el pasillo abierto desde el Golfo de Alicante. Aquí el suelo se vuelve mucho más calizo, con alta presencia de yesos, cantos calcáreos, costra y piedras conforme se avanza hacia el oeste. Este suelo sufre grandes horas de insolación y grandes oscilaciones térmicas conforme se avanza al interior. En el Vinalopó Medio el agua es más escasa y las temperaturas más estables, mientras que en Vinalopó Alto hay mayor presencia de acuíferos, suelos más arenosos y temperaturas más extremas, dadas por la presencia de la meseta que arranca a pocos kilómetros al oeste.

    El Comtat, en la montaña Alicantina, es una de las zonas de mayor altitud, donde la riqueza de suelos y el contraste térmico, permiten una gran diversificación de variedades.

    La principal variedad blanca autorizada es la Moscatel de Alejandría, cuyo mayor cultivo se concentra en la zona de La Marina. El Moscatel de Alejandría es una variedad utilizada tanto para vinificación como para uva de mesa o para la elaboración de pasas, ya que su valor organoléptico es inmenso, destacando su potencia aromática, su versatilidad para elaborar vinos desde blancos a espumosos, pasando por una gran gama de vinos de licor. También en toda la DO Alicante está permitido el cultivo de las blancas Macabeo, Airén, Planta Fina de Pedralba, Merseguera, Chardonnay, Verdil y Sauvignon Blanc, así como la Riesling con carácter experimental.

    En tintas, la variedad mayoritaria es la Monastrell, que representa el 75% del cultivo en la DO Alicante. Su existencia data del siglo XV y se cree que procede de la localidad valenciana de Sagunto. En España se la conoce también como Vemeta, Morastell o Morrastrell, Mourviedro, Murviedro, Alcayata, Gayata, Garrut, Monastrell de la Gayata, Espar, Flouron, Trinchiera, Rossola, Balzac o Baltasar. También a nivel internacional adopta el nombre francés Mourvèdre, (derivado de la población valenciana Morvedre), y en Portugal, y América e incluso en Australia también recibe el nombre de Mataró (población catalana en la provincia de Barcelona –El Maresme- por donde salían barcos con vinos de Monastrell de la zona). Sin embargo, a pesar de su importancia también se cultivan la Garnacha Tinta, Garnacha Tintorera, Tempranillo, Bobal, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Syrah, así como Petit Verdot y Tannat como experimentales.

    El Fondillón 

    El Fondillón es un vino dulce de Alicante, un tipo de vino único en el mundo, reconocido por la Unión Europea en su base de datos E-bachus y con una especial protección dentro de la DO Alicante. Su legislación indica que debe proceder de la sobremaduración de la uva Monastrell en la cepa,  que el alcohol mínimo debe ser 16º y que éste debe proceder exclusivamente de la uva, por lo que su fermentación es biológica y sin ningún tipo de añadidos; algo que lo diferencia de los Oportos o algunos vinos de Jerez. También se especifica que debe realizar una crianza mínima de 10 años, que en muchos casos se realiza en los viejos toneles alicantinos o monoveros, con volúmenes que alcanzan hasta los 1.200 litros. Esta crianza se puede realizar de forma tradicional por el sistema de soleras, con la mezcla de las más antiguas con un porcentaje controlado de otras más nuevas, pero también puede realizarse mediante añada, es decir con las mezclas de vinos de una misma añada. A partir del 2014 debe expresarse el sistema utilizado en la etiqueta del producto.

    El Fondillón se distingue por sus intensos aromas de crianza (cacao, vainilla, ciruelas pasas, notas torrefactas), que culminan en un paladar untuoso, rico, largo y persistente. En realidad este vino generoso había casi desaparecido y sólo algún bodeguero melancólico lo siguió elaborando desde siempre para consumo propio o para el abastecimiento de una reducida clientela. En la actualidad, la recuperación del Fondillón es una realidad, y actualmente hay como mínimo una docena de bodegas que lo elaboran.

    Vinos y bodegas de la D.O. Alicante

    A pesar que en la zona todavía se contabilizan más de media docena de cooperativas, algunas bodegas están protagonizando en la última década una auténtica revolución vitivinícola en los vinos de Alicante, vinos que combinan la personalidad y la particularidad de su “terruño” con el carácter más puro de su varietal.

    Sirvan como ejemplo las Bodegas Enrique Mendoza, con una bodega en Alfás del Pi (La Marina) y otra en Villena, en la Finca el Chaconero, desde donde protagoniza producciones muy específicas para algunos vinos como el Estrecho, referido a la parcela de Monastrell situada en el Estrecho de Pipa, que media entre la Sierra de Salinas y la carretera de Yecla con suelos únicos, o también su tinto Las Quebradas que se refiere a la pedanía de Villena situada justo al norte de esa carretera donde cultiva un específico viñedo de Monastrell.

    Casa Mira, en Villena, cuyo nombre ha trascendido en alguno de los vinos de Sierra Salinas, como el mismo Mira, producido en la umbría de esta sierra con unas especialísimas Garnachas.

    Bernabé Navarro, en el mismo término de Villena, ha logrado distinguir su producción gracias a la autenticidad de su paraje Finca Balaguer, de unas 50 has, donde también está ubicada la bodega. Cultiva mayoritariamente la variedad Monastrell, aunque también Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah, de las que elabora algunas etiquetas monovarietales. Entre sus etiquetas destacan el tinto Beryna y el vino blanco dulce Parque Natural, procedente de viñas viejas de 40 años situadas en el Parque Natural de las Lagunas de la Mata y Torrevieja, en el sur de Alicante, así como vinos procedentes de diferentes pagos y diferentes tipos de suelo, con variedades específicas, escasos tratamientos y técnicas biodinámicas, capaces de expresar todo su carácter en sus vinos: Morrón, Casa Balaguer, Ramblís o Tragolargo, entre otros.

    Bodegas y Viñedos El Sequé, situado en la zona más occidental de la DO, a la sombra de la sierra murciana de El Carche, en el término municipal de Pinoso, tierra adentro en el Alicante interior, nace de la unión de dos famosas bodegas de Rioja y Jumilla, Artadi y Agapito Rico, cuyo proyecto se centra en la variedad tinta Monastrell, que plasman en sus vinos Monastrell Vino Mediterráneo, El Sequé, y El Sequé Dulce.

    Bodegas Volver es el proyecto personal de Jorge Ordóñez y Rafael Cañizares en Alicante, cuyos viñedos, entre 40-75 años de edad, cultivados en sistema de vaso en condiciones naturales, están ubicados entre Sierra de Salinas, Sierra de El Altet y Sierra de la Sima, a una altura de entre 600-750 metros por encima del nivel del mar. Elaboran una amplia colección de vinos, tanto en monovarietal como de mezcla, bajo las etiquetas de Volver, Paso a Paso, Tarima, Triga y Wrongo Dongo.

    También el winemaker Telmo Rodríguez se ha visto cautivado por la singularidad de algunos de los viñedos de Alicante y la variedad Monastrell, con la que elabora el tinto Almuvedre, con uvas de los parajes de Collado de Salinas, Madara, Falcones, Solaneta y Tumanes.

    Un punto y aparte merece también Gutiérrez de La Vega, ubicada en Parcent, desde donde trabaja con la Monastrell, la Moscatel y la Garnacha, con las que elabora media docena de vinos tintos, algunos con la recuperada variedad Giró, así como la colección de blancos dulces y semidulces Casta Diva, incluso un espumoso natural a base de Moscatel.

    Y también señalar al enólogo de Heretat de Cesilia, Sébastien Boudon, que elabora en el término de Petrer los tintos Chapó, un Monastrell de Xorret de Catí con 12 meses de roble francés; el Petit Chapó, un coupage de Monastrell y Garnacha Tintorera sin madera; y el Grand Chapó, un exclusivo Monastrell de corte atlántico, con 18 meses en barrica bordelesa nueva de roble francés del que apenas hay 300 botellas, todos amparados por la DO Alicante.

  • D.O. Almansa

    D.O. Almansa

    Almansa es una zona de tránsito entre la meseta y el Mediterráneo, por lo que comparte buena parte de las historias vitivinícolas y características de ambas áreas. De hecho, la diferencia principal del territorio de Almansa comparado con el de Levante, es la diferencia de altitud, pasando de los 400 m sobre el nivel del mar en la vecina población de Fuente La Higuera, a 700 metros en Almansa, distando entre ellas solamente 15 km. Antiguamente, esta zona de Castilla y La Mancha era un territorio fronterizo, donde el Castillo de Almansa, de origen musulmán pero con posteriores añadidos cristianos, fue construido para proteger el Valle de Vinalopó, que marcaba la frontera entre los reinos medievales de Castilla y Aragón.

    Durante muchas décadas, los principales clientes del vino de Almansa eran simples compradores y exportadores de graneles que apreciaban estos elaborados para dar fuerza y color a vinos frágiles de otras zonas y latitudes, procedentes, generalmente, de cosechas pobres o climas muy fríos.

    Sin embrago, la caída del comercio a granel hizo que algunas bodegas de zona se preocuparan más por la calidad que por la cantidad, invirtiendo en desarrollo e investigación para mejorar y afinar sus técnicas de producción, desde el viñedo a las bodegas, lo que propició en 1973 la constitución de la DO Almansa.

    Actualmente, la DO Almansa se sitúa en el centro-este de España, en la provincia de Albacete, en la Comunidad Autonómica de Castilla y La Mancha, lindando con Alicante, Valencia y Murcia. Los municipios, todos adscritos a la provincia de Albacete, son Almansa, Alpera, Bonete, Corral Rubio, El Villar de Chinchilla, Higueruela, Hoya Gonzalo, Pétrola, y en ellos se cultivan cerca de 8.000 hectáreas de viñedo.

    La Garnacha Tintorera y la Monastrell son las dos variedades autóctonas más importantes para la elaboración de los vinos en la zona, aunque es la Garnacha Tintorera la que se ha convertido en un símbolo para los vinos de región, representando lo auténtico, autóctono y único de la zona. La Garnacha Tintorera, denominada así por su pulpa coloreada y por poseer una intensidad colorante superior al resto de variedades de todo el mundo, procede del cruce de Petit Bouchet con Garnacha Tinta, y fue introducida sobre el año 1.800 por comerciantes franceses en la zona, a raíz del ataque de la filoxera en el país galo.

    Las adecuadas condiciones climáticas de la zona, junto a un razonado punto óptimo de la maduración y la vendimia, así como la aplicación de modernas tecnología enológicas de vinificación, permiten obtener, tanto de la Garnacha Tintorera como de la Monastrell, vinos de moderado grado alcohólico, que incluso sabiamente mezclados entre ellas o con otras viníferas, aceptan de buen grado una moderada crianza en madera, adquiriendo una fina complejidad y unos matices impensables hace unos pocos años.

    Clima, suelo y variedades

    En toda la DO Almansa el clima es continental extremo, con inviernos muy fríos y secos acompañados de veranos muy calurosos. Las lluvias se concentran en primavera y final del verano, con una media los 250 mmm anuales. El clima es algo menos extremo que el de La Mancha, si bien los veranos son también muy calurosos, con temperaturas que llegan a los 40º C con facilidad.

    Los suelos, en general, son ricos en caliza, alternando zonas con poco sustrato y pedregosas, con otras más arenosas y profundas. No son tierras muy fértiles, dando unos bajos rendimientos por hectáreas.

    Los viñedos se cultivan en relieves suaves, algo más accidentados en la parte noroeste de la zona, a una altitud que oscila entre los 700 y los 1.000 metros. Aunque la Garnacha Tintorera y la Monastrell son las uvas predominantes de la DO Almansa, también se cultiva Tempranillo, Garnacha Tinta, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Petit Verdot, mientras que en blancas predominan la Verdejo, Moscatel de grano menudo, Chardonnay y Sauvignon Blanc.

    Vinos y Bodegas

    Las 8.000 hectáreas de viñedo de la D.O. Almansa las controlan 750 viticultores, y en la zona hay tan sólo 12 bodegas. Un ejemplo de magnitud es la cooperativa Bodegas Santa Cruz de Alpera, aglutina ya 400 socios viticultores y controla más de 3.000 hectáreas de viñedo, pero también es un ejemplo de modernidad y progreso, con una largo portafolio de vinos tintos y rosados que elabora exclusivamente con Garnacha Tintorera y algo de Syrah, además de blancos con Verdejo.

    Otra bodega puntera y moderna es Atalaya, proyecto de Gil Family Estates en el que participa junto a la familia López de El Pilar de la Horadada. Desde su primera añada 2007, ha ido avanzando en las instalaciones e investigando en la elaboración de las variedades Garnacha Tintorera y Monastrell hasta dar forma a la actual gama de productos, donde sobresalen su tinto Laya, con uvas de Garnacha Tintorera (70%) y Monastrell de viñedos entre 700 y 1.000 metros de altitud, y 4 meses de crianza en roble francés.
    La Atalaya del Camino, con un 80% Garnacha Tintorera y Monastrell y 12 meses en barricas de roble francés. 
    Y su otro tinto Alaya Tierra, un monovarietal de corta producción, elaborado con viñedos viejos de Garnacha Tintorera a 1.000 metros de altitud y rendimiento muy bajo, con 15 meses de crianza en barricas de roble francés y una pequeña proporción de roble americano.

  • D.O. Arabako-Txakolina

    D.O. Arabako-Txakolina

    Los primeros testimonios escritos hallados muestran que ya en el siglo IX la producción de txakoli en Álava era práctica común y generalizada entre los agricultores en el Valle de Ayala particularmente en Amurrio, Llodio y Ayala. En el cartulario de Valpuesta aparece una referencia en el año 864 de viñas en Retes de Tudela (Artziniega) bajo el reinado del rey asturiano Ordoño I, también en el cartulario de San Millán de la Cogolla, aparecen referencias escritas de que en el año 964 se cultivaban en la Tierra de Ayala vides para la elaboración de vino, y concretamente hay fechada una donación de viñedos al desaparecido monasterio de san Víctor del barrio de Gardea en Llodio. En los siglos XIII, XIV y XV la plantación de viñedo de txakoli se extendía por toda la geografía de la Comarca de Ayala al amparo de unas ordenanzas fuertemente proteccionistas, que impedían la entrada de vino de fuera hasta que no se hubiera consumido el propio.

    Así podemos encontrar en el archivo de Arespalditza lo que es la primera aparición de la palabra “chacolín” en archivos municipales del País Vasco de noviembre de 1623. Pero esta situación de importancia del viñedo de txakolí en Ayala cambió radicalmente a principios del siglo XX al producirse una regresión importantísima que causó la desaparición casi completa de la vid.
    En 1877 se había llegado a las 550 has, pero sucesivas plagas de oídio, filoxera (1919) y mildiu mermaron la plantación lo que unido a otros factores, como la industrialización, la ganadería y los cambios en los gustos de los consumidores, hicieron que en Ayala el cultivo de las viñas y producción de txakolí prácticamente desapareciera, a excepción del elaborado por los fundadores de la Asociación Alavesa de Productores Artesanos de Txakolí- Arabako Txakolina Elkartea.

    En el primer cuarto del siglo XX la extensión de la plantación de viñedo había ya descendido a 93 has, y en el momento de la fundación de la Asociación en 1988 no alcanzaba las 5 has. Además, la plantación se encontraba muy dispersa y las variedades de uva no eran en todos los casos las más adecuadas para la elaboración de txakolí.

    Por otro lado, no existía un criterio común en cuanto al proceso de elaboración, cada productor contaba con sus particulares medios y métodos, lo que daba como resultado una heterogeneidad en el resultado no justificada desde el punto de vista técnico. Se creó la Asociación Alavesa de Productores Artesanos de Txakoli-Arabako Txakolina Elkartea con 6 productores de txakolí que todavía quedaban en la provincia con el objetivo de recuperar la elaboración de este vino en la Comarca de Aiara, que se acogió al Reglamento de los “Vinos de la Tierra”, quedando pendiente la creación de la Denominación de Origen definitiva, que finalmente fue aprobada por el Gobierno Vasco en mayo de 2001, y en agosto de 2002 por el Ministerio de Agricultura del Gobierno central. La DO Arabako Txakolina se ubica en el centro norte de España, en la provincia de Álava, situada al sur del País Vasco, y se circunscribe geográficamente a la Comarca de Ayala, que está compuesta por cinco municipios: Aiara, Artziniega, Amurrio, Laudio y Okondo. Actualmente acoge 100 hectáreas de viñedo y hay inscritas 7 bodegas elaboradoras.

    Según el doctor Juan Uruñuela el significado de “Txakoli” tal y como lo conocemos hoy en día es “vino de caserío” o “vino que se hace en el caserío” que se deriva del euskera “etxakoa” (el hecho en casa) y su evolución a “etxakon” que viene a significar convecino de la casa, para llegar a la palabra “txakon”, y finalmente “txacolin” o “chacolin”.

    Clima, suelo y variedades

    Los viñedos reciben la influencia climática del océano Atlántico con unas precipitaciones medias anuales de 899 l y temperaturas medias que van de los 7,5 °C a los 18,7 °C, con riesgo de heladas de primavera en las laderas de Sierra Salvada.

    Las principales variedades de uvas autorizadas y cultivadas para la elaboración de txacoli de la DO Arabako-Txacolina son la blanca Hondarribi Zuri y la tinta Hondarribi Beltza, que representan un 70% del total viñedo, además de las blancas Petit Manseng, Petit Corbu y Gross Mansen. En esta zona, casi todos los viñedos son plantados en espalderas, y los viticultores reciben un buen asesoramiento para luchar contra las enfermedades, emplear los tratamientos más adecuados contra los parásitos, y utilizar la disposición de la plantación más adecuada, así como el sistema más adecuado de poda para cada variedad.

    Vinos y bodegas de la DO Arabako Txacolina

    Arabako Txakolina se creó en 1989 como fruto de la necesidad de embotellar el txakolí que se estaba empezando a recuperar en el Valle de Ayala, a punto de desaparecer. La bodega Arabako Txakolina posee desde 2003 el Certificado de Calidad ISO 9001. Está situada en la una localidad con gran tradición vitivinícola, Amurrio, donde el escritor Benito Pérez Galdós, en su novela Vergara de la serie Episodios Nacionales, ya hacía referencia al txakolí de Amurrio en 1899. El vino estrella de esta bodega es el Txakoli Xarmant, aunque también propone otras dos marcas: Txakoli Maskuribai y Txakoli Eguzarri.

    Beldio Txakolina está ubicada en Beldio Baserria - Gardea - Llodio -, y los primeros escritos hallados muestran que ya en el año 964, la producción de txakoli en Llodio era práctica común y generalizada entre los agricultores del valle. Desde el año 964, que se hace la primera constancia del txakoli en este valle, se habla que al monasterio San Victor y Santiago de Gardea al cual se le hicieron unas donaciones de viñedos, más de mil años después y en el mismo lugar la bodega Beldio empieza comercializar sus primeras cosechas de txakoli, en un caserío del siglo XVIII, donde dispone también de un acogedor restaurante. Posee 7 hectáreas de viñedos propios y fue de las primeras en recuperar la tradición perdida de elaboración del vino en esta comarca.

    Casa El Txakoli es una pequeña bodega regentada por Txomin Solaun dedicada a la elaboración de txakolí y de sidra, con media hectárea de viñedos que le proporcionan la uva perfecta para la elaboración de su vino estrella, el Mahatxuri, un txakolí bastante subido de color, amarillo dorado, con aromas frescos, de manzana madura, y ligeras notas anisadas, de paladar algo graso, con cuerpo en el paso de boca, y acidez pronunciada. La particularidad de esta bodega es que también es una cogedora casa de turismo rural situada en uno de los enclaves más tranquilos de Amurrio. Se encuentra bajo el monte Santa Cruz, en un bello paraje perfectamente comunicado, con lo que pueden realizarse distintas y atractivas excursiones.

  • D.O. Arlanza

    D.O. Arlanza

    La Ribera del Arlanza es una de las comarcas de Castilla y León con más tradición vitivinícola. Existen testimonios de elaboración de vino en la época romana en la comarca de Lara, en la parte oeste de la Sierra de Covarrubias, pero su historia más moderna se remonta al siglo X, del que se conservan reseñas históricas de la existencia de viñedos en manos de los monasterios.

    Está documentado que en el s.XII, el monasterio de Santa María de Bujedo de Juarros adquirió viñedos en la Ribera del Arlanza y del Duero para su abastecimiento, completándolos con viñedos en Quintanilla del Agua. También los monjes del priorato de Santa Inés cultivaban viñas en la zona de Lerma, y en Covarrubias era tan bueno el vino que la abadesa reclamaba a cada vecino de su fuero, un pozal de vino.
    Su mayor apogeo vitícola tuvo lugar a finales del s.XIX, cuando la zona abastecía de vino a la ciudad de Burgos y otras localidades del Norte de España.
    No obstante, los días de gloria se terminaron a principios del s.XX, cuando apareció la filoxera en la comarca. Ello obligó al arranque de la totalidad del viñedo existente y a su replantación que finalizó en el año 1920, y hasta la mitad del s.XX, el viñedo fue parte importante de todas las explotaciones existentes en la comarca.
    Sin embargo, a partir de la década de 1950 se produjo un fuerte éxodo rural en la Comarca del Arlanza, al igual que en otras zonas, debido a la gran expansión industrial que demandaba abundante mano de obra, por lo que ésta fue absorbida de las zonas agrarias que no podían competir con los suelos ni las condiciones de vida de las áreas industriales. Esta falta de mano de obra, unida a la estructura de los viñedos, que en su mayoría estaba formada por parcelas muy pequeñas, marcos de plantación que imposibilitaban la utilización de maquinaria, variedades dispares y poco adaptadas, obligó al abandono paulatino del cultivo de la vid, a la vez que hizo que los agricultores fueran pasándose al cultivo del cereal, mucho más protegido en aquella época. Sólo se conservaron algunas parcelas para la elaboración de vino para ser consumido por las familias locales.

    No obstante, a mediados de la década de 1990 un grupo de entusiastas del vino deciden realizar las acciones necesarias para recuperar la tradición vitivinícola del Arlanza, por lo que la comarca consigue la mención de "Vino de la Tierra Ribera del Arlanza". A partir de ese momento se comienza a trabajar para recuperar el esplendor del sector vitivinícola de la zona, y en 2007 se reconoce la DO Arlanza.

    La demarcación geográfica de la DO Arlanza se sitúa al norte de España, al norte de la denominación de origen de Ribera del Duero, en la zona centro de la provincia de Burgos y a unos 40 kilómetros de la capital. Está situada en el valle medio y bajo del río Arlanza y de sus afluentes hasta su confluencia con el Pisuerga y sureste de Palencia. La zona se encuentra enclavada entre la Sierra de Covarrubias, al este, hasta los Páramos del Cerrato, al oeste y los límites norte y sur están fijados en la vertiente del río Arlanza. La DO Arlanza está compuesta por 67 núcleos de población, de los cuales 54 pertenecen a la provincia de Burgos y 13 a la de Palencia, hay inscritas cerca de 500 hectáreas de viñedo que trabajan 275 viticultores y 23 bodegas elaboran sus vinos.

    Clima, suelo y variedades

    El clima en la DO Arlanza se puede considerar mediterráneo continentalizado, menos fresco al este, que varía perdiendo humedad y ganando temperatura a medida que se avanza hacia el oeste. Respecto a la pluviometría, varía de los 800 mm en la zona este, hasta los 500-600 mm en la zona oeste. También hay que tener en cuenta el riesgo de heladas primaverales, mientras el periodo seco es de 2-3 meses en la zona este, hasta 4 meses en la zona oeste. La temperatura mínima media del mes más frío es de -10,3ºC en el mes de enero, que es cuando la planta está en pleno reposo invernal.

    Respecto a los suelos son, en general, profundos, con subsuelo formado por rocas blandas (margas calizas o calizas disgregadas penetrables por la raíz), mientras que el relieve es muy variado en ondulaciones y laderas, en las cuales se cultiva tradicionalmente el viñedo, en terrenos saneados de ladera o cerro, por lo que no existen problemas de exceso de humedad. Hay abundancia de terrenos arenosos, silíceos, graníticos y los formados por margas calizas. En general hay abundancia de terrenos donde los elementos gruesos son abundantes. Estos pueden ser bien de los carbonatos, rocas calizas o bien aluviales guijarros y gravas. La falta de materia orgánica es una característica endémica de los suelos de esta zona, muy favorable para la calidad de la viña.

    Las variedades autorizadas para la elaboración de vinos de la DO Arlanza son las blancas Albillo y Viura, mientras que en tintas destaca la Tinta del País o Tempranillo, además de la Garnacha Tinta, Mencía, Cabernet Sauvignon, Merlot y Petit Verdot.

    Vinos y bodegas

    Olivier Rivière llegó a España hace casi diez años contratado por Telmo Rodríguez, uno de los grandes animadores del panorama vitivinícola español de los últimos tiempos. Empezó trabajando para él en la Rioja, pero pronto su inquietud y sus ganas de buscar vinos propios le llevaron a encontrar socios y aliados para crear sus propias marcas, por lo que en 2009 adquirió unas viñas viejas dentro de la DO Arlanza, plantadas entre 1910 y 1940 en los alrededores de Covarrubias, a más de 1.000m de altitud. Con estas viñas vinifica 4 cuvées: La Vallada, que proviene de un pago de 2 has compuesto exclusivamente de Tempranillos jóvenes (15 años), con 12 meses de crianza en barricas y tanque de acero inoxidable; El Cadastro, es resultado del assemblage de parcelas situadas entre 950 y 1000 m en los alrededores de Covarrubias plantadas entre 1930 y 1950, donde cada pago (La Tisona, La Mula, Amesado, Los Lirios y El Quemado) es vinificado por separado durante 2 años, hasta que se realiza la mezcla final, compuesta por un 95% Tempranillo y algo de Garnacha, con una crianza de 24 meses en barricas de roble; El Quemado, con un viñedo situado a 1050 m de altura, en el que las condiciones son más extremas. Se compone de 95% tempranillo y Garnacha, recibe una crianza de 24 meses en barrica de roble (10% barrica nueva), y su producción ronda las 1.000 botellas; Basquevanas, es un vino blanco que proviene de una pequeña parcela de Albillo viejo, en la periferia de Covarrubias, con una crianza de 12 meses en barricas y 12 meses en tanque de inoxidable.

    Pagos de Negredo es una de las bodegas pioneras de la DO Arlanza. El viñedo, llamado Château Negredo, fue uno de los más importantes protagonistas de la historia vitivinícola de Castilla y León en el s.XIX, por su inmejorable situación geográfica y su gran capacidad de crear vinos de éxito. Está situado en un impresionante crestón entre roquedales y encinares a 740 metros de altitud sobre el valle de Arlanza, en Palenzuela, provincia de Palencia. Los últimos vinos lanzados al mercado son Quinta Negredo Rosado y el tinto Quinta Negredo Cuveé.

    Bodegas y Viñedos Carrillo de Albornoz nace en 2012 en Avellanosa de Muñó, en el valle medio y bajo del río Arlanza y de sus afluentes, a 45 km de Burgos capital, dirección Madrid. Esta bodega se centra en la obtención de vinos de calidad a partir de Tempranillo, rosado y tintos, bajo la marca Carrillo de Albornoz.

  • D.O. Arribes
  • D.O. Bierzo

    D.O. Bierzo

    Situada al noroeste de España, lindando con Galicia y relativamente cerca de Portugal, el Bierzo es una comarca con una peculiar identidad propia, que actúa como zona de transición entre las comunidades de Castilla y León, Asturias y Galicia. Es una región por la que discurre el Camino de Santiago (Ruta Jacobea) y entre los peregrinos la denominaban la “suiza española” por su orografía montañosa. Estas singulares condiciones geográficas y climáticas de la comarca ya fueron detectadas por los romanos, que hace unos 2.000 años empezaron a experimentar con la plantación de viñedos.

    Sin embargo, el desarrollo del cultivo de la vid en el Bierzo está relacionado con las necesidades de los monasterios y conventos medievales nacidos al amparo del Camino de Santiago, que precisaban el vino tanto para las ceremonias religiosas como para sus necesidades alimenticias.
    Durante la Edad Media, la transitada ruta jacobea provocó el surgimiento de numerosos burgos y aldeas, que adoptaron la industria vinícola como principal fuente de riqueza. La destrucción de la casi totalidad de las vides por parte de la plaga de la filoxera de finales del siglo XIX supuso un terrible golpe para la economía berciana. En las primeras décadas del siglo XX, la producción se recuperó gracias a los injertos realizados con vides americanas y, ya en la década de 1960, experimentó una interesante evolución gracias al papel de las cooperativas.

    En 1989, este proceso culminó con el reconocimiento de la DO Bierzo, que en la actualidad está considerada una de las denominaciones con mayor potencial de crecimiento. La DO Bierzo acoge algo más 3.000 hectáreas de viñedo que cultivan unos 2.400 viticultores y elaboran 73 bodegas, según datos del Consejo Regulador, por lo que es una atomización parcelaria y una propiedad minifundista.

    Sin embargo, a pesar de la larga tradición vitivinícola de la zona, la llegada al Bierzo de Ricardo Pérez y su tío Álvaro Palacios (creador del celebérrimo vino tinto L’Ermita en el Priorat) junto al inquieto enólogo y viticultor berciano Raúl Pérez, que muestra pasión por los retos más innovadores en cualquier parte del mundo y es uno de los grandes maestros en la variedad Mencía, entre otros visionarios, marcaron un punto de inflexión en los vinos del Bierzo, donde la selección de los parajes y las viñas más viejas en suelo pizarroso, su bajo rendimiento y altura, junto a la ejecución de la enología más puntera, así como la selección de los mejores robles y maderas para las crianzas, son en buena parte las responsables de la ennoblecida concentración de sabores de los modernos vinos del Bierzo.

    Clima, suelo y variedades

    La característica de extrema montaña de la comarca del Bierzo es lo que hace de ella, junto a su clima y suelos, una de las regiones ideales para el cultivo del viñedo.

    Vinos del BierzoVinos del Bierzo - Paisaje

    Su geografía aparece marcada por el contraste entre las zonas montañosas y los valles fluviales, que permiten que la comarca goce de un microclima especial, suave y regulado por cierta humedad, con precipitaciones anuales de 720 milímetros, una temperatura media de 12,3ºC., y una insolación media anual entre 2.100 y 2.200 horas. De hecho, es un clima a caballo entre continental-atlántico, lo que preserva un equilibrio hídrico en las vides, además de su baja altitud, que impide, generalmente, las heladas tardías, aunque la vendimia se adelanta, normalmente, un mes sobre las del resto de las zonas productoras de Castilla y León.

    El viñedo en El Bierzo se cultiva en parcelas y terrenos con pendiente, desde los 450 a los 800 metros, en lomas orientadas a los cuatro puntos cardinales. El suelo en la comarca del Bierzo se asienta sobre materiales del Mioceno recubiertos por una capa del cuaternario. La textura es franco-limosa, son moderadamente ácidos, su pH está próximo a 5,5, y tiene ausencia de carbonatos, propio de climas húmedos, mientras que los suelos en las laderas están constituidos por una mezcla de elementos gruesos, cuarcitas y pizarras.

    La variedad de uva más cultivada y que mejor se adapta a estas condiciones es la tinta Mencía, que representa el 75% de la uva que se cultiva en la zona de producción, la cual permite obtener excelentes tintos y rosados, con una gran diversidad de aromas primarios.
    Algunos estudiosos vincularon la Mencía con la Cabernet Franc por los peregrinos provenientes de Francia que desde siglos hacen el Camino de Santiago, pero los recientes estudios de ADN lo descartan por completo. De hecho, muchos opinan que la evolución de los vinos modernos se aproxima más al estilo de la uva Pinot Noir, que junto a la orografía parcelaria y minifundista de sus viñedos, la forma tradicional de la botella borgoñona empleada, y la original utilización de los nombres de los municipios y parajes en sus mejores vinos, la proyectan con el sobrenombre de “la pequeña borgoña española”.

    Entre el resto de variedades destacan las tintas Garnacha Tintorera (2%), una de las más tradicionales en la comarca, y las blancas Godello (4%), Doña Blanca (2,4%), algo de Malvasía, y Palomino (17%), aunque esta última está en claro retroceso.

    Bodegas y vinos del Bierzo

    Se elaboran blancos y rosados, pero el mejor sello de identidad y cantidad de los vinos del Bierzo recae en los vinos tintos, desde los más jóvenes a los reservas, pasando por los roble y crianzas.
    Pero su escalada en busca de la identidad territorial ha sido vertiginosa. En tan solo una década, los sencillos tintos del Bierzo, ligeros, de baja graduación alcohólica, parcos de color y poco aptos para el envejecimiento por la excesiva producción de los viñedos, han evolucionado a un estilo de vinos más corpóreos y aterciopelados, muy fragantes de fruta fresca y especies, con una vibrante acidez, larga vida y una marcada personalidad del terroir que los convierte en genuinos vinos atlánticos.

    Vinos con DO del BierzoViñedos del Bierzo

    En el Bierzo existen y coexisten bodegas grandes, pequeñas y minúsculas, antiguas y mucho más modernas, incluso algunas fuera y otras dentro la DO Bierzo, pero los vinos del Bierzo siempre transmiten una gran personalidad.

    Sirvan sólo como ejemplo las Bodegas y Viñedos Paixar que en el año 2000 culminan el sueño de Alberto y Eduardo García, hijos del célebre enólogo Mariano García, junto a Alejandro Luna de las bodegas Luna Beberide y el enólogo francés Gregory Pérez.

    Descendientes de J. Palacios, con Ricardo Pérez y su tío Álvaro Palacios, que empezaron con 15 hectáreas de viñedos viejos de altura, aplicando la biodinámica, repartidos en unas sesenta pequeñas parcelas con exposiciones muy diversas y sobre diferentes suelos y escalas de altitud.
    Bodegas Castro Ventosa, en Valtuille, es la bodega familiar de Raúl Pérez, que elaboraba desde antiguo aguardientes por el método tradicional del fuego directo y vinos a granel a partir de unas pocas hectáreas de vid en las proximidades del Castro Ventosa.
    Bodegas Peique que nace para dar respuesta a una centenaria tradición familiar de tres las generaciones en activo, imprimiendo a sus vinos la combinación perfecta entre el ancestral trabajo de campo, la formación académica, y el profesionalismo de los miembros más jóvenes.
    Bodegas Luna Beberide que nace en 1987 de la mano de Alejandro Luna y Fernando García con la filosofía de aprovechar lo mejor de las variedades autóctonas e investigar el potencial de las foráneas.
    Viñedos y Bodegas Pittacum, ahora en manos de la bodega gallega Terras Gauda, que consigue año tras año mostrar el carácter, la finura, la complejidad y la armonía en sus vinos tintos Pittacum Barrica y Pittacum Aurea.
    Bodegas Estefanía, asesorada por Raúl Pérez, que con su línea de vinos Tilenus apuestan por no aumentar su producción anual para ser fiel a la filosofía de ofrecer siempre la máxima calidad.
    Dominio de Tares, que vio la luz en el año 2000 de la mano del enólogo Amancio Fernández, y desde entonces sus vinos se han situado entre las más prestigiosas listas internacionales.

  • D.O. Binissalem Mallorca

    D.O. Binissalem Mallorca

    La D.O. Binissalem-Mallorca se ubica en la isla de Mallorca, que es la mayor del archipiélago balear, y está enclavada en el Mediterráneo occidental, a 132 millas de Barcelona y 140 de Valencia.
    Los vinos comenzaron a ser elaborados en esta zona por los romanos, alrededor del año 120 a.C. en el que Quinto Cecilio Metelo conquista la isla de Mallorca, y ya en el siglo I a.C., Plinio habla de los vinos baleáricos comparándolos con los mejores de Italia. Incluso durante la dominación árabe y pese a las prohibiciones coránicas, el cultivo de la vid no desapareció puesto que el moro Beni Abet ofreció a D. Jaime I cuando conquistó la isla en 1230, uvas de excelente calidad. De hecho, la viticultura llegó a ser tan importante en la isla que antes de la llegada de la filoxera, Mallorca contaba con cerca de 27.000 hectáreas de viñedo. Sin embargo, como consecuencia de la llegada de la filoxera a Mallorca y a las demás islas de archipiélago a finales del siglo XIX, la viticultura tuvo que hacer frente a épocas muy complicadas, por lo que la industria del vino sufrió un duro revés y muchos viticultores emigraron en busca de nuevas tierras. Los viñedos fueron reemplazados en su mayoría por almendros, olivos y otros cultivos más rentables, y muchas variedades locales terminaron por desaparecer.

    Durante la primera mitad del siglo XX, la extensión de viñedo oscilaba entre 5.000 y 8.500 hectáreas, pero más tarde, con la guerra y la posguerra, la situación del viñedo siguió empeorando porque la economía de subsistencia obligó a transformar los viñedos en cultivos de productos básicos. Pese a todo, el nuevo mercado turístico de mediados del siglo XX dio un empuje a los escasos vinos locales, que desde entonces no han parado de crecer tanto en cantidad como en calidad, hasta que en 1991 se constituyó la DO Binissalem-Mallorca, y es la más antigua de la Isla. Se encuentra situada el centro de la isla de Mallorca, alrededor de la localidad que le da nombre y los municipios de Consell, Santa Eugenia, Santa María del Camí y Sancelles, un paisaje de suave relieve dominado por la llanura, y protegida de los vientos del norte por el imponente macizo de Sierra Alfabia. En la actualidad abarca algo más de 600 hectáreas de viñedo inscrito y hay registradas 13 bodegas elaboradoras.

    En la isla de Mallorca también se encuentran la DO Pla i Llevant, así como los Vinos de la Tierra Baleares, Vinos de la Tierra de Mallorca y Vinos de la Tierra Serra de Tramuntana Costa Nord.

    Clima, suelo y variedades

    El clima de la Denominación de Origen Binissalem-Mallorca se puede calificar de mediterráneo suave, con veranos secos y calurosos e inviernos cortos. La precipitación media anual ronda los 450 mm. Al norte se encuentra la Sierra de Alfabia, que resguarda a los viñedos de los vientos marítimos, fríos y húmedos que soplan en invierno. Las elevadas temperaturas del verano son el mayor problema de los agricultores, aunque la altitud donde está situado el viñedo, entre los 125 y 300 metros, ayuda a mantener una temperatura algo más baja durante la noche en las épocas de maduración y vendimia.

    Los suelos mayoritariamente son suelos pardos o pardo-calizos procedentes de sedimentos continentales cuaternarios, con abundante presencia de caliza.

    La uva nativa es la tinta Manto Negro, que representa el cerca del 40% de del cultivo de las variedades tintas, seguida de la Cabernet  Sauvignon con el 27%, además de Callet, Tempranillo, Monastrell, Syrah y Merlot, aunque también hay plantaciones de la tinta Gargollasa que se destina en un porcentaje máximo del 30% en la composición tanto de vinos como espumosos rosados.
    En blancas predomina la autóctona Moll o Prensal Blanc, que representa el 50% del cultivo de las variedades blancas, seguida de la Chardonnay con un 28%, y Giró Ros, Macabeo, Parellada y Moscatel, así como algunas viñas experimentales de Sauvignon Blanc.

    Vinos y bodegas

    Los vinos de la DO Binissalem-Mallorca con más renombre son, sin duda, los tintos elaborados con la variedad Manto Negro. Se trata de vinos elegantes cuando se vinifican bien, aromáticos y con cuerpo, especialmente concebidos para una crianza en barricas de roble. La DO Binissalem-Mallorca exige que esta variedad debe participar en la elaboración de los vinos tintos al menos en un 30% para que éstos puedan acogerse a la Denominación de Origen. Los vinos de Manto Negro nos acercan a los aromas de frutas muy maduras como la mora, el higo, la granada y un peculiar recuerdo de algarroba, cultivo con el que comparten hábitat las viñas de Mallorca.

    Y en cuanto a los vinos blancos y espumosos, la variedad autóctona Moll o Prensal Blanc debe participar en la elaboración de estos vinos en una proporción mínima del 50%. Los blancos varietales de Prensal Blanc recuerdan la fruta de pulpa blanca, pera, manzana, juntamente con ciertas notas cítricas, pomelo, y florales, que dan lugar a un afrutado singular con notas de anís.

    Las bodegas están dotadas de la última tecnología y se trata de empresas familiares donde casi todas aplican el concepto de château en sus explotaciones vinícolas: viña y bodega en una misma propiedad.

    Un ejemplo de ello es la Bodega Jaume de Puntiró, una bodega familiar y artesanal fundada en 1980, con media docena de hectáreas de viñedo propio en diferentes parcelas en Santa María del Camí, con cultivo de agricultura ecológica inscrita y avalada por el Consejo de la Producción Agrícola Ecológica de Baleares. Destacan sus tintos Vermell, varietal de Manto Negro y Callet, y también Carmesí, un ensamblaje de Manto Negro, Callet y Cabernet Sauvignon con crianza de un mínimo de doce meses, además de su alto de gama JP, un tinto que sólo se elabora los años de cosecha excepcionales, que proviene de una viña vieja llamada Cas misser Fiol, del que se elaboran menos de 700 botellas.

    Bodegas Macià Batle, fundada en 1856, es una de las más antiguas de la comarca de Benissalem-Mallorca. Una de las apuestas seguras es el Macià Batle Crianza, que se elabora a partir de una selección de uvas Manto Negro, Callet y Cabernet Sauvignon que envejece en barricas de roble francés y americano y reposa en botella hasta completar 24 meses. Sin embargo, el buque insignia de la bodega es Reserva Colección, fruto de las mejores viñas de la comarca, siempre en una edición limitada y numerada donde se dan cita el saber, el arte y la tradición vitivinícola de la bodega.

    Ca Sa Padrina (1999) en Sencelles, cuenta con ocho hectáreas de viñedos propios en los que se trabajan las variedades autóctonas y las foráneas, de las que elabora y comercializa el tinto Montenegro Suñer-Bibiloni, un vino elegante, muy aromático y equilibrado entre juventud y crianza. También destaca su vino blanco, Mollet Suñer-Bibiloni, donde la protagonista es la uva autóctona Moll.

    Vinya Taujana es un proyecto de la familia Crespí, que comenzó en 2001. Cuenta con siete hectáreas de viñedos propios en los que se trabaja, mediante el sistema de espaldera, las variedades autóctonas Manto Negro, Callet y Prensal, así como las foráneas Cabernet Sauvignon y Syrah. Con la marca Vinya Taujana se comercializa un blanco monovarietal de Prensal y un tinto ensamblaje de Manto Negro al 70 % y Cabernet Sauvignon, así como su Torrent Fals Crianza, elaborado con Manto Negro y Cabernet y Syrah, que ha envejecido más de seis meses en barricas nuevas de roble francés y americano.

  • D.O. Bizkaiko Txakolina

    D.O. Bizkaiko Txakolina

    La presencia de la vid en Bizkaia es milenaria. A partir de los siglos XII-XIII se inicia una viticultura de autoabastecimiento y consumo local. Durante los siglos XIV y XV se comienzan a regular y proteger los vinos locales. La primera prueba documental aparece en un texto de 1616 en el que se lee una referencia al ‘vino chacolin’ para denominar al vino local. Así, por ejemplo, las leyes locales del municipio del Lekeitio, del siglo XIV, eximían del impuesto sobre la utilización de madera para la instalación de pérgolas. Asimismo, Guillermo Humboldt, que escribió sobre un viaje al País Vasco en 1801, se refiere al vino elaborado en esta región con el nombre de vino de Bilbao y comentaba que era tan excelente y estaba tan bien elaborado como los vinos franceses de Champange y Moselle. En 1850, la producción de txakolí en la zona de Lekeitio era superior a la de toda Vizcaya y Guetaria juntas. La comarca de Balsameda elaboraba tradicionalmente vino tinto, pero en la actualidad la mayor parte de su producción es blanco. Incluso se adelantó a Baquio en el embotellado de su txakolí. Pero a principios del siglo XX la competencia de vinos foráneos y la industrialización, junto a la plaga de filoxera acaban con una buena parte de las casi 3.000 hectáreas de viñedo que constaban censadas en 1891. Pese a este problemático panorama, el txakolí vive a finales del siglo XIX y comienzos del XX uno de sus mayores momentos de esplendor cuando surgen los “chacolines”, tabernas para la venta exclusiva de txakolí, en las que además de bacalao, los chipirones y hasta las angulas, se sirven en un ambiente alegre y popular.

    A mediados de 1980, un pequeño grupo de productores impulsa la recuperación del viñedo y la mejora en la producción del txakolí en Bizkaia, por lo que en 1994 se concede la DO Txakolí de Bizkaia - Bizkaiko Txakolina. Un reconocimiento que supuso otro aumento considerable del número de viñedos. La DO Bizkaiko Txakolina está al norte de España, en el Cantábrico, al este y al oeste de Bilbao o Bilbo, capital de la provincia. La DO acoge una 300 hectáreas de viñedos localizado a lo largo de la costa, dispersos por 82 municipios de la provincia de Vizcaya, en pequeñas plantaciones y cultivados muchos de ellos a la manera tradicional alrededor de los tradicionales caseríos vascos, y se concentra en las comarcas de Baquio o Bakio, y en Balmaseda o Balmaceda, donde se localizan cerca de 200 viticultores, y 42 bodegas elaboradoras.

    Según el doctor Juan Uruñuela el significado de “Txakoli” tal y como lo conocemos hoy en día es “vino de caserío” o “vino que se hace en el caserío” que se deriva del euskera “etxakoa” (el hecho en casa) y su evolución a “etxakon” que viene a significar convecino de la casa, para llegar a la palabra “txakon”, y finalmente “txacolin” o “chacolin”.

    Clima, suelo y variedades

    El clima es de tipo atlántico, húmedo y templado. Aunque se trata de una zona con una menor luminosidad a causa de las nubes y la condensación, el viñedo recibe una mayor insolación gracias a encontrarse en parcelas con una especial orientación. Las temperaturas templadas en verano, gracias al efecto regulador del mar, favorecen una lenta maduración de las uvas. La pluviometría ronda entre 1.000 y 1.300 mm, con lluvias más abundantes en invierno, primavera y parte del otoño. Al inicio del otoño, las primeras borrascas atlánticas se acercan a la península ibérica, generando vientos de componente suroeste, húmedos y templados, conocidos como vientos ábregos. En la vertiente cantábrica norte, estos vientos generan un clima seco y cálido por efecto del efecto Föehn, generando las condiciones ideales para conseguir una maduración idónea de la uva, previa a la vendimia.

    Los suelos son variados, siendo en general de poca profundidad, ligeramente ácidos y de textura franco arcillosa, sobre roca caliza y margas, y ligeramente ácidos. Aquí también se pueden diferenciar cinco zonas:

    Encartaciones - Margen Izquierda. Es la comarca más occidental de Bizkaia. Es una zona poco industrializada y con una importante presencia del sector agrario. Se trata de un territorio montañoso de valles profundos, con un clima más extremo que la media de Bizkaia, y un variado paisaje de bosque, prados y plantaciones. Aquí se encuentran varios municipios con una importante tradición txakolinera, entre los que podemos destacar Zalla, Galdames, Muskiz y Balmaseda.

    Uribe. Es la comarca situada al norte de Bilbao. Se trata de una zona en la que conviven áreas de desarrollo industrial, zonas residenciales y superficies agrarias. Es quizás la comarca con una mayor extensión de suelo agrícola, a lo que se suma una orografía más suave y un clima más benigno. Este cúmulo de circunstancias ha facilitado una mayor extensión de viñedos y un mayor número de bodegas. Los municipios más renombrados en el mundo del txakoli son Bakio, Gatika, Gamiz – Fika, o los situados en el conocido valle del Txori Herri (Lezama, Larrabetzu, Zamudio, Derio, Sondika).

    Urdaibai. Su condición de Reserva Natural de la Biosfera hace de esta zona un lugar realmente especial. Pertenece administrativamente a la comarca de Busturialdea. Se trata de un estuario natural de gran valor ecológico que se rige por una estricta normativa de protección medioambiental que garantiza la pervivencia del entorno natural. También los viñedos y las bodegas deben respetar la naturaleza y el entorno, ateniéndose a las normas dictadas al efecto. El viñedo salpica toda la zona diseminado en pequeñas parcelas. Gernika, Muxika, Busturia y Kortezubi acogen importantes bodegas.

    Lea – Artibai. Es la comarca costera más oriental. Su nombre lo recibe de los dos ríos más importantes que la surcan, el Lea, que desemboca en Lekeitio, y el Artibai, que lo hace en Ondárroa. Es una zona montañosa y forestal con escasos núcleos urbanos. Los municipios donde se pueden encontrar bodegas elaboradoras son los de Markina – Xemein, Mendexa, Ondarroa e Ibarrangelu.

    Nervión. Esta zona abarca los territorios de los municipios ribereños del río que le da nombre desde la incorporación del Ibaizabal, hasta el enclave de Orduña, prácticamente en su nacimiento. Se trata de una zona intensamente industrializada en el curso medio y bajo del río, mientras que en su zona alta, nos encontramos con municipios en los que predomina el entorno rural. En esta zona del interior de Bizkaia encontramos bodegas en los municipios de Zaratamo, Orozko y Orduña.

    Duranguesado. Esta comarca se extiende por el valle que forma el río Ibaizabal, desde su límite con Gipuzkoa hasta el municipio de Galdakao. Está delimitado al sur por las peñas de Anboto, y al norte por el monte Oiz. Su clima es atlántico, con unas temperaturas algo más frías de la media de Bizkaia por tratarse de un valle interior. El municipio principal es el de Durango. Las bodegas elaboradoras se encuentran repartidas a lo largo del valle, en Elorrio, Abadiño, Durango, y Iurreta.

    Las variedades autorizadas por la DO son las blancas Hondarribi Zuri, además de la Hondarribi Zuri Zerratia (Petit Courbu), Mune Mahatsa (Folle Blanche), Izkiriota (Gros Manseng), Izkiriota Ttippia (Petit Manseng), Sauvignon blanc, Riesling y Chardonnay, mientras que en tintas es la Hondarribi Beltza. Tanto en la zona de Balmaseda como en Baquio se elaboran principalmente txakolí blancos, y algunos tintos y rosados, conocido también éste último con el nombre de “ojo de gallo”. En la comarca de Baquio la variedad tinta Hondarribi Beltza aparece en proporciones importantes y ocupando parcelas completas, pero la mayor parte de las nuevas plantaciones de esta zona se están realizando con uva blanca.

    Vinos y bodegas de la DO Bizkaiko Txacolina

    El txakolí blanco representa más de un 95% de la producción total de txacolí de la DO Bizkaiko-Txacolina, y está elaborado principalmente con las dos variedades blancas recomendadas, Ondarrabi Zuri y Ondarrabi Zuri Zerratia. También podemos encontrar txakolís blancos fermentados en barrica, que nacen de producciones de determinados viñedos, ubicados en parcelas con buenas exposiciones. Un punto y aparte son los txakolís rosados, llamado tradicionalmente “ojo de gallo”, en su elaboración se aporta un mínimo del 50% de la variedad tinta recomendada Ondarrabi Beltza. Y mucho más escasos son los txakolís tintos, que se elabora con la variedad Hondarrabi Beltza, generalmente de carácter joven, con una personalidad muy marcada y diferenciada, donde destacan por sus aromas primarios de gran intensidad, con notas de pequeños frutos, pimiento verde y huerta.

    Bodegas Itsasmendi nació en 1994 en Muskiz, municipio con centenaria tradición txakolinera. En 2002, debido al paulatino aumento de sus plantaciones de viñedo, se trasladó a Gernika. Esta nueva bodega es una de las más grandes de toda Vizcaya, y está dotada de la más moderna tecnología para la elaboración de vinos blancos, y centraliza la producción vitícola de Itsasmendi, dispersa por la orografía de Vizcaya. Cuenta con 27 hectáreas de viñedo propio, plantado escalonadamente desde 1989 hasta 2003 con la variedad Hondarribi Zuri en laderas montañosas próximas al golfo de Vizcaya, que han dado lugar al nombre de la bodega, en castellano «monte junto al mar». Bodegas Itsasmendi es un ejemplo claro de una evolución tecnológica destinada exclusivamente a la mejora continua de la calidad del txakolí. Itsasmendi es especialmente conocida por su capacidad de innovación en lo que respecta a la elaboración de vinos blancos: suyo es el primer txakolí joven premiado con un Bachuss de bronce, ha sido la primera bodega de txakolí en elaborar una vendimia tardía, el Itsasmendi Urezti, con Hondarrabi Zuri Zerratie y un pequeño porcentaje de Izkiriot Handi, y sigue esmerándose en la elaboración de productos con un sello muy personal como, entre otros, el Itsasmendi nº 7, con 65% Hondarrabi Zuri Zerratie, 18% Riesling y 17% Hondarrabi Zuri, además de su Itsasmendi Eklipse, con Pinot Noir (75%) y Hondarrabi Beltza (25%) y una crianza durante 10 meses en una tina de 2.000 litros de roble francés.

    Bodega Iturrialde es la antigua bodega Bion-Etxea, que fundó en 1977 Casilda Valpuesta, apostando decididamente por la promoción del txakolí de Vizcaya. La bodega comercializa sus vinos bajo las siguientes marcas: Aretxondo, Bion- Etxea Mahastia, Aretxondo Luberri Mahastia. En el 2005 dan fuerte salto al pasar de las instalaciones de Mungia a la nueva planta de Larrabetzu, un proyecto diseñado por el arquitecto Iñaki Aspiazu. Posee 25 has de viñedo propio, y cuenta con una superficie de 2.000 m2, en donde se ubican 52 depósitos, con capacidades que van desde 10.000 a 15.000 litros.  El complejo vitivinícola se complementa con la actividad de enoturismo, en donde destaca el restaurante Azurmendi, y una destilería y un bar-tienda de exposición de productos relacionados con la DO Bizkaiko Txakolina. 

    Doniene Gorrondona Txakolina es el resultado de la evolución del caserío típico de la zona en bodega propiamente dicha. Así, esta hermosa bodega situada en Bakio, a orillas del Cantábrico y rodeada de preciosos viñedos, afronta el reto de relanzar la actividad txakolinera de forma profesional y adaptarla a los requisitos actuales del mercado. Para ello cuenta con un equipo joven y técnicamente preparado que, además, ha logrado crear un punto de encuentro dinámico y acogedor donde degustar sus txakolís y otros productos típicos de la zona, desde productos de la matanza hasta productos de la huerta. Además de su tradicional actividad txakolinera, que llevaba realizándose en este caserío desde hacía siglos, al igual que en otras muchas casas de Bakio, los jóvenes expertos que se encuentran al frente de la actual bodega trabajan en constante experimentación para tantear distintas posibilidades de elaboración a partir de variedades poco conocidas e investigadas. Su tinto con leve paso por barrica y su blanco fermentado en barrica son el resultado de esa inquietud. Para elaborar sus vinos, este joven equipo que, además de ser el propietario de la bodega desempeña personalmente todas sus labores, emplea las variedades autóctonas, utiliza nuevas técnicas vitícolas, realiza selección de vendimias de rendimiento bajo y criomaceraciones, y experimenta con barricas de distintos tipos de roble. Además, la bodega ha ampliado su abanico de productos con la construcción de una destilería, donde elabora su aguardiente de orujo y su aguardiente de hierbas de forma artesanal. Su oferta incluye las etiquetas Doniene (txakolí blanco joven), Gorrondona (txakolí blanco joven), Gorrondona Tinto (txakolí tinto joven), Doniene fermentado en barrica (txakolí blanco fermentado en barrica), Gorrondona tinto criado en barrica (txakolí tinto), el aguardiente de orujo Doniene y el aguardiente de hierbas Doniene.

  • D.O. Bullas

    D.O. Bullas

    Las primeras señales de presencia humana y actividad agrícola en las tierras que hoy conforman el municipio de Bullas se remontan al periodo neolítico, hace unos 5.000 años. Restos pertenecientes a esta época se han hallado en los yacimientos del Cabezo del Oro, Reclín, El Castellar, la Fuente Mula, el Pasico Ucenda.
    Durante la época romana no existió ciudad alguna, pero sí numerosas "villae" o fincas rurales que aprovecharían los numerosos manantiales de la zona para desarrollar una actividad agrícola y vinícola. Restos de estas edificaciones han sido encontrados en la Fuenblanquilla, la Fuente Mula, El Romero, Fuente de la Carrasca, La Copa y La Loma, aunque por encima de todas ellas destaca la de Los Cantos, que data del siglo I D.C., y que se mantendría hasta la época de las invasiones bárbaras a principios del siglo V.
    La villa de Los Cantos ha sido lugar de importantes hallazgos arqueológicos, como el de la escultura del famoso "Niño de las Uvas", importante símbolo local, que representa a un geniecillo estacional, en este caso al propio del otoño.

    De la tradición del vino de Bullas dan testimonio algunas casas de campo y del casco viejo que aún conservan pequeñas bodegas familiares en sus sótanos.
    Y un Acta Capitular de octubre de 1849, con datos que nos aproximan al conocimiento de la manera de cultivar la viña y al sistema de elaboración del vino, todo un modo de vida entonces.

    En Bullas la vendimia se hacía tarde, nunca se comenzaba antes de las Fiestas de Octubre; incluso en algunos años, el Ayuntamiento dictó bandos prohibiendo vendimiar antes, con lo que la uva se cosechaba con un alto índice de maduración y, por consiguiente, un alto grado de azúcar; de ahí que se obtuvieran unos vinos con mucha graduación alcohólica.

    La elaboración se hacía en bodegas particulares, bien propias bien alquiladas a aquellos propietarios que las tenían en desuso o que no las utilizaban en toda su capacidad. Como la cantidad de vino que se producía era mucha, los excedentes se exportaban a otras poblaciones de la región, sobre todo a Lorca y a Totana, incluso a otras provincias limítrofes.
    La auténtica expansión del viñedo se produjo durante la segunda mitad del siglo XIX, debido a la necesidad de vinos de color y grado en toda Europa debido a la expansión de la filoxera.

    Ya a mediados del siglo XX, Bullas protagonizaba un importante mercado de vino a granel, y no fue hasta mediados de la década de 1980 cuando algunas bodegas empezaron a invertir en la tecnología y elaborar tímidamente algunos vinos de calidad, lo que representó el primer paso para adquirir la Denominación de Origen.
    En el año 1988 se creó el Centro Gestor Vinos de la Tierra de Bullas, fruto del acuerdo intersectorial del sector vitivinícola de la Comarca que comprende la zona de influencia del vino de Bullas. Desde esa fecha, y tras una intensa labor en pro de un acuerdo intersectorial, se optó de una manera oficial y definitiva a la Denominación de Origen, que se estableció definitivamente en el año 1994, siendo la más joven de las denominaciones de la Comunidad Autónoma de Murcia, a pesar de ser también una vieja zona de cultivo.
    No cabe duda que esta concesión animó a los viticultores a apostar por una continua mejora en la calidad de sus vinos, por lo que empezaron a replantar el viñedo con variedades tanto autóctonas como foráneas y vinificar con técnicas modernas, entre ellas el control de la temperatura y la fermentación en acero inoxidable.

    La DO Bullas se encuentra al sureste de España, en la comarca del noroeste de la región de Murcia, entre los municipios de Cehegín y Mula, y controla unas 2.300 hectáreas de viñedo que trabajan cerca de 700 viticultores, y elaboran 11 bodegas.

    Clima, suelo y variedades

    La DO Bullas se sitúa entre el Mediterráneo y las sierras del interior de Andalucía, por lo que posee veranos muy calurosos, a pesar de que el clima es generalmente más frío que otras denominaciones murcianas, con repentinos vientos helados procedentes de la sierra. Los fuertes vientos y las heladas se producen esporádicamente entre los meses de octubre y abril, y la temperatura media es de 15,6 ºC. Periódicamente se producen lluvias torrenciales y tormentas, principalmente en septiembre y octubre.

    El terreno es de topografía accidentada con altitud ascendente de sur a norte. Esta topografía no origina amplios valles, sino pequeños valles con microclimas propios. Los suelos sobre las laderas son marrones y son tan duros que necesitan ser abiertos mecánicamente antes de plantar las vides. Están constituidos por tierras pardo-calizas y de costra caliza, de bajo contenido en materia orgánica, buen drenaje y elevado nivel de caliza, así como de suelos aluviales, de características edafológicas muy variables.

    Se contemplan tres subzonas: la Subzona Occidental y Noroccidental, que incluye los municipios de Bullas y Cehegín, parte de los términos municipales de Caravaca, Moratalla y pedanías altas de Lorca. Aquí se cultiva más del 50% del viñedo, entre altitudes que oscilan entre los 500 y los 810 metros sobre el nivel del mar, y es la zona por excelencia de la DO Bullas.
    La Subzona Central, que acoge los términos municipales de Mula, Bullas y Cehegín, los viñedos se sitúan en altitudes que oscilan entre los 500 y 600 metros, y suponen el 40% del total de la Denominación.
    La Subzona Norte-Noreste, aquí los viñedos representan tan sólo el 8% del área de cultivo y se extienden por los términos municipales de Calasparra, Ricote, Bullas y Mula, a una altitud entre 400 y 500 metros.

    Respecto a las variedades de uva tinta recomendadas y permitidas se encuentran la Monastrell, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Garnacha Tinta, Garnacha Tintorera y Petit Verdot, mientras que en blancas sobresalen la Macabeo, Airen, Chardonnay, Malvasía, Moscatel de Alejandría, Moscatel de Grano Menudo y Sauvignon Blanc.
    No obstante, hay que remarcar que el 80% del viñedo está cultivado con la tinta Monastrell, y la blanca Macabeo es la principal entre las variedades blancas. La uva Monastrell es una variedad tinta de origen español, cuyo feudo se centra en el Mediterráneo, preferentemente en la región levantina. Esta uva de brote tardío, racimo compacto y bayas pequeñas, redondas y dulces, aparece documentada ya en el siglo XV, aunque también se cree que su cultivo se remonta muchas generaciones anteriores a esta fecha. Se la conoce también con los nombres de Mataró (posiblemente porque sus vinos se embarcaban desde el puerto de la villa de Mataró cuando esta variedad se cultivaba en el Maresme catalán), Matrassa y Mourvèdre (nombre que proviene del topónimo visigodo de la ciudad de Sagunto, en Valencia).
    En Francia se cultiva esta variedad con el nombre de Mourvèdre en las regiones de Côtes-du-Rhône, también en Provenza -donde da origen a un gran vino rosado de crianza (Bandol)- y en Languedoc-Rosellón. También, con el nombre de Mataró se la reconoce en California y Australia, mientras que en Azerbajan es la Matrassa.
    En España está cultivada ampliamente en todo el Levante y es variedad dominante en las Denominaciones de Origen de Almansa, Valencia, Jumilla, Yecla, Bullas y Alicante, aunque está presente en otras zonas como Utiel-Requena, Tarragona, Terra Alta, Conca de Barberá, e incluso en el Penedés, de la que se elaboran algunos Cavas rosados.

    Hace tan sólo cuatro días hubiera sido imposible hacer referencia a los vinos de Monastrell sin apoyarse más en la crítica que en los elogios. De hecho, cuesta creer que una variedad de uva ahora tan noble y reivindicada por los elaboradores levantinos tuviera hasta hace poco una fama tan mala y un futuro tan triste y oscuro. De hecho, la Monastrell siempre ha sido una uva tan rentable como menospreciada.
    La uva Monastrell se caracteriza por aportar vinos de alta graduación, carnosos, tánicos, y de un color intenso. Y no cabe duda que esas cualidades le han servido, hasta hace poco, para que sus vinos viajaran durante décadas a otras zonas de España y otros países como Francia, con el fin de aderezar otros vinos más flacos, pálidos y frágiles. Por suerte, este panorama sombrío está cambiando, y hoy ya son muchos los bodegueros que saben que la Monastrell es una variedad tan noble como la que más.

    Vinos y bodegas de la DO Bullas

    Bodega Monastrell está ubicada en el Valle del Aceniche, entre los municipios de Cehegín y Bullas, a una altitud superior a 850m sobre el nivel del mar. La finca, íntegramente propiedad de la familia, tiene una superficie cultivada de 20 has junto a la bodega, y nace como un proyecto personal del matrimonio formado por Alfonso y Mavi, naturales de Bullas y herederos de una larga tradición familiar agrícola. Cultiva los viñedos con certificado ecológico, y el 100% de sus vinos son tintos de crianza que envejecen en barricas nuevas de roble de grano fino, bosques Allier y de roble húngaro.

    Bodega Tercia de Ulea, ubicada en Moratalla, sus orígenes de la se remontan al siglo XIII. En la actualidad dispone de 45 hectáreas de viñedos propios situados en las fincas de Ulea, Los Charcos, El Portugués y La Alberquilla, todas ellas situadas en el municipio de Moratalla en Murcia. Elabora 4 tintos con DO; el Rambla de Ulea Cosecha, el Viña Botial Crianza, un 100% Monastrell envejecimiento 4 meses en barricas de 500 litros de roble francés 80% y americano; el Tercia de Ulea Crianza, 70% Monastrell y 30% Tempranillo, vino típicamente mediterráneo, de gran personalidad, de corte moderno y espléndida expresión, con una frutosidad muy madura, casi compotada, acompañada de notas especiadas como la pimienta y el clavo provenientes de la crianza. También elabora 2 rosados; el Rebeldía, con un 80% Monastrell y 20% Syrah; y el Adivinad, un semidulce elaborado con 70% Monastrell, 15% Syrah y 15% Tempranillo.

    Bodegas Contreras se funda en los primeros años del siglo XX por Juan Contreras Corbalán en la pedanía de Lorca llamada Avilés en la provincia de Murcia, pero no es hasta 2007 cuando, junto a la bodega vieja, construyó una nueva bodega  con la tecnología más avanzada. Sus viñedos están localizados en el microclima de las Tierras Altas de Lorca, con cepas viejas de Monastrell y Syrah. Elaboran tres líneas diferentes de vinos basados en Syrah y Monastrell, Zhiro, Sortius y Uvio ,todos con crianza. La gama más novedosa es la del Zhiro, un tinto semidulce que se bebe frío, basado en un coupage de Monastrell y Syrah, con un ligero toque de carbónico. La gama Sortius define a los vinos  monovarietales donde predominan los sabores frutales y aromas frutales y florales características: Sortius Monastrell, con 3-4 meses de barrica; y Sortius Syrah. Si línea más emblemática es la gama Uvio, en concreto el Uvio C, donde la C simboliza crianza, vinos complejos, sofisticados de larga permanencia en barricas donde  frutos rojos, tostados, ahumados, especias se combinan para dar nuestra máxima expresión.

  • D.O. Calatayud

    D.O. Calatayud

    El cultivo de la vid en la zona se remonta al siglo II a. C., como lo confirma el hallazgo de un lagar en el pueblo de Segeda, de gran importancia en la guerra numantina, situado entre los términos municipales de Belmonte de Gracián y Mara.
    Sin embargo, la primera referencia escrita sobre los vinos de la comarca se remonta al siglo I y su autor es Marco Valerio Marcial, historiador que nació en la ciudad romana de Bílbilis Augusta donde, en sus cercanías, los árabes fundaron la actual Calatayud.

    A finales del siglo XII los monjes del Cister promovieron el cultivo de la viña en esta zona y fundaron el Monasterio de Piedra, propagando la importancia de la vid en las tierras de su entorno. Con la llegada de la filoxera a Francia los viñedos de Calatayud se extendieron hasta superar las 44.000 hectáreas, y sus vinos se exportaban a granel a Francia y otras latitudes gracias a las buenas comunicaciones ferroviarias. En aquella época, muchas de las bodegas más antiguas se encontraban excavadas a mano y orientadas al norte para conservar la temperatura y la humedad, donde cada viticultor elaboraba su vino de forma artesanal, se pisaban las uvas, y con el raspón incluido se pasaban a fermentar. Se introducían desnudos en el lagar para remover el mosto y los orujos, una vez acabada la fermentación se separaba el vino y se introducía en depósitos de cemento o toneles de cerezo de 600 hasta 1500 litros, mientras que el resto de orujos se prensaban de nuevo en prensas manuales para extraer más vino. Después venían los compradores y fijaban el precio por “cantarás”. En la década de los años 60 muchos viticultores se unen y crean las primeras cooperativas en la comarca, mientras otras bodegas se modernizan paulatinamente y empiezan a elaborar vinos más bebibles y equilibrados, lo que propicia la creación de la DO Calatayud en 1989.

    La DO Calatayud está enclavada en la Comunidad de Aragón, en el extremo suroeste de la provincia de Zaragoza, se distribuye por 43 municipios del Valle del Ebro, y linda con las provincias de Soria, Guadalajara y Teruel.  Esta amplia zona geográfica queda enmarcada por las formaciones montañosas que se desprenden del impresionante macizo del Moncayo, donde los viñedos se asientan alrededor de una compleja red hidrográfica formada por los ríos Jalón, Jiloca, Manubles, Ribota, Piedra, Perejiles, Mesa, Grío y otros afluentes del Ebro. En la actualidad la DO Calatayud ampara unas 3.200 hectáreas de viñedo cultivados entre los 550 y los 1.040 metros en la sierra de Vicort.

    Clima, suelos y variedades

    La DO Calatayud, al igual que sus hermanas vecinas, está amparada bajo un paraguas climático semiárido, de carácter continental extremo, con veranos calurosos e inviernos muy fríos. Esta brusquedad de clima tiene una influencia decisiva en el rendimiento de los viñedos y de sus frutos, que presentan un notable equilibrio acidez-alcohol, dando lugar a vinos singulares dentro del panorama vitivinícola aragonés. La temperatura media anual oscila alrededor de los 12ºC y sus precipitaciones rondan los 400 mm/año.

    Es una zona de complicada orografía. Está situada en las estribaciones del Moncayo y la mayor parte del viñedo se asienta sobre suelos pedregosos, sueltos, muy pobres en nutrientes y de elevada proporción caliza, aunque presentan buena permeabilidad y son sanos.

    En los vinos de Calatayud predominan con mucha ventaja las variedades tintas, que representan el 92% del total del viñedo, donde destaca con amplitud la Garnacha Tinta con un 54% del total, seguida de la Tempranillo con un 21%, y la Syrah con un 7%, además de plantaciones de Mazuela, Merlot, Cabernet Sauvignon, Bobal y Monastrell. Entre las variedades blancas destaca ampliamente la Viura con un 8% del total del viñedo, además de Garnacha Blanca, Malvasía, Chardonnay, Gewurztraminer y Sauvignon Blanc.

    Las plantaciones de la Garnacha Tinta superan en muchos casos los 50 años de edad. La adaptación de esta variedad en la zona es perfecta y de ahí su preponderancia respecto al resto de variedades, ya que es una variedad de ciclo largo y necesita sol para completar el ciclo vegetativo. También es una variedad que genéticamente tiene problemas de cuajado en la época de floración, por lo que es una práctica bastante habitual que los viticultores realicen el denominado “desnietado”, que consiste en suprimir los brotes laterales y apical de los pámpanos, frenando así el crecimiento vegetativo de la cepa y un posible corrimiento de la flor, consiguiendo con ello que todas las sustancias nutritivas vayan a parar a la flor. La mayor parte de este viñedo se encuentra ubicado en zonas de altura, en terrenos con elevada pendiente que favorece la aireación del viñedo evitando la botritis, de muy difícil mecanización, realizándose la mayoría de las labores de cultivo de forma manual.

    Vinos y bodegas de la DO Calatayud

    En la zona hay 15 bodegas productoras inscritas, donde algunas son grandes, otras medianas y pequeñas, y alguna cooperativa que aglutina gran cantidad de socios y hectáreas de viñedo. Las tierras altas, duras y ásperas que prolongan el lomo del Moncayo, azotadas por vientos rigurosos y sometidas a despiadadas insolaciones, junto a la cualidad de sus suelos fuerzan a las cepas de Garnacha a un constante ejercicio de calidad, lo que propiciado que algunos elaboradores de renombre internacional se fijaran en la zona, como es el caso de Jorge Ordóñez, que controla desde 2005 las Bodegas Breca, situada en Munébrega, con 265 hectáreas de viñedo, donde elabora sus vinos a partir de uva Garnacha cultivada en las colinas más altas entre Sierra de Pardos y Sierra de Solorios, a 950 y 1.000 de altitud, plantados entre 1925 y 1968 sobre suelos arcillosos con pizarra descompuesta. Comercializa dos tintos con las etiquetas Breca y Garnacha de Fuego, ambos con cepas de viñas muy viejas.

    Otro ejemplo reciente de interacción son Bodegas Ateca con el Grupo Juan Gil Bodegas Familiares, que tiene su base de operaciones en Ateca, a 14 kilómetros de Calatayud, con un viñedo de pequeñas parcelas de garnachas viejas en torno a las laderas de los montes de Ateca y los pueblos de alrededor. Elabora y comercializa tres tintos; el Honoro Vera, con un toque dos meses en barricas de roble Francés; el Atteca con 10 meses de crianza; y el Atteca Armas, con18 meses en barricas de roble Francés.

    Bodegas San Alejandro, fundada en 1962, posee una superficie de viñedo de unas 1.000 hectáreas en Miedes, a 88 km al sudeste de Zaragoza. Sus viñedos de cepas muy viejas están situados en las mayores altitudes de España, con suelos rocosos con alto contenido en pizarras, muy pobres en nutrientes y con poco acceso a agua, son unos de los más tardíos de toda Europa. Con claro espíritu exportador y formada por un equipo joven y dinámico, vende a más de 25 países el 95% de su producción bajo diferentes marcas, principalmente Baltasar Gracián, Las Rocas, Viñas de Miedes y Evodia.

    Proyecto Garnachas de España, es la apuesta personal del riojano Raúl Acha por España en busca de las excelencias de la uva Garnacha. En la actualidad elabora 5 vinos, de los cuales dos son de Calatayud: La Garnacha Salvaje del Moncayo y La Garnacha Olvidada de Aragón. El primero tiene una crianza de 5 meses en barricas nuevas de roble francés, y expresa todas las cualidades de la garnacha en esta zona del Valle del Ebro. Un vino afrutado, fresco y de tanino dulce capaz de satisfacer a los amantes de una variedad que poco a poco recupera su protagonismo. La Garnacha Olvidada de Aragón es su vino elaborado con uvas de viñedos de garnacha vieja plantada en 1940, en un talud orientado al este, sobre un terreno arcillo ferroso con cantos rodados en el valle del río Ribota. Ha tenido una crianza de 10 meses en barrica de roble francés, pero muestra unos taninos amables y maduros que denotan el bajo rendimiento de este viejo viñedo.

    El Escocés Volante es otro ejemplo de la seducción de esta zona y la variedad Garnacha Tinta. Norrel Robertson es el Escocés Volante, que tras trabajar en el negocio de la compra-venta de vino, en 1997 empieza a interesarse en la elaboración y, entre otras zonas y países, es en Calatayud es donde ha escogido elaborar sus propios vinos bajo la bandera de El Escocés Volante, donde lleva ya unos años trabajando con la garnacha y seleccionando parcelas de viejos viñedos en la zona de Campillo, en la vertiente del Monte Armantes, en las laderas de las sierras del valle del río Ribota. No dispone de bodega propia pero elabora sus dos vinos, La Multa y El Puño, en las bodegas de San Gregorio y San Isidro.

  • D.O. Campo de Borja

    D.O. Campo de Borja

    La demarcación vinícola de Campo de Borja toma su nombre del pequeño pueblo de Borja. Sus tierras pertenecieron, hasta el siglo XIV, a la familia Borja, que a través del tiempo emigró a Italia donde adoptó el apellido Borgia. Rodrigo Borgia, miembro de esta familia, llegó a ser Papa, con el nombre de Alejandro VI, en el año 1492.

    El vino en esta comarca se ha elaborado desde los tiempos de los Romanos, y ya era exportado en los primeros siglos de la Edad Media desde el Monasterio cisterciense de Veruela, situado en las faldas de la Sierra de Moncayo, donde hoy acoge el Museo del Vino de Campo de Borja. La labor de los monjes propició en el siglo XV un importante desarrollo de la viticultura y un continuo crecimiento del sector. Tradicionalmente, las bodegas se situaron bajo las propias casas y en los montes próximos a los municipios, donde algunas de ellas todavía sobreviven. La mayor parte del vino producido en la zona era exportado a granel para su mezcla con vinos de otras zonas y latitudes, hasta que en 1970 algunos productores empezaron a embotellar y vender con marca.  Estas primeras iniciativas y los buenos resultados de los vinos obtenidos con la introducción de una enología moderna y, sobre todo, un mejor raciocinio en el cultivo de viñedo, propició que en 1980 se constituyera la DO Campo de Borja. En 1989, el Consejo Regulador incluyó en su normativa a los vinos blancos, y en 1991-1992 realizó otras modificaciones, como fue aumentar la zona de cultivo para incluir el área de Maleján, y permitir las variedades Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah.

    La DO Campo de Borja se encuentra en el cuadrante nororiental de España, al oeste de la Provincia de Zaragoza, también en el valle del Ebro, a 60 Km de la capital, en una zona de transición entre las montañas del Sistema Ibérico y el Valle del Ebro, donde se integran actualmente los términos municipales de 16 pueblos, con una superficie cercana a las 8.000 ha de viñedo.

    Actualmente, la DO Campo de Borja avanza, como otras zonas vinícolas, en la mejora de las elaboraciones con la incorporación de modernas técnicas de vinificación, selección y racionalización de los cultivos. Es necesario divulgar los indudables progresos que se originan en la calidad de los vinos y el esfuerzo que las bodegas realizan para desterrar definitivamente el concepto de vino aragonés, tildado tantas veces de vino rústico, recio, alcohólico... en definitiva; poco seductor.

    Cabe destacar que el patrimonio vitícola de Campo de Borja es muy rico en cuanto a la Garnacha Tinta, cuyos viñedos más antiguos datan de 1145 y 5.000 hectáreas están plantadas con esta variedad, de las cuales más de 2.000 tienen edades comprendidas entre 30 y 50 años. Con ella se elaboran algunos vinos tintos monovarietales que están gozando de un amplio prestigio en todo el mundo por su muy definida personalidad, calidad y una complejidad que los convierten en algo único en el mundo. Si algún matiz define actualmente a los vinos de Campo de Borja es su singular equilibrio, producto del rico contraste presente en la zona y de la firme voluntad de aunar modernidad y tradición en unos vinos intensos, con nítidos aromas frutales, energía y personalidad.

    Clima, suelo y variedades

    Aquí, el clima es continental bastante acentuado, con influencia invernal atlántica cuya característica más destacable es el viento del noroeste, frío y muy seco. Son frecuentes las heladas tardías y también las tormentas. Las nieblas procedentes del Ebro proporcionan cierta humedad adicional y la temperatura media se sitúa en 14,3º C. Las precipitaciones son escasas: entre 350 y 450 mm, repartidas de forma desigual a lo largo del año. El macizo del Moncayo juega un papel determinante en la zona, ya que propicia la existencia de un microclima que influye notablemente en el carácter de los vinos.

    En la zona baja, con altitudes entre 350 y 450 metros, los suelos son pardo calizos. Es la zona de maduración más temprana y comprende los viñedos de Magallón, Pozuelo de Aragón, etc. Sus vinos son cálidos, potentes y muy aromáticos.

    La zona media comprende los viñedos situados entre los 450 y 550 metros de altitud, y se caracteriza por tener la mayor concentración y densidad de viñedo. Los suelos de las terrazas del río La Huecha, afluente del Ebro, son cascajosos y arcillo-ferrosos, y sus viñedos se extienden por suaves laderas con una buena exposición al sol, lo que propicia vinos muy complejos, intensos, estructurados y carnosos.

    En la zona más alta los viñedos se extienden desde los 550 a los 700 metros de altitud, en las estribaciones del Moncayo, en las zonas Altas de Ainzón y Fuendejalón, así como a los municipios de Tabuenca, El Buste, Vera, donde sus vinos son finos, sutiles y elegantes.

    La variedad más extendida es la tinta Garnacha, con un 80% de la plantación. No obstante, están igualmente autorizadas las variedades Tempranillo, Mazuela, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah en tintas, y Macabeo, Chardonnay y Moscatel, en blancas.

    Vinos y Bodegas de la D.O. Campo de Borja

    En la DO Campo de Borja se elaboran vinos blancos, rosados, tintos jóvenes, crianzas, reservas y grandes reservas, así como cavas y vinos de licor (moscateles y mistelas) de gran tradición en la comarca. A pesar de sus 8.000 hectáreas de viñedo, en la zona se contabilizan 17 bodegas inscritas a la DO Campo de Borja, donde casi la mitad son cooperativas.

    Entre ellas destacan las Bodegas Aragonesas, fundada en 1984, fruto de la asociación de las cooperativas San Juan Bautista de Fuendejalón y Santo Cristo de Magallón. Aglutina el 60 % de la denominación, con unas 3.500 hectáreas de viñedo, mayoritariamente de garnacha los términos de Magallón y Fuendejalón. Las flamantes instalaciones en pleno casco urbano de Fuendejalón, de 18.000 metros cuadrados, con dos naves de elaboración y una tercera de crianza y embotellado, son el verdadero símbolo visual de la buena salud de la bodega, que, partiendo de graneles, ha logrado saltar al cuadro de honor y penetrar con fuerza tanto en el mercado español como fuera de nuestras fronteras, donde sobresalen, entre otros, sus vinos nomovarietales de Garnacha Coto de Hayas Garnacha Centenaria, con una crianza en barricas nuevas de roble francés en contacto con sus propias lías durante 4 meses, y Fagus Coto de Hayas, con crianza en barricas nuevas de roble francés durante 10 meses.

    Bodegas Borsao, que nace en el 2000 de la fusión de las cooperativas de Borja, Pozuelo y Tabuenca, y se distingue por ser una de las más activas y productoras de la comarca, con una constante búsqueda de imagen y calidad. Se abastece de unas 2.300 hectáreas de Garnacha, Tempranillo y Cabernet Sauvignon, procedentes de los 700 agricultores. Elabora vinos con las etiquetas Borsao, Gran Campellas y Señor Atares, así como Viña Borgia, otra línea de vinos jóvenes y frutales. Entre todos ellos destaca la etiqueta Borsao, con gama de jóvenes y crianzas, donde el Joven con un coupage de Garnacha y Cabernet es el buque insignia de la bodega y su vino más internacional. Su otro vino estrella es el Borsao Tres Picos, elaborado con garnachas de 40 a 45 años. Es un vino con una gran concentración de aromas de frutas rojas maduras con matices florales típicos de las mejores garnachas. En boca es rico, sedoso, con la madera muy bien fusionada y sus taninos afrutados, casi dulzores, que potencian un final muy sápido lleno de sensaciones. 

    Bodegas Alto Moncayo se funda en 2002 y es una bodega de reducidas dimensiones. Elabora únicamente vinos con uva garnacha autóctona procedente de viñedos antiguos, entre 40 y 100 años. En Alto Moncayo tienen muy claro que los vinos deben tener estilo, personalidad, carácter, ese “algo” misterioso y a veces sutil, que los hace tan diferentes unos de otros, por lo que elaboran sólo tres vinos. El Aquilon, que es la joya de la corona, una selección de selecciones, tanto de parcelas como de las mejores barricas de cada parcela, con una crianza de 24 meses en barricas nuevas. Un vino potente y amplio en boca, carnoso, fresco con gran concentración de sabor y un excelente equilibrio. Su otro vino es el Alto Moncayo, y es el estandarte de la bodega, con una crianza en barricas nuevas durante 20 meses. Es un vino que posee una notable complejidad en nariz, con aromas de fruta negra, balsámicos, tostados y una muy buena estructura en boca. Y su vino más novedoso es el Veraton, con una crianza de 16 meses, un vino con una atractiva colección de notas balsámicas, de chocolate y frutos negros, muy cálido en la boca y de final tremendamente grato.

    Pagos del Moncayo es una bodega relativamente joven liderada por Pedro Aibar y familia, el que fuera enólogo de Viñas del Vero. Elaboran cuatro vinos bajo la etiqueta común Prados. El Prados Fusión, con Garnacha y Syrah, en el que destacan los tonos de fruta roja y de monte mediterráneo típicos de la garnacha y las confituras de la Syrah, con un paladar sedoso, fácil de entender y de disfrutar. El Prados Colección Garnacha, un monovarietal con 10 meses de crianza en barrica, de aroma a fruta roja y regaliz sobre un fondo de vainilla y café, aportados por su crianza en barrica; denso, equilibrado, con buen volumen y taninos redondos. El Prados Colección Syrah, con viñedos del paraje de La Loma y 10 meses de crianza, es un vino amable y sabroso con aromas profundos a frutas silvestres y violetas, cassis, mermelada de ciruelas, grosellas negras y zarzamora, aceitunas negras y trufas; potente, con cuerpo, de textura sedosa. Y por último se Prados Colección Privé, un coupage de Syrah y Garnacha con 12 meses de barrica, con frescos aromas a tomillo, romero y pura fruta madura.

  • D.O. Cariñena

    D.O. Cariñena

    Cariñena es la zona vinícola más antigua y más famosa de Aragón. La vid, traída por las legiones romanas hace ya 2.000 años, conformaba el mayor cultivo de los campos de Cariñena. De hecho, fueron los romanos quienes fundaron en el año 50 a.C. la ciudad de Carae, hoy Cariñena, donde se consumía el vino de región con miel, el hidromiel.
    También son muy numerosas las alusiones de los literatos dedicadas al vino cariñena, considerado durante mucho tiempo uno de los vinos favoritos de este país. Por ejemplo, Enrique Cock cuenta cómo en 1585 Felipe II fue recibido en Cariñena con dos fuentes de vino, una de blanco y otra de tinto, de las cuales cada uno bebía el que le apetecía.
    Durante la Edad Media, los viñedos prosperaron bajo la protección de los monasterios y en el siglo XVI ya ocupaban el 50% de la superficie de la provincia de Zaragoza.

    Pero el gran auge de los vinos de Cariñena tuvo lugar a finales del siglo XIX, cuando la filoxera arrasó el viñedo francés e importantes familias vinateras del país vecino se asentaron en esta zona aragonesa, que desarrolló a partir de entonces una gran actividad mercantil y científica que conllevó, entre otros cosas, a la construcción del ferrocarril de vía estrecha Cariñena-Zaragoza, inaugurado en 1887 para sacar las producciones de vino de la zona. Llegó a ser tan importante la vinífera Mazuela en la zona que adoptó el nombre de la población más importante de la comarca, "Cariñena", pero los avatares de la historia y la plaga filoxérica hicieron desaparecer casi por completo este vidueño, ocupando su lugar la variedad Garnacha, destacable ésta por una mayor producción y su elevado contenido de azúcar, por lo que se obtenían sin gran esfuerzo vinos alcohólicos, gruesos y poderosos.

    Pero su trayectoria histórica y el ejemplar comportamiento de los viticultores de la zona durante la plaga filoxérica, propició que el rey Alfonso XIII, en 1909, otorgara el título de ciudad a la población de Cariñena. Ya en 1932, coincidiendo con la inauguración de la Estación Enológica de Cariñena, se pone marcha de la DO Cariñena, una de las más antiguas de España, desde donde se impulsan nuevas técnicas de cultivo y elaboración, pero la Guerra Civil y sus posteriores consecuencias retrasan el giro hacia la calidad de los vinos hasta los años setenta, cuando los vinos empezaron a embotellarse con regularidad. Desde ese momento y sobre todo en la década de 1980 es cuando se da el gran salto cualitativo en la elaboración del vino con la introducción de nuevos sistemas de cultivo, la inversión en tecnología y la adopción de nuevas prácticas enológicas.

    La DO Cariñena es la más grande y antigua de Aragón. Está enclavada centro-este septentrional de España, en la Comunidad de Aragón, en el extremo suroeste de la provincia de Zaragoza, linda con la DO Calatayud, y se distribuye por 14 municipios del Valle del Ebro. Es la actualidad abarca más de 14.500 hectáreas de viñedo inscrito que trabajan unos 1.540 viticultores, y hay 32 bodegas elaboradoras.

    Clima, suelo y variedades

    En la DO Cariñena el clima se define templado medio con notable tendencia a continentalizarse, de manera que los inviernos son fríos y los veranos muy calurosos. Los vientos soplan frecuentemente por toda la región y el carácter torrencial de muchos de sus cursos de agua dificultan la pluviometría y dan lugar a un paisaje semiárido. Una característica del viento de la zona, denominado “cierzo”, es el que contribuye a la sequedad del clima.
    No obstante, la presencia de montañas tiene efectos positivos para la pluviometría, permitiendo en las tierras más próximas a la sierra unas medias anuales más altas y persistentes, donde se dan bajo la forma de chubascos primaverales o tormentas en verano, con una media de 350 en la parte más baja y unos 540 mm en las proximidades montañosas. Un dato a tener en cuenta, es que según la clasificación bioclimática de Winkler Amerine, el Campo de Cariñena es una zona especialmente dotada para la elaboración de tintos y rosados, así como vinos dulces naturales.

    En cuanto a los suelos, el Campo de Cariñena es una llanura cerrada al suroeste por las sierras ibéricas, de tal forma que los depósitos de materiales descienden desde las tierras más altas hasta el llano, determinando diferentes tipos de suelo. En las estribaciones montañosas se presentan suelos pobres con sustrato rocoso muy cercano, de malos rendimientos y graves dificultades para el empleo de maquinaria agrícola. A medida que las prolongaciones montañosas van perdiendo altura, el paisaje de colinas desciende suavemente hasta identificarse con la llanura de Cariñena.
    El suelo, a cierta altura, está formado por guijarros de los depósitos aluviales y coluviales y muestra las condiciones necesarias para el cultivo de la vid, pues no necesita mucha humedad, pero cuando la recibe es capaz de conservarla durante largo tiempo. Por su parte, en la llanura, que se extiende paralela a la Sierra de Algairén y en la que se concentra más del 80% de la Denominación de Origen, se encuentran diferentes suelos de arcillas miocenas: cascajo, royal, tierra fuerte arcillosa, y calar. Otro tipo de suelos que ocupan menos extensión son los aluviales, procedentes de la sedimentación de los ríos Jalón y Huerva, en los términos de Almonacid de la Sierra, Alfamén, Muel, Mezalocha y Villanueva de Huerva.

    La DO Cariñena autoriza las variedades tintas Cariñena, Monastrell, Garnacha tinta, Juan Ibáñez, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Vidalillo. Sin embrago, a pesar que la ciudad de Cariñena da nombre su uva homónima, la variedad tinta más cultiva sigue siendo la Garnacha Tinta con 32% del total del viñedo, seguida de la Tempranillo con un 24%, y la Cabernet Sauvignon con un 13%, mientras que la Cariñena supone sólo un 4% del total, pero va en aumento. En variedades blancas sobresale la Macabeo, con un 11% del total del viñedo, seguida por la Garnacha Blanca, Parellada, Moscatel Romano y Chardonnay.

    Vinos y bodegas de la DO Cariñena

    En los últimos años, las viñas de la DO Cariñena han sido objeto de importantes transformaciones con nuevos sistemas de plantación y cultivo, así como técnicas de control sanitario. Pero la transformación más importante es la que ha tenido lugar en las bodegas, con nuevos depósitos de fermentación, prensas neumáticas, cavas de crianza, embotelladoras y, en general, nuevos procesos productivos que se implantan a un ritmo notable en la práctica totalidad de las bodegas.

    Por otro lado, también es plausible la buena gestión y promoción de la DO Cariñena que, sin ir más lejos, ha reinventado el vino de Cariñena con el apodo “Vino de las Piedras”, lanzando el mensaje de que las piedras son un elemento inerte y más bien incómodo, pero los viticultores han conseguido sacar el mejor sabor de lo que parecía un inconveniente y convertirlo en un factor de éxito. La esencia de la campaña gira entorno a la pregunta: ¿Cómo a partir de unas tierras pedregosas se pueden elaborar unos de los mejores vinos del mundo?. La campaña de promoción, puesta en marcha en 2011, muestra la realidad de un pueblo dedicado a la tierra, al terreno y a la esencia que se recoge de ella en forma de viñas y vino. El éxito de “El Vino de las Piedras” ha llevado a la DO Cariñena a mantener y potenciar esta impactante imagen con un renovado diseño en 2015. Además, la constante apuesta de la DO Cariñena por el fomento de la cultura del vino a través del enoturismo ha hecho que se ponga en marcha la "Ruta Enoturística del Vino de las Piedras", un producto turístico, cultural y gastronómico que sirve para dar a conocer el territorio de Cariñena, potenciar su valor, y seguir fomentando la cultura del vino.

    Las 14.500 hectáreas de viñedo se reparten en las 32 bodegas de la zona, por lo que hay unas cuantas cooperativas, bodegas grandes, medianas y algunas pequeñas de corta producción. Una buena muestra de volumen, seriedad y modernidad es Grandes Vinos y Viñedos, fundada en 1997, que nace como empresa para canalizar la ventas de cuatro cooperativas creadas en las décdas de 1950 y 60, a las que posteriormente se unen dos cooperativas más.
    En la actualidad tiene en su haber más de un millar de socios de las seis poblaciones en las que se sitúan las 5.800 hectáreas de viñedo con plantaciones de Garnacha, Tempranillo, Cariñena y Cabernet Sauvignon, entre otras. La bodega es un buen ejemplo de actividad, creatividad e innovación, que se focaliza en dos grandes áreas: nuevos productos y envases o formas de comercialización o marketing, cuyas últimas novedades pioneras en el sector del vino, han sido la incorporación de la realidad aumentada al diseño de las etiquetas y la experiencia de la realidad virtual como vía de comunicación de la Bodega. El grupo aglutina varias colecciones de vinos, como son Corona de Aragón; Monasterio de las Viñas; 3C, con dos varietales de Cariñena; Anayón, con 3 tintos, un blanco y un Moscatel Barrica; Beso de Vino, con 5 vinos jóvenes y desenfadados; El Circo, que se compone de 9 vinos varietales, cada uno relacionado con una disciplina del circo; Hoy, con 6 vinos jóvenes y divertidos; IGLUP con un blanco Macabeo y Garnacha Rosado con ligeras burbujas y sólo 4,8% vol.; y VEUT, un refresco de Garnacha con bajo alcohol. La marca más reconocida es Monasterio de las Viñas, en la que destacan el blanco, elaborado con macabeo, y el rosado, que ofrece toda la gracia frutal de la garnacha. Entre los tintos hay donde elegir, desde un roble hasta el Gran Reserva, pasando por el Crianza y el Reserva. Los Corona de Aragón, tanto el crianza como el reserva son muy interesantes, y no hay que olvidar el Cabernet Sauvignon. También el tinto joven bajo la etiqueta Corona de Aragón posee cualidades muy representativas del cariñena más moderno, así como su colección de vinos espumosos de Cava.

    Bioenos es un laboratorio enológico, consultor y elaborador de vinos de viñedos ubicados en Almonacid de la Sierra y comparten bodega elaboradora y nave de crianza con los de Bodegas Pablos. Este proyecto nace con la voluntad de producir cantidades limitadas de vino elaborado con variedades en proceso de extinción y recuperadas por sus bodegueros, en este caso la Crespiello (Vidadillo de Almonacid), plantada en 2 hectáreas de viñedos propios del pago de Mendoza de Almonacid. Las 3.500 cepas productivas de la viña alcanzan 106 años y con ellas se elabora el tinto Pulchrum, que se lanzó al mercado en 2001 como producto exótico y original. Se trata de un tinto con 14 meses de crianza en barrica, muy estructurado, con taninos pulidos, carnosos, y dulzones. El aroma es muy original, ya que recuerda a la leche de higuera, algo vegetal dulzón, con un fondo afrutado parecido al melocotón que sorprende por su singularidad. En la boca es muy vigoroso, y con nervio, con un posgusto fresco, que invita a beber. Según los profesores Gallait y Boubals del INRA de Montpellier la Crespillo o Vidadillo de Almonacid, es de las variedades de uva más antiguas que existen, ya que se tiene constancia de su existencia desde el siglo XII. Es una planta muy vigorosa, resistente a la sequía y a las enfermedades criptogámicas, y muy sensible a la lobesia, una de las plagas que ataca a la vid.

    Viñedos y Bodegas Pablo
    se funda 1998 aunque se tradición se remonta a 1755, fecha de la cava excavada en la roca del subsuelo de la bodega. Posee 60 hectáreas de viñedo, y comercializa cuatro tintos y un blanco bajo las etiquetas de Gran Víu; un tinto Roble, Reserva, Reserva Especial, Garnacha del Terreno, y el blanco Macabeo Ladera fermentado en barrica.

    Bodegas Añadas, más conocida por su marca comercial Care, elabora todos sus vinos a partir de sus viñedos propios procedentes de cuatro fincas, entre las que destacan por su dimensión las Finca Bancales y Finca Cadillos, de 50 has cada una. Elabora 7 vinos, desde el Care Chardonnay y el Care Rosado con Cabernet Sauvignon (50%) y Tempranillo (50%), hasta un Care Tinto Roble con Garnacha (50%) y Syrah (50%), el Care Crianza con Merlot (30%) y Tempranillo (70%), Care XCLNT con Garnacha (40%), Cabernet-Sauvignon( 40%) y Syrah, y 16 meses de crianza en barricas de roble francés, y su Care Finca Bancales, un reserva varietal de Garnacha de viñas viejas con 3 años de crianza en roble francés y americano.

  • D.O. Catalunya

    D.O. Catalunya

    Desde los primeros borradores, propuestas y estudios técnicos hasta su constitución y puesta en marcha en 2001, la DO Catalunya no estuvo exenta de polémica, discordias y controversias. Mientras unos achacaban que la nueva DO Catalunya favorecía los intereses de algunas grandes bodegas y en particular la de algunos de sus vinos, sobre todo del Penedés, y que las otras DO’s catalanas se verían perjudicadas en su imagen de calidad, otros veían con muy buenos ojos que sus vinos de mesa y los legalmente incalificables estarían pronto amparados y protegidos por una Denominación de Origen en toda regla.

    Al margen de la polémica que suscitó la nueva denominación de origen, que todavía hoy agoniza entre algunos de los sectores más radicales, lo cierto es que los números cantaron muy pronto, y en tan sólo tres años desde su puesta en marcha -aprobada en junio de 1999 por la Generalitat- la flamante DO Catalunya ya contaba con 91 bodegas embotelladoras inscritas, las cuales vendieron en 2001 casi 30 millones de botellas, y más del 50% se destinaron a los mercados internacionales.

    Hoy, el éxito de la DO Catalunya parece que es ya incuestionable porque las cifras al cierre de cada campaña son todavía mucho mayores, incluso inimaginables para los que fueron sus promotores y detractores, donde las últimas cifras dicen que hay más de 9.000 viticultores inscritos, más de 210 bodegas entre elaboradores y embotelladores, y una producción de más de 65 millones de botellas. 

    La DO Vins de Catalunya se aprobó por el Estado Español  en marzo del 2001, y engloba todos aquellos vinos y bodegas de más de 300 municipios catalanes que procedan de una zona de producción delimitada dentro los límites de la Comunidad Catalana, incluidas las otras denominaciones de origen catalanas, y cumplan los requisitos que establece su reglamento. Posee un reglamento tan rígido como cualquiera de las otras DO’s, en la que destacan la inscripción y el registro de viñedos y bodegas, que el vino esté elaborado con las variedades de uva permitidas y procedentes de un viñedo con regulación de producción, que cumpla con los tiempos mínimos de crianza, y que el vino supere los análisis organolépticos y fisioquímicos de calidad. Es decir, la mencionada figura de calidad genérica de la DO Catalunya ampara todo el territorio autonómico de Catalunya y permite la convivencia de vinos enmarcados en otras figuras de calidad. Dicho en otras palabras: un vino elaborado por una bodega acogida a la DO Empordà, por ejemplo, pero elaborado con uvas procedentes de Tarragona, Penedés, Bages o cualquier otra zona de producción catalana, o elaborado con alguna uva que no está permitida en su DO, puede ostentar la DO Catalunya si cumple con la legislación vigente de la misma.

    Está demostrado que una denominación de origen "sombrero" como Catalunya es una forma más ágil para competir con los vinos del Nuevo Mundo de un mismo segmento de precio porque el consumidor opta por la imagen de calidad que han conseguido proyectar las denominaciones de origen de la vieja Europa. De hecho, muchos productores de países del Nuevo Mundo combaten con fuerza el concepto mismo de la denominación de origen porque no pueden luchar contra él, pero en las etiquetas de sus vinos van incluyendo cada vez más indicaciones geográficas de procedencia más precisas, buscando la aproximación a las denominaciones de origen.

    Las uvas

    En total, la DO Catalunya tiene autorizadas 35 variedades de uva para la elaboración de sus vinos.
    Blancas: Albariño, Chardonnay, Chenin, Garnacha Blanca,Gewürztraminer, Macabeu, Malvasía, Malvasía de Sitges, Moscatel de Alexandria y de Frontignan, Parellada, Pedro Ximénez, Picapoll Blanco, Riesling, Sauvignon Blanc, Sumoll Blanc, Xarel·lo,Viognier y Vinyater.
    Tintas: Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Grenache noir, Grenache poilue,Grenache gris (Garnacha Gris), Merlot, Monastrell, Petit Verdot, Picapoll Negro, Pinot Noir, Samsó (Cariñena), Sumoll, Syrah, Trepat et Tempranillo (Ull de Llebre). 


    Vinos y Bodegas de la DO Catalunya

    Es evidente que la actual reglamentación de las denominaciones de origen es considerada por algunos bodegueros una normativa demasiado “encorsetada" y es por esta razón en los últimos años ha proliferado la elaboración de vinos de calidad y otros de estilo más libre dentro de una propia DO, los cuales han tenido que adherirse a estructuras de mención más amplias, como DO Catalunya, cuya constitución impulsa también el origen vitivinícola de una Comunidad bien definida y delimitada. Y, por otro lado, refuerza todavía más la singularidad de las otras 10 denominaciones de origen catalanas, ya que ha servido también para depurar y “redimir” aquellos vinos que, por razones de volumen, cotas de mercado y otros parámetros, no podían atenerse a la legislación que imponía su denominación de origen.

    La DO Catalunya es la que tenía y tiene peor prensa entre algunas bodegas y unos cuantos consumidores. El motivo, al principio, es que muchos no entienden la necesidad de que exista; y desde sus inicios, muchos ni siquiera se han querido enterar de las causas que la hicieron necesaria, y siguen instalados en un desprecio injustificado.

    La DO Catalunya da cabida a la gran producción, es cierto. También en algunos casos los vinos de la DO Catalunya son vinos mediocres y muchos de precio económico, pero en absoluto estos parámetros se cumplen en todos ellos. Estamos convencidos que nadie quiere hacer miles y miles de botellas de vino malo; es absolutamente absurdo. Por ello se hace necesario que los que aún tienen esta percepción prueben y prueben antes de hacer afirmaciones que no tienen ninguna base real, y piensen que no siempre se tienen que beber vinos excepcionales con el alma y la esencia del territorio dentro la botella. Es interesante probar mucho y conocer mejor los vinos de la DO Catalunya para quitarse de encima los prejuicios que tienden a conservar como conceptos intocables.

    Bodegas Torres, que elabora vinos en las DO catalanas de Conca de barberà, Costers del Segre, Penedès, y Priorat,  es también la bodega que elabora y comercializa la gama más amplia de vinos bajo la DO Catalunya: Habitat tinto y blanco, Gran Sangre de Toro, Coronas, Mas Rabell Alquimia, Sangre de Toro, De Casta Rosado, Viña Esmeralda, Viña Sol y San Valentín.

    Vins del Massís es el proyecto de Benjamín Romeo en Catalunya. La bodega se encuentra en el Penedés, en pleno macizo del Garraf y elabora  el Massís y el Macizo, ambos con mezcla de 50% xarel-lo, 50% garnacha blanca, donde ésta última la obtiene de un productor que posee 6 terrazas en la zona de Terra Alta, y por esta razón sus vinos son DO Catalunya.

    Ca N’Estruc elabora todos sus vinos bajo la DO Catalunya porque es una bodega que está fuera de los límites geográficos de cualquier denominación de origen establecida, por lo que no le queda más remedio a sus vinos que acogerse a la DO Catalunya.

    Clos d’Agón se encuentra en zona de Calonge, dentro la DO Empordà, pero sus mejores vinos, los Clos D’Agón, están elaborados exclusivamente con variedades foráneas y alguna no reglamentada por su DO, por lo que deben incluirse en la DO Catalunya. En cambio, recientemente ha lanzado la colección de etiquetas Amic, con variedades permitidas y sus vinos ostentan la DO Empordà.

    Codorníu muestra en su portafolio la colección Viñas de Anna, elaborados con una selección de uvas de Chardonnay procedentes de varias parcelas fuera de la DO Penedès, por lo que sus vinos lucen la DO Catalunya.

    Puiggrós se encuentra en el municipio de Ódena es un ejemplo claro de vinos extraordinarios, como sus Sentits blanco y tinto, el Signes o su Mestre Vilavell, pero su ubicación y los viñedos están fuera de cualquier DO territorial, menos de la DO Catalunya.

  • D.O. Cava

    D.O. Cava

    El cava es un vino espumoso acogido a la D.O. Cava, una denominación que  protege más que una zona, un método de elaboración y unos estándares de calidad. Es por eso que encontramos cavas elaborados en diversas zonas de España, como el cava de Catalunyacava de Extremadura o cava de La Rioja. El cava es un vino que realiza una segunda fermentación en botella y mantiene algo de CO2 dando origen a sus características burbujas.  Una vez finalizada ésta segunda fermentación, el cava realiza un envejecimiento en botella, y será clasificado según el tiempo que pase como Gran Reserva o Reserva. Otra clasificación en el cava dependerá del nivel de azúcar residual resultante tras la segunda fermentación, obteniendo cava Brut Nature, Extra Brut, Brut, Extra SecoSecoSemi Seco o Dulce.

    El primer espumoso catalán lo embotelló Francesc Gil Borràs y Domingo Soberano Mestres en 1862 en Reus, e impulsaron la comercialización del conocido popularmente entonces como “Champán de Reus”. De estos mismos años data la iniciativa protagonizada por Agustí Vilaret, un indiano que de vuelta a su pueblo natal, Blanes, decidió orientar su actividad a la producción de vinos espumosos naturales. Era el origen de las cavas Mont-Ferrant, que en 1877 declaraba que su producción se situaba ya en torno a las 10.000 botellas. Pero realmente el personaje más emblemático e importante en la historia del Cava fue Josep Raventós, y su bodega Codorníu. Raventós estudió en la región de la Champagne el procedimiento clásico de elaboración del vino espumoso más famoso del mundo, y empezó a poner en práctica sus conocimientos con cepas autóctonas en la centenaria masía de Can Codorníu, en Sant Sadurní d’Anoia, a 25 kilómetros al sur de Barcelona. Cuando en 1872 presentó oficialmente su primer espumoso en Barcelona, y quizás sin pretenderlo situó la zona del Penedés en una nueva era enológica. Josep Raventós, al igual que lo han sido hasta hoy en día todos sus descendientes en la cumbre del prestigio de la empresa familiar Codorníu, fue un avanzado creador. El brillante éxito de su proeza le llevó a ampliar la producción del vino espumoso, por lo que necesitó otros espacios, y tal y como había conocido en la Champagne, tuvo que cavar una primera bodega subterránea o “cava”. Fue entonces cuando se relacionó por primera vez al espumoso catalán con el concepto de “cava” (bodega).

    Esta nueva bebida con burbujas se la conocía como “champán o champaña”, en honor al método champenoise aplicado por los productores de champagne francés. Pero con la entrada de España en la UE, el país vecino reclamó el derecho exclusivo de esta designación en todas sus variantes, y a España no le quedó más remedio que establecer un código válido para la UE y buscar un concepto propio, el cual, en 1986, se rebautizó con la Denominación de Origen Cava. En la actualidad hay más de 240 bodegas elaboradoras que producen más de 240 millones de botellas.

    Localización, suelo y clima

    El socorrido calificativo de Cava se diferencia de cualquier otra Denominación de Origen convencional en un punto esencial: no hace referencia a una única región en particular. Es decir, aunque más del 98% de la producción total de Cava procede de Cataluña y se extiende por municipios de la provincia de Barcelona, de Tarragona, de Lleida y algunos de Girona, también existen zonas de producción en municipios de La Rioja, de Zaragoza, de Álava, de Navarra y los de Requena (Valencia) y Almendralejo (Badajoz), que también tienen igualmente derecho a utilizar esta designación original siempre y cuando cumplan la reglamentación exigida. En consecuencia, es la única denominación de origen española que antepone un método de vinificación (el tradicional champanoise o segunda fermentación en botella) a su origen geográfico, aunque existen zonas de producción bien definidas y no se puede etiquetar un espumoso español con la palabra cava si no está producido en las zonas o bodegas oficialmente reconocidas.

    Así, a la vista de los factores naturales de cada región y municipio, el saber hacer de los viticultores de la denominación de origen se ha concretado en prácticas de cultivo propias, tendentes a obtener vinos base destinados a la elaboración de Cava con características propias y con la calidad requerida.

    De igual forma, los suelos sobre los que se asienta el viñedo son muy variados, al igual que el clima, pero en todo caso permiten una evolución correcta del viñedo, en especial en las fases previas a la vendimia, facilitando una maduración escalonada de las distintas variedades autorizadas, a efectos de conseguir vinos base aptos para la elaboración del Cava con graduaciones alcohólicas moderadas, alta acidez, bajo pH, y buena sanidad.

    Tipos de Cava 

    Según la cantidad de azúcar residual los cavas se clasifican como Cava Brut Nature (Inferior a 3 g/l. y sin adición de azúcar), Cava Extra brut (Entre 0 y 6 g/l.), Cava Brut (Inferior a 12 g/l.), Cava Extra seco (Entre 12 y 17 g/l.), Cava Seco (Entre 17 y 32 g/l.), Cava Semi-seco (Entre 32 y 50 g/l.) y Cava Dulce (Superior a 50 g/l.)

    También, la DO Cava otorga las categorías de Reserva a los Cavas con una crianza mínima de 15 meses, y la categoría de Gran Reserva a los Cavas con una crianza mínima de 30 meses. Además, también se elaboran Cavas de Añada, Cosecha, Milesimados o Vintage, y otros que lucen la fecha del degüelle en la contra etiqueta, lo que garantiza el tiempo de crianza y, sobre todo, la frescura del producto. 

    Otros vinos espumosos en El Penedès

    Como también ocurre en otras denominaciones de origen de nuestro país, algunas bodegas del Penedés abandonaron la DO Cava e integraron su vinos espumosos dentro la DO Penedès y la marca Clàssic Penedès, reclamando otras señas de identidad para sus espumosos, como son la búsqueda de un espacio propio, un marco mucho más específico para desarrollar sus elementos diferenciadores tanto en elaboración como en calidad, una apuesta por la uva procedente de la viña propia en el Penedès, un trabajo exclusivamente ecológico en el viñedo, un mínimo de 15 meses de crianza y la inclusión de la fecha de tiraje y degüelle en su etqueta, entre otras cosas. En definitiva, la nueva marca Clàssic Penedès dentro la DO Penedès define una identificación con el territorio, el clima y sus suelos, y, además, se integra en el ambicioso proyecto para diferenciar las distintas subzonas del Penedès y sus características.

    Por ahora hay 15 bodegas que se han sumado al nuevo Clàssic Penedès y no se descarta que vayan sumándose otras:  Addia, ATRoca , Mas Comptal, Albet i Noya, Torre del Veguer, Bonans, Can Gallego, Colet, Clos Lestiscus, Finca Can Ramon, Can Morral del Molí, Mas Beltran (Argila), Loxarel, Mas Can Colomé y Puig Romeu.

    Variedades, carácter y actualidad

    Las variedades de vid autorizadas por la DO Cava para la elaboración de Cava son las blancas Macabeo (Viura), Xarel·lo, Parellada, Malvasía (Subirat Parent) y Chardonnay, y en cuanto a las tintas la Garnacha Tinta, Monastrell, Pinot Noir y Trepat, aunque ésta última sólo puede utilizarse para la elaboración de Cava rosado.

    Hoy en día existe en el mercado una amplia multitud de estilos de cavas. Algunos están elaborados con una sola variedad de uva, otros proceden de un solo terruño, también hay cavas blancos elaborados con uvas tintas, otros muestran unas mezclas exclusivas y poco convencionales, incluso algunos apuestan por una mezcla vertical de vinos de distintas añadas, y cada vez son más numerosos los cavas donde sus vinos base han sido fermentados o criados total o parcialmente en barricas de roble.

    No obstante, la trilogía varietal Macabeo, Xarel·lo y Parellada sigue integrando el coupage tradicional de la mayoría de los Cavas catalanes, pero la introducción en los últimos años de otras variedades está ofreciendo una alternativa a los paladares más puristas. Una de ellas es la Chardonnay, que ofrece Cavas con una magnífica estructura cremosa, y aporta variados y deliciosos aromas de avellana, praliné y mantequilla. Pero la más reciente es la Subirat Parent, variedad blanca de la familia de las malvasías, que proporciona Cavas personales de estilo muy mediterráneo, con una notable persistencia de la fruta madura (albaricoque) y a la vez fresca (manzana), frutos secos (almendra verde), y un final sápido y amablemente amargo.

    No obstante, también proliferan los cavas con una mayoritaria concentración de uva Xarel·lo, como el Celler Batlle de Gramona, incluso monovarietales como el Turó d’en Mota de Recaredo, que los hacen aptos para adquirir mucha complejidad en sus larguísimas crianzas.

    En cuanto a las variedades tintas están ahora de moda para obtener Cavas rosados monovarietales con perfiles muy frescos, ligeros y especialmente afrutados, además de otorgarles un bello color rosáceo-frambuesa, limpio y luminoso.

    También son de última generación los blanc de noir; es decir, Cavas blancos elaborados con uva tinta, principalmente con Pinot Noir. Su finalidad se centra en lograr Cavas algo más corpóreos, incluso con otros registros en sus matices afrutados, un paso de boca menos etéreo y una burbuja más crujiente, aún sin perder frescura, finura y elegancia.

    También el empleo de la barrica es una nueva alternativa de aproximación a la vinificación de algunos grandes champagnes, como Bollinger y Krug, junto a un afán de otorgar más textura y corposidad al Cava, además de complejidad y una ampliación de registros sensoriales. Generalmente sólo una pequeña porción de los vinos base toman un ligero contacto con la barrica, y ello se deja notar en una estructura más sólida, junto el aumento de ciertos matices ahumados y pasteleros. Es una técnica siempre muy arriesgada y difícil, donde sólo algunos experimentados elaboradores se atreven llevar a cabo, como son Torelló, Albet i Noya y Agustí Torelló Mata, entre otros.

    La gran mayoría de productores de Cava elaboran también vinos tranquilos, igual que otros productores del resto del territorio español. Al margen de los dos grandes productores, Codorníu y Freixenet, ambos con un buen número de bodegas y marcas añadidas al grupo, el resto de los productores de cava configuran un pequeño grupo de empresas medianas y otras muchas relativamente reducidas, generalmente familiares y con una producción limitada.

    Codorníu protagonizó el nacimiento del cava catalán se fecha en 1872, cuando José Raventós elaboró la primera botella de vino espumoso por el «método tradicional», construyó nuevas instalaciones y aplicó la más avanzada tecnología de la época. Actualmente cuenta con una de las mayores cavas del mundo: más de 25 kilómetros repartidos en cinco niveles.

    Freixenet, ha sido desde siempre el prototipo del cava en todo el mundo que también elabora Champagne en su casa de propiedad Henri Abelé en Reims, es el mayor productor de vino espumoso del mundo, y desde el punto de vista técnico, las bodegas son actualmente las más avanzadas en la elaboración de cava.

    Jané Ventura, fundada en 1914 aunque el cava no llegó hasta 1990, cuyo objetivo es elaborar vinos singulares y personales, que transmitan todo el afecto que sus dueños sienten hacia su tierra, un cariño que se hace patente en el propio diseño de las etiquetas, que muestran una simbología inspirada en elementos del entorno.

    Agustí Torelló Mata, conocido como «el hombre del cava», en 1960 hizo su apuesta personal junto a su esposa y su familia con la creación de su propia bodega, con la elaboración de cavas muy personales como lo demuestra el Kripta, un cava de autor nacido en 1979, laureado y conocido en todo el mundo, que se complementa con una presentación original en una botella en forma de ánfora que plasmó el pintor y escultor Rafael Bartolozzi.

    Finca Valldosera, una bodega familiar situada en pleno Massís del Garraf que elaboradora cavas de propios viñedos, potenciando las variedades autóctonas como la Subirat Parent con el objetivo de obtener vinos y cavas diferenciales que expresen el terruño singular del Garraf.

    Cavas Ferret, ubicadas en Guardiola de Fontrubí, en el Alto Penedés, Ferret es el apellido de una saga de elaboradores del Penedés. Es una cava familiar, quizá menos conocida de lo que se merece, pero bien caracterizada por la honestidad que siempre han ostentado sus productos.

    Masía Vallformosa es una empresa de tamaño medio con una completa línea de cavas, desde los bruts más jóvenes hasta los grandes reserva y de añada, que siempre se caracterizan por su buena relación calidad-precio.

    Cavas Juvé & Camps, fundada en 1921, es una casa de mucho prestigio y solera, que ha sabido conjugar el mejor estilo artesanal con el importante crecimiento de producción y ventas en las últimas décadas.

    Cavas Rovellats es una cava que empezó a comercializar su propia marca en 1940, pero sus vínculos con el mundo del vino son mucho muy antiguos. La cava está ubicada en la hermosa finca de La Bleda, en el término municipal de Sant Martí Sarroca, con una cava subterránea en forma de estrella. Sus producto ostentan una buena reputación en el mercado del cava tradicional y familiar.

    Alta Alella es una bodega familiar ubicada en la zona agrícola privilegiada del Parque Natural de la Serralada de Marina, entre los municipios de Tiana y Alella, la bodega más cercana al núcleo de la ciudad de Barcelona, y Josep María Pujol-Busquets, su artífice, es un pionero destacado de la viticultura ecológica moderna y la más puntera tecnología enología.

    Raimat, en Costers del Segre, pertenece al grupo Codorníu, y fue pionera en elaborar y comercializar un cava monovarietal de chardonnay, posee viñedos propios y elabora una completa gama de productos.

    Cavas del Castillo de Perelada ha dado en los últimos años un buen golpe de timón a su política vinícola, donde la producción de los cavas se desarrolla en el propio Penedés, en la finca Olivella Ferrari, a excepción del Gran Claustro, que se sigue elaborando en las antiguas cavas de los monjes Carmelitas en el Castillo de Perelada.

    Bodegas Bilbaínas hoy pertenece al Grupo Codorníu y su Cava Royal Carlton es el espumoso riojano con más solera y tradición, que incluso en los años 20, con motivo de la destrucción ocasionada por la 1ª Guerra Mundial en la zona del Marne (Champagne), exportó vino espumoso durante algunos años para algunas firmas de Reims.

    Faustino Martínez es una de esas bodegas centenarias de La Rioja bien conocida por sus vinos tranquilos blancos, rosados y tintos, pero sólo una pequeña parte de su asidua clientela conoce su vino espumoso.

  • D.O. Cebreros
  • D.O. Cigales

    D.O. Cigales

    Cuanta la historia que los primeros pobladores de la comarca fueron los vacceos, sometidos por los romanos en el siglo II a. C., y que más tarde llegaron los invasiones bárbaros germanos y árabes, por lo que en estas tierras conservan innumerables huellas de un pasado esplendoroso con numerosos castillos que jalonan sus municipios, como el de Trigueros del Valle, el de Fuensaldaña o el de Mucientes donde permaneció Juana La Loca. Junto a los castillos comenzaron a extenderse los viñedos, especialmente propiedad de los monasterios, que necesitaban el vino tanto para el culto como para su consumo privado.

    Sin embargo, los vinos de Cigales alcanzaron gran fama en España y en el exterior, sobre todo cuando la filoxera invadió los viñedos franceses y los vinos de Cigales llegaron hasta Burdeos, donde llegó a producir en aquella época más de 15 millones de kilos de uva. Al igual que otras denominaciones de la zona, Cigales abasteció de vino a Valladolid y a otras ciudades durante la época medieval.
    Estos vinos eran elaborados hasta fechas muy recientes en pequeños y viejos sótanos agrupados como hormigueros y próximos a las ciudades, los cuales tenían una profundidad de unos diez metros, y a menudo eran compartidos por pequeños bodegueros.

    Lo que ha venido caracterizando los elementos diferenciales en los vinos rosados de Cigales ha sido la elaboración en blanco con mezcla de variedades tintas y blancas, teniendo en cuenta la aclimatación de las variedades al suelo, clima y prácticas culturales de la zona. A lo largo de los años se han realizado experiencias, colaborando con la estación enológica de Castilla y León, para determinar las proporciones idóneas de variedades blancas y tintas que dan como resultado el vino rosado típico de Cigales.

    A partir del año 1985, se realizaron también experiencias con tintos, y en la cosecha de 1991 se elaboró el primer vino Reserva, año en que también se consolidó la DO Cigales. No obstante, en 2011 se aprobó un nuevo Reglamento por el que se autoriza la elaboración de vinos blancos, espumosos y dulces, que tras varios años de contrastadas experiencias, han ratificado la calidad de estas novedosas elaboraciones en Cigales.

    El área geográfica de la DO Cigales se ubica en el cuadrante noroccidental de España, al norte de la ciudad de Valladolid, extendiéndose por esta provincia y algo por la de Palencia. Sus cerca de 3.000 hectáreas de viñedo se extienden por una altitud media de 750 metros por el sector norte de la Depresión del Duero, a ambos márgenes del río Pisuerga, y tiene una superficie de 574 km2, por lo que es la menor de las cinco Denominaciones de Origen de Castilla y León. Se contabilizan unos 500 viticultores y 34 bodegas elaboran vino.

    Clima, suelo y variedades

    En la DO Cigales el clima es el característico continental de la meseta central, con influencia atlántica y fuertes oscilaciones térmicas, donde las temperaturas bajan a menudo de los cero grados en invierno y en verano se alcanzan a menudo los 40º.
    Está caracterizado por su irregularidad pluviométrica y su fuerte sequía estival, donde los inviernos son crudos y prolongados con heladas y nieblas frecuentes y predominio de los vientos Poniente y Abrego.
    La insolación media anual se cifra en 2.616 horas, con una máxima de 371 horas en julio, y un mínimo de 87 horas en diciembre. La precipitación media anual es de 407 mm que se reparten en 93 días al año.

    El suelo está formado por sedimentos terciarios y cuaternarios: arenas, calizas y gredas yesíferas, que reposan sobre arcillas y margas. Tiene una estructura granular débil, de fina o media, con escasa pedregosidad y con poca materia orgánica.

    Respecto a las variedades, la DO Cigales aprobó en 2011 que, además, las variedades experimentales Sauvignon Blanc, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah pasaran a formar parte de las variedades complementarias a la principal Tempranillo o Tinta del País, junto con la Garnacha Tinta y Gris, y las variedades blancas Viura, Albillo y Verdejo, que han sido la base de los históricos vinos rosados de la región.

    Vinos y bodegas de la D.O. Cigales

    Los pequeños productores que han empezado a producir vino en los últimos años se concentran en las mezclas de la tinta del país y la garnacha, que maduran de forma excelente en pequeñas barricas de roble. El potencial para producir tintos de primera clase existe, pero faltan más viticultores capaces de crear en Cigales un estilo más definido de vino tinto. Los rosados de Cigales son los vinos de mayor renombre donde su frescor, ligereza y agradable aroma son sus singulares características.

    Uno de sus mejores ejemplos de modernidad son las Bodegas Lezcano Lacalle, en Trigueros del Valle, cuya bodega se fundó a principios de los ochenta con el objetivo de elaborar vinos tintos a base de Tempranillo, siendo el pionero en comercializar el primer Reserva de la Denominación de Origen Cigales: el Lezcano Lacalle Reserva 1991.
    Hoy, la propiedad cuenta con tres parcelas de viñedo en Pagos pertenecientes al antiguo Mayorazgo de Valdetrigueros. Aunque la tinta del país ocupa el 80% de sus 16 hectáreas de viñedo, cultiva actualmente otras cinco variedades de uva, dos tintas más y tres blancas, algunas de ellas foráneas. Actualmente elabora dos reservas: el Lezcano Lacalle y el Dú, a partir de una meticulosa selección de uva. También elabora el Maudes, segunda marca de tinto, y el famoso rosado Docetañidos, que vio la luz por primera vez con la cosecha de 1994 y es el modelo de un vino rosado moderno que combina suavidad y potente estructura.

    Otra bodega con mucho peso en la DO Cigales es Frutos Villar, donde la familia Frutos Villar creó su primera bodega en Toro en 1920, anticipándose incluso al concepto de las denominaciones de origen. Años más tarde, en 1960, el instinto les llevó a instalarse en Cigales y, posteriormente, ya con el afianzamiento de la DO, se establecieron también en la Ribera del Duero en 1988 y comenzaron a comercializar vinos con DO Rueda en 1990.
    La bodega inició su andadora en Cigales con la adquisición de 100 hectáreas de viñedos, pero también mantiene contratos de suministro con otros seleccionados viticultores de la zona para atender la producción de sus vinos. Por otro lado, la bodega posee las más modernas técnicas de elaboración así como un espectacular parque de 200 barricas de roble americano, con una renovación anual del 25%.  Elabora dos líneas de vinos bajo las etiquetas Calderona y Conde Ansurez. Con Calderota elabora un rosado con base de tempranillo, garnacha, verdejo y albillo, y una serie de tintos de varietales de tempranillo que van desde un joven y un tinto roble hasta un crianza y en reserva. No obstante, su mayor reconocimiento lo consigue con la serie de vinos Calderota Élite, donde incluye un rosado varietal de tempranillo y también un tinto de estilo libre y altamente expresivo, con una media de 18 meses en barrica de roble americano y 10% francés, procedente de una selección de viñedos viejos. Por otro lado, con la marca Conde Ansurez embotella y comercializa un rosado, un tinto joven, un roble y una crianza con un mínimo de 12 meses en barrica. La filosofía de la bodega y el carácter de sus vinos tanto rosados como tintos se centra en la variedad tempranillo y en la actualidad es una de las bodegas líder de la zona.

    También en Cubillas de Santa María se encuentra la Bodega Valdelosfrailes, que pertenece al Grupo Matarromera, el cual amplió en 1998 su radio de acción en la DO Cigales. La familia cultivaba ya viñedos y elaboraba tradicionalmente vino en las zonas de Cubillas de Santa Marta y Valoria la Buena, pero Carlos Moro inició una renovación para producir nuevos tintos partiendo de dos premisas: cuidada elaboración y reducida cantidad. Actualmente, la bodega dispone de unas instalaciones de nueva construcción con un impresionante parque de 500 barricas entre roble francés y americano para dar crianza a sus vinos. Por otro lado, posee 60 hectáreas de viñedo propio, donde cultivan principalmente las variedades Tinta del País (Tempranillo) y Garnacha con las que elaboran una línea de vinos precisa bajo la marca Valdelosfrailes. Elabora blancos y tintos, y entre ellos no falta el típico rosado moderno donde aromas florales desembocan a otros aromas primarios de fruta madura, con un paladar amplio y fresco, cuerpo, y una acidez equilibrada. Su línea de tintos se elaboran exclusivamente con tempranillo y destaca el Valdelosfrailes Prestigio, obtenido a partir de una selección de uvas y 14 meses en barricas de roble francés y americano, y también el Valdelosfrailes Pago De Las Costanas, un tinto de estilo más libre donde resalta la fruta, la madurez tánica y la carnosidad. Su vino más alto de gama es el Valdelosfrailes Selección Personal Carlos Moro, que nace del Pago de la Sallana, un viñedo de 3,5 ha, con 21 meses de crianza en barricas de roble y una producción que no supera las 1.000 botellas.

    Bodegas y Viñedos Pilcar, en Valoria La Buena, se funda en 1998, pero hace más de cien años que la familia ya cultivaba viñedos y elaboraba vinos de ámbito local. Incluso el bisabuelo del actual propietario, Enrique Concejo, construyó con sus propias manos una prensa que hoy tiene más de 100 años y que aún se conserva en la bodega, con la que se elaboraba un moscatel muy apreciado en la zona. Este nuevo proyecto empezó a tomar forma en 1987, cuando se gestó la nueva plantación de viñedos y la reestructuración de los pagos que ya poseía la bodega. De hecho, el nombre la bodega, Pilcar, hace honor a la memoria de Pilar y Carlos, los iniciadores de la saga de bodegueros. En diciembre del año 2000 elaboraron el primer vino: El Viña Concejo crianza 1998, y sucesivamente aparecieron los jóvenes de la casa que se bautizaron con el nombre de la finca Carredueñas, una propiedad de la bodega con 26 hectáreas de las cuales 15 se dedican al cultivo de viñedo con una edad entre 6 y 25 años.

    Otra bodega protagonista de la revolución de los vinos de Cigales es César Príncipe, situada en la parte más alta de Fuensaldaña, cuya bodega de la familia Príncipe data de mediados de la década de los 1990, cuando se transformó la bodega tradicional de claretes a granel en una bodega centrada en los vinos embotellados. La familia y la bodega conserva el viñedo original de 17 hectáreas en el término municipal de Fuensaldaña, con edades entre 40-50 años, plantadas en vaso, donde se cultivan las variedades Tempranillo (principal), Garnacha Tinta y las blancas Verdejo y Albillo. A la su vez inicia también una ampliación de 23 hectáreas de viñedo de tempranillo en el término vecino de Corcos del Valle, aunque la filosofía de la bodega se mantiene en seguir elaborando unos volúmenes de producción muy ajustados. Elabora bajo las etiquetas Clarete de Luna un rosado; el tinto César Príncipe con 14 meses de crianza en roble francés y americano; y el 13 Cántaros Nicolás, un tinto 100% Tempranillo y 8 meses de crianza.

    Otras bodega que merece la pena renombrar es Finca Museum, del Grupo Barón de Ley (Rioja), que en la actualidad dispone de 240 hectáreas, con las que elabora el Vinea Rosado a base de Tempranillo, el tinto Vinea Crianza, 100% Tempranillo con 12 meses de crianza en roble francés y americano, y su top de gama, el Museum, un tinto que procede de una selección de viñas muy viejas, más de 70 años, ubicadas en unos suelos con 50 cm de piedra (cantos rodados) debajo de los cuales se encuentra un subsuelo arcillo-calcáreo. Estas viñas coronan las partes altas de la orografía del valle del Pisuerga a escasos kilómetros de Valladolid, situándose a 790 metros de altitud. Con 24 meses de crianza en roble francés nuevo, el vino hace un alarde de un delicado perfume de carácter tostado y especiado donde aparecen notas de regaliz, frutas rojas y frutas del bosque, y en un segundo plano se aprecian matices balsámicos y minerales; delicado, sutil y elegante en su entrada en boca, de amplio recorrido, con taninos redondos, volumen y cremosidad, con un paso por boca es sedoso y muy expresivo, y con un final muy largo.

  • D.O. Conca de Barberà

    D.O. Conca de Barberà

    La evolución de la viticultura en la Conca de Barberá ha ido muy ligada a la evolución histórica de la comarca. Sus antecedentes más remotos se remontan a los tiempos de los romanos y, posiblemente, incluso antes.
    Pero no es hasta la baja edad media donde el cultivo de la vid jugará un papel muy importante en la comarca, donde dos instituciones, la orden de los monjes cistercienses de la abadía de Santa María de Poblet y la orden de los monjes-guerreros de los Templarios establecidos en Barberà, transmitieron a los agricultores sus conocimientos y experiencias sobre la manera más provechosa y adecuada de cultivar la viña para extraer los mejores vinos.

    El cultivo de la vid en la Conca de Barberá avanzó otro paso de gigante a partir de finales del siglo XVIII y sobre todo a mediados del siglo XIX, donde la exportación de vino y aguardiente hacia el norte de Europa y el continente americano convirtió la viña en el cultivo casi exclusivo de la comarca. Fue la época de la construcción de márgenes y bancales en las montañas para conseguir una buena cantidad de suelo cultivable, así como los años de la construcción de la línea ferroviaria Reus-Montblanc para trasladar más rápidamente y económicamente los vinos de la Conca de Barberà a los puertos del litoral tarraconense.

    No obstante, la plaga de la filoxera por la comarca a finales del siglo XIX aniquiló casi completamente aquella época de esplendor, pero de nuevo, la agricultura de la comarca, haciendo un enorme esfuerzo, supo resurgir con un renovado empuje, sobre todo por la fuerte demanda de vinos base para la elaboración de Cavas en el Penedès.

    La DO Conca de Barberà se encuentra al noreste de España, dentro de la Comunidad Autonómica de Catalunya, al norte de la provincia de Tarragona. La zona de producción vitícola se concentra básicamente en la región que debe su formación geológica a la acción erosiva del río Francolí y de su afluente, el Anguera. La acción combinada de estos dos ríos a lo largo de los milenios ha configurado la fisonomía de esta parte de la comarca como la de un valle fluvial rodeada de cadenas montañosas: al este, las sierras de Miramar y del Cogulló; al oeste, las sierras del Tallat y de Vilobí; al norte, las sierras de Montclar, Codony y Comalats; y al sur, las montañas de Prades.
    Las viñas amparadas por la DO se extienden por el territorio que integran los términos municipales de Barberà de la Conca, Blancafort, Conesa, la Espluga de Francolí, Forès, Montblanc, Pira, Rocafort de Queralt, Sarral, Senan, Solivella, Vallclara, Vilaverd y Vimbodí. La DO Conca de Barberá aglutina unas 6.000 hectáreas de viñedo inscrito, que trabajan unos 860 viticultores y elaboran 27 bodegas.

    Recientemente la DO Conca de Barberà ha puesto en circulación el distintivo “TRE PAT”, un nuevo sello que sólo podrán lucir los vinos elaborados exclusivamente con la variedad Trepat. El objetivo de este distintivo es dar conocer e impulsar esta variedad autóctona y explicar al mundo que el Trepat es vino que representa fielmente esta tierra, un clima y un territorio, y,  sobre todo, que sea un referente diferenciador para el consumidor.

    Clima, suelo y variedades

    En general se puede hablar de un clima mediterráneo de transición entre la suavidad de las comarcas tarraconenses del litoral, dada la relativa proximidad al mar, y la continentalidad propia de las comarcas leridanas. La modesta altitud de la sierra de Miramar y el estrecho de la Riba permiten una cierta influencia de los vientos húmedos y templados de la costa, pero por otra parte, las marcadas inversiones térmicas invernales acentúan las heladas en las partes bajas. Sin embargo, la acción combinada del relieve y la altitud contribuyen a la aparición de microclimas con notables particularidades.

    Los suelos son en su gran mayoría de naturaleza calcárea y pobres en contenido de materia orgánica. Pueden ser arcillosos, con un característico color rojizo o de una textura más ligera y coloración morena. Al fondo de la cuenca hay terrazas fluviales. En el extremo suroeste de la comarca y en la falda de las montañas de Prades también están presentes los suelos de pizarra (llicorella).

    La DO Conca de Barberà autoriza un número considerable de variedades. En blancas destacan la Macabeu, Chardonnay, Garnacha Blanca, Chenin, Moscatel de Alexandria, Parellada y Sauvignon Blanc, mientras que en tintas sobresalen la Trepat, Samsó, Garnacha Tinta, Monastrell, Ull de llebre o Tempranillo, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir y la Syrah, aunque también se encuentran plantaciones de Garró y Garrut, entre otras.

    Sin embrago, a pesar de la cantidad de variedades cultivadas es un “territorio Trepat”, ya que se considera la variedad autóctona de la Conca de Barberà, aunque también se puede encontrar en Costers del Sergre, en  la subzona del Río Corb, la Baja Segarra y también una pequeña proporción en la Conca de Tremp. Es una variedad sensible a las heladas de primavera, y también presenta sensibilidad al excoriosis (hongo que puede causar daños en las hojas, los sarmientos y las bayas). En cambio es muy resistente a la Botrytis, pero también teme la sequía, por lo que los suelos algo frescos resultan ser lo más adecuados. Se adapta bien a la mayoría de portainjertos utilizados y funciona bien con poda corta, pero también emite muchos rebrotes de madera vieja, lo que obliga a practicar la poda en verde.
    Cuando la Trepat se elabora como rosado se obtiene un vino destacable, ligero, fresco y afrutado, de color rosa frambuesa, limpio y luminoso. En la elaboración de tintos, el color, el aroma y el paladar los hacen únicos, pues se obtiene un vino fresco y ligero con un color entre cereza y rubí y ribete violáceo, mientras que en boca sobresalen notas de frutas rojas y regaliz fusionadas por un toque especiado de pimienta y hoja de laurel.

    Vino y bodegas de la DO Conca de Barberà

    En 1997 algunas bodegas de la comarca fundaron la Asociación de Embotelladores de Vinos y Cavas de la Conca de Barberà con el fin de promocionar los vinos de la DO Conca de Barberà y los cavas como productos de alta calidad y con el sello de garantía que supone la denominación de origen. Actualmente esta entidad cuenta con 22 bodegas asociadas, entre cooperativas y bodegas particulares.

    Abadía de Poblet nace del deseo del monasterio de recuperar la tradición vitivinícola tan propia de la orden del Cister, que se inició en la Borgoña y ha estado ligada siempre a una sola variedad de uva: la Pinot Noir. Todo comenzó en los años 80, cuando Codorníu acordó con la comunidad monacal de Poblet la explotación futura de su viñedo e inicia una profunda remodelación del espacio intramuros, que culminó en el año 2000 con la construcción de la bodega. Actualmente elabora 4 vinos: Abadia de Poblet, un tinto varietal de Pinot Noir con una crianza de 12 meses en barrica; Intramurs de Poblet Negre, el vino joven con un coupage de Tempranillo, Merlot y Cabernet Sauvignon; Intramurs de Poblet Blanc, varietal de Cardonnay con trabajo de lías; y Les Masies de Poblet, el otro monovarietal de Pinot Noir con 15 meses en barricas de roble (20% barrica nueva, 80% barrica de un año), y una producción limitada a unas 2000 botellas al año.

    Celler Escoda-Sanahuja, en Prenafeta, nace en 1997 bajo la filosofía de respetar al máximo la fruta, por lo que empezaron practicando una agricultura ecológica y desde 2003 la biodinámica, mientras que en la bodega sólo utilizan levaduras autóctonas y no realizan ningún tipo de filtraje, clarificación o estabilización de los vinos, y actualmente, y desde la cosecha 2007, elaboran sin sulfuroso añadido, por lo que se consideran vinos naturales procedentes de una viticultura biodinámica. Elabora media docena de vinos, 4 tintos y 2 blancos bajo las etiquetas Collde Sabater, con Merlot y Cabernet Franc, Les Paradetes, con Sumoll, Samsó y Garnacha, La llopetera, un varietal de Pinot Noir y Nas de Gegant, con Merlot, Garnatxa, Cariñena, Cabernet Franc, mientras que en blancos desatacan sus dos varietales de Chenin Blanc con las etiquetas Els Bassots y Els Bassotets.

    Cara Nord nace en 2012 de la mano de Tomás Cusiné y Xavier Cepero, ambos con una larga experiencia en el sector vinícola, que sintieron la llamada de la "viticultura de montaña" y se lanzaron a la creación de este proyecto con la intención clara de vinificar, dentro de la pequeña bodega del Monasterio de Poblet, las viñas plantadas en altitud, en la cara norte (Cara Nord) de las Montañas de Prades. Elaboran dos vinos con la etiqueta Cara Nord, un blanco a base de Macabeo y Chardonnay, y un tinto con 42 % Garnacha, 38 % Syrah y 20 % Garrut, y 6 meses en maderas de roble francés seleccionado.

    Bodegas Miguel Torres eligió la zona de la Conca de Barberà, concretamente el  término de Vimbodí, para elaborar dos de los mejores vinos de su catálogo: el blanco Milmanda y el tinto Grans Muralles. El Milmanda es un vino de pago único al pie de un castillo propiedad de la familia Torres donde cultiva la variedad Chardonnay, fermentado y criado en barrica de roble francés. Posee una nariz de gran intensidad en el que destacan las notas de flores y fruta fresca (piña y cítricos), con un fondo tostado y especiado de su especial crianza en barrica; con buena estructura y gran complejidad, noble, elegante y de largo postgusto. El Grans Muralles debe su nombre a las murallas que protegían el monasterio de Poblet. La identidad inconfundible de Grans Muralles se encuentra en los pedregosos suelos de pizarra (llicorella), pero también en las variedades que la familia Torres consiguió recuperar, como el Garró y el Samsó, utilizando modernas técnicas de viticultura. Estas variedades unidas a la Garnacha Tinta, Cariñena y la Monastrell conforman el espíritu de este vino de aroma intenso y complejo, en el que aparecen notas florales, combinadas con notas de fruta madura (granada) y hoja verde; con un paladar de buena estructura y fresca acidez, con poder y nervio, y largo final de boca.

    Vins de Pedra es el proyecto personal de Marta Pedra, enóloga, y fundadora junto a su marido de la bodega La Vinyeta en el Empordà. Elabora 4 vinos muy personales y de perfil muy bien definido. La Musa es un vino tinto, coupage de Cabernet Sauvignon y Merlot, elaborado  con viñedos de hasta 30 años, cultivados en suelos arcillo-calcáreos y pobres, a unos 400 m de altura, y con una crianza de 10- 12 meses de barricas nuevas de roble francés. Nariz muy expresiva, donde destacan los aromas a cacao y chocolate, y la fruta roja madura, con aromas balsámicos, tostados y alguna nota especiada de pimienta negra. Trempat es su vino monovarietal de Trepat, y el Negre de Folls es el vino joven elaborado con un puzle de variedades autóctonas, con aromas intensos de frambuesas y otras frutas del bosque con un punto especiado de regaliz y pimienta; fresco, carnoso, con taninos maduros muy bien integrados, y final balsámico; fácil de beber. Y L’Orni es su vino blanco monovarietal  de Chardonnay procedente de viñedos de 15 años cultivados a unos 350 m de altura, sobre suelos calcáreos y pobres, con un interesante trabajo de bâttonage sobre lías.

    Clos de Peguera de Vilosell, en Les Garrigues, es un joven proyecto dirigido por Xavier Nogué, que elabora sus vinos, junto a otros 5 productores, en la Cooperativa de Barberà de la Conca con viñedos plantados a una altura de unos 700 metros sobre el nivel del mar en las localidades de Vimbodí y Poblet, en varias fincas que suman unas 50 hectáreas con suelo de llicorella y tienen cerca de 20 años de edad. Uno de los mayores logros de Clos de Peguera fue cuando consiguió que su vino Vermell de Peguera, un varietal joven de Monastrell, se hiciera con el galardón Gran Vinari d'Or al mejor vino catalán en el certamen de los premios Vinari 2015. También elabora el 8 Dies, un tinto joven a base de Cabernet Franc, Merlot, Garnacha y Garrut; el blanco 3 Ceps, un coupage de Chardonnay, Macabeo y Albariño; y un rosado.

  • D.O. Costers del Segre

    D.O. Costers del Segre

    La tradición vitivinícola de las Tierras de Lleida se remonta a la época de los Íberos, pero es durante el período de la romanización de las Tierras de Poniente cuando se introduce el cultivo importante de la viña, que llegó hasta el siglo XIX, antes de la filoxera, a las 120.000 hectáreas de viñedo. Desgraciadamente, la filoxera redujo drásticamente su cultivo, y al replantarse el viñedo se abandonaron muchas variedades tintas poco rentables, por lo que se perdieron prácticamente algunas cepas ancestrales como la Garrut, la Terret Negra, la Morastell o la Mantó, entre otras. De hecho, no es hasta mediados del siglo XX cuando la acción emprendedora de algunas bodegas ejemplares como Raimat o Castell del Remei, apostaron por renovar y ampliar de nuevo el cultivo de la vid y elaborar vinos con unos parámetros de calidad, lo que motivó la constitución en 1986 de la Denominación de Origen Costers de Segre. 

    La DO Costers del Segre está ubicada al noreste de España, dentro de la Comunidad Autonómica de Catalunya, y es muy dispersa, ya que en la constitución de la DO se amparaban cuatro subzonas vitivinícolas y en 1998 se ampliaron con dos más, quedando actualmente configuradas por: Raimat, Artesa, Vall de Riu Corb, Les Garrigues, y las últimas Pallars Jussà y Segrià.
    Estas subzonas se extienden en forma de arco en las estribaciones de la cordillera prelitoral catalana, al este de la ciudad de Lleida, y por el norte prácticamente hasta las estribaciones pirenaicas. Actualmente se encuentran inscritos más de 600 viticultores que cultivan cerca de 5.000 ha de viña, con un total de prácticamente 40 bodegas inscritas.

    Sin duda Raimat fue la bodega precursora de la zona y la punta de lanza para obtener la Denominación de Origen Costers del Segre, y hay que decir también que la mejora del cultivo de las viñas y los vinos de Raimat en los últimos años es un hecho. Así lo avalan el certificado de producción integrada y la certificación de la viticultura ecológica acreditada por el CCPAE (Consejo Catalán de la Producción Agraria Ecológica).

    Un punto y aparte es la denominada "viña de montaña", donde algunas bodegas jóvenes ya hablan y actúan para recuperar estos espacios y las variedades que había plantadas en tiempos pasados, incluso inducidos para afrontar el cambio climático, pero todo ello es quizás una contradicción porque en esas condiciones climáticas hay que plantar variedades de clima frío, que son las que hay ahora, ya que las tradicionales no madurarían nunca bien. No obstante, hay que destacar el proyecto de Castell d'Encus, que apuesta por producciones muy cortas y controladas, siguiendo el modelo francés en todos los sentidos, incluidas las variedades.

    Pese a ello, cabe destacar que en líneas generales los vinos son técnicamente perfectos, equilibrados, buenos, o especiales, o continentales dentro del abanico de las DO catalanas, aunque las iniciativas de algunos elaboradores jóvenes y con otra visión empresarial de futuro, así como también otras bodegas importantes de Torres, apuestan por dar a la zona una razón varietal más histórica y más ligada al territorio.

    Clima, suelo y variedades

    El clima es bastante seco en todas las subzonas, de carácter continental, con influencias pirenaicas y climas extremos, con mínimas que con frecuencia se sitúan bajo cero y máximas que superan con facilidad los 35 grados. La orografía es bastante suave y, aunque los viñedos se encuentran muy dispersos, la mayor parte se asienta sobre suelos pardo-calizos, con elevado nivel de caliza, escasa arcilla y pobres en materia orgánica.

    Las subzonas de Artesa de Segre y del Pallars son los más septentrionales, con las viñas de mayor altitud e influencia pirenaica. Raimat, en el extremo oriental, tiene un relieve suave y clima continental. La subzona del Segrià, en el llano de Lleida, es característica de tierras de secano. Las Garrigues y las Valls del Riucorb son tierras áridas con bajo contenido en materia orgánica. 

    La variedades blancas autorizadas en la DO Costers del Segre son la Macabeu, Xarello, Parellada, Chardonay, Garnacha Blanca, Riesling, Sauvignon Blanc, Moscatel de Alejandría, Malvasía o Subirat Parent, Gewurztraminer y Albariño, mientras que en tintas destacan la Garnacha Tinta, Tempranillo (Ull de llebre), Cabernet Saugvinon, Merlot, Monastrell o Morastrell, Trepat, Cariñena o Samsó, Pinot Noir, Syrah.

    Vinos y Bodegas de la D.O. Costers del Segre

    Los vinos de la DO Costers del Segre forman un gran catálogo. Y es que se elaboran blancos, rosados, tintos en todos sus estilos, vinos espumosos y Cava.

    Sin duda la bodega más importante de la zona es Raimat. La finca y la nueva bodega inaugurada en 1988 está situada a unos 14 km al oeste de Lleida, que inició la replantación del actual viñedo, que ocupa hoy unas 2.250 hectáreas, aplicando las nuevas técnicas californianas y activando los cultivos de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Chenin Blanc, Riesling, Chardonnay, Malvasía, Pinot Noir, Moscatel Ruso, Merlot, Petit Shiraz , Moscatel de Alejandría, incluso Albariño, entre otros, hoy en día muy aclimatados casi todos en la zona. Actualmente elabora toda una amplísima variedad de vinos bajo 5 grandes familias: Castell de Raimat, Raimat Espumosos y Cava, Raimat Clamor, Raimat Abadía y Raimat Terra, todos con un nivel de calidad técnica sobresaliente.

    Costers del Sió es una empresa familiar fundada en 2006, con 70 has de viña, de las elabora etiquetas como el Alto Siós, un coupage de Syrah y Tempranillo, con 14 meses de barrica, y la familia Viña del Siós, con un blanco de Sauvignon Blanc y Chardonnay, un rosado con Syrah y Garnacha, y un tinto de media crianza.

    Castell d'Encus es el proyecto de Raül Bobet iniciado 2001 en una finca de altura (850-1000 m) con 23 h de viñedos de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc,Merlot, Pinot Noir, Syrah, Petit Verdot, Sauvignon Blanc, Riesling, Semillon y Albariño, donde destacan los vinos blancos Taleia (Sauvignon Blanc, Sémillon), Ekam (Riesling, Albariño), y los tintos Thalarn (Syrah), Acusp (Pinot Noir), Quest (Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Petit Verdot).

    Castell del Remei y su finca se remontan al año 1780 y está situada en la comarca de La Noguera. Incluso hay documentos que acreditan que fue la primera finca de España en que se cultivó la variedad Cabernet Sauvignon. En la actualidad gestiona 140 hectáreas de las variedades Merlot, Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Garnacha, Syrah, Chardonnay, Sauvignon Blanco, Macabeo y Pinot Noir, y la calidad de sus vinos viene avalada por numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Distintos coupages y crianzas dan nombre a sus vinos Castell de Remei 1780, Oda, Gotim Bru, Oda Blanc y Gotim Blanc.

    Celler Cercavins nace en Verdú en 2003, fruto de la inquietud de tres socios dedicados al cultivo de la viña. Destacan sus etiquetas Bru de Verdú 14, con un coupage de Tempranillo, Syrah y Merlot, catorce meses de crianza, Egom monovarietal de Merlot con 10 meses de crianza, Guilla blanco monovarietal de Macabeo con un pequeño aporte de sauvignon Blanco y Verdejo, con fermentación en barrica y crianza de 5 meses, y el Guillamina blanco joven procedente del coupage de Verdejo, Sauvignon Blanco y Gewürztraminer.

    Tomás Cusiné inició su andadura vitivinícola en Castell del Remei. Hoy su proyecto personal está en El Vilosell, donde cultiva 30 hectáreas de viñedos con una multipluralidad de variedades, principalmente foráneas, con las elabora vinos de coupage y algunos vinos de parcela, donde destacan sus etiquetas Finca Racons, con Macabeo de viñas viejas; Finca la Serra, varietal de Chardonnay; o el Finca Comabarra, a base de Garnacha, Syrah y Cabernet Sauvignon, además del blanco Auzells y los tintos Llebre, Vilosell y Geol, donde este último obtuvo el Oro en el Sommelier Wine Awards 2015.

    Cérvoles, en la población de La Pobla de Cérvoles (Les Garrigues), a 750 metros de altura y únicamente separada del Priorat por la Sierra de Llena, dispone de una finca de 35 hectáreas de viñedos distribuidas en 10 parcelas diferentes, de las variedades Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Merlot, Garnacha, Chardonnay y Macabeo, con las que elabora la colección de vinos Colors y Cérvoles, además y su tinto Premium Cérvoles Estrats, con una selección exhaustiva de las mejores zonas de cada parcela de los viñedos de Cabernet Sauvignon 42%, Tempranillo 36%, Garnacha 17 % y Merlot 5%, y una crianza de 18 meses en barricas nuevas de roble francés.

    Clos Pons se encuentra en la comarca de Les Garrigues, al sur de la provincia de Lleida, y elabora una amplia colección de vinos, donde sobresalen su blanco de Macabeo Roc de Foc con una crianza de 12 meses en roble francés; Jan Petit un vino tinto de viejos viñedos de montaña de la zona sur de Les Garrigues, con Garnacha y Syrah; Roc Un elaborado con las variedades Tempranillo, Garnacha y Cabernet Sauvignon; y el Clos Pons 810, un tinto de edición limitada, con de larga crianza en barricas nuevas de roble francés de 300 l.

    L’Olivera es una pequeña cooperativa social de trabajo nacida el 1974 que incorpora a personas con dificultades, las cuales participan activamente en todo el proceso. Su bodega  se inauguró 1989, y elabora una larga colección de vinos, entre blancos, tintos, espumosos y dulces, tanto con variedades autóctonas como internacionales: Blanc de Serè, Agaliu, Missenyora, Blanc de Marges, Eixaders, Vipansit, Vimadur, Blanc de Roure, Primers Vins Vallisbona 89, hasta el Vino espumoso L'Olivera Brut Nature y Gran Reserva.

    Bodegas Torres también está en Costers del Segre desde que adquirió la histórica finca de L’Aranyó en 1999, en la zona de Les Borges Blanques, en el corazón de la comarca de Les Garrigues, donde inició la plantación del viñedo, conservando los olivos centenarios con los que elabora aceite. La finca de Bodegas Torres tiene una superficie de 175 ha de viñedo, repartidas entre las laderas y el valle, a una altura de 450 metros en su punto más elevado y por ahora elabora un solo vino, Purgatori, con Garnacha, Cariñena y Syrah, y con una crianza de 15 a 18 meses en barrica de roble francés.

    Lagravera es una de las últimas bodegas que se ha implantado en la zona, entre la vertiente sud de la Serra Llarga y el río Noguera Ribagorçana, donde cultiva en propiedad una viña de 11 hectáreas de viñedos en los suelos de una antigua gravera, con variedades tradicionales como la Garnacha Tinta y Blanca, pero también con internacionales como la Cabernet Sauvignon o la Merlot. Elabora vinos de producción Ecológica certificada (CCPAE) y recientemente ha obtenido el Certificado Demeter International de Biodinámica.  

  • D.O. Empordà

    D.O. Empordà

    No hay ninguna duda que la cultura de la viña en la zona se establece en VI aC gracias a la más importante colonia griega del país, Empúries, ciudad que, pasados los siglos, dará nombre a toda la comarca del Empordà. Cuatro siglos más tarde, ya hay constancia arqueológica y documental de que los vinos de territorios de Emporiae son conocidos en los mercados interiores, en otras provincias del Imperio Romano y en la propia metrópoli.

    En la Edad Media, cuando las viñas crecían al amparo de abadías y monasterios, en las faldas de la montaña de Rodes se fueron escalonando bancales plantados de cepas tuteladas por el monasterio de Sant Pere de Rodes. Sin embargo, la plaga de la filoxera aparece en 1879 en una viña de Rabós d'Empordà antes que en ninguna otra viña de España, la cual arruina totalmente este periodo próspero de los vinos ampurdaneses. Pese a todo, hay un resurgimiento en la época de la Primera Guerra Mundial, cuando se incrementa notablemente la venta de vinos a Francia y se consolida la exportación a Suiza. Momento en que también se inicia el movimiento de las bodegas cooperativas, que abren una nueva etapa que permitió sumar esfuerzos en la mejora de la calidad y el proceso de elaboración del vino, al que paulatinamente se suman tímidamente algunas otras iniciativas privadas, hasta que en 1975 se establece la DO Empordà, que durante unos años se llamó DO Empordà-Costa Brava, reconociendo que los vinos de l'Empordà habían alcanzado, después de muchos años, los niveles de prestigio y de calidad. Un apunte significativo de este cambio de negocio es que hace tan sólo 10 años el número de bodegas se ha duplicado, pasando de las 25 a las 50, mientras que el número de hectáreas, unas 1.800, prácticamente, se ha mantenido.

    La DO Empordà se sitúa en el extremo nororiental de España, dentro la Comunidad Autonómica de Catalunya, fronteriza con Francia (El Rosellón), y engloba un total de 48 municipios distribuidos en dos comarcas: 35 en el Alt Empordà y 13 en el Baix Empordà.
    La zona de producción del Alt Empordà limita con los Pirineos al norte, el Mediterráneo al este y la llanura al sur, y está resguardada en las faldas de las sierras de Rodes y de las Alberas, en un arco que va desde el cabo de Creus a la denominada Garrotxa d’Empordà (Albanyà).
    Por otro lado, la zona de producción del Baix Empordà se encuentra delimitada al norte por el macizo del Montgrí, al suroeste por el macizo de Les Gavarres, que forma una llanura costera con el macizo de Begur, y al este con el Mediterráneo.

    Clima, suelo y variedades

    Es una de las zonas vitícolas sometida a un régimen de inestabilidad climática, con una gran influencia del clima Mediterráneo, y que cuenta con el viento más violento (La Tramontana), pero que en todo caso beneficia que el viñedo no tenga parásitos, por lo que no es extraño ver muchas viñas atadas entre postas y alambres.

    En el norte predominan los suelos pardos, con contenido calizo, mientras que el resto del viñedo se asienta preferentemente sobre tierras pardas meridionales. Se trata de terrenos sueltos, con buen drenaje, y pobres en materia orgánica.
    Cabe resaltar en lo que se refiere a la temperatura y la insolación, que toda esta zona ampurdanesa se sitúa en la región III de la clasificación Winkler y Amerine, lo que la convierte en idónea para el cultivo de variedades de ciclo mediano y largo, y extraordinaria para la elaboración de vinos dulces naturales.

    En cuanto a las variedades tintas, domina la Cariñena o Samsó, que constituye la base de la viticultura ampurdanesa junto con la Garnacha tinta (denominada en la zona Lledoner). Estas variedades tradicionales se complementan con otras variedades que durante años se fueron introduciendo en la zona, principalmente el Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Syrah. Las variedades viníferas blancas dominantes son la Garnacha Blanca y Roja, y Macabeo, y en mucha menor proporción encontramos Moscatel, el tradicional Xarel·lo y de nueva implantación la Chardonnay, Sauvignon blanc y Gewurztraminer.

    Vinos y bodegas de la DO Empordà

    En la DO Empordà se elaboran todo tipo de vinos, desde los vinos blancos en todos sus estilos, pasando por rosados y tintos, hasta dulces y espumosos con DO Cava en algunos municipios.

    En general Los vinos tintos son de buena calidad, con cuerpo, bien constituidos y armónicos, en ocasiones matizados por una cuidadosa crianza, mientras que los vinos blancos son frescos y sabrosos, frecuentemente elaborados con variedades autóctonas, pero también con otros monovarietales de notable calidad. También se elaboran rosados, caracterizados por un color cereza bien definido, una gran personalidad y aroma delicado, frescos y de graduación alcohólica moderada. Una singularidad de la zona es la Garnatxa de l’Empordà, un vino dulce natural con el sabor propio de la uva madura, cálido y sedoso, virtudes que lo convierten en un vino de postres excepcional, junto con el Moscatell de l’Empordà, el otro vino dulce propio de la zona.

    Por otro lado, cabe también señalar que las cooperativas también gozan de buena salud en el Empordà, sobre todo Empordàlia, Agrícola de Garriguella y la Cooperativa de Espolla, donde la progresión cualitativa es no sólo rápida, sino también interesante por el trabajo que hacen con varietales casi perdidos, ofreciendo esporádicamente vinos de consumo fácil y rápido, incluso algunos elaborados con la Cariñena Blanca, aunque el Consejo Regulador tiene un problema con esta variedad en vías de solución, ya que en Bruselas no consta en el listado de variedades conocidas y aceptadas para ser plantadas en territorio europeo.

    Un párrafo aparte merecen los dulces. Los moscateles clásicos elaborados, la mayoría, por el método del apagado, que es posible que resulten demasiado dulces para el gusto que impera hoy en día, pero son verdaderas obras de arte enológicas. Y lo mismo pasa con las clásicas garnachas, donde las de solera son un patrimonio compartido con la denominada Cataluña Norte, en Francia.

    Las cooperativas fueron y son todavía la base de la supervivencia de toda esta región productora, pero las medianas y pequeñas bodegas proliferan de forma constante en toda la zona.
    No obstante, hay que remarcar que, desde su fundación, el gran motor económico de la DO Empordà ha sido y sigue siendo Castillo de Perelada, donde muchas otras bodegas se han mirado a su espejo. Es cierto que elabora una amplia gama de vinos, desde los más lineales y competitivos hasta los las exclusivos, como el Finca Garbet, el Finca Malaveïna o la ccción de sus Ex Ex, entre otros, pero también propone vinos elaborados con varietales autóctonos, como el Perelada Garnatxa Blanca, el Cigonyes Blanc, Finca La Garriga Samsó, etc. No obstante, más que el peso numérico de la variedad de vinos, merece la pena subrayar el esfuerzo que ha realizado esta bodega por desterrar el progresivo retroceso que sufría la imagen de la zona como tierra de vinos a granel, embotellados oxidados y otros poco ofertables. Se puede decir que Castillo de Perelada llevó el timón y marcó un nuevo rumbo a los vinos del Empordà, y ahora hay muchas otras bodegas más pequeñas y muy preparadas que están proponiendo vinos novedosos, genuinos, modernos y personales.

    Otra bodega interesante es Lavinyeta, con 24 hectáreas de viñas y olivos que ofrece la posibilidad de realizar actividades diversas en torno al mundo del vino, siempre con el trato directo de los propietarios.

    Celler Martí Fabra, con 24 hectáreas, se ubica en una masía del siglo XII donde se producen vinos desde hace muchas generaciones y unos terrenos pizarrosos situados en la sierra de la Albera donde crecen viñas de excepcional calidad, con lo que logran unos vinos de carácter y extremadamente elegantes.

    Celler Martín Faixó es una bodega familiar con 11 hectáreas de viñedo situada en el collado de Cadaqués, dentro del Parque Natural del Cap de Creus, a 300 m de altitud, sobre un terreno de pizarra, donde el viento de tramontana protege el estado sanitario de la viña.

    Empordàlia es una cooperativa ejemplar y la crónica viva de un legado secular que mira hacia el futuro, con 350 hectáreas de viñedo con cepas autóctonas y antiguas.

    Espelt Viticultors es una de las propiedades más grandes dotada de modernas instalaciones, con 200 hectáreas de viñedo cultivadas en el Parque Natural del Cap de Creus y en el Paraje Natural de la Albera. Mas Oller es una pequeña bodega con 11 hectáreas de viñedo que combina un ambiente rústico muy agradable con la máxima modernidad en los procesos de elaboración enológica.

    Celler Oliver Conti, ubicada en Capmany y con 15 hectáreas de viñedo, es una pequeña bodega creada con el objetivo de elaborar vinos de alta calidad, insólitos y sorprendentes, que aportan un toque de aire fresco al rico paisaje vinícola del Empordà.

    Vins JOC es el proyecto personal de Jordi Oliver Conti, que pasa por la selección de viñas singulares en Espolla, las cuales hace tiempo despertaron su interés por su rareza, ubicación geográfica, edad y pequeña producción.

  • D.O. Getariako-Txakolina

    D.O. Getariako-Txakolina

    Los chacolís de Getaria, tradicionalmente blancos, presentan la particularidad de mantenerse sobre lías después de la fermentación, lo que les confiere una singularidad aromática muy peculiar, frescura, moderada graduación alcohólica, muy agradables, y con acusada personalidad.

  • D.O. Jerez-Xérès-Sherry

    D.O. Jerez-Xérès-Sherry

    En esa zona del sud de España, los fenicios fundaron Cádiz hace unos 3.000 años y plantaron las primeras cepas, pero probablemente el negocio del vino no se llevó a cabo de forma más profesional hasta la llegada de los griegos, que introdujeron el raciocinio del cultivo con las primeras podas. La ciudad de Jerez de la Frontera (Cádiz), asentada en el centro de la región que ha dado su nombre a los famosos vinos de Jerez, se corresponde con la legendaria Xera de los fenicios (siglo IV a.C.), "villa situada cerca de las míticas columnas de Hércules", y con Seris o Sherish de los hispanomusulmanes, que por derivación fonética se conoce actualmente como Sherry.

    A finales del siglo XVI, los Sherry-sack, se consideraron los mejores vinos del mundo y su reputación fue creciendo sobre todo en el norte de Europa. El nombre “sack” procede de la forma española “saca”, en francés llamada “tirage” y que significa sacado del barril.

    Jerez de la Frontera es la capital vinícola de esta región, pero Sanlúcar de Barrameda, también con vinos de DO, y el Puerto de Santa María son las otras dos poblaciones cuyos viñedos conforman la zona de producción de Jerez; todas ellas enclavadas en la bahía de Cádiz.

    Sin embargo, la invención de los diferentes tipos de vino tal como los conocemos hoy, no puede ser anterior al siglo VII. Es cierto que los primeros vinos que pudieron viajar sin correr el riesgo de que se alteraran fueron los vinos generosos y los dulces de alta graduación alcohólica natural, pero no fue hasta que se descubrió y se perfeccionaron las técnicas de la destilación, cuando los vinos de Jerez se encabezaron o fortificaron con alcohol para que no se alteraran. Se sabe que desde finales de Edad Media, por lo menos, los vinos jerezanos se fortalecían sistemáticamente con alcohol, con la diferencia que en un principio se utilizaba brandy en lugar de alcohol etílico. La industrialización de la destilación parte de los avanzados conocimientos de los árabes, los cuales utilizaban el alcohol para fines medicinales. La idea de modificar los vinos llegó de modo casi fortuito y está unida al transporte marítimo de estos vinos hacia el norte de Europa, en particular a Gran Bretaña y Holanda, y luego hasta América. Así se exportaron los primeros vinos andaluces a Inglaterra, y así nació el sherry's sack que recomendaba Falstaff, el héroe de Shakespeare, y que tanto se apreciaba en la época isabelina. Una larga historia de leyendas y éxitos.

    En el siglo XIX, el jerez conoció su edad de oro en Inglaterra y las ventas siguieron aumentando después de 1945 gracias a la expansión del mercado holandés, lo que provocó actualizar la legislación con exhaustivo control de producción para salvaguardar la calidad de los vinos. Esta legislación está ahora consolidad en la DO Jerez – Xérèz – Sherry y Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda.

    La DO Jerez-Xérèz-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda se localiza en el suroeste de España, frente al Atlántico. Fue constituida en 1933, y es la primera, la más antigua de España. Ocupa el centro de un triángulo formado por tres poblaciones al norte de la ciudad de Cádiz: Jerez de la Frontera, tierra adentro y capital vinícola de esta región; Sanlúcar de Barrameda, en el estuario del Guadalquivir, y Puerto de Santa María, en el extremo de la bahía de Cádiz. Sólo los viñedos de los términos municipales de Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda, Trebujena, Chipiona, Rota, Puerto Real, Chiclana de la Frontera y Lebrija situados en terrenos que el Consejo Regulador considera adecuados, pueden producir uva para la elaboración de vino de Jerez y Manzanilla. Dentro de la zona de producción se distingue la tradicionalmente designada como "Jerez Superior", integrada por las viñas plantadas en tierras de albarizas que por la constitución físico química de las mismas, su situación y características climatológicas son las idóneas para la producción de vinos de calidad superior. Otra importante delimitación geográfica es la llamada "zona de crianza", también conocida como el Triángulo del Jerez, donde sólo en las ciudades de Jerez de la Frontera, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, se puede completar el proceso de crianza de los vinos amparados por la DO, y sólo en estas ciudades se encuentran las llamadas Bodegas de Crianza.

    En el caso de la Denominación "Manzanilla - Sanlúcar de Barrameda", la correspondiente zona de crianza se limita exclusivamente a esta ciudad, aunque la materia prima (uva o vinos base) para la elaboración de la Manzanilla puede provenir de cualquier lugar de la zona de producción.


    Clima, suelo y variedades

    Las 7.000 hectáreas de viñedo inscrito en la DO peinan terrenos ondulados, y los suelos más cotizados son los de caliza blanca, llamados "albarizas". Son tierras de carbonato cálcico, esponjosas y muy profundas, cuya incidencia en el viñedo es doble: por un lado recogen la lluvia como una esponja y en épocas de sequía forman una costra superficial que impide la evaporación, mientras que por el otro lado, su color claro refleja los rayos del sol, proporcionando a la uva una insolación adicional que eleva la proporción de azúcares y permite una maduración homogénea.

    Tradicionalmente los viticultores jerezanos dividen también la zona de producción en "pagos", considerándose como tales a cada pequeña zona de viñas, con tierra y mesoclimas homogéneos, y delimitadas por accidentes topográficos. Algunos pagos famosos son los de Carrascal, Macharnudo, Añina, Balbaína, etc., por lo que el Consejo Regulador ha definido un mapa oficial con más de 70 pagos en todo el Marco.

    El clima es meridional y se compensa con las influencias atlánticas, proporcionando veranos e inviernos suaves, donde la proximidad al mar proporciona una humedad alta que contrasta con una notable insolación.

    La variedad predominante es la Palomino Fino, que ocupa cerca del 95% de la producción, mientras que el resto se reparte entre las variedades Pedro Ximénez y Moscatel, todas ellas blancas.


    Elaboración del vino de Jerez

    El Reglamento de la DO Jerez – Xérèz – Sherry y Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda define ocho tipos de vinos, que van desde los clásicos generosos y encabezados, como la manzanillas, finos, amontillados, palo cortado, olorosos, creams, pedro xíménez, moscatel con diferentes intermedios de dulzor y color, a los vinos blancos jóvenes y afrutados.
    A excepción de los vinos blancos jóvenes, los tipos de vinos de Jerez dependen de la evolución misteriosa de la flor y su posterior crianza. Es decir; después de la fermentación completa del mosto se obtiene un vino blanco seco que alcanza naturalmente 13,5% vol por lo menos. En esta fase, los vinos blancos cambian de naturaleza como por arte de magia y derivan a una gama muy diversa. Cuando la fermentación se termina, se trasiega el vino a las botas jerezanas de 500 l, que, a diferencia de lo que ocurre con los vinos de mesa, no se llenan jamás del todo. Mientras permanecen en esas botas, aparece en su superficie un moho, que se llama "flor".
    La flor es una familia de levaduras que se desarrolla espontáneamente en mayor o menor medida durante la primera fase de crianza de los finos, manzanillas y amontillados, la cual enriquece sus peculiares aromas y protege al vino de la oxidación en contacto con el aire, dándole su carácter único.
    La flor contribuye a la total fermentación de los azúcares, disminuyendo los niveles de glicerina y de ácidos volátiles, y potenciando las notas aromáticas de los ésteres y aldehídos. Para desarrollarse plenamente, la flor requiere un grado alcohólico entre los 13,5º y 17,5º, aunque el porcentaje idóneo ronda los 15º, que impide además la formación de las bacterias acéticas, es decir, el avinagramiento.

    Esta flor aporta todas sus características naturales a estos vinos andaluces, desarrollando un proceso complejo que se produce espontáneamente en muy pocos lugares del mundo como el Jura o Armenia. Según su evolución y desarrollo, los vinos resultantes serán también diferentes.

    Otra de las características del vino de Jerez, excepto los blancos jóvenes, es la fortificación. Como ya hemos comentado, se trata de una práctica que tiene su origen en la necesidad, siglos atrás, de estabilizar unos vinos que estaban destinados a su consumo en mercados muy lejanos y que, por tanto, debían de "protegerse" para poder llevar a cabo largas travesías. Naturalmente hoy en día el mantenimiento de la tradicional práctica del encabezado tiene una razón enológica bien distinta. Los vinos base, una vez clasificados, se alcoholizan de forma gradual, mediante el procedimiento de ir añadiendo "mitad vino y mitad alcohol", hasta alcanzar la graduación alcohólica deseada. Recordemos que, tras la fermentación, el vino base alcanza de forma natural una graduación que suele oscilar entre los 11º y los 12,5º.

    Aquellos vinos clasificados para su crianza como finos y manzanillas se encabezan hasta que alcancen una graduación alcohólica total de 15º, mientras que los vinos clasificados para su envejecimiento como olorosos, se encabezan hasta que alcanzan como mínimo los 17º de contenido alcohólico.

    El otro principio de elaboración del vino de Jerez se caracteriza por la doble crianza, es decir, un envejecimiento estático en bota de roble, permaneciendo en el nivel de añadas como cualquier otro vino, y una etapa suplementaria de crianza dinámica, la cual corresponde al sistema tradicional de solera y criaderas. El sistema de "solera y criaderas" es utilizada para todos los tipos de vino andaluz, a excepción de los vinos jóvenes del año. Este sistema mezcla de vinos procedentes de distintas añadas en botas diversas y de diferentes edades. El sistema consiste en una sucesión de mezclas, la cual empieza por tomar cierta cantidad del vino más joven, y se trasiega a las botas del año anterior. Para hacer sitio en estas primeras botas, hay que vaciar previamente un tercio, que se trasiega a las botas que contienen el vino de tres años, las cuales a su vez se han vaciado en un tercio, que se añade al vino de cuatro años, y así sucesivamente hasta que se llega a la solera. Las botas donde se cría el vino, antes de llegar al nivel de la solera, reciben el nombre de criaderas, y el nombre de solera procede de la bota apoyada sobre el “suelo” en la base de la pirámide de botas.

    Dentro de la calificación de los vinos, el CRDO también ampara dos categorías especiales con Vejez Cualificada: los vinos con más de 20 años con la siglas V.O.S. y vinos de más de 30 años con la siglas V.O.R.S.

    Además, en el Marco de Jerez existe otro producto agroalimentario que, desde el año 1994, tiene el status de Denominación de Origen: el "Vinagre de Jerez".


    Tipos de vino de Jerez

    Fino: desarrolla el velo de flor durante toda su crianza. Es pálido, seco y delicado, y posee una graduación alcohólica de entre 14,5 y los 15,5 grados. Se caracteriza por una nariz limpia y punzante, con elegantes notas de la flor bien integradas en los aromas de la solera y una buena acidez frutal. También existe el denominado Fino Amontillado: fino en el que la flor ha desaparecido, pero todavía no ha llegado a la fase de amontillado.

    Manzanilla: estilo de fino muy seco producido en las bodegas a la orilla del mar, en Sanlúcar de Barrameda. Es el más seco y ligero de todos, y posee un sabor particular, levemente salado, que se atribuye a la proximidad del mar. Se fortifica a 15,5% vol antes de expedirlo. También existe la Manzanilla Pasada, del que ha desaparecido la flor y que comienza a envejecer.

    Amontillado: es un vino de compleja crianza, que empieza criándose como un fino, pero en un momento determinado es encabezado y pierde su velo de flor, con lo cual recibe una mayor oxidación y adquiere tonalidades doradas y ambarinas. En nariz destacan las notas punzantes de la flor, integradas en las especias del roble envinado con matices de frutos secos (avellanas) y un paladar con buen cuerpo. Existe una amplia gama de Amontillados, dependiendo de cuál sea el equilibrio entre las dos fases del envejecimiento mediante el que se elabora este vino: biológica y oxidativa.

    Oloroso: vino encabezado a 18º que no desarrolla el velo de flor. Reciben un mayor envejecimiento oxidativo estático, permaneciendo a veces durante una década o más en botas de roble, y después se someten al sistema de crianza dinámica fundiéndose con las viejas soleras. Son de color oro viejo y caoba, con una nariz fragante en la que destaca la fruta del vino, notas de nuez y almendras tostadas, sobre un fondo de especies de roble. En boca son plenos y bien sostenidos por un buen cuerpo. A veces los Olorosos alcanzan graduaciones alcohólicas relativamente altas, incluso por encima de 20% vol., ello simplemente es el resultado del largo proceso de envejecimiento, en el que la bota va permitiendo la evaporación de una parte importante del agua que contiene el vino, concentrándose así no sólo el alcohol, sino también el resto de los componentes que aportan aromas, sabores y complejidad.

    Medium: amontillado ligeramente dulce por añadidura de vino dulce, elaborado para responder al gusto de los consumidores del norte de Europa.

    Palo cortado: Se trata de un oloroso de características especiales: es un vino con nariz de amontillado y paladar de oloroso. Se clasifica como dos, tres o cuatro palos cortados según la edad. Es siempre un vino raro, se elabora muy poco y es difícil de conseguir.

    Cream: es un oloroso dulce de capa oscura que se obtiene por la mezcla de un oloroso seco y un dulce de Pedro Ximénez. Pâle, pâle cream, golden, brown sherry, etc., son distintas definiciones de color y dulzor, con matices más o menos abocados o dulces, elaborados principalmente para el mercado de la exportación.

    Pedro Ximénez: se elabora exclusivamente con uvas de esta variedad, asoleadas para aumentar su riqueza en azúcares. La fermentación de los mostos se interrumpe por adición de alcohol vínico cuando todavía quedan azúcares residuales, obteniendo con ello un vino dulce natural. Después se somete a la doble crianza, la estática y la dinámica, hasta que adquiere un bouquet incomparable de vino definido como generoso, venerable y aristocrático.

    Moscatel: es un tipo de vino monovarietal, bien en fresco o sometida al proceso tradicional del "asoleo", hasta lograr una intensa pasificación del fruto. Predominan las notas afrutadas típicas de este tipo de uva, con un final ligeramente secante y amargo. Cuando la uva moscatel se somete al tradicional proceso de “asoleo” se produce una gran concentración de los azúcares y aparecen notas típicas de pasificación. El vino resultante se suele etiquetar como “Moscatel de Pasas”.


    Bodegas de la DO Jerez-Xérèz-Sherry

    En la zona se localizan unas cuantas cooperativas, bastantes bodegas grandes, y una cuantas familiares, con un total de 63 bodegas calificadas de crianza y expedición, 20 de crianza y almacenado y 18 bodegas de producción.

    También merece la pena comentar que todas la bodegas, grandes y pequeñas, ofrecen un amplísimo abanico de vinos en todos sus estilos, desde Finos, Palos Cortados, Olorosos, Pedro Ximénez, Amontillados, Creams …, así como vinos muy viejos o reliquias de producción muy limitada. También, en los últimos años, ha resurgido la moda de los vinos de añada, y la mayoría de las bodegas los elaboran. Lo cierto es que los vinos de añada existen en Jerez, y se comercializaban ya como tales en el siglo XIX. Tal como recoge el Reglamento de la Denominación de Origen, se trata de un sistema de crianza estático, en el que las uvas de cada vendimia se vinifican y envejecen de manera independiente al resto de cosechas, aunque siempre son muy escasos.

    Desde hace unos años están también de moda los “finos en rama”, y muchas bodegas presentan cada año al mercado algún con estas características, inspirado en los días en los que el fino se consumía directamente de la bota. De hecho, el fino en rama es el vino que no ha sido sometido a los procesos habituales de clarificación y filtración.

    Lustau se ubica en el complejo de bodegas Los Arcos, donde envejecen la mayoría de sus vinos. Es de estilo catedralicio y está situada en el centro de Jerez de la Frontera, data del siglo XIX y es un buen ejemplo de la arquitectura bodeguera de la zona. En Lustau presumen de criar vinos en las tres zonas que componen el triángulo del jerez, que junto con los almacenistas les permite ofrecer al mercado más de treinta vinos diferentes clasificados por familias, donde destacan sus etiquetas Botaina, La Ina, Emilín, Río Viejo, Península, San Emilio, así como su familia Gama Especialidades donde podemos encontrar unos vinos de añada muy particulares.

    Bodegas Hidalgo-La Gitana, fundada en 1792, continua siendo familiar e independiente. Posee viñedos propios de los pagos de Balbaina y Miraflores, a solo 300 metros del mar, y su producto más emblemático es la manzanilla La Gitana, aunque también comercializan una amplia gama de vinos con criterios de calidad, por lo que han sido recompensados con una gran variedad de premios y medallas nacionales e internacionales: Napoleón, Alameda, Pastrana Manzanilla Pasada, Faraón, Wellington, Triana.

    Bodegas Barbadillo, ubicada en Sanlúcar de Barrameda, su historia se remonta a 1821, año en el que empezó a elaborar manzanilla. Desde entonces, Barbadillo no ha dejado de evolucionar. Vinos como Castillo de San Diego, uno de sus emblemas, nacido en 1975, es probablemente el vino blanco más vendido en España y uno de los iconos más representativos de la calidad y la innovación. También comercializa otros vinos con las marcas Príncipe, Eva, Muy Fina, Solear en Rama, Solear, Laura, Cuco o el Obispo Gascón. La Reliquia Barbadillo de Palo Cortado obtuvo los 100 puntos Parker, y de su colección de reliquias es el único de los tres que es seco, muy viejo, procede de unas soleras que la familia Barbadillo adquirió a mediados del siglo XIX. Con estos vinos, ya muy viejos en aquel momento, se montó una solera de palo cortado. La saca de la que se embotella esta reliquia procede de la bota, no de esta solera. Un vino lleno de carácter, muy serio y seco, con gran complejidad en boca.

    González Byass se inauguró en 1835 antes de asociarse con Mr. Robert Blake Byass, su agente en Inglaterra. De toda su amplia gama de productos destacan el jerez fino Tío Pepe que es líder mundial en ventas de fino, como lo es también el brandy Soberano en España. También elabora el Tío Pepe en Rama, que es un fino en estado puro, que expresa el carácter único del Jerez y muestra un fino de la forma más natural y delicada. La empresa es propietaria de 650 hectáreas de viñedo en las zonas de Macharnudo, Carrascal y Burujena, y fue pionera en la zona en establecer un moderno programa de investigación en viticultura, estudiando la selección clonal e implantando métodos científicos de control de calidad. Vinos y botas ancestrales con firmas de reyes, artistas, escritores, científicos, deportistas, etc. dan fe de un pasado de gloria y grandeza. Aquí están los vinos más viejos de Jerez, hoy verdaderas rarezas y joyas de la enología, que Domecq ha sabido conservar como prueba irrefutable de una experiencia transmitida de generación en generación. Cabe destacar que su Fino Tres Palmas ha sido el mejor fino puntuado recientemente (2015) por varias guías nacionales de vino.

    Bodegas Rey Fernando de Castilla, situada en el casco histórico de Jerez, donde se almacenan verdaderos tesoros. Los brandies de la casa, de una suavidad y armonía perfectas, se elaboran con destilados de vinos blancos seleccionados, que inician su proceso de envejecimiento en barricas nuevas de roble francés y americano y lo completan durante un largo periodo en barricas que han contenido vinos de Jerez de gran calidad. La gama de vinos de Jerez presenta los más selectos vinos de la zona, desde los finos más pálidos, secos y elegantes, hasta los vinos de sacristía más singulares, que comercializa bajo la marca Antique.

    Sánchez Romate Hnos se fundó en 1781 de la mano de Juan Sánchez de la Torre y es una de las pocas bodegas que sigue actualmente en manos de propietarios jerezanos. Las bodegas de envejecimiento de vinos y brandies de Sánchez Romate Hnos. están situadas en pleno casco histórico de Jerez de la Frontera, es una de las bodegas más antiguas de España, y una de las pocas bodegas de Jerez que permanece en manos de familias jerezanas. Su trayectoria histórica ha permitido conservar su independencia y el respeto a la tradición, que se transmite en la elaboración artesana de sus vinos y brandys. Esta fiel tradición a la calidad quedó ya refrendada en 1909 al ser nombrada "Proveedora de la Cámara de los Lores" y, años más tarde, en 1917, "Proveedora del Sacro Palacio Apostólico". Dentro de su producción general, la bodega cría una partida limitadísima de vinos muy viejos, algunos sin fecha de nacimiento conocida, que tradicionalmente han estado reservados para el consumo de la propia familia. Son vinos elaborados con soleras centenarias, que constituyen un privilegio exclusivo que Sánchez Romate ofrece ahora con carácter excepcional a sus mejores clientes de todo el mundo. Es especialista en la elaboración de grandes brandys, con su marca Cardenal Mendoza, y sus vinos han sido elogiados en numerosos concursos internacionales, entre los que destacan el amontillado NPV, el oloroso y el PX La Sacristía de Romate y el PX Duquesa.

    Ximénez Spínola es la bodega de los sucesores de Phelipe Antonio Zarzana Spínola, cuya primera exportación documentada data de 1729. Son especialistas en la elaboración de Pedro Ximénez de azúcares naturales obtenidos al 100% de la propia fructosa de la uva mediante la pasificación al sol, por lo que su peculiar proceso de vinificación reduce el rendimiento de la materia prima al aprovechamiento de un 30% del total vendimiado. Sólo elaboran ediciones reducidas y numeradas de la selección anual de su solera, y posiblemente es bodega con la producción más limitada de todo el Marco de Jerez, que comercializa bajo las marcas Ximénez Spínola Old Harves y Ximénez  Spínola Solera.

    Osborne y Cía se remonta a finales del siglo XVIII, concretamente en 1772, cuando se instala en Cádiz un joven comerciante inglés, Thomas Osborne Mann, procedente de Exeter (Condado de Devon- Inglaterra). Años más tarde, en 1872, su sucesor Thomas Osborne adquirió las históricas bodegas de Duff Gordon. Entre sus vinos jerezanos lidera el Fino Quinta, pero también excepcionales vinos como el Amontillado 51ª, o reliquias como el amontillado Coquinero, el Solera AOS, el oloroso Solera India o el Bailén, Capuchino o su Palo Cortado P^P, aparte de su Pedro Ximénez Viejo de limitadísima producción, el Pedro Ximénez 1827 o el Venerable. Pero sin duda, el emblema que ha marcado esta firma es el “toro negro”, que ha pasado a ser la referencia obligada en el moderno mundo del diseño y símbolo de expresión cultural.

    José Estévez es una compañía familiar independiente, con una gran tradición en elaboración y crianza de vinos y brandies de Jerez. El grupo también es propietario de las prestigiosas bodegas Marqués del Real Tesoro y Valdespino, sin duda, una de las más antiguas de la zona que remonta su actividad comercial a 1430. En el año 2007 se incorporó al Grupo las bodegas M. Gil Luque y Rainiera Pérez Marín, propietario de la prestigiosa marca de manzanilla de Sanlúcar La Guita, manzanilla 100% sanluqueña, líder indiscutible en el mercado nacional. También embotella bajo las marcas, Del Principe, Tío Diego, Royal, Tío Mateo, Almirante o El Condado. Sirva como ejemplo El Moscatel Valdespino Los Toneles, que consiguió los codiciados 100 puntos Parker. Es un vino dulce muy viejo que asombra por la frescura que demuestra en boca, en perfecto equilibro con su dulcedumbre y edad.

    Maestro Sierra es una bodega fundada en 1830, ubicada en el centro histórico de Jerez, y es una empresa de carácter familiar y artesanal. Desde sus orígenes pertenece a la misma familia, y sus vinos gozan de un prestigio reconocido mundialmente, ya que sus soleras siempre han sido muy limitadas, las cuales comercializa bajo la marca Maestro Sierra; Superior 12 Años, 1830 y Extra Viejo 1/7, entre otros.

  • D.O. Jumilla

    D.O. Jumilla

    El hallazgo de semillas de uva de Vitis vinífera en distintas zonas del término municipal de Jumilla, como son el poblado Calcolítico de El Prado, la Necrópolis del Molar y la Cueva de los Tiestos, suficientemente distantes unos de otros y suficientemente certeros en cuanto a su datación y singularidad, permiten asegurar que en la zona se conocía la vid desde hace más de 5.000 años.

    En el siglo XIX, la zona escapó de la filoxera, lo que se tradujo en un periodo de expansión económica debido a que los viñedos franceses fueron destruidos y los comerciantes venían al sur para comprar vino. Ello motivó el despegue espectacular de la economía vitícola, con el aumento de las plantaciones de vid y un incremento significativo de las exportaciones de mosto al país vecino, lo que enriqueció al sector agrario local, y también propició que Jumilla asumiera el riesgo de seguir cultivando vides sin injertar. Sin embargo, al final, la filoxera llegó a la zona en 1889, devastando los viñedos y reduciendo la producción hasta en un 60% durante los siguientes cinco años. La nueva replantación con cepas resistentes a la plaga fue lenta y cara, pero permitió también experimentar con nuevos métodos de elaboración, hasta que 1966 se declaró la DO Jumilla, una de las Denominaciones de Origen más antiguas de España.

    Jumilla está situada en el Sureste de España, siendo una zona caracterizada por amplios valles y planicies, marcados por montañas, zona de transición entre el Litoral levantino del Mediterráneo y la meseta castellano-manchega, amparando la producción dos amplias zonas: el municipio de Jumilla, en la provincia de Murcia, y los municipios de Montealegre del Castillo, Fuenteálamo, Ontur, Hellín, Albatana y Tobarra en la provincia de Albacete. Actualmente se contabilizan unos 2.350 viticultores que cultivan más de 30.000 hectáreas de viñedo, de las cuales más del 40% se encuentran en el municipio de Jumilla. Su producción media anual es de unos 64 millones de kilos de uva, de los cuales sólo se califican unos 22 millones de litros de vino, por lo que todavía se mueve mucho vino a granel o embotellados sin denominación de origen.

    No obstante, en los últimos años, los vinos de Jumilla vienen protagonizando una auténtica revolución con la variedad Monastrell como bandera, la autóctona que los define. Los niveles de calidad alcanzado por esta zona en este tiempo han supuesto que Jumilla sea considerada como una de las más emergentes denominaciones del panorama vinícola español, con excelentes resultados tanto en el mercado nacional como en el mercado internacional.

    Clima, suelos y variedades

    El clima de la región es de tipo continental influenciado por la cercanía del mediterráneo al este, y de la meseta de La Mancha por el oeste. Es un clima soleado y árido, con unas 3.000 horas de sol al año, y de escasas lluvias, unos 300 litros por metro cuadrado anuales, siendo el régimen de estas lluvias muy irregular, incluso en ocasiones torrenciales. La temperatura media anual es de 16º, con inviernos fríos que alcanzan temperaturas bajo cero y veranos calurosos donde se superan los 40º.

    Los suelos de la denominación son pardos, pardo calizos y calizos, y en general poseen una gran capacidad hídrica y mediana permeabilidad, lo que permite subsistir a las viñas en condiciones de sequía prolongada, aprovechando bien el agua disponible. Son suelos pobres en materia orgánica, su estructura no permite la propagación de la filoxera, son de pH alto y baja salinidad, y poseen una textura franca y franco-arenosa que les confiere una buena aireación.

    El viñedo se sitúa sobre una altitud entre 400 y 800 metros, pero hablar de Jumilla, es hablar de la variedad Monastrell, siendo ésta la variedad de uva que mejor se ha adaptado a lo largo de los tiempos a las condiciones climáticas y de suelo de esta denominación y representa más del 80 % de los viñedos.

    La Monastrell es una cepa de origen español, se encuentra extendida por todo el litoral mediterráneo, siendo en España la tercera variedad más plantada. Es una variedad de gran rusticidad y elevada resistencia a la sequía, y gusta de una buena insolación. Posee una sensibilidad media-alta frente a mildiu y oídio, es muy resistente a la excoriosis, podredumbre gris y polilla, y presenta una alta resistencia a la filoxera.

    El margen de la Monastrell también se autorizan las tintas Cencibel, Garnacha Tintorera, Garnacha Tinta, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Petit Verdot, mientras que en blancas sobresalen la Airén, Macabeo, Pedro Ximénez, Malvasía, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Moscatel de grano menudo y Verdejo.

    Bodegas y vino de Jumilla

    En toda la zona se elaboran vinos rosados, la mayoría obtenidos con Monastrell, mediante cortas maceraciones entre pulpa y hollejos, donde exhiben sugerentes tonalidades rosas, frambuesas y cerezas, con aromas frutosos y elegantes, sabrosos y frescos en boca. Pero lo que realmente destaca es la producción de vinos tintos, dominados por la presencia mayoritaria de la uva Monastrell, donde los jóvenes proponen un intenso color rojo púrpura con ribetes violáceos y son muy expresivos y afrutados en nariz (frutos negros, maduros, ciruela, …), con taninos vivos en boca y con gran estructura. En cuanto a los vinos tintos de crianza son sabrosos, carnosos y de gran complejidad aromática. Otra de las especialidades de la zona son los vinos tintos dulces, naturales y de licor, brillantes y densos, de gran intensidad de color, con olores a frutos maduros (pasas, higos…..), con buenas sensaciones táctiles y muy persistentes en boca.

    En esta zona se encuentran grandes cooperativas, gigantescas bodegas, otras muchas medianas y pocas pequeñas.

    Casa de la Ermita fue de las primeras en apostar por la revolución vitivinícola de zona, cultiva variedades el Petit Verdot, Cabernet Sauvignon, Tempranillo, Merlot, Syrah y Monastrell, son  pioneros en el cultivo ecológico en varias parcelas, y cuenta con un parque de 4.200 barricas. Elabora con las etiquetas de Casa de la Ermita y Lunático, éste último obtenido de las cepas más viejas de la propiedad.

    Juan Gil, son la cuarta generación, que enlaza la tradición con la revolución técnica, con viñedos situados entre 700 y 850 metros de altitud, con cepas viejas de Monsatrell y otras más jóvenes con Syrah, Cabernet, Merlot y Petit Verdot que aportan matices intensos de especias y fruta a sus vinos, que comercializa bajo las marcas Hono Vega y Juan Gil. El desarrollo de la nueva y potente firma Gil Family Estates se inició con la construcción de la nueva bodega Juan Gil en el Paraje de la Aragona , en Jumilla, a la vez que se ponía en marcha proyecto de El Nido con la ilusión de ver despegar vinos de autor y de altura en la denostada Jumilla.

    Bodega El Nido; los primeros pasos de esta bodega empiezan a dar sus frutos a finales del año 2001, como resultado el acuerdo de colaboración entre la Familia Gil y Chris Ringland, uno de los mejores enólogos australianos. Posee pequeñas parcelas con un total de 32 hectáreas de la variedad Monastrell, de viñedos muy viejos y algunos casi centenarios, 12 hectáreas de Cabernet Sauvignon y 1,8 hectáreas de Syrah. La primera cosecha que se comercializa es la correspondiente a la añada 2002 bajo las marcas El Nido y Clío. También en 2009 se elabora la primera cosecha de Corteo que completa la actual gama de vinos.

    Bodegas Luzón se establece en 1916 con una sucesiva unión de viticultores y elaboradores, pero la nueva bodega se construyó 2000, con una reforma enológica importante en el 2005 y 2.500 barricas de roble. Comercializa una decena de etiquetas, desde el vino joven roble y un varietal de Petit Verdot, pasando por los crianzas y los vinos de autor, hasta el Luzón Verde de viña ecológica, y un blanco frizzante de Moscatel

    Casa Castillo es la herencia de una bodega construida por los franceses en el año 1870, pero no es hasta 1985 cuando la segunda generación de la familia (Nemesio y su hijo José Mª Vicente) comienzan un nuevo proyecto con la introducción de nuevas variedades y la reestructuración de 174 hectáreas de viñedo. Elabora un monovarietal de Monstrell y otro de Syrah, así como el multivarietal Las Gravas, aunque su vino más emblemático es su Casa Castillo Pie Franco, que proviene de la parcela La Solana donde se encuentra una plantación de Monastrell a pie franco plantada en el año 1941.

    Bodegas Carchelo, fundada en 1990 por Agapito Rico, que fue el primer viticultor que se atrevió a plantar en la DO cepas francesas, está situada en Sierra del Carche, con una altura de 1 371 metros, fue pionera en Jumilla por su política de vinos de calidad a partir de cosecha propia con tanto éxito que produjo un efecto espejo para otras bodegas en la denominación de origen. La bodega cuenta con 100 ha de plantación, entre parcelas propias y parcelas alquiladas, de las variedades Monastrell, Tempranillo, Syrah y Cabernet Sauvignon, de las que elabora media docena de etiquetas: Carchelo, Altico, Verde, Sierva, Canalizo y Autista, donde los beneficios de éste último se destinan a la Asociación de Personas con Trastorno del Desarrollo de tipo Autista, Astrade.

    Bodegas Volver es el proyecto de Jorge Ordoñez y Rafael Cañizares en 2004, dos de los responsables del boom internacional del vino español en la década de los 90, que recuperaban antiguos viñedos abandonados en zonas entonces desconocidas, como la DO Jumilla. Al mismo tiempo, Jorge Ordóñez reinventaba el negocio de la exportación de vinos españoles, creando nuevas tipologías de clientes y dando a conocer al mundo entero el potencial de los vinos de esta región.

  • D.O. La Mancha

    D.O. La Mancha

    Son muchos los vestigios arqueológicos y documentales que ponen de manifiesto que el cultivo de la vid en esta extensa comarca comenzó, al menos, en la época romana, pero siempre de forma más tardía que en las comarcas litorales de la Península. Parece ser que el nombre “Mancha” debe su origen a la palabra árabe “Mantxa”, que significa tierra seca, pero también otros estudiosos del idioma y de la región opinan que viene de la contracción de la frase “la más ancha”.

    Sea de una forma u otras, lo cierto es que en la época medieval, y de la mano de las órdenes militares, comienza una tímida expansión del viñedo por las comarcas encomendadas a su custodia. Estas órdenes, sobre todo la de Calatrava, estuvieron directamente ligados con el Cister borgoñés, por lo que desde antiguo se creía emparentada la variedad Cencibel (Tempranillo) con la Pinot Noir borgoñona. Sin embargo, aunque no puede negarse que en el Siglo de Oro existiesen viñedos en multitud de pueblos de la región, éstos no alcanzaban el enorme predominio actual.
    Prueba de ello, es que en los paisajes que describe El Quijote, la viña no aparece con igual protagonismo que los montes o las tierras de pastos, y el vino se encuentra en aquel entonces en pellejos, elemento utilizado en el transporte, y no en tinajas de barro, como sería lógico si el viñedo fuera abundante. No obstante, en el siglo XIX se expansiona el viñedo y el vino manchego, no sólo por la demanda exterior debido a las plagas que asolan los viñedos de Francia sino también por el acercamiento de Madrid a través del ferrocarril.
    Constancia de ello, es que en el Campo de Criptana se constituyó, a principios del siglo XX, la primera cooperativa vitivinícola de España, y años más tarde, en 1927, se inaugura la Estación de Viticultura y Enología en Alcázar de San Juan. No obstante, el cultivo de los viñedos en La Mancha alcanza su máxima expansión a partir de 1940, debido a la implantación de numerosas cooperativas vinícolas en toda la región.

    Hoy en día, no se puede entender La Mancha sin el cultivo de la vid, donde el mayor patrimonio irrenunciable es que aquí se encuentra el mayor viñedo del mundo. En estas tierras manchegas se ubica la mitad de la superficie española dedicada al cultivo de la vid y sus 600.000 hectáreas representan nada menos que el 6% de la superficie vinícola mundial; y el 9% de la europea. Es el mayor viñedo del planeta.

    Aquí las cifras son de vértigo: su industria enológica supone cerca del 40% de los establecimientos vinícolas de nuestro país, el cual aglutina a más de setenta mil familias, generando más de nueve millones de jornales, lo que equivale a treinta y ocho mil puestos de trabajo fijos. De otro lado, la producción de uva se sitúa en torno a los dos millones de toneladas y la de vino nuevo y mosto alcanza los quince millones de hectolitros, una cifra que supone aproximadamente el 50% de lo que se produce en España.

    Aunque ahora por toda La Mancha ya se encuentran buenos vinos y no faltan iniciativas enológicas admirables, hay que tener en cuenta que durante muchas décadas, el destino de mucho vino de La Mancha ha sido el granel y el abastecimiento a otras regiones españolas y también europeas. Pese a este lastre, los avances tecnológicos y los conocimientos de los viticultores en las artes del cultivo y la elaboración, hace años que ya empiezan a dar sus frutos. Se apuesta por una razonada implantación de variedades mejorantes, se vendimia antes para controlar el grado alcohólico, se estabiliza el vino por frío y se controla la temperatura de fermentación en busca de unos aromas frutales primarios, que antes ni existían, ni se apreciaban, ni se respetaban.

    La DO La Mancha se inauguró definitivamente en 1973 y se ubica en el centro-sur de España sobre un total de 182 municipios: 12 en la provincia de Albacete, 58 en Ciudad Real, 66 en Cuenca y 46 en Toledo. Aunque se calcula que pueden haber unas 600.000 hectáreas de viñedo, actualmente están inscritas a la DO La Mancha cerca de 165.000 has, lo que también la convierte en la denominación de origen con más viñedo inscrito de toda España -la mayor parte se ubican en Ciudad Real con más de 81.000 has-, que trabajan unos 20.000 viticultores y elaboran sus vinos 260 bodegas.

    Clima, suelo y variedades

    La Mancha tiene una tierra llana, sin grandes alturas y con una tierra rojiza fruto de sedimentos miocénicos de estructura caliza. La sequedad es otra de sus características más acusadas, ya que debido a su micro-clima es poco frecuente la entrada de vientos húmedos, presentando una escasa pluviometría (300 a 350 mm anuales). Por otra parte, esta tierra goza de más de 3.000 horas de sol al año, por lo que los vinos están influidos por un ambiente de extremada sequedad y alta insolación, llegando a temperaturas cercanas a los 45 ºC. La orografía es muy llana y el terreno asciende de forma constante de norte a sur, pasando de los 484 metros sobre el nivel del mar en el extremo norte a los 700 de La Mancha central, descendiendo después a los 645 de Manzanares. Se alcanzan cotas de mayor altura en algunas zonas concretas de la provincia de Cuenca y en los aledaños de los Montes de Toledo.

    No obstante, la altitud media de la mayor parte del viñedo manchego oscila entre los 600 y los 800 metros de altura, lo que unido a su clima continental extremado propicia que las temperaturas de sus inviernos puedan ser muy bajas, alcanzando cifras de hasta  -15 ºC. La composición del suelo no es muy variada, predominando las formaciones de arcilla arenosa de un color pardo-rojizo, pobre en contenido orgánico y rico en caliza y tiza.

    En cuanto a variedades, el Consejo Regulador de la DO La Mancha autoriza el cultivo de las variedades blancas Airén, Viura o Macabeo, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Verdejo, Moscatel de grano menudo, Pedro Ximénez, Parellada, Torrontés, Gewürztraminer, Riesling y Viognier, siendo mayoritaria de largo la Airén con algo más de 100.000 hectáreas, seguida de la Viura o Macabeo con 4.500 y la Verdejo con 3.000 has cultivadas. En tintas sobresalen las tintas Cencibel o Tempranillo, Garnacha, Moravia, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Petit Verdot, Graciano, Malbec, Cabernet Franc y Pinot Noir, siendo la más cultivada la Cencibel con unas 30.000 hectáreas, seguida de la Garnacha con 4.500 y la Syrah con 4.300 hectáreas cultivadas. En total, las variedades blancas son mayoritarias en el viñedo manchego con más 116.000 hectáreas de cultivo, mientras que las tintas abarcan cerca de 48.000 hectáreas.

    Vinos y bodegas de la DO La Mancha

    Mano a Mano está ubicada en El Provencio, y nació en 2003 cuando cuatro socios con experiencia en la elaboración de vinos en otras bodegas decidieron aunar sus esfuerzos y fundar Mano a Mano. El edificio principal, con una línea moderna y funcional, está rodeado por 44 hectáreas de viñedos propios en los que la uva tempranillo es la protagonista, si bien se reservan algunas parcelas para las variedades merlot y syrah. Al mismo tiempo, cuenta con un viñedo experimental, en el cercano término de Herencia, donde estudia el comportamiento de diversas variedades mejorantes, como Syrah, Cabernet Sauvignon, Graciano o Touriga Nacional, algunas de las cuales intervienen en la colección de vinos con marca Venta La Ossa. Hasta el momento comercializan el Manon Roble y el Mano a Mano, un tinto tempranillo con seis meses de crianza en roble, además del Venta la Osa varietal Syrah con12 meses de crianza en barricas de roble francés, y el tradicional Venta la Osa, con 95% Tempranillo y 5% Syrah, con 12 meses en barricas de roble francés. Un tinto con recuerdos especiados y una indudable marca mineral; potente, sabroso y largo, con un tanino bien perfilado y una sensación global no carente de frescura.

    Bodegas Volver, se fundó en 2004 por Jorge Ordoñez y Rafael Cañizares, dos de los responsables del boom internacional del vino español en la década de los 90.La bodega dispone de 110 hectáreas de viñedos en varias fincas: Finca Los Juncares fue plantada en su totalidad con Tempranillo en 1957; Paso a Paso Verdejo, de 14 hectáreas, fue plantado entre 1994-1997; Paso a Paso Tempranillo y Orgánico en 1970; los viñedos de Tarima fueron plantados en 1972-1979; los viñedos de Tarima Hill son más viejos, plantados entre 1935y 1970; y Wrongo Dongo son viñedos plantados entre 1977 y 1987. Con estas parcelas elabora también sus vinos bajo la DO La Mancha, Vinos de la Tierra de Castilla y DO Alicante. De hecho, el único vino con DO La Mancha es Volver, un 100% Tempranillo de la Finca Los Juncales, con fermentación maloláctica en barricas nuevas de roble francés y crianza durante 18 meses. El resto de marcas de la bodega, como el Paso a Paso Verdejo, Paso a Paso Cosecha, Paso a Paso Tempranillo, Paso a Paso Orgánico Tempranillo, Paso a Paso Orgánico blanco , Wrongo Dongo, Tarima Blanco, Tarima, Tarima Hill, Tarima Orgánico, Triga, Tarima Espumoso y Tarima Rosado, se elaboran como Vinos de la Tierra de Castilla y DO Alicante.

    Finca Antigua, inaugurada en marzo de 2003, es propiedad de Familia Martínez Bujanda. Esta finca ubicada en la localidad conquense de Los Hinojosos y cuenta con 421 hectáreas de viñas. Es una bellísima zona de monte bajo salpicada por los viñedos. Cada parcela se destina a la elaboración de un vino diferente, garantizando así un estilo único e inimitable. La bodega es un edificio espectacular de acero pulido, piedra y cemento, montado alrededor de una balsa de agua. Una arquitectura que ofrece al visitante un sorprendente contraste de modernidad y frescura. Los crianzas y reservas de Finca Antigua son envejecidos durante 12 y 18 meses respectivamente en barricas de roble francés. De la exclusiva parcela Pico Garbanzo y tras 18 meses de crianza se obtiene el vino Clavis Pago Pico Garbanzo. Otras de sus marcas son Finca Antigua Blancos y Finca Antigua Moscatel Naturalmente Dulce.

    Bodega Pago de La Jaraba está situada sobre el paraje histórico del mismo nombre, a caballo de los términos de Villarrobledo y El Provencio, en pleno corazón de La Mancha. Con la llegada del siglo XXI nace la bodega junto al vino, el queso manchego y el aceite de oliva, que reflejan el compromiso de la bodega con la historia y las cosas bien hechas. Pago de La Jaraba dispone actualmente de tres gamas diferenciadas de producto, bajo las marcas: Azagador, Viña Jaraba y Pago de la Jaraba. El primero es quien tiene más presencia en los mercados internacionales, mientras que el segundo es un tinto de variedades Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Merlot, y el Pago de la Jaraba, añade la uva Merlot  a la mezcla anterior.

    Bodegas Lahoz está situada en la gran llanura manchega y rodeada de viñedos, con un total de 500 hectáreas repartidas entre variedades de uva autóctona y otras foráneas. Fue en el siglo pasado cuando la familia Lahoz empezó su andadura en el mundo de la viticultura. Año tras año, la extensión de viñedo ha ido creciendo a la par que la ilusión por elaborar sus propios vinos. Y por fin, en el año 2004, se realiza la primera vendimia. A lo largo de toda la bodega se respira un ambiente sobrio y monacal en el que los vinos pueden nacer y reposar en el más absoluto silencio. Entre las variedades de uva, el principal exponente es la Tempranillo, aunque dispone además de plantaciones de Merlot, Cabernet Savignon y Syrah, en variedades tintas; y de Airén, Savignon Blanc y Chardonnay en variedades blancas, y etiqueta sus vinos bajo las marcas Vega Corcoles, Recato, Abad de Soto, Vinhoz.

    Finca El Retamar, en los Montes de Toledo, dentro del término de Orgaz, con 650 hectáreas constituye una completa explotación agrícola, ganadera y vitícola. Es propiedad, desde hace 50 años, de los hermanos de la familia Peces-Barba. La bodega está integrada en una casa típica manchega con patios. Es un espacio lleno de magia y encanto, en perfecta convivencia con modernas instalaciones. Las tipologías de sus vinos son blancos (aguja y espumoso), rosados y tintos (crianzas y reservas), que comercializa bajo las marcas Conde de Orgaz y  Barbarosa.

    Bodegas Ayuso, situada en Villarrobledo, se funda en 1947, iniciándose una larga tradición familiar. En 1965 lanzan la exitosa marca Estola, buque insignia de la bodega y primer Reserva de La Mancha, que muy pronto llamaría la atención de crítica especializada. En los últimos años la bodega lleva a cabo un esfuerzo continuado de modernización e incorporación de los avances tecnológicos a la viticultura. La recepción de uva se dirige por ordenador para el análisis y clasificación o los nuevos tanques de acero inoxidable, autovaciantes y autolimpiables, controlan la temperatura. Poseen además, un sofisticado tren de embotellado con capacidad para 18.000 botellas/hora. La etiqueta Estola acoge los vinos de crianza, reserva, gran reserva y blanco Verdejo. Otras de sus etiquetas son: Castillo de Benizar y Abadía del roble. El vino Finca Los Azares combina Cabernet junto con Merlot Petit Verdot y Sauvignon Blanc. También destaca su blanco semidulce, de nombre Armiño.

    Bodegas y Viñedos Bro Valero está enclavada en la finca La Navarra y es el ejemplo de una bodega familiar y pequeña. En un ambiente familiar, los hermanos Bro Valero, producen vinos ecológicos de gran calidad y muy particulares, reconocidos por diversos premios. Una pequeña parte, el 10% de la uva de mejor calidad, se destina a elaborar de manera natural y sin adición de ningún producto vinos artesanales. Cuenta con 69 hectáreas de diferentes variedades de vid, integradas con la plantación de 1.500 chopos que compensan las emisiones de CO2 producidas durante la elaboración. Cada año, la bodega destina un 0,7% a fines sociales, principalmente a la investigación cardiovascular. Sus etiquetas son, además de la evidente Bro Valero, el Meredad de Alhaite, con una colección de varietales de Syrah, Cabernet Sauvignon, Macabeo y Chardonnay.

    Bodegas Centro Españolas está enclavada en pleno centro de La Mancha, cerca de las orillas del río Guadiana, y cuenta con la última tecnología. Fue fundada en 1991 por 14 empresarios de Tomelloso, y también recuperaron el antiguo coñac Casajuana, una de las tradiciones culturales que han llevado a Tomelloso por todo el mundo. Actualmente cuentan con 3.500 barricas de roble americano y 600 de roble francés. El Tempranillo es la base de sus vinos Allozo, donde sobresalen el Finca los Cantos, Allozo 927, Gran Reserva, Reserva, Crianza, y los varietales de Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo, Syrah, y el Allozo Macabeo.

  • D.O. La Palma

    D.O. La Palma

    La isla de La Palma forma parte del Archipiélago Canario, en el Océano Atlántico, situado en el norte de África, cerca de las costas del sur de Marruecos y del Sáhara, y conforma una de las diecisiete comunidades autónomas de España.
    La historia de la vid y los vinos en el Archipiélago Canario comienza en el siglo XV, cuando los colonizadores plantaron las primeras cepas con la intención de cultivarlas y obtener vino para suministro local en lugar de importarlo de fuera. Estos colonizadores, procedentes de diversos orígenes, trajeron consigo las mejores cepas de sus respectivas regiones y países y las plantaron en las tierras que les fueron concedidas.

    Se cree que en 1505 se plantaron las primeras cepas en la isla de La Palma, traídas a manos de los conquistadores. Ya en el siglo XVI, el vino de Canarias adquiere calidad y prestigio, hasta el punto que es exportado a Madeira en 1515, a Jerez en 1517 y a Inglaterra en 1519. Este auge se debe fundamentalmente a la alta calidad del vino dulce de malvasía, conocido como "Canarias" o "Canary", a la facilidad para la exportación dada su estratégica situación del tránsito de navíos entre los continentes de Europa, América y África, y también a que la vid era un buen sustituto de la caña de azúcar, cuyo mercado estaba siendo copado por América.

    En definitiva, la historia de los vinos canarios nos cuenta que fueron muchos los personajes que cantaron sus alabanzas: Shakespeare, Walter Scott, Góngora, Alexis Kuprin, Goldoni, Maine Reid, Spillman, Rey Carlos III..., donde las seductoras malvasías se impusieron en los palacios y las principales cortes europeas.  Esta justa fama y la privilegiada situación geográfica de la isla, escala obligada de las principales rutas comerciales de aquellos tiempos, originaron un floreciente comercio de vinos convirtiéndolo en la principal fuente de riqueza. En 1848 la decadencia de los vinos Canarios, es enorme y con el ataque del oídio, y del mildiu, sufre este cultivo un grave descalabro. Además, con el comienzo del cultivo de la platanera en las zonas costeras de la isla, a mediados de los años cincuenta del siglo pasado, se abandona mucha viña.

    Sin embargo, es a partir de la creación de la DO La Palma en 1994, cuando el sector vitivinícola insular sufre una importante transformación, se recuperan viñas abandonadas, se plantan nuevas y el vino comienza a conocerse dentro y fuera de la isla y a venderse a buen precio.
    Hasta hoy ha sido una transformación  y costosa, cuya adecuación de variedades y vinos parecía que nunca habría que llegar a la isla, quizá por estar demasiado lejos de las innovaciones que se producían en la península, pero desde hace unos años el positivo contagio de las bodegas peninsulares llegó a la isla con fuerza, y aún en medio de condiciones climáticas adversas, la enología moderna es ahora una realidad en La Palma.

    No obstante, cabe remarcar que quizás gracias a este alejamiento con el continente, las Islas Canarias no se vieron afectadas por la plaga de la filoxera, por lo que se convirtió en un auténtico museo de la vid, con más de 33 variedades de uva, algunas desaparecidas en la actualidad, pero todavía es hoy una de las mayores y más variadas riquezas ampelográficas del mundo. Una de las particularidades del viñedo canario es que las viníferas se plantan directamente de sarmiento y se cultivan sobre sus propias raíces, con las grandes ventajas fisiológicas y enológicas que representa elaborar vinos con la pureza de la vinífera sin la influencia de un portainjerto, y aún más si consideramos que todas ellas fueron introducidas desde Europa entre los siglos XV al XVIII, antes de que la filoxera arrasara los viñedos, por lo que aquí se han conservado con un alto grado de pureza.

    Clima, suelo y variedades

    La viticultura en La Palma se extiende prácticamente por toda la isla, hasta el punto de que numerosos agricultores tienen en la vid un cultivo complementario, y la elaboración de su vino es un factor de orgullo y un incentivo económico. En la actualidad se contabilizan unos 1.100 viticultores y 20 bodegas elaboradoras, y se cultivan algo más de 600 hectáreas de viñedo, en altitudes que van desde los 200 a los 1.200 metros, en una franja que rodea la isla de forma casi continua. Esta zona de producción se divide en tres comarcas o subzonas principales: Norte de La Palma, Hoyo de Mazo-Las Breñas y Fuencaliente-Las Manchas.

    En la zona Norte, conocida como la de los "vinos de tea", las cepas se cultivan en parrales y en la parte más al norte en vaso bajo. Se llama "vino de tea" por su sabor peculiar a resina. Esta constante la adquiere al ser encubado en toneles construidos con la parte central o corazón de los troncos del pino canario. Los más interesantes son los rosados bien elaborados, que exponen de forma clara el sabor "ateado"; son una curiosidad enológica que vale la pena descubrir. Las variedades de uva más frecuentes en esta subzona son la Negramoll, Listán Blanca, Albillo, Almuñeco y Verdello.

    La zona de Fuencaliente está situada al sur de la isla de La Palma, en el vértice meridional. Es la que posee el viñedo más destacable y también la más conocida gracias al prestigio histórico de sus malvasías. Su viñedo trepa de forma rastrera por las abruptas laderas de los volcanes y su cultivo se asienta en un suelo lleno de escorias, empedrados y cenizas volcánicas, con un espesor que supera en ocasiones los dos metros; empleando muretes cortavientos de piedra volcánica en las zonas de más viento. Las variedades de uva mayoritarias en la zona son la Malvasía Candia, Listán Blanca, Bujariego, Gual, Verdello, Bastardo Blanca, Sabro y Negramoll. Los vinos más destacables son las malvasías dulces, de color ambarino, aroma embriagador y llenos de sabores amargos y ácidos a la vez.

    La comarca de Las Manchas está situada al suroeste de la isla y comprende los municipios de El Paso y Los Llanos de Aridane. El viñedo se cultiva sobre terrenos pedregosos con fuertes pendientes y de forma rastrera. Las cepas más abundantes son la Listán Blanca, Negramoll y Bujariego.

    La comarca de Hoyo de Mazo y las Breñas se encuentra situada al este de la isla y sus viñedos, en forma de balcón, se cultivan de forma rastrera en las laderas de los volcanes, acolchados unos con piedras volcánicas y otros con picón granado. Las variedades mayoritarias en esta zona son la Negramoll y Listán Blanca, complementadas con pequeñas plantaciones de variedades foráneas.

    Vinos y bodegas de la D.O. La Palma

    Existen varios tipos de vinos de la D.O. La Palma, como son los blancos secos, que suelen ser aromáticos y ligeros, con frescos aromas a flores y frutas. La inmensa mayoría son jóvenes, lo que refuerza la personalidad de las variedades con las que se elaboran, donde la Listán Blanco, Bujariego y Albillo son tres de las más conocidas. También se elaboran tintos y rosados, la mayor parte jóvenes, y la Negramoll es la variedad con la que se elaboran la mayor parte, aunque a veces se añaden otras minoritarias, como la Listán Prieto, Almuñeco, etc.
    Un vino muy característico de la subzona norte son los denominados Vinos de Tea, que pueden ser blancos, rosados o tintos, los cuales adquieren sus cualidades por su envejecimiento en envases de madera del corazón del "Pinus canariensis" (tea o pino canario). Además, en el Norte de La Palma, podemos distinguir dos zonas, la Noroeste y la Noreste. Ambas se diferencian, en cuanto a técnicas vitícolas, variedades cultivadas, técnicas artesanales de elaboración, etc. Siendo los vinos de tea los más tradicionales en la comarca Noroeste, una ladera muy pendiente cortada por numerosos y profundos barrancos, donde los viñedos se sitúan en cotas altas, entre los 800 y los 1500 m. Los vinos de tea se suelen elaborar con una mezcla de variedades, blancas como Listán Blanco y Albillo, suelen madurar antes y aportan a la mezcla la cantidad de azúcar necesaria. La variedad tinta, más tardía, la Negramoll, aporta acidez y algo de color, mientras que El Prieto y el Muñeco o Almuñeco, son de maduración más temprana que la anterior y aportan mayor cantidad de materia colorante a los vinos de tea.

    Otros vinos muy característicos son los denominados  naturalmente dulces, donde la joya de la corona es el Malvasía, un vino cuyas cepas se plantan principalmente en las zonas de Fuencaliente y Villa de Mazo. Para elaborar esos vinos, la uva se deja madurar en la planta hasta que comienza a pasificarse, lo que refuerza la presencia de azúcares y la gradación alcohólica. Son vinos ambarinos, nobles y extremadamente aromáticos. El Sabro es otra variedad importante en la elaboración de blancos dulces, pero en la actualidad también se pueden encontrar en la isla vinos tintos naturalmente dulces, elaborados a partir de la variedad Negramoll.

    En la DO La Palma hay bodegas grandes, medianas y pequeñas, y media docena de cooperativas, donde una de las renombradas es la S.A.T. Bodegas Noroeste de La Palma, fundada en 1998 con sólo 50 socios y hoy cuenta con 250. Los vinos se comercializa bajo la marca Vega Norte, y sus vinos blancos están elaborados con Listan Blanco y Albillo, mientras que los tintos con Negramoll, Almuñeco y Listán Prieto, y el rosado con Negramoll. De entre sus vinos destaca el blanco Vega Norte Albillo Criollo, un varietal de selección de Albillo fermentado en barrica de roble francés de tostado suave durante siete meses sobre lías con bâttonage diario.

    Bodegas Juan Matías y Torres es el ejemplo una bodega familiar y minúscula, y una de las antiguas de la isla (1885), que se encuentra en la subzona de Fuencaliente. Elabora 3.000 botellas del Matías y Torres blanco con Listán, y 7.000 botellas de su tinto Negramoll, así como un rosado, pero uno de sus vinos estrella es el Colección Minúscula de Albillo, con tan sólo 500 botellas, donde cada etiqueta es una obra original pintada a mano, así como su Malvasía Vid Sur naturalmente dulce, con una producción limitada de 800 botellas.

    Bodegas Teneguía, con más de sesenta años de historia, es una de las bodegas más premiadas de Canarias. Se ubica en Fuencaliente, y en el cultivo se siguen practicando labores ancestrales transmitidas a través de generaciones: pie rastrero, podas tradicionales, parras de siglos en varietales que sólo se han conservado en este municipio y centenarias parras de Malvasía que sólo se consigue en los Llanos Negros, paraje natural situado en las faldas del volcán de San Antonio. Elabora todo tipo de vinos, desde blancos en coupage o varietales, hasta rosados y tintos, y malvasías aromáticas, bajo las etiquetas Teneguía, Caletas, La Gota y Zeus.

  • D.O. Lanzarote
  • D.O. Málaga-Sierras de Málaga

    D.O. Málaga-Sierras de Málaga

    El cultivo de la vid y la elaboración de vinos están vinculados a la historia socioeconómica de la provincia de Málaga desde la colonización de sus costas por los fenicios en el siglo IX a. C. La viña y el vino han sido vertebradores culturales y económicos de los diferentes pueblos que se han establecido en el territorio de lo que hoy es la provincia de Málaga.
    Las culturas fenicia, romana, bizantina, visigoda, musulmana y cristiana mantuvieron el cultivo de la viña y la producción de vino como cultivo y producto estratégicos de sus economías. Existen numerosas referencias históricas que acreditan la importancia de la viña y del vino en la provincia de Málaga, conocido en la época musulmana como “xarab al malaqui” y celebrado por numerosos poetas y escritores a lo largo de la historia, donde en Inglaterra se conocía como "malligo sack" o "mountain", y en Francia "vins de Málaga".

    Su importancia era tal que ya a finales del siglo XV, por expresa voluntad de los Reyes Católicos, se escribió la primera organización de viticultores de España: La Hermandad de Viñeros. Pero en el siglo XVIII y principalmente XIX, los vinos de Málaga sufrieron dos importantes tensiones, la filoxera, que entra precisamente por Málaga en 1874, y las numerosas imitaciones consecuencia del prestigio conseguido por sus vinos.
    Precisamente para evitar falsificaciones y velar por los intereses generales del comercio de vinos, en 1806 por Real Cédula, se crea la Casa y Compañía de Comercio de Viñeros de Málaga, pero con la filoxera recibió un duro golpe, tanto en su elaboración como en su comercio, y su viñedo no se recuperaría nunca de esa crisis. Al desvío de los capitales comerciales hacia otras actividades se sumó el desprestigio acarreado por las prácticas dudosas y la necesidad de la reestructuración del viñedo. Fue la crisis de estos vinos. La tipología de vinos de Málaga ha sido históricamente amplia y compleja como consecuencia de la antigüedad de la misma y su tradición exportadora, la maestría de los viticultores y bodegueros, los pueblos que la configuran, las variedades autóctonas, y la naturaleza de la zona de producción, compuesta tradicionalmente por la totalidad de los municipios que hoy en día constituyen la provincia de Málaga y algunos limítrofes, suministradores tradicionales de los productos vitícolas a la ciudad de Málaga que a través de su puerto se convirtió en centro estratégico de comercio internacional de vinos.

    El hecho es que los vinos de Málaga, cuya calidad ha sido indiscutida durante siglos, vuelven a recomponer poco a poco su imagen y en 1932 se constituye la DO Málaga. Sin embargo, la ruptura que supuso la filoxera y la desigual respuesta que pudo darse a dicha situación en el territorio, trajo como consecuencia la fragmentación de la superficie dedicada al viñedo que ocupaba entonces 110.000 ha, y estaba implantada en todos los municipios de la provincia de Málaga. La actualidad refleja fielmente ese hecho histórico ya que el viñedo se encuentra disperso en masas de viñas más o menos extensas a lo largo y ancho de la provincia, viéndose también afectada la diversidad varietal en los viñedos. En la actualidad la DO Málaga aglutina unas 1300 hectáreas de viñedo inscrito, que gestionan unos 480 viticultores y elaboran unas 45 bodegas.

    Clima, suelo y variedades

    La provincia de Málaga se compone de varias zonas diferenciadas. No obstante todo el territorio se caracteriza en general por ser montañoso y estar articulado por numerosas sierras que son las estribaciones del macizo montañoso de Sierra Nevada.
    Las parcelas vitícolas están situadas en cotas que van desde el nivel del mar hasta los 1.000 metros, lo que propicia numerosos microclimas.
    El clima de la zona de producción se encuadra en el tipo Mediterráneo, caracterizado por la suavidad térmica invernal, una época estival seca y escasos días de precipitación, con numerosas horas de insolación propias de su latitud en el punto más meridional de la ribera mediterránea europea, lo que determina su elevado potencial cualitativo para la maduración y sobremaduración de la uva, a la vez que el tamponamiento de las temperaturas por la situación estratégica a la entrada del atlántico, por la topografía montañosa y la proximidad al mar. La Axarquía y los Montes se caracterizan por tener suelos pizarrosos, poco profundos, orografía abrupta, fuertes pendientes y diversas orientaciones. Su proximidad al mar Mediterráneo propicia temperaturas estivales suaves, con un régimen de precipitaciones entre 300 y 700 mm, que en las zonas más secas es ideal para la práctica tradicional del asoleo de la uva. En los Montes la diferencia de temperaturas entre el día y la noche es significativa durante el periodo de maduración de la uva. La Serranía de Ronda se caracteriza por tener suelos con sustrato calizo y pendientes medias, con alta pluviometría anual, veranos secos y calurosos, altitudes de 600 a 1.000 metros, con mayores diferencias de temperatura entre el día y la noche. Los suelos de la zona de Manilva son albarizos, de alto contenido en caliza, de pendiente suave. Su proximidad al Atlántico le confiere un subclima más húmedo y fresco. La zona Norte, ubicada en la altiplanicie de Antequera, a partir de 400 metros de altitud, tiene suelos pardo-calizos, profundos, y en general pendientes bajas. Al ser una zona situada en el interior de la provincia su clima es más continental, con temperaturas más extremas en verano e invierno.

    Los vinos de la Denominación de Origen Málaga se elaboran principalmente con las variedades blancas Pedro Ximénez y Moscatel de Malaga, aunque también están autorizadas la Moscatel de Alejandría, Moscatel Morisco o de grano menudo, Lairén, Doradilla y Rome.

    El arrope o mosto hervido

    Otro elemento que puede estar presente en los vinos clásicos de Málaga es el clásico arrope, mosto hervido y reducido al 30% de su volumen, que se añade al vino básico antes o después de la fermentación. El siguiente paso después del arrope es el "vino de color", también llamado “pantomima”, para cuya producción el mosto se somete a un hervor más prolongado, llegando a reducir hasta el 50%.

    Elaboraciones y tipos de vino Málaga

    Se distinguen dos grandes grupos: los vinos de licor, de 15% vol. a 22% vol. con alcohol añadido, y los vinos sin adición de alcohol, entre los que se encuentran los naturalmente dulces, a partir de 13% vol. elaborados a partir de uva sobremadurada.

    Según su crianza los vinos reciben distintos nombres en su etiqueta: Málaga Pálido, con 0 meses; Málaga, de 6 a 24 meses; Málaga Noble, de 2 a 3 años; Málaga Añejo, de 3 a 5 años; y Málaga Trasañejo, superior a 5 años.

    Málaga Blanco Dulce. Se prepara apagando las fermentaciones con alcohol y mosto concentrado, al que se da nombre de arrope. Es el vino base de todos los vinos de Málaga, excepto los que pueda haber secos. Procede de uvas Pedro Ximénez o Moscatel soleadas en paseros durante un par de días. De ahí saldrán los mostos de yema y los de primera prensada, los de lágrima y pisa. La fermentación tenía lugar tradicionalmente en botas de roble abiertas.

    Málaga Seco. Este vino por lo general tiene mayor contenido alcohólico y está elaborado con mosto sometido a fermentación completa. Un seco típico tiene entre 17 y 18,5 grados, mientras que la graduación alcohólica de los dulces varía entre 15,5 y 17 grados. Los mejores Málaga secos pasan largo tiempo en contacto con la madera y adquieren un carácter muy semejante a los olorosos de Jerez o Montilla-Moriles.

    Vino tierno. Se obtiene de uva de vendimias tempranas asoleadas durante 7 días y pisada o prensada al octavo. Sirve para dulcificar los vinos más ásperos y secos. Es muy dulce y de poco grado alcohólico.

    Pajarete. Es el vino de licor, o vino dulce natural con un contenido total de azúcares entre 45 g/l y 140 g/l elaborado sin adición de arrope, sometido a envejecimiento y de color ámbar a ámbar oscuro.

    Vino maestro. Puede ser una simple mistela. Se obtiene a partir de un mosto encabezado con alcohol hasta 17º, o un vino encabezado a 8º y que fermente lentamente.

    Vino de licor. Es una mezcla de arrope, color y aguardiente.

    Vino de lágrima. Es llamado también Virgen o "de gota". Se obtiene exclusivamente de la primera prensada, esté o no enriquecido con arrope u otros ingredientes.

    Vino borracho. Es una mezcla a partes iguales de vino y alcohol. Algunas bodegas utilizan este último tipo, en lugar del alcohol puro, para fortificar el vino, ya que pertuba menos el equilibrio del producto final.

    También existen para el comercio internacional las denominaciones sweet, cream, brown, dunkel o golden, que responden a definiciones en inglés de sus rasgos.

    DO Sierras de Málaga

    La zona de producción de la DO Sierras de Málaga coincide con la de la DO Málaga. La DO Sierras de Málaga se constituye oficialmente bastantes años más tarde, concretamente en el 2000, y en su ámbito se reconoce la subzona de Serranía de Ronda.
    Para entender las raíces de la DO Sierras de Málaga es obligada la referencia a la filoxera, con la reducción de la superficie de viñedo y la pérdida de la diversidad varietal, lo que originó la creación de bodegas pequeñas o de mediana dimensión con viñedos propios, potenciándose así la expresión del terruño y la recuperación de una tradición que ha evolucionado hasta los estilos actuales de elaboración y crianza de vinos tintos, blancos y rosados, rescatando e incorporando variedades blancas y tintas históricas, así como otras implantadas en la zona, entre ellas las provenientes de campos de experimentación establecidos por la Administración Autonómica en 1995, las cuales se adaptaron perfectamente al lugar y de las que se obtienen vinos de calidad  bajo la DO Sierras de Málaga.

    De hecho, la diferencia entre la DO Málaga y la DO Sierras de Málaga es que ésta última ampara vinos “tranquilos”, con un contenido alcohólico de entre 10 y 15´5 % y un contenido en azúcares inferior a 12 gr/l. Se clasifican en blancos, tintos y rosados, y según su envejecimiento pueden ser calificados como Crianza, con un envejecimiento total mínimo de 2 años, de los cuales 6 meses deben permanecer en barrica de roble; Reserva, con un mínimo de 3 años y 12 meses de ellos en barrica de roble: y Gran Reserva con un envejecimiento mínimo de 5 años, con 24 meses de ellos en barrica de roble.

    Las variedades blancas que autoriza la DO son la Pero Ximen (Pedro Ximenez), Moscatel de Alejandría, Moscatel Morisco (Moscatel de grano menudo), Chardonnay, Macabeo, Colombard, Sauvignon Blanc, Lairen, Doradilla, Gewürztraminer, Riesling, Verdejo y Viognier; mientras que en tintas son la Romé, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Tempranillo, Garnacha, Cabernet Franc, Pinot Noir, Petit Verdot, Graciano, Malbec, Monastrell y Tintilla de Rota.

    Vinos y bodegas

    Uno de los problemas para poder conocer mejor los vinos de Málaga ha sido la variedad y la complejidad de sus elaboraciones tradicionales, que se corresponde con la diversidad de nombres y resultados. Por eso el vino de Málaga tiene una gama de colores que van desde el amarillo hasta el negro, con aromas florales y frutales en los vinos más jóvenes y más complejos en los vinos añejos, y sabores que van desde los varietales a los propios de los vinos muy envejecidos y desde los secos a los dulces.

    Los productores emprenden la obra de composición a partir de este vino blanco dulce y de una notable serie de ingredientes. Algunas casas utilizan gran cantidad de arrope, porque tienen un paladar acaramelado, casi quemado, que es el que esperan muchos de los fieles del vino de Málaga. Por otro lado, otras bodegas limitan la proporción de arrope para obtener un vino más elegante y menos parecido al jarabe. En un vino clásico de Málaga, además del vino dulce básico, puede haber arrope, vino tierno, vino maestro y un añadido final de alcohol o de vino borracho. El arte del bodeguero reside en crear un conjunto armonioso a partir de estos elementos, tarea extremadamente complicada.

    Un buen ejemplo de esa nueva generación de vinos es Jorge Ordóñez, malageño, con Bodegas y Viñedos Botani, en la comarca de la Axarquía, junto con la familia Kracher y otros socios, donde Alois Kracher es un reputado enólogo austriaco creador de estos vinos y actualmente es su hijo Gerhard quien ostenta la dirección técnica. La filosofía de la bodega era restaurar la antigua gloria del vino de Málaga y elaborar un vino de postre no fortificado usando la tecnología más moderna, y en su búsqueda también ha sido pionera en elaborar un Moscatel seco. Vinifica varios tipos de vino, tanto con la DO Sierras de Málaga con la marca Botani, como con DO Málaga bajo las etiquetas Jorge Ordóñez & Co. Con las etiquetas Botani y con DO Sierras de Málaga elabora el Blanco Seco, elaborado 100% con Moscatel de Alejandría, de aromas fresco, fruta fresca, flores blancas, expresivo, sabroso y con buena acidez; el tinto Botani Garnacha, con aroma a fruta roja, balsámico, con hierbas de tocador, sabroso, fruta madura y buena acidez; y un Botani Espumoso 100% Moscatel de Alejandría. Bajo la DO Málaga elabora exclusivamente con Moscatel de Alejandía, y destacan sus etiquetas Selección Especial Nº1 Blanco naturalmente dulce, con aroma potente, floral, notas amieladas, fruta escarchada, hierbas de tocador, sabroso, dulce, fresco, buena acidez y largo; Victoria Nº 2 Blanco naturalmente dulce que refleja la nueva visión del vino malagueño, con una armonía perfecta entre concentración y sutilidad y es representativo de esta región de sol y misterios, de sabor muy fresco, con una gran cantidad de aromas exóticos con toques de mineralidad y un gusto muy persistente; Viñas Viejas Nº3 Blanco naturalmente dulce con vinificación en barrica, de altísima complejidad y una gran intensidad de aromas y sabores, entre los que predominan los de frutas de hueso; y el Esencia Nº4 Blanco naturalmente dulce que fermenta en barrica de roble francés durante más de 2 años, es exóticamente perfumado con notas de frutas, melón, miel y esencias florales, y un paladar intenso con dulces de compota de melocotón, pera, melón dulce de guayaba y una columna vertebral de acidez picante que añade energía y concentración.  

    Otro proyecto relativamente reciente y diferencial es La Melonera, en la Serranía de Ronda, perteneciente al Grupo Perelada y con el asesoramiento de Mas Martinet Assessoraments, que han plantado a 800 metros diversas parcelas pequeñas, situadas entre las encinas, con las variedades Syrah, Garnacha y Monastrell, y algunas autóctonas como la Romé, Tintilla de Rota y Melonera.
    En la actualidad elabora dos tintos y un blanco con las etiquetas Payoya Negra, y La Encina del Inglés en blanco y tinto, y dos vinos tintos Colección MHV (Manking Heritage Vines), el Yo Sólo y el Embajador Glávez, ambos con variedades autóctonas, algunas de ellas prácticamente extinguidas a partir de la filoxera, y que están llevando a cabo el enólogo Delfi Sanahuja, creador de la colección ExEx en Castillo de Perelada, y Ana de Castro, joven enóloga de Finca La Melonera , rinden homenaje a este patrimonio varietal único.
    El Yo Sólo está elaborado 100% con Rome, 100% variedad autóctona andaluza, y rinde homenaje al malagueño Bernardo de Gálvez, Virrey de Nueva España y hombre clave en la Independencia de EEUU, por su contribución a la difusión de las variedades andaluzas como base de la viticultura de la Alta y Baja California.
    Y el Embajador Galvés es otro tinto, 67% Tintilla de Rota y 33% Rom, y hace honor a la historia del Embajador Miguel Gálvez en 1791 cuando envió a la Emperatriz Catalina II unas muestras de los grandes vinos malagueños, por lo que se concedieron los derechos de importación a Rusia de los vinos de Málaga.

    Un ejemplo de bodega tradicional es Málaga Virgen, Bodegas Málaga Virgen, fundada en 1885, que desde su bodega de El Viso los hermanos de Burgos López, los nietos a su vez de los hermanos López fundadores de la casa centenaria, siguen elaborando unos vinos añejos en un paisaje de silencio que no se doblega ante el torbellino de la ciudad.
    Sus 500 ha de viñedos, con más de la mitad inscritos en el Consejo Regulador, están repartidos entre el norte y las pendientes de la Axarquía, donde una buena parte de las viñas pertenecen a la finca Vistahermosa. 
    Las diferentes generaciones han ido adaptando los vinos a los gustos de cada época. De este modo, durante los años cincuenta, el Quina San Clemente proporcionó a las bodegas López Hermanos gran renombre en el mercado nacional.
    Más tarde, Quina dejaría paso al Málaga Virgen, que logró cotas muy altas de popularidad, gracias a unas acertadas campañas publicitarias y una magnífica calidad que lo han convertido en el más popular de la bodega y líder de mercado de los vinos dulces.
    En la actualidad, dos productos estrellas son el Cartojal y el Tres Leones, que han revolucionado los vinos moscateles. También están a la altura los trasañejos vinos Málaga con más de cinco años de envejecimiento, el PX Don Juan, el Moscatel Don Salvador, (en honor a los abuelos de los actuales propietarios) y el Seco Trasañejo. Son vinos que envejecen en botas casi desde la fundación y tienen una producción muy limitada. Reúnen unas características organolépticas excepcionales, y son el orgullo de una familia bodeguera, que se ha convertido en el buque insignia de la recuperación del pasado glorioso de los trasañejos de Málaga. También embotella bajo la DO Sierras de Málaga las etiquetas Barón de Rivero Blanco Chardonnay, el Verdejo y el Rosado 1005 Syrah, así como el tinto Pernales, también 100% Syrah, con una crianza de 18 meses en barricas nuevas de roble francés (80%) y americano.

  • D.O. Manchuela

    D.O. Manchuela

    El Valle del Júcar ha sido desde siempre una excelente vía de comunicación entre tierras levantinas y mesetarias. Esta permeabilidad geográfica ha sido causa de un continuo trasvase de mutuas influencias culturales, políticas y económicas. Varias son las raíces de esta antigua comarca que ha sido a lo largo de los siglos el hogar de diferentes pueblos y también testigo privilegiado de luchas, conquistas y reconquistas. Todos estos acontecimientos y vivencias han ido forjando un carácter y una cultura diferenciadora, donde también el vino ha formado parte del patrimonio de esta región.

    La historia del vino en Manchuela coincide con la misma historia vitivinícola de La Mancha, ya que hasta el año 2000 esta zona de producción estaba amparada bajo el gran paraguas de la DO La Mancha, y hoy es ya la séptima DO de la autonomía manchega. En la primitiva división oficial de Denominaciones de Origen de Vinos de España en 1966, Manchuela ya figuraba como un territorio diferenciado de sus vecinos. Originariamente, Manchuela era parte de una DO provisional mucho más grande que incluía otras tres denominaciones de origen en Castilla La Mancha: La Mancha, Almansa y Méntrida.

    En 1982 se decidió separar cada una de estas regiones de forma que contaran con su propio Consejo Regulador para defender sus intereses particulares. En 1997, un grupo de emprendedores viticultores y bodegueros de la región realizaron importantes inversiones en la mejora tecnológica y enológica mientras sus vinos se acogían todavía a la indicación geográfica de Vinos de la Tierra, por lo que iniciaron, junto al impulso del Centro de Desarrollo Rural de La Manchuela, la creación de la Asociación Pro-Vinos Denominación de Origen Manchuela con el fin de llevar a cabo los trámites administrativos necesarios para consolidar la DO propia, convencidos que sus vinos merecían un puesto relevante en el complejo y competitivo mercado de los vinos de calidad.

    La DO Manchuela se encuentra en el cuadrante centro oriental de España, entre Madrid y Valencia, y comprende un amplio territorio correspondiente a 44 municipios del sureste de la provincia de Cuenca y a 26 municipios del noreste de la provincia de Albacete, cuyos viñedos ocupan pagos situados entre los ríos Júcar y Cabriel. La DO Manchuela limita al oeste con la DO La Mancha, al este con las DO Utiel-Requena y Almansa, y al sur con Jumilla. Actualmente en la DO Manchuela se contabilizan más de 5.500 hectáreas de viñedo inscrito, de las cuales 3.340 hectáreas se encuentran en la provincia de Albacete y otras 2.200 en la provincia de Cuenca. Se contabilizan unos 800 viticultores, y 33 bodegas elaboradoras, de las cuales más de mitad son sociedades cooperativas.

    Clima, suelo y variedades

    El clima de la Denominación de Origen Manchuela es continental, seco y de acusados contrastes térmicos a lo largo del año, si bien recibe cierta influencia de Levante que lo suaviza. Así en los periodos de maduración de la uva, la combinación de los vientos cálidos de poniente y el frescor y humedad de la brisa mediterránea favorece la formación de la materia colorante de las uvas, haciendo de esta comarca una zona vitícola muy adecuada para el cultivo de las variedades tintas. Por otro lado, la casi total ausencia de lluvias entre mayo y septiembre, y la gran cantidad de horas de sol durante la maduración hacen que el riesgo de enfermedades criptogámicas sea muy bajo.

    El suelo es de piedra caliza sobre arcilla, y la altitud media de los viñedos se sitúa entre los 600 y 900 metros. Dos grandes pantanos al norte del área de crecimiento – Embalses de Alarcón y Contreras – permiten la irrigación abundante de la zona.

    En cuanto a las variedades de uva permitidas y recomendadas, la DO Manchuela es una de las más generosas. En variedades blancas sobresalen la Albillo, Chardonnay, Macabeo, Moscatel Grano Menudo, Pardillo, Sauvignon Blanc, Verdejo y Viognier ; mientras que tintas se cultivan la Bobal, Cencibel o Tempranillo, Carbernet Franc, Carbernet Sauvignon, Frasco o Tinto Velasco, Garnacha, Garnacha Tintorera, Graciano, Malbec, Mazuelo, Merlot, Monastrell, Moravia Dulce, Moravia Agria, Petit Verdot, Pinot Noir, Rojal y Syrah.
    No obstante, de las todas las variedades tintas la Bobal, que también es conocida localmente como la Provechón, se la considera la más identitaria y es la más cultivada, y lo mismo ocurre con la Albillo y Macabeo, que juegan un papel importante entre las blancas.

    Vinos y bodegas de la D.O. Manchuela

    No se puede negar que todavía existe en la comarca una amplia representación cooperativita y todavía se elabora una cantidad notable de vinos de doble pasta, pero también es cierto que coexisten pequeñas y medianas bodegas que están realizando elaboraciones muy cuidadas y con mucha calidad, dando un nuevo impulso a los vinos de Manchuela.

    Una buena prueba de ello es Finca Sandoval, ubicada en Ledaña (Cuenca) y fundada en el año 2000 por Víctor de La Serna, un periodista especialista en vinos que ha escrito durante años para diarios de gran difusión de toda España, y sus críticas vinícolas siempre han sido respetadas en nuestro país.
    A finales de los noventa decidió poner en práctica sus conocimientos y comenzó a desarrollar un proyecto personal con diez hectáreas de viñedos donde se plantaron cepas procedentes de una selección clonal de Syrah de un vivero asociado al prestigioso Château de Beaucastel en Chateauneuf-du-Pape (Francia), y una pequeña bodega con 200 barricas.
    En la misma finca también se cultivan otras variedades como la Bobal (con cepas de más de sesenta años) y la Touriga Nacional, una noble variedad de origen portugués. Precisamente con uvas de esta variedad se elabora Finca Sandoval Cuvée TNS, el primer tinto español que tiene un porcentaje muy mayoritario de Touriga, del que se elaboraron sólo 300 botellas mágnum. Con Finca Sandoval, un ensamblaje de Syrah y Monastrell al 91 y al 9 % respectivamente, esta bodega logró uno de sus mayores éxitos. Este vino ha reposado once meses en barricas de roble francés nuevo y está elaborado siguiendo muchas de las pautas del Ródano francés, particularmente por la fermentación en depósitos pequeños, abiertos y con bazuqueo manual frecuente.
    Como segundo vino de la bodega destaca el Salia, que presenta un ensamblaje innovador y no muy habitual en nuestro país, 60% Syrah y 40% Garnacha, también con una crianza de 11 meses en barricas de roble francés. Otros vinos de la bodega son su colección Signo, con dos varietales, un Bobal de viña de 1939, y un Garnacha con viñedos de 40 años. T
    ambién destacan La Rosa, una cuvée que sólo nace en cosechas extraordinarias, y el Cuvée Cecilia, un vino dulce natural elaborado con Syrah y un toque de Moscatel de Alejandría.

    Bodegas Iniesta es el reflejo del esfuerzo de una familia por llevar a cabo un proyecto de la tierra, de pura tradición y dedicación. Su nombre, Iniesta, es súper conocido ya que es el apellido del famoso jugador manchego del FC Barcelona, Andrés Iniesta, y es la bodega de su familia. Actualmente la bodega posee 120 hectáreas de viñedo con gran variedad de variedades cultivadas con las que elabora más de media docena de vinos. Su etiqueta más popular es Corazón Loco, con la que comercializa en calidad de jóvenes un blanco, un rosado, un tinto, un blanco dulce natural y un rosado de aguja. En calidad de crianza sobresalen el Corazón Loco Selección, un tinto vino elaborado con las variedades Syrah, Petit Verdot, Tempranillo y Cabernet Sauvignon, con un paso por barrica de roble francés de 12 meses; el Corazón Loco Premium, el primer Reserva de la familia; así como el Finca el Carril Hechicero, con Tempranillo, Petit Verdot, Syrah y Cabernet Sauvignon, y 12 meses en barricas de roble (80 % francés, 20% americano); además de su Finca El Carril Paolo Andrea, elaborado con la variedad Bobal, y una crianza en barrica de roble francés durante 12 meses. Como última novedad destacan la colección Minuto 116 Blanco, con un blanco de Macabeo de la Finca el Carril, y el Minuto 116 Tinto, elaborado con Tempranillo y Petit Verdot de la finca Los Mocoticos, y un paso por barricas nuevas de roble Francés y Americano.

    Bodegas y Viñedos Ponce es un bodega familiar propietaria de 22 ha de viñedo cuyo pilar de su propuesta se fundamenta en la variedad autóctona Bobal, con la que elabora distintos vinos, vinificados de forma diferente en función del terruño de donde proceden. Recientemente, la bodega ha incrementado su producción con un viñedo de cepas muy viejas de esta casta (de más de 60 años), para mejorar la calidad de los vinos y evitar la desaparición de estos viejos viñedos.
    Todas las parcelas se cultivan de forma tradicional (vaso), en secano y en cultivo ecológico, evitando cualquier tratamiento de origen sistémico o químico. Su vino más espectacular es el PF (Pie Franco), que procede de una pequeña viña (0,5 ha) de Bobal de 60 años de edad, sin portainjertos, lo que da el nombre a este vino. El vigor de sus cepas y la textura del suelo, pone de manifiesto el asombroso potencial de este viñedo. La maduración de la uva transcurre de forma más lenta que en el resto de las parcelas de Bodegas Ponce, lo mismo sucede con la fermentación alcohólica, que puede alargarse durante un mes hasta que las levaduras autóctonas son capaces de metabolizar por completo los azúcares. La fermentación maloláctica transcurre sobre sus lías, en barricas de roble francés de distintas capacidades, y con crianza de 10 meses. También elabora Reto, un blanco con la uva autóctona Albillo; el Clos Lojén, con cepas de Bobal de entre 30 y 50 años; el Buena Pinta con la recuperada cepa autóctona de la zona, la Moravia Agria; el La Casilla con cepas de Bobal de entre 35 y 70 años, principalmente de suelo calcáreo; y el Pino, un tinto varietal de Bobal de una única parcela de 35 años y de 1 hectárea, del que tan sólo elabora 1.800 botellas.

  • D.O. Manzanilla - Sanlúcar de Barrameda

    D.O. Manzanilla - Sanlúcar de Barrameda

    La manzanilla de Sanlúcar de Barrameda dejó de estar bajo el paraguas de Jerez-Xèrès-Sherry en 1964. Con ello se consiguió distinguir por completo a la manzanilla entre el resto de vinos de jerez.

    La Unión Europea se  pronunció al respecto e identificó la manzanilla como un vino exclusivo de Sanlúcar de Barrameda.
  • D.O. Méntrida

    D.O. Méntrida

    Históricamente la comarca de Méntrida fue concedida durante el medievo a determinados señoríos jurisdiccionales que se encargaron de los gobiernos y de llevar a cabo una rápida repoblación. Prueba de ello son las referencias a viñedos que se remontan al siglo XII, cuyos vinos fueron prosperando hasta alcanzar su esplendor en el Madrid de los Austrias, en la que fueron muy apreciados. De hecho, durante los siglos XV al XIX, el principal mercado de Méntrida era Madrid, y ya a finales del XIX, sus vinos cosecharon premios internacionales. Sin embargo, a pesar de que se estableció su Denominación de Origen en 1976, los vinos de esta región sufrieron una fuerte caída durante la década de 1980, pero desde principios del siglo XXI experimentando un renacimiento similar al vivido por denominaciones vecinas como Madrid y La Mancha, aunque de una forma más lenta, y está empezando a mostrar todo su potencial para elaborar buenos y modernos vinos.

    La DO Méntrida se encuentra en el centro de España, al noroeste de la provincia de Toledo, y a unos escasos 60 km de Madrid, limitando con las provincias de Ávila y de Madrid, y se extiende al pie de la impresionante Sierra de Gredos en su parte oriental. Esta zona está atravesada por el curso bajo del río Alberche y en ella se ubican poblaciones ligadas al vino y a la historia como Almorox, Escalona, Maqueda, Fuensalida, Camarena, Casarrubios del Monte y la propia Méntrida. Comprende 51 municipios y abarca cerca de 9.000 hectáreas de viñedo inscrito, donde se encuentran más 1.500 viticultores, y cuenta con unas 30 bodegas, de las cuales media docena son cooperativas.

    Clima, suelos y variedades

    El clima en la DO Méntrida es mediterráneo continental seco y extremo. Presenta una notable oscilación térmica anual y escasas precipitaciones, con una pluviometría media anual entre 300-450 mm. La persistencia e intensidad de las lluvias está asociada a los vientos del Suroeste, concentrándose en dos estaciones: de marzo a mayo y de septiembre a noviembre, siendo más destacada la primera. En el invierno predominan las situaciones anticiclónicas y son frecuentes los fenómenos de inversión térmica originados por las heladas nocturnas de radiación. La estabilidad del verano que se desarrolla bajo los dominios del anticiclón de las Azores, puede verse perturbada por la presencia de tormentas locales ocasionadas por el recalentamiento del suelo durante el día.

    La DO Méntrida abarca una pequeña zona de cultivo situados en el noroeste de la provincia de Toledo. En el sur de la denominación, la vid se encuentra en la ribera norte del río Tagus y de uno de sus afluentes, el río Alberche, que la atraviesa. La orografía es casi llana, y estos ríos han alterado el paisaje formando barrancos y pequeños valles de suaves pendientes. Los suelos son arenosos de color rojizo-marrón, con base de arcilla y piedra caliza. Son pobres en materia orgánica, pero retienen bien el agua. Muy cerca de la Sierra de San Vicente, la zona es más accidentada y con terreno más arenoso. Las altitudes varían desde los 200 a los 500 metros sobre el nivel del mar.

    La variedad principal de Méntrida es la Garnacha, llamada también localmente tinto aragonés, que supone el 80% de la vid destinada a los vinos de Méntrida. El resto de la superficie está ocupada por otras variedades tintas como la Cencibel o Tempranillo, Cabernet-Sauvignon, Merlot, Syrah y Petit Verdot, así como una pequeña proporción de las uvas blancas Albillo, Macabeo, Verdejo, Chardonnay y Sauvignon Blanc.

    Vinos y bodegas

    Actualmente todavía se aprecian grandes esfuerzos por salir del vino a granel, claramente en retroceso, y aumentar el número de vinos embotellados. Es una zona dominada por la gran producción del cooperativismo, aunque algunas de ellas han empezado a plantearse nuevos métodos de elaboración con la sustitución de las viejas tinajas de barro por modernos depósitos de acero inoxidable para lograr maceraciones más cortas y mayor limpieza, la incorporación de control de temperatura en las fermentaciones para preservar los aromas primarios de la uva, y la aplicación de razonamientos de cultivo y vendimias en su fecha idónea de maduración para lograr graduaciones alcohólicas más moderadas. Se elaboran algunos vinos blancos y rosados, pero sobre todo tintos, que son singularmente ricos en tanino y materias colorantes, muy afrutados y sabrosos al paladar con un paso de boca no excesivamente cálido.

    La Verdosa, más conocida por su marca de vinos Arrayán, es una muestra de modernidad. Surgió como el proyecto personal del empresario José María Entrecanales y María Marsans en su finca “La Verdosa”, en Santa Cruz del Retamar, Toledo, con 26 hectáreas de viñedo. Se trata de un viñedo basado en las innovadoras técnicas vitícolas que está perfectamente integrado en el ecosistema de la dehesa mediterránea, donde produce vinos de alta calidad y personalidad, junto el afamado experto australiano, Richard Smart, que realizó un exhaustivo estudio del relieve, el suelo, el clima, las exposiciones y orientaciones más favorables y las variedades que más se adecuaban al objeto buscado. En 1999 comienza la plantación de las variedades Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Petit Verdot, y la primera cosecha se empezó a comercializar a finales del año 2003. Desde entonces, la familia de vinos de Arrayán ha ido creciendo hasta contar, en la actualidad, con una excelente línea, compuesta por cuatro tintos con crianza en roble, dos de ellos monovarietales -Arrayán Syrah, y Arrayán Petit Verdot ; y dos coupages de las cuatro variedades: Arrayán Selección y Arrayán Premium – así como el Arrayán Rosado.

    Jimenez Landi, se fundó a mediados del siglo XX (1963), pero es en 20014 cuando arranca un nuevo proyecto conducido por José Benavides Jiménez–Landi con el único objetivo de elaborar vinos basados en el respeto al medio ambiente, la tradición y el equilibrio con el entorno. Es precisamente la convicción de que la naturaleza ofrece sus mejores dones cuando se la cultiva con respeto la que les lleva a realizar, en las 27 hectáreas  en propiedad, una agricultura ecológica e iniciarse en las prácticas biodinámicas, por lo que las viñas se elaboran por separado en pequeños tinos de roble francés y barricas abiertas de 500 litros. Trabaja casi exclusivamente con Garnacha, con sus etiquetas Bajondillo, Sotorrondero, Piélago y Ataulfos. También en el pueblo del Real de San Vicente disponen de 5 hectáreas de viñedos viejos de garnacha con edades comprendidas entre los 40 y los 70 años situados entre los 750 y los 850 metros de altitud sobre suelos arenosos graníticos de origen silíceo. Se trata de pequeñas parcelas que se trabajan siguiendo una agricultura ecológica.

    Bodegas Canopy es una joven bodega volcada en el redescubrimiento del terruño histórico de Méntrida. En el año 2004 Belarmino Fernández y Alfonso Chacón, dos amigos enólogos, profesionales del mundo del vino, de la empresa y de la hostelería decidieron unir su pasión en este proyecto vitivinícola que comenzó en noviembre de 2003, cuando sus responsables iniciaron la búsqueda de viñas en las que basar el proyecto. Los tres socios buscaban viñas viejas de Garnacha y modernas plantaciones de Syrah para pensar los vinos desde la viña, practicando una viticultura ecológica y respetando al máximo la uva. Poseen 19 hectáreas de viñedos, de donde elaboran sus marcas Tres Patas, varietal de Garnacha, Malpaso, un monovarietal de Syrah, La viña Escondida, varietal de Garnacha, Congo y Kaos.

    Daniel Landi Viticultor, es el proyecto personal de Daniel Gómez Jiménez Landi, que tras ocho años (2004-2011) al frente de la bodega familiar Jiménez-Landi, e implicado activa y paralelamente en el proyecto Comando G con su amigo Fernando García, decide en 2012 emprender su proyecto en solitario, recuperando los viejos y abandonados viñedos de la familia Jiménez Landi para elaborar vinos que fueran el puro reflejo de la tierra y de la cepa. Trabaja pequeñas fincas de Garnacha de suelos pizarrosos, arenosos y graníticos, de las que elabora vinos de parcela. Una de sus etiquetas más emblemáticas es Las Uvas de la Ira, a partir de 1,5 hectáreas de viñedos de Garnacha situados en la Sierra de Gredos, con cepas viejas de 70 años de edad, a 550 y 800 m sobre el nivel del mar, con una primera crianza de 16 meses en barricas de roble francés de 500 litros, y otra crianza durante 16 meses en barricas de roble. Otro vino de parcela es su Cantos del Diablo, cuyo mosto fermentó a temperatura controlada en tino de roble francés y se crio en un foudre de roble de 1.500 l y en una barrica de 500 L durante 14 meses. El Reventón es otros de sus vinos de parcela, con un viñedo de 1 ha con viñas de más de 70 años a 950 m de altitud con orientación oeste, y una crianza de 14 meses en fudres de roble. En definitiva, vinos que son la auténtica expresión de la Garnacha que tanto caracteriza a los vinos de Daniel Landi.

  • D.O. Monterrei

    D.O. Monterrei

    En función de la gran cantidad de prensas, lagares excavados en roca y vasijas encontradas, se puede afirmar que fueron los romanos quienes introdujeron en la comarca de Monterrei la actividad del cultivo de la vid. Sin embargo, la historia más moderna se remonta a la época de los señoríos feudales, cuando Monterrei era una fortaleza eclesiástica y palaciega en la que también se encontraba el hospital del peregrino. El Castillo de Monterrei, que toma su nombre gallego del término castellano Monterrey, “la montaña del rey”, es una antigua fortaleza situada en la cima de la colina que todavía vigila los viñedos, que se extienden desde el sur hacia el norte, al lado de la carretera que une Madrid con Galicia. La fortaleza representaba entonces a la autoridad regional que controlaba los precios y la calidad de los vinos producidos en las tierras del monasterio y en los diferentes dominios feudales.
    Desde finales del siglo IX, las órdenes religiosas expanden el cultivo de la vid por toda la comarca, y el vino en aquella época es utilizado como tributo para pagar a los monasterios y señores feudales.

    Más recientemente, a mediados del siglo pasado, Monterrei fue una zona productora de grandes cantidades de vino de buena calidad para esa época, donde existían grandes bodegas con lagares de piedra y grandes cubas de madera de roble. Sin embargo, a principios de los años 60 se construye la Bodega Cooperativa de Monterrei con el objetivo de promover una correcta elaboración de los vinos y su posterior comercialización, pero a finales del siglo XX, el cierre de la bodega cooperativa, la emigración, y el abandono de las tierras por la escasa rentabilidad estuvieron a punto de llevar a la desaparición el viñedo en la zona.

    Por eso Monterrei obtuvo una primera DO en los años setenta, pero posteriormente fue suspendida hasta que los viticultores y elaboradores lograron su restablecimiento en 1996. Es, por lo tanto, en los años noventa el momento en que se da un gran salto cualitativo tanto en la recuperación de las variedades preferentes como en la elaboración del vino.

    La DO Monterrei se encuentra al noroeste de España, frontera con Portugal, dentro de la Comunidad de Galicia, en los municipios de la parte sureste de la provincia de Ourense, y cuenta con dos subzonas diferenciadas: Valle de Monterrei, con temperaturas elevadas en épocas de maduración propicias para las variedades más tardías, y Ladera de Monterrei, que por su altitud cuenta con temperaturas más suaves, y es más propicia para variedades de maduración temprana. Los viñedos se extienden sobre las laderas de los valles situados alrededor del río Támega, al sudoeste de la provincia gallega de Ourense, en altitudes que varían entre los 400 y los 450 metros. Actualmente están inscritas algo más de 530 hectáreas de viñedos que cultivan unos 445 viticultores y elaboran 25 bodegas.

    Clima, suelo y variedades

    En lo que respecta al clima, el territorio de la denominación de origen protegida Monterrei pertenece a la cuenca del río Duero, puesto que en él desemboca el río Támega, que cruza la región de norte a sur. Tiene un clima mediterráneo templado con tendencia continental, influenciado por el océano atlántico. Sus veranos son calurosos y secos mientras que sus inviernos son fríos. La zona presenta unas considerables oscilaciones térmicas, de hasta 30º durante la época de maduración.

    En cuanto a los suelos, la comarca de Monterrei presenta suelos pizarrosos y esquistosos, idóneos durante las épocas de sequía, que proporcionan aromas en los vinos tintos, así como graníticos y arenosos que provienen de la degradación de las rocas graníticas, con pH bajos, adecuados para vinos blancos, y algunos arcillosos en los valles de los afluentes del Tárrega.

    Las variedades blancas preferentes son la Godello, que representa el 70% de las variedades blancas cultivadas, a quien le sigue la Treixadura, con un 24%, y Dona Branca, y también se autorizan la Albariño, Blanca de Monterrei, Caíño Blanco y Loureira.

    En cuanto a tintas son preferentes la Mencía, con un 82% del viñedo tinto, y Merenzao, y se autoriza al cultivo de la Tempranillo (Araúxa), que ya representa un 15% de las variedades tintas, así  como Caíño Tinto y Sousón.
    De hecho, se siguen manteniendo las plantaciones con sistemas de formación en vaso griego, pero en muchas de las nuevas plantaciones se introduce el sistema de cultivo en espaldera a doble cordón para facilitar el laboreo y la recolección.

    Vinos y bodegas

    Hay que contar que toda la zona se cultivan unas 13.000 hectáreas de viñedo, pero sólo están inscritas en la DO Monterrei algo más de 530, por lo que se localizan algunas cooperativas, bodegas grandes y la mayoría medianas, aunque también hay algunas bodegas gallegas ubicadas en Rías Baixas que elaboran algunos vinos de Monterrei, como es el caso de Bodegas Valmiñor y su vino Minius, un 100% Godello; y Martín Códax que elabora su Mara Martín, también 100% Godello.

    Otra bodega ejemplar es Pazos del Rey, en Albarellos, que controla 25 hectáreas de viñedo, casi todas situadas en las laderas del valle, donde reparte el cultivo entre la blanca Godello y la tinta Mencía, con las que comercializa monovarietales con las etiquetas Pazo de Monterrey Godello blanco, Tierras de Verín Blanco, Sila Godello Blanco y Sila Tinto.

    Otra bodega para mencionar es Quinta da Muradella, en Muradella, con unas 14 hectáreas de viñedo parcelado en laderas inclinadas con suelos de granito, cuarzo y arena en algunos casos, con una gran diversidad de variedades autóctonas, que cultiva de forma ecológica, por lo que no emplea ningún producto químico como fertilizantes, herbicidas o tratamientos contra enfermedades, sino procedimientos naturales para conservar todas las características propias de la tierra y su entorno. Sus principales etiquetas son Alanda Branco y Tinto, Gorbia Blanco y Tinto, Sábrego Blanco Ecológico, y Quinta da Muradella Blanco y tinto.

    Recomendable es también Bodega Gargalo, en Pazos, la bodega que Roberto Verino tiene en Verín y que desde mediados de los 90 ofrece una espléndida gama de vinos que nacen de una perfecta simbiosis entre la tradición, la tecnología, una buena materia prima y una producción limitada y controlada en sus marcas Gargalo Godello, Gargalo Treixadura-Albariño, Gargalo Mencía, Terra do Gargalo Branco sobre lías, Terra do Gargalo Tinto Carballo, Viña Verino Branco, y el Terras Rubias Branco y Tinto.

    Bodegas Bernabé Jiménez, situada en la localidad de Verín, elabora vinos con las uvas de sus viñedos en propiedad, que comercializa bajo la marca Gran Berbabé. Su Gran Bernabé blanco se caracteriza por un color amarillo pálido acerado. Es un vino de aroma fresco, agradablemente herbáceo y frutal, con cierto carácter varietal. En boca es muy sabroso, expresivo, y con un buen equilibrio alcohol-acidez. El Gran Bernabé tinto es uno de los Mencía más notables de la zona, posee un buen color cereza granate, y tiene un aroma agradable y frutal con cierto deje herbáceo muy personal. En boca es afrutado con notas vegetales y de paso ligero y ágil.

  • D.O. Montilla-Moriles

    D.O. Montilla-Moriles

    Está demostrada, por restos arqueológicos, la fundación íbera de Montilla y la antigüedad allí del cultivo de la vid. Tan así es que, recientemente, han aparecido unas pepitas de uva en excavaciones que, según los expertos, datan del siglo VIII o IX a C. También en una finca propiedad del Conde de la Cortina, situada en el famoso pago de Riofrío de la Sierra de Montilla, ha aparecido una antiquísima terracota que representa a un vendimiador, cuyo origen es anterior a la era cristiana.

    De hecho, por el Sur de la Península Ibérica han pasado multitud de civilizaciones a lo largo de la historia: el poderoso Imperio Romano, donde Roma gozó con los reconocidos vinos procedentes de la Hispania Ulterior; la dominación musulmana en la que el consumo de vino fue prohibido por el Corán, pero fue considerado un medicamento contra los males de la época, y la Reconquista cristiana donde las grandes extensiones de viñedo, que llegaban incluso hasta las puertas de Córdoba, fueron repartidas entre los nobles que participaron en la misma.

    Sin embargo, no fue hasta el siglo XVIII cuando se asientan las bases de una buena parte de la vitivinicultura contemporánea de Montilla-Moriles con el nuevo sistema de las criaderas y solera, que vienen a introducir un nuevo concepto en el envejecimiento de los vinos, donde la clásica añada desaparece y se consigue un tipo homogéneo de vino. Es muy probable que este descubrimiento fuese  casual, pues quizás alguien, por necesidad de espacio, pondría un barril encima de otro e iría rellenando el de abajo con vino del que estaba arriba. Fuera de una forma u otra, es cuando se empieza a hablar de los finos y de los amontillados, vinos finos muy hechos al estilo de Montilla, y también se comenta que el Conde de la Cortina comenzó a enviar este tipo de vino a Jerez, el cual gustó tanto a los bodegueros jerezanos que comenzaron a producirlo siguiendo el sistema cordobés.

    El nombre de Montilla, como aglutinador y representante de una comarca productora de vinos, se fue imponiendo a partir de mediados del siglo XIX, y el de Moriles cobró pujanza a partir de 1912, cuando se cambió Zapateros, nombre antiguo de la localidad, por el actual.

    El germen de lo que sería la denominación Montilla-Moriles empezó a sonar a partir de 1891, pero es el Estatuto de la Viña y el Vino de 1932 el que ampara legalmente los nombres de estas dos localidades para que puedan ser usados en exclusiva por los elaboradores y criadores de los pueblos ubicados en su zona de producción y crianza. Sin embargo, la Guerra Civil y algunos problemas burocráticos retrasaron la fundación del Consejo Regulador de la DO Montilla-Moriles que no se hizo efectiva hasta Diciembre de 1944.

    La DO Montilla-Moriles se localiza en el centro-sur de España, en la Comunidad Andaluza, por buena parte del sur de la provincia de Córdoba, y sus viñedos se extienden entre los ríos Guadajoz y Genil, limitado al norte por el río Guadalquivir y por el sur con las Sierras de la Subbética. Dentro de la zona de producción se distingue la subzona de Calidad Superior, constituida por terrenos delimitados y seleccionados por sus especiales cualidades edafológicas, llamados "alberos", tierras de albarizas, en de la Sierra de Montilla y de Los Moriles Altos. La DO Montilla-Moriles acoge algo más de 5.000 hectáreas de viñedo, de las cuales 1.600 corresponden a Calidad Superior. Se contabilizan más de 2.300 viticultores y un centenar de bodegas, donde el 65% de la producción corresponde a cooperativas.

    Clima, suelos y variedades

    El clima en toda la comarca es básicamente semi-continental mediterráneo. Es notable la influencia de los vientos procedentes del Atlántico que entran por el Valle del Guadalquivir, lo que hace que los inviernos sean fríos -aunque mucha gente piense que en Andalucía todo es sol- y los veranos calurosos, largos y secos.
    Desde el punto de vista vitícola, el clima de esta zona se clasifica entre los más cálidos del mundo durante el ciclo vegetativo, con escasas precipitaciones, y una elevada insolación, lo que incide en el desarrollo de la vid y en su ciclo fenológico, en la rápida maduración del fruto que marca su composición y las características de los todos los vinos resultantes, e indirectamente en la fermentación y crianza de los vinos. El efecto directo de esta climatología tan severa durante la maduración, así como su influencia a través de las características de los suelos, es determinante para poder obtener los vinos con características específicas, marcando tanto el estilo de los vinos blancos jóvenes o con envejecimiento, como los vinos generosos con su elevada graduación alcohólica natural.

    En cuanto a los suelos encontraremos dos tipos: los alberos y alberizas, por un lado, y los rudos, por otro. Las albarizas son suelos ricos en carbonato cálcico, con suelo y subsuelo formados por margas blandas, pobres en materia orgánica natural, poco fértiles, de composición mineralógica simple, con estructura hojaldrada o grumosa, con un alto poder retentivo de la humedad. Se consideran los suelos de mejor calidad para los vinos generosos y de licor de Montilla-Moriles, siendo el existente en los viñedos de la subzona denominada "superior". Fuera de la subzona superior se encuentran suelos más oscuros que cubren subsuelos ricos en carbonato de cal, así como también suelos con alto contenido en sílice, que potencian la reverberación de la radiación solar, así como también suelos rudos, menos aptos para la producción de vinos de calidad, que se sitúan en las partes bajas de Montilla y son de color rojizo debido a la presencia de hierro, lo que imprime a los vinos un carácter más oxidativo.

    La variedad reina es la Pedro Ximénez (80%), seguida de la Moscatel de grano pequeño, y otras como la Airén o Lairén, Baladí, Verdejo, Torrontés, Chardonnay, Sauvignon Blanc y Macabeo.

    Tipos de vino

    En cuestión de vinos, el sistema de maduración en criaderas y solera es idéntico al de los vinos de Jerez, así como su tipología, con blancos jóvenes, finos, olorosos, amontillados, dulces y vinos de licor, pero la diferencia con otras zonas andaluzas, es que la mayoría de los finos no requieren un encabezado.

    Blancos jóvenes. Son los vinos blancos pálidos que no han recibido ningún tipo de crianza. Por el momento son escasos, aunque existe un gran interés por parte de algunas grandes bodegas en potenciar este tipo de vino. Aunque en su elaboración intervienen variedad de cepas regionales, los mejores son los de Pedro Ximénez. Desde su iniciada juventud y a medida que transcurren los meses de embotellado, existe una gran diferencia en su degustación. Exhibe unos claros aromas de flor de peral y una sutil fruta exótica con sensaciones cítricas. Vino fácil de beber, con buen paso de boca, informal y ligero.

    Fino. Vino generoso con una crianza biológica mínima de 2 años y 15% vol. que generalmente se alcanza de forma natural, sin necesidad de encabezado. Color pálido amarillento con atisbos aceitunados, de nariz punzante con notas de flor de levadura y frutos secos. Paladar seco, con presencia, fino y elegante, levemente amargoso y con más cuerpo que los jerezanos.

    Amontillado. Es un vino generoso que se obtiene a partir de un vino Fino al que se le aplica una crianza mínima de cinco años, seguidos de al menos tres años con crianza oxidativa por el sistema de criaderas y solera. Es de color ambarino a oro viejo, de aroma punzante y avellanado, seco, suave y lleno al paladar.

    Oloroso. Es un vino generoso que se obtiene a partir de vino blanco sin envejecimiento, que es sometido a envejecimiento durante al menos dos años, con crianza predominantemente oxidativa por el sistema de criaderas y solera. Son de color caoba, muy aromáticos, de mucho cuerpo, llenos y de paladar aterciopelado. Pueden ser secos o levemente abocados.

    Palo cortado. Se parecen en aroma a los amontillados, y a los olorosos en color y sabor. Son los olorosos con mayor calidad. Su elaboración es escasa.

    Dulce Pedro Ximénez. Es un vino dulce natural. Su color se centra en el rubí intenso y oscuro hasta los tonos caoba con luminosos ribetes yodados. Su aroma es intenso y embriagador, recuerda al fruto de la uva pasificada e higos maduros, frutos secos y almibares. En boca son untuosos, sabrosos y dulces, con una buena persistencia aromática.

    Dulce Moscatel. Es un vino dulce natural obtenido con la variedad Moscatel, donde el mosto se somete a fermentación parcial y encabezado, aunque puede emplearse el proceso de asoleo, y puede comercializarse sin crianza o bien someterse a crianza mediante el sistema de criaderas y solera durante al menos un año con una graduación alcohólica adquirida mínima de 15% vol.

    Vinos generosos de licor. Son los tipos de vino “Medium”, “Pale Cream” y “Cream”, que se obtienen a partir de los vinos generosos o de vinos criados bajo velo a los que se adiciona mosto de uva pasificada, alcohol neutro de origen vitícola para impedir la fermentación, mosto de uva concentrado rectificado, o vino dulce natural Pedro Ximénez.

    Vinos y bodegas de la DO Montilla-Moriles

    Excepto en los vinos blancos jóvenes, el principio de elaboración de los vinos de Montilla-Moriles reside en la mezcla de vinos procedentes de distintas añadas en botas diversas y de diferentes edades; conocido como sistema de "solera y criaderas". Consiste en una sucesión de mezclas, la cual empieza por tomar cierta cantidad del vino más joven, y se trasiega a las botas del año anterior. Para hacer sitio en estas primeras botas, hay que vaciar previamente un tercio, que se trasiega a las botas que contienen el vino de tres años, las cuales a su vez se han vaciado en un tercio, que se añade al vino de cuatro años, y así sucesivamente hasta que se llega a la solera. Las botas donde se cría el vino, antes de llegar al nivel de la solera, reciben el nombre de criaderas, y el nombre de solera procede de la bota apoyada sobre el “suelo” en la base de la pirámide de botas.

    Una de las bodegas pioneras, la más antigua de Andalucía y puntera es Alvear, que empezaron en 1729 a elaborar en Montilla los primeros vinos de la casa. Con semejante historia han consolidado una auténtica estructura bodeguera, y hoy día, además de afianzar su presencia en Córdoba, tiene proyectos bodegueros fuera de sus fronteras, en Extremadura y Argentina.
    Alvear cuenta con extensos viñedos Pedro Ximénez situados en los más famosos pagos de la sierra de Montilla y Moriles y posee una capacidad de crianza de 10 millones de litros en botas de roble, distribuidas en casi una veintena de bodegas, que acogen a las diferentes etiquetas de la casa. Las bodegas de la Sacristía, el Liceo, la Grande, y la del Escudo, junto a la casa solariega, acogen a los preciados vinos viejos. En Las Mercedes, hoy conocida como la del Capataz, se encuentran la mayor parte de las soleras de uno de los vinos más conocidos de Alvear: el Fino C.B.  Lo mejor de este fino es su naturalidad. Procede de las mejores uvas de Pedro Ximénez con una crianza biológica en botas de roble americano por el sistema de criaderas y soleras, con sacas y rocíos periódicos durante tres años.
    Otra de las bodegas más carismáticas es la de Conde de la Cortina, además de El Trabajadero, Ronda, Las Palmeras, Oloroso Viejo, Los Deanes, San Rafael, Don Diego y Presidente, en que conviven actualidad e historia. Junto a etiquetas con solera, como las de la colección Alvear (fino, amontillado, oloroso, solera cream, fino en rama y PX de añada), los PX 1927 y 1910, el Festival Pale Cream y el Conde de la Concordia, convive también con su vino más novedoso, El Marqués de la Sierra, un blanco joven elaborado a partir de la uva Pedro Ximénez, con una pequeña contribución de riesling, chardonnay y sauvignon blanc. No pasa por madera y tiene la peculiaridad de que procede de uva recogida antes de la maduración total, lo cual le otorga un peculiar equilibrio entre azúcares y acidez. Fue también pionera en la comercialización de Fino en Rama y PX de añada.

    Bodegas Toro Albalá, fundada 1922, aunque su historia se remonta a 1844, en plena campiña cordobesa, en las faldas del castillo de Aguilar, cuando Antonio Sánchez, fundador de la bodega, planta la viña llamada La Noria. Un siglo más tarde la bodega se traslada a las instalaciones de una vieja central eléctrica, en donde se empiezan a elaborar y criar vinos con nuevas tecnologías. De aquí nace el cariñoso apodo de Antonio: “el eléctrico”. La filosofía de sus fundadores, calidad primando sobre la cantidad, sigue impregnando la firma. Desde 1922 Toro Albalá produce vinos de la denominación Montilla-Moriles y bajo la dirección de Antonio Sánchez Romero, nieto del fundador, sigue tratando de mejorar la calidad de sus finos, amontillados, pedro ximénez y jóvenes. Entre todas sus etiquetas, Fino del Lagar, Fino Rama, Joven afrutado Eléctrico, Gama Amontillado (Viejísimo Solera, Convento Amontillado), Toro Albalá guarda un tesoro, sus dulces PX, desde la Gama Don PX, la Gama Especial Don PX añadas viejas, elaborados con uvas pasificadas asoleadas durante 15 o 20 días tras la vendimia, hasta las series más antiguas como el Marqués de Poley.

  • D.O. Montsant

    D.O. Montsant

    Historia

    El Montsant es una zona situada en el sector central de la provincia de Tarragona, ocupando un área que envuelve casi por completo a la denominación de origen del Priorat, limitada por un semicírculo de montañas. Al norte limita con las sierras de Montsant y de la Llena y al este con las montañas de Prades. Al sud, se abre hacia el río Ebro y se nota la cercanía del mar Mediterráneo.

    La historia de el cultivo de la vid en la zona del Montsant se remonta muchos siglos atrás, y hay algunas pruebas que así lo evidencian. Muestra de ello es, por ejemplo, el descubrimiento de un asentamiento romano en la población de Marçà, en el que se encontraron varias ánforas que servían para guardar el vino y, supuestamente, transportarlo hasta la gran Tarraco.

    Aunque el auge del cultivo de la vid se produciría en la Edad Media gracias a los monjes cartujos de Scaladei, quienes instalaron su monasterio en la zona.
    Los monjes aportaron nuevas técnicas de cultivo y una visión nueva en la elaboración del vino, desencadenando una crecida exponencial del cultivo de la vid en la zona.

    Desde entonces, la producción de vino ha sido constante en la zona del Montsant. En el siglo XIX ya se exportaban los vinos de Montsant con destino a Burdeos, y algunos de ellos consiguieron ganar algunos premios en las grandes exposiciones universales.
    Todavía no existía ninguna denominación de origen en España. Eran tiempos de cantidad frente a calidad, pero Montsant ya despuntaba como una zona especial para la elaboración de vinos.

    A finales del siglo XIX llegó la filoxera. Una plaga devastadora que acabó con muchos de los viñedos desencadenando una gran crisis.
    Para hacer frente a la nueva situación se crearon diversas cooperativas que ayudaron a mantener el cultivo en la zona. Algunas de ellas, a día de hoy todavía siguen en activo.

    En el año 1932 se reconocen las denominaciones de origen Tarragona y Priorat, y la actual Montsant quedaba así englobada bajo la denominación Tarragona, en la subzona de Falset.
    No fue hasta el año 2001 cuando se aprobó la creación de la D.O. Montsant, reconociendo así las características específicas de los vinos cultivados en esta zona.


    Carácter: uva, suelo y climatología

    Son varias las variedades que se plantan en el Montsant autorizadas por la denominación de origen. Pero si pensamos en vinos del Montsant, pensamos en Garnacha y Cariñena. Dos variedades que expresan perfectamente la tipicidad de estas tierras.
    La Garnacha es una variedad muy resistente a la sequía, por lo que es una variedad muy cultivada en las zonas cálidas de la Península Ibérica que, sobremadurada, llega a altas concentraciones de azúcar. Produce vinos con alto grado alcohólico, con mucho cuerpo y una baja acidez con aromas a frutos negros maduros, pasas y ciertos balsámicos.

    La Cariñena, o Samsó como se le llama en la zona, se utiliza habitualmente para contrarrestar la oxidación de la garnacha. Produce vinos muy elegantes, y sedosos cuando proviene de viñas viejas.
    Vinos muy agradables, con aromas delicados y elegantes.

    Aunque en menor medida, podemos encontrar también en la denominación las variedades Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Monastrell, Picapoll Negre y Syrah.
    Además, también se cultivan las variedades blancas Macabeo y Garnacha Blanca.

    Montsant se encuentra en un territorio montañoso con una orografía muy accidentada y abrupta excepto en su parte Sud, punto donde se abre al río Ebro, que es una zona más plana, algo más suave y amable.

    Básicamente encontramos tres tipos de suelo diferentes en la denominación: suelos compactos formados por sedimentos que provienen de los diferentes ríos, suelos graníticos con baja proporción de materia orgánica y suelos pedregosos de pizarra, conocida como licorella en la zona, pobres en materia orgánica y que aportan una personalidad mineral muy especial a los vinos.

    La climatología en Montsant está marcada por dos factores: las montañas que la rodean y la influencia del río Ebro y los vientos del cercano Mediterráneo.
    Los inviernos son fríos y los veranos secos y calurosos. Las montañas paran en parte la influencia del mar, lo que hace que baje la temperatura en las épocas de maduración y se acentúen las diferencias entre el día y la noche.
    La pluviometría está situada entorno a los 500-600 litros/m2 al año. Las lluvias se concentran sobretodo en primavera y otoño, dejando inviernos y veranos muy secos.
    En verano, los vientos húmedos del mar que entran por el sud aportan un poco de agua a las viñas.


    Principales bodegas de Montsant


    La mayoría de los vinos que se elaboran en Montsant son vinos tintos. Los vinos de Montsant son vinos con mucha extracción de color y amplia carnosidad, sobretodo aquellos procedentes de las viñas viejas, viñas de más de 50 años consideradas y cuidadas como un tesoro.
    Aunque en menor medida, también se elaboran vinos blancos a partir de las variedades Macabeo y Garnacha Blanca. Vinos blancos jóvenes y vinos blancos fermentados en barrica, vinos complejos y con muchos matices.

    Montsant está formada por infinidad de pequeñas bodegas, que trabajan de manera tradicional.
    Encontramos algunas bodegas históricas, como el Celler de Capçanes, una cooperativa fundada en el año 1933 que en la actualidad agrupa a 125 socios. Como curiosidad, Celler de Capçanes fue la primera bodega en elaborar vino kosher en España.
    Josep Grau Viticultor o Acústic Celler son ejemplos de bodegas modernas, pero con una apuesta clara por la tradición en su manera de elaborar.
    Venus La Universal es otra bodega joven en manos de un apellido histórico, la cuarta generación de los Barbier, con una fuerte apuesta por la agricultura ecológica.

  • D.O. Navarra

    D.O. Navarra

    En Olite, Cascante, Funes y otras localidades navarras se han encontrado huellas del cultivo de la vid y de la elaboración de vinos en época romana, pues la tradición asegura que Pompeyo, el fundador de Pamplona, abastecía a sus tropas con vinos navarros, y los vinos navarros eran ya conocidos más allá de los Pirineos.
    No obstante, la viticultura prosperó gracias al estímulo cultural de los monasterios (Leyre, lrache, La Oliva, Fitero) y al activo comercio que propiciaban las rutas europeas de peregrinación. Los peregrinos medievales tenían el buen gusto de trazar sus rutas piadosas entre ríos y viñedos, así el Camino de Santiago cruzaba algunos de los mejores pagos vinícolas de la Edad Media, desde el Rin hasta el Ródano, desde el Sena hasta el Garona, desde el Ebro hasta el Duero.
    No hay que olvidar que el reino de Navarra se extendía desde el corazón de La Rioja (Nájera) hasta Burdeos, ocupando una extensa región vinícola. El hospitalario reino de Navarra ofrecía ya a los peregrinos en el siglo XI excelentes vinos. El caritativo monasterio de Roncesvalles llegó a producir en estos años de la Edad Media hasta 40.000 litros de vino anuales.
    Los reyes de Navarra llegaron hasta Tierra Santa participando en las cruzadas, como hizo Teobaldo l. Cuando hoy se cita a Thibault IV como el hombre que introdujo la Chardonnay en la Champagne procedente de Tierra Santa, se olvida que este conde de Champagne era rey de Navarra. En el siglo XIII, Teobaldo I importó a Navarra algunas cepas de Champagne, probablemente Chardonnay y Pinot Noir. Sus bodegas en el castillo de Olite y su viña de La Serna, cuyas puertas sólo se abrían a la esposa del gobernador del reino, fueron famosas y admiradas.
    Tampoco falta quien asegura que don Teobaldo importó también de Champagne la técnica de elaboración del verjus: vino de aguja elaborado con uvas agraces. No es extraño, por lo tanto, que las crónicas antiguas citen la aclimatación de nuevas vides en Navarra acometida por este monarca. A nadie debe extrañarle que la Chardonnay, que entonces se llamaba “morillon”, uva de los moros, fuese ya plantada a este lado de los Pirineos en el siglo XIII.

    En el siglo XIV ya se exportaba el vino navarro a Normandía, pero el verdadero esplendor vinícola de la comarca comenzó en el siglo XVI, cuando los tintos y rosados navarros extendieron su fama hasta las colonias del Nuevo Mundo. Felipe II y su arquero Cock visitaron Valdizarbe y Puente la Reina en 1592, y dejaron constancia de la calidad de sus vinos claretes. La producción vinícola en ese siglo era ya tan abundante que se forjaron las leyendas de las iglesias (Allo, Peralta, Artajona, etc.) que se construían o restauraban utilizando cemento amasado con vino. El vino se consideraba un remedio contra las enfermedades cuando se recogía en las iglesias, después de haberlo pasado por la cabeza de las imágenes milagrosas. Por el puerto de San Sebastián se exportaban los tintos y claretes navarros a Londres. Por el contrario, el comercio peninsular era más escaso, ya que el proteccionismo aduanero impedía el paso de los vinos navarros hacia Castilla o Aragón.

    En el siglo XVII, Navarra cultivaba 18.500 ha de viñedo, prácticamente la misma extensión que ocupa la actual DO Navarra. Esa superficie se triplicó a finales del siglo XIX, cuando el viñedo navarro abastecía a los productores franceses que habían visto sus tierras devastadas por el oídio y la filoxera. Sin embargo, a medida que el cultivo de la viña se intensificaba en las tierras meridionales, se iba perdiendo en las latitudes situadas más al norte de Pamplona.

    La importancia de la vid ha sido tan decisiva en Navarra que sirvió incluso para marcar las diferencias entre las zonas agrícolas de la comunidad. Antes de que se produjera la feroz plaga de la filoxera a finales del siglo XIX, la superficie de viña plantada llegó a alcanzar las 50.000 hectáreas. Pero Navarra también sufrió, a partir de 1896, el azote de la filoxera.

    En 1912 se celebró en Pamplona la Exposición Nacional de Viticultura, presidida por el rey Alfonso XIII . En los primeros años de ese mismo siglo se produjo el progresivo renacimiento de la viticultura navarra, después de la ruina provocada por la filoxera. El cooperativismo agrario católico, impulsado por la encíclica Rerum Novarum, tuvo gran acogida en Navarra. En 1911 se había fundado la Cooperativa de Olite, a la que siguieron las de San Martín de Unx, Tafalla, Allo, Cintruénigo, etc. Siguiendo sus pasos, se desarrolló en Navarra el activo movimiento cooperativista de la década de 1950 y 1960, que conquistó grandes superficies de tierra para el viñedo, donde el vino rosado, especialmente elaborado a partir de la variedad Garnacha, ha sido la carta de presentación de los vinos navarros hasta finales del s.XX.

    En 1975 se consolida definitivamente la DO Navarra, y también a partir de ese momento fue cuando los blancos y tintos navarros comenzaron a reivindicar su noble linaje, con la ayuda muy eficaz de la Estación de Viticultura y Enología de Navarra (EVENA), establecida en Olite en 1981. La DO Navarra está ubicada en la zona nororiental de España, dentro de la Comunidad Foral de Navarra, y se extiende desde el sur de la capital de la comunidad, Pamplona, hasta la cuenca del río Ebro.

    Actualmente están inscritas unas 11.700 hectáreas de viñedo y 89 bodegas elaboradoras. A partir de la puesta en marcha de la DO Navarra, los cambios en el viñedo, amparados por la labor de la EVENA, vinieron acompañados de otros en las bodegas. No era fácil acometer este cambio en una región dominada por las cooperativas, tradicionalmente muy conservadoras. Sin embargo, el espíritu de progreso y competencia ha ido calando hondo en el viñedo navarro, patrocinado en este caso por empresas productoras más pequeñas.
    Se mejoraron y ampliaron instalaciones, sobre todo de bodegas privadas, aunque también algunas cooperativas han aguantado el cambio de ritmo; se introdujo tecnología de vanguardia, con los imprescindibles tanques de acero inoxidable para fermentaciones a temperatura controlada, y se rediseñaron botellas, etiquetas y marcas.
    Tampoco faltó el apoyo institucional, en un proceso que ha requerido años y abundantes inversiones. Evidentemente, los resultados no se hicieron esperar. Así se han conseguido tintos de gran clase que han despertado el interés de todos los expertos; menos apoyados en la graduación alcohólica de la garnacha, más frutales y, sobre todo más variados y personales. Por el momento, el vino blanco no ha alcanzado tanto prestigio como el tinto, aunque hay algunos Chardonnay y algunos blancos tradicionales de Viura que merecen toda nuestra atención.

    Pero si algo hay que achacarle a los vinos navarros, no es su historia más antigua sino la más moderna: soportar el peso de su propia fama con sus vinos rosados. Esta especialización nació a los albores de la década de los 80 cuando La Rioja se llevaba el pastel con los tintos y el Penedés y Galicia con sus blancos jóvenes y afrutados. Sin embargo, hoy en día, y a la vista de lo que se está cociendo y elaborando en Navarra, es evidente que la especialización en la elaboración de vinos rosados y baratos de la que todo aficionado es todavía consciente, fue tan sólo una palanca comercial para concienciar al consumidor de la existencia de esta denominación, y, por qué no decirlo de paso, una salida decentemente embotellada a la superproducción vitivinícola de la zona. No obstante, con la renovación del viñedo y la entrada de nuevas variedades, el panorama vitivinícola empezó a cambiar paulatinamente a principios de la década de los noventa, y desde entonces algunos blancos y tintos navarros ya figuran entre los mejores de España.

    Clima, suelo y variedades

    Al igual que La Rioja, el viñedo Navarro se extiende a lo largo de la cuenca del Ebro, especialmente en la mitad sur de la provincia, casi desde Pamplona, al norte, hasta Tudela, al sur, y se distinguen cinco comarcas:

    Baja Montaña. Se encuentra en el este de Navarra, haciendo frontera con Aragón, y se cultivan 1.520 hectáreas de viñedo donde predomina la Garnacha, con más del 50%, seguida de la Tempranillo con un 25%. Zona muy marcada por una acusada orografía, con abundante vegetación de bosque bajo, donde los suelos son rojizos o amarillentos, con frecuencia cascajosos, correspondiendo a la parte alta del río Aragón, calizos en la mayoría de los casos. Climáticamente se sitúa entre la zona subhúmeda por el norte y la seca superior por el sur, variando la precipitación media anual entre los 760 y los 470 mm.

    Valdizarbe. Se encuentra en la Navarra media, al sur de la cuenca de Pamplona, y constituye el centro neurálgico del Camino de Santiago a su paso por la provincia, al unirse las dos variantes procedentes de la Baja Navarra y de Aragón. Es una zona marcada en su parte occidental por las estribaciones de la Sierra de Andía y la Sierra del Perdón al norte, discurre en gran parte alrededor del río Arga, siendo una zona de suaves colinas y valles. Se cultivan unas 920 hectáreas de viñedo donde conviven con similares superficies la Tempranillo, Garnacha, Cabernet y Merlot entre las tintas, y algo de Chardonnay y Malvasía en blancas. Sus suelos reflejan una situación similar a la de la zona de Baja Montaña, donde predominan los suelos pardocalizos, sobre materiales no consolidados, con manchones de suelos pardos a la altura de Muruzábal y Oloriz, y suelos calizos sobre margas abigarradas de trías en la zona de Mañeru. Desde el punto de vista climático es la zona la más húmeda de todas. También, como en la de Tierra Estella, las sierras situadas al norte reducen la influencia atlántica y los viñedos tienden a ocupar las solanas.

    Tierra Estella. Está enclavada en la franja occidental de Navarra, a lo largo del Camino de Santiago, y hace frontera con el País Vasco y La Rioja. Está surcada por el río Ega y limitada por la Sierra de Urbasa, tiene marcado relieve en su zona norte que va suavizándose hacia el Sur donde convive con el olivo y el cereal. Se cultivan unas 1.800 hectáreas de viñedo donde destaca la Tempranillo con casi un 50%, seguida de la Cabernet Sauvignon (20%) y en blancas hay una presencia destacada de Chardonnay. Abarca suelos desarrollados sobre varios tipos de relieve y materiales diferentes, muy parecidos a los de la zona de Valdizarbe. Con respecto al clima, se sitúa entre la zona subhúmeda por el norte y la seca superior por el sur, variando la precipitación media anual entre los 700 y los 454 mm. Las sierras de Urbasa y Andía por el norte filtran la influencia atlántica, situándose los viñedos de preferencia en las solanas.

    Ribera Alta. Se sitúa en la franja media de Navarra, en la zona de transición hacia el sur de la región, con un importante foco vitícola en torno a Olite. Es una zona con suave relieve en el norte y en torno al Ega, que se va haciendo más llana en su tránsito hacia el sur, donde cohabitan la vid y el cereal. Se cultivan 4.125 hectáreas con predominio de la Tempranillo, pero con buena representación de las demás tintas, a destacar la Graciano. Destaca en blancas por tener la mayor proporción de Chardonnay de la región y cierta presencia de Moscatel. En suelos abundan las margas calizas de origen eoceno y mioceno, aparte de los aluviales de las cuencas fluviales, habiendo también tierras rojizas y areniscas. Climatológicamente es una zona de transición ubicada entre la zona seca superior y la semiárida, en la que las transiciones climáticas son muy graduales pues su relieve es bastante llano. Alejada de las influencias oceánicas y pirenaicas, se trata de una zona más cálida que las del norte. Su precipitación media anual oscila entre los 507 y los 349 mm y el déficit hídrico anual para la viña se sitúa en torno a 200-300 mm.

    Ribera Baja. Está enclavada en el sur de Navarra, en el valle del Ebro, entre Aragón y La Rioja. Es una gran planicie, de escasa vegetación, dominada por la imponente presencia de la Sierra del Moncayo. Se cultivan unas 3.350 hectáreas de viñedo donde la Tempranillo es la uva dominante (40%) acompañada de la Garnacha (30%). En cuanto a las blancas, existe la mayor concentración de Viura y Moscatel de la región. Gran parte de la viña ocupa suelos situados en distintos niveles de terrazas y glacis cuaternarios formados por el río Ebro y sus afluentes por su margen derecha, donde los suelos pertenecen en la mayor parte al mioceno, con formaciones pertenecientes al triásico y al actual. Predominan los suelos pardos, grises subdesérticos al sur de Tudela y pardo-calizos al norte. Las vegas de los ríos son de origen aluvial. Es una zona bastante homogénea en cuanto a condiciones climáticas, situándose plenamente en la zona semiárida. Dado el régimen térmico y unas precipitaciones medias anuales que oscilan entre los 361 y los 384 mm, se plantea un déficit hídrico para la viña superior a los 300 mm anuales.

    En Navarra existe un amplio abanico de variedades blancas (6%) y tintas (94%) que se utilizan para elaborar vinos de todos los estilos adaptados a los gustos de los consumidores: rosados, blancos jóvenes y con madera, tintos jóvenes y con madera, dulces y Cavas. Más del 70% del viñedo lo ocupan las variedades autóctonas, mientras que el 30% restante está compuesto por variedades internacionales. En tintas están autorizadas la Garnacha Tinta, Graciano, Mazuelo, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir y Syrah, mientras que en blancas sobresalen la Chardonnay, Viura, Garnacha Blanca, Malvasía, Moscatel de grano menudo y Sauvignon Blanc.

    Vinos y bodegas de la DO Navarra

    En esta DO todavía coexisten muchas cooperativas, bodegas de tamaño grande, y algunas familiares, por lo que nuestra selección se centra en aquellas que aportan un valor añadido a la realidad actual de los vinos de la DO Navarra.

    Señorío de Otazu se funda en 1860. Se edificó una bodega de estilo francés que fue la primera construida en Navarra fuera de un casco urbano y en una sola finca, y es uno de los viñedos tintos más septentrionales de España. Está situada en la Cuenca de Pamplona, rodeada por la sierra de El Perdón y la Peña de Etxauri, en la margen izquierda del río Arga.
    Son 115 hectáreas propias, todas ellas alrededor de la bodega y son la uvas exclusivas utilizadas por Otazu para la elaboración de sus vinos. Bajo la DO Navarra, Señorío de Otazu elabora cinco vinos: tres tintos, uno blanco y uno rosado. Vitral y Altar, vinos tintos de alta gama, con nombre propio y con un proceso de elaboración completamente manual. Otazu Premium Cuvée, Otazu Chardonnay y Otazu Rosado, son vinos elaborados a través de un proceso parcialmente manual, son más jóvenes y constituyen la puerta de entrada al maravilloso mundo de los vinos Otazu.
    La bodega también elabora vinos bajo DOP Pago de Otazu, donde actualmente el 99% de sus viñas están calificadas como vides de Pago y con ellas elaboran dos vinos: Señorío de Otazu tinto y Señorío de Otazu Chardonnay Fermentado en Barrica.

    Nekeas se funda en 1989 con ocho familias de la localidad de Añorbe quienes plantaron 150 hectáreas de viñedo. Cuando éstos empezaron a dar sus frutos se construyó la bodega Nekeas, aunque la elaboración y comercialización de sus vinos no se inició hasta 1992. A pesar de no ser una de las bodegas más antiguas de la zona, Nekeas ha sabido compaginar la larga tradición vitivinícola del territorio en la que se ubica con las nuevas técnicas y los conocimientos más avanzados en el mundo de la enología. Actualmente, tiene una superficie de viñedo propio de 225 hectáreas con la que elabora desde vinos jóvenes a crianzas y reservas. Entre ellos destaca Izar, que se elabora sólo en añadas especiales, y su vino de pago El Chaparral de Vega Sindoa, un varietal puro de Garnacha procedentes de cepas viejas, con aromas de fruta madura y dulcificada donde no faltan las especies (pimienta negra, clavo) y los balsámicos frescos (hinojo, anís), con un elegante fondo de vainilla. Pleno y sedoso, con fruta madura (frambuesa, fresas) y unos taninos finos.

    Señorío de Sarría funciona como tal desde 1953 aunque los datos de Señorío de Sarría se remontan al siglo XVI, cuando Juan de Azpilicueta, hermano de San Francisco Javier, ya disponía de un palacio de armas en el Señorío de Sarría, el cual estaba rodeado de viñedos. Enclavada en el corazón del valle de Valdizarbe, Señorío de Sarría posee más de 110 hectáreas de viñedo propio que se extienden por las laderas de la sierra del Perdón a lo largo de las riberas del río Arga. En ellas cultiva diversas variedades tanto blancas como tintas, donde las de Garnacha y Graciano, por ejemplo, tienen una edad media que supera el medio siglo, mientras que las más jóvenes son las de la variedad Merlot, con poco más de una década de vida. Actualmente, y bajo la marca principal Señorío de Sarría, comercializa dos gamas de vino. La primera de corte más tradicional, con crianza, reserva y gran reserva, además de un rosado y un blanco, así como el Señorío de Sarría Reserva Especial. La segunda gama, que ha sido bautizada como Viñedo, se lanzó al mercado posteriormente y pretende extraer lo mejor de sus propios viñedos, donde sobresalen sus tintos de Graciano, Merlot y Cabernet Sauvignon con un ligero paso de barrica, también un rosado muy expresivo y un blanco fermentado en barrica.

    Artazu es una bodega relativamente nueva (1996) y sus inicios están ligados al proyecto de Juan Carlos López de Lacalle (Artadi) en Navarra. Su voluntad era la de potenciar la variedad garnacha y, para ello, en el año 1996 emprendió un estudio en profundidad del comportamiento y la evolución de esta variedad en la zona más septentrional de Navarra. Realmente, la primera cosecha de Artazu no se elaboró hasta el 2000, por lo que se trata de una compañía relativamente moderna aunque sus vinos han cosechado una gran notoriedad durante los últimos años. Tanto las instalaciones de esta bodega como sus viñedos están ubicados en el municipio de Artazu, un antiguo y reconocido pueblo vinícola.

    Básicamente se cultiva uva de la variedad Garnacha en unas 15 hectáreas de viñedo propio, cuyas cepas tienen una media de edad superior a los 60 años, y su pago más destacable es el de Santa Cruz, que de hecho su nombre ha servido para bautizar uno de sus vinos de mayor calidad. Entre sus vinos, destacan el tinto Santa Cruz de Artazu y Pasos de San Martín.

    Castillo de Monjardín está situada en el Valle de San Esteban, dentro de la zona vitivinícola de Tierra Estella, donde a finales de la década de los 80 decidieron replantar sus tierras con diversas variedades de uva hasta alcanzar las 220 hectáreas de viñedo propio que poseen actualmente, ubicados a una altitud media de 600 metros sobre el nivel del mar.

    La bodega defiende su decidida apuesta por la calidad antes que la cantidad, por lo que ha optado por cultivar y recuperar cepas de las mejores variedades a pesar de que algunas son de una productividad mucho más baja. Así, entre sus blancos destacan su Chardonnay, su Chardonnay reserva, su Chardonnay fermentado en barrica y, su vino estrella, Esencia Monjardín, un vino blanco que se elabora con el viñedo Auza, situado en Villamayor de Mojardín. Es un vino dulce natural, de uva sobremadurada, muy fino, con aromas a compota, higos, miel y un final con una ligera acidez que lejos de resultar pesado, lo hace extremadamente elegante. En tintos elaboran una gama muy completa en todos los estilos, con especial atención a las etiquetas monovarietales y los vino de pago.

    Bodegas Valcarlos empieza a funcionar en 2001 y pertenece al Grupo Faustino. Está situada en el municipio de Los Arcos, en la zona vitivinícola de Tierra de Estella. Sus viñedos son en propiedad y ocupan 55 hectáreas repartidas entre las localidades de Los Arcos y Torres del Río, a 445 metros de altitud sobre el nivel del mar. El representativo edificio en el que se encuentra ubicada la bodega alberga, en su parte central, una gran cúpula que culmina en una torre circular. Esta construcción fue diseñada para imitar los característicos tinos aunque, lógicamente, a gran escala. Dentro de su amplia gama de vinos, se pueden encontrar en el mercado dos marcas diferenciadas: Marqués de Valcarlos (tinto crianza, rosado y blanco) y Fortius, reservada a los crianzas varietales de Merlot y de Cabernet Sauvignon.

    Bodegas Fernández de Arcaya se funda en 1990 y está ubicada en medio de una finca de 4 hectáreas en Los Arcos, sobre el Camino de Santiago. El principal objetivo de sus fundadores, los hermanos Joaquín y Miguel Fernández Arcaya, era vinificar la uva procedente del viñedo de su familia, situado en los términos de Los Arcos, El Busto, Sansol y Villamayor de Monjardín. Se trata de unas 54 hectáreas, en las que paulatinamente y a partir del año 1982 han sustituido algunas viñas antiguas. Dentro de su gama de vinos, destaca el Kosher que se ha elaborado bajo la estricta supervisión del Rabino Principal de Barcelona. También comercializan Viña Perguita, Condesa de Garín y, por supuesto, su gama Fernández Arcaya.

    Bodegas Ochoa es una bodega familiar situada en Olite, y es uno de los productores de vino más antiguos de toda la comunidad. Actualmente, sus viñedos propios ocupan 143 hectáreas, cuyas cepas de mayor edad son las que se encuentran más cerca de la bodega de Olite, mientras que la mayoría de los viñedos están plantados en la Finca El Bosque en Traibuenas, enclave natural situado unos kilómetros al sur de Olite, a una altitud de 400 metros. En cuanto a su gama de vino, Bodegas Ochoa mantiene la tradición en los vinos de reserva, innovando constantemente en los jóvenes y varietales. Sus vinos jóvenes son Ochoa Tinto Garnacha & Tempranillo, Ochoa Rosado Garnacha y Ochoa Blanco Viura & Chardonay. Sus jóvenes especiales son Ochoa Graciano-Garnacha y Ochoa Rosado de Lágrima. En cuanto a sus crianzas y reservas, encontramos Ochoa Tempranillo, Ochoa Cabernet Sauvignon, Ochoa Merlot, Ochoa Reserva y Ochoa Gran Reserva. Y por último, como vinos de sello especial están el Ochoa Vendimia Seleccionada y el Ochoa Vino Dulce de Moscatel, un vino que siempre destaca por su potencial aromático y ese adecuado equilibrio entre la dulzura, la frutosidad y la frescura.

    Viña Magaña se funda en 1968, y fue creada con el objetivo de elaborar un vino tinto de alta calidad y con perfil europeo. De hecho, los hermanos Magaña fueron los precursores en la introducción de las variedades foráneas tintas en Navarra, cuyo negocio paralelo durante muchos años fue la venta de clones procedentes de distintas zonas de Francia. La mayoría de sus 100 hectáreas de viñedo propio están dedicadas al cultivo de la variedad reina de la bodega: la Merlot. Esta uva es la base de todos los vinos de Bodegas Magaña aunque también cultivan otras variedades como el Cabernet Sauvignon, Cabernat Franc y Tempranillo. Uno de los principales atractivos de esta bodega son sus modernas instalaciones, que están situadas en la localidad de Barillas, y son obra del famoso arquitecto Rafael Moneo. Sus primeros vinos fueron los ya prestigiosos Viña Magaña, sobre todo el gran reserva varietal de Merlot, al que últimamente se han incorporado las gamas Dignus, Torcas, Barón de Magaña y Calchetas, donde este último denota la pasión y el enamoramiento de Juan Magaña por el estilo del tinto bordelés. Es aromáticamente frutal, impactante al instante pero tampoco esconde sus 20 meses de barrica; de paladar fornido y con el espinazo tánico bien moldeado, donde la fruta negra y madura reina con buena generosidad.

    Príncipe de Viana se funda en 1983 en Murchante, aunque la historia del Principado se remonta a Carlos III de Navarra, cuando en el siglo XV distinguió a su nieto Carlos con un título majestuoso e inédito, nunca antes por nadie ostentado, e instauró en su persona el Principado de Viana. Las primeras instalaciones de la compañía se ubicaron en el municipio de Murchante y junto a ellas se ha levantado la actual bodega con sus 1.000 metros cuadrados y sus 400 hectáreas de viña propia en la Finca Albret. Príncipe de Viana se ha caracterizado siempre por su carácter innovador. Con estas etiquetas destaca el Príncipe de Viana 1423, su vino estrella, que conmemora el año en el que el Rey Carlos III el Noble instituyó el Principado de Viana en honor a su nieto, Carlos de Evreux. La otra gama de vinos son los Clásicos, un blanco bajo la etiqueta de Edición Blanca, con Chardonnay y Sauvignon Blanc, y una colección de 4 tintos monovarietales. Al mimso grupo pertenece la bodega Albret, con una colección de vinos en todos los colores, elaborados con Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Garnacha y Chardonnay, de producciones limitadas que sólo salen al mercado en su nivel óptimo de calidad, donde cabe destacar el tinto la Viña de mi Madre, con Cabernet Sauvignon 95% y Merlot 5%, y una crianza en barrica de roble 100% francés durante 21 meses.  

    Julián Chivite constan ya en 1647, por lo que es una de las bodegas más antiguas de España. El apellido Chivite es originario del valle del Ebro, y los primeros miembros de esta familia llegaron a Navarra en el siglo XVI, aunque realmente no hay constancia escrita de que esta saga se iniciara en el sector vitivinícola hasta el siglo XVII. A finales del siglo XVIII, una figura importante para el desarrollo de la compañía fue José Chivite, quien ostentó el cargo de arrendador del garrapito, lo que hoy se entendería por una fiscalía que los comerciantes y productores de vino pagaban por cualquier importación o venta de este producto en la zona. Hoy en día, las casi 500 hectáreas de viñedos de Chivite se encuentran repartidas en tres diferentes zonas vinícolas navarras: Aberin, Marcilla y Cintruénigo. En sus parcelas, cultivan una gran diversidad de variedades de uva: desde las viejas Garnachas, Mazuelas y Moscateles de la Ribera, hasta los Tempranillos, Chardonnays y Merlots. Sus cepas tienen una antigüedad que en muchas ocasiones supera el medio siglo y forman siempre parte de las tierras de la familia. En la actualidad elabora una completa colección de vinos en tres gamas: Chivite Colección 125, Chivite Finca de Villatuerta y Chite Fincas. La gama Chivite Colección 125 se lanzó al mercado en 1985 para conmemorar la primera exportación en 1860, su producción es limitada, y se compone de un blanco, un rosado un tinto y un blanco dulce. Chivite Finca de Villatuerta son los nuevos vinos, un blanco, un tinto y un reserva especial, que nacen en los viñedos ubicados en Tierra Estella, en las laderas de la Granja de Legardeta, en el municipio de Villatuerta. Chivite Las Fincas nace en colaboración con Juan Mari Arzak, el célebre chef español, y es un vino rosado elaborado con las uvas de las variedades Garnacha y Tempranillo que se cultivan en las especiales tierras de clima continental de la Finca de Legardeta y que pertenecen a la familia desde hace años. Además de la bodega de Julián Chivite en Cintruénigo, la compañía también posee otras instalaciones en la localidad navarra de Aberín (Viñedos y Bodegas del Señorío de Arínzano) y en Rioja (Bodega Viña Salceda).

    Marco Real se funda a finales de la década de los 80 por Antoni Catalán junto a un grupo de amigos y colaboradores de su cadena hotelera, pero ahora pertenece a la familia Belasco, propietaria del Grupo La Navarra, quien consiguió rápidamente activar las ventas de la bodega, haciendo llegar los vinos de Marco Real a los principales mercados nacionales y extranjeros. En cuanto a su viñedo propio, cuenta con 200 hectáreas ubicadas en las localidades de Torres del Río, Olite, Santacara y Corella. Actualmente, la bodega elabora y comercializa vinos jóvenes tintos, rosados y blancos, y también crianzas y reservas con las marcas Homenaje, Marco Real y Señorío de Andión, tanto en calidad varietal como de coupage.

    Pago de Larrainzar inició sus pasos en 1996, por iniciativa de la familia Canalejo Lasarte. Posee 15 hectáreas de viñedo en propiedad situadas alrededor de la bodega, sobre suelos de piedras y cantos, arcilla y arena, a 575 metros de altitud, en una finca adyacente al Monasterio de Irache. La dirección técnica está a cargo del prestigioso enólogo Ignacio de Miguel. Elabora el tinto Pago de Larrainzar, y el Raso de Larrainzar, donde este último nace con la añada 2007, y es un vino más moderno, con más Tempranillo en su ensamblaje y con una crianza más corta. Su última novedad es el tinto A Mis Amigos, con 70% Tempranillo, 15% Merlot y 15% Cabernet Sauvignon y 13 meses en barricas de roble francés.

    Bodegas San Martín nació 1914 en el pueblo de San Martín de Unx, en la zona de la Baja Montaña, tras la unión de un grupo de socios, y desde 2001 se puso en marcha un nuevo salto cualitativo con la inauguración de unas nuevas instalaciones. En sus más de 600 hectáreas de viñedo, se cultivan preferentemente la variedad autóctona Garnacha, con una edad media por encima de los 25 años. Comercializa sus vinos bajo las etiquetas Ilagares (blanco, rosado y tinto), un crianza y un reserva (100% Tempranillo) con la marca Señorío de Unx, y el Alma de Unx, un varietal de Garnacha con fermentación maloláctica en barrica de roble navarro y posterior crianza hasta 7 meses.

    Domaines Lupier es el ejemplo de los vinos de terrior. Se ubican en San Martín de Unx, en la Baja Montaña, y es un proyecto de Enrique Basarte y Elisa Úcar, que convencidos de que un gran vino se hace en el viñedo, rebuscaron y examinaron los terroirs de diversas zonas hasta que dieron con lo que querían y compraron veintisiete pequeñas viñas viejas de garnacha con diferentes suelos, orientaciones y altitudes. Elaboran dos tintos, el Domaines Lupier El Terroir y el Domaines Lupier La Dama, ambos con Garnachas viejas plantadas en 1903 y 14 meses de crianza en barricas de roble francés.

  • D.O. Penedès

    D.O. Penedès

    Existen documentos que prueban el cultivo de la viña en el Penedés en el siglo IV a.C. Ya Avieno habla de ello en su “Ora martima” en el siglo v a.C., aunque el perfeccionamiento de las estructuras agrícolas llegó con el desembarco del Imperio romano. Escritores como Plinio, Silio, ltálico y Marcial ya elogiaban y describían los vinos de las regiones layetanas. La Vía Augusta, que atravesaba el Penedés, era la aorta del comercio internacional romano, donde confluían los caminos “vinarios” del Ródano, del Ebro, del Duero y del Guadalquivir.
    Los vinos tintos del Penedés eran más cotizados que los blancos, como ocurrió siempre en todo el Mediterráneo, donde los oscuros vinos pramnios se consideraban la mejor ofrenda de Baco. La producción de vinos de calidad se mantuvo durante la Edad Media, aunque los asentamientos islámicos no favorecieron el cultivo de la viña en ciertas zonas del Penedés.
    Tampoco las buenas perspectivas comerciales de los siglos XVIII y XIX fueron aprovechadas por el Penedés, que se dedicó a una viticultura de masa y de producción, siguiendo la mala política que los franceses habían impuesto en el Rosellón, por lo que la viña en el Penedès representa el 70% de sus cultivos.
    Es cuando aparece el conocido concepto de Indiano y de los maravillosos contratos con América. También, con la crisis de los vinos franceses debido a la filoxera, los vinos del Penedès entran en su Edad de Oro y se exportan masivamente a Francia.
    Debido al éxito se empieza 1872 a trabajar los vinos espumosos mediante el "methode champenoise", pero a finales del s.XIX aparece la plaga de la filoxera, que cruza los Pirineos y se instala en toda Cataluña. El único modo de combatir la filoxera fue arrancar la vid de cuajo, pero gracias a visión de futuro de Marc Mir y Manuel Raventós se replantaron los áridos campos con cepas americanas, momento en que también llega la máquina de vapor a los campos del Penedès y también se instaló en Vilafranca el "Centre Vitícola del Penedès" que se convertiría en el mayor proveedor de cepas americanas de Cataluña y del resto de España.
    Sin embargo, después de la filoxera y debido el auge y tirón económico del vino espumoso, al replantarse el viñedo se apostó por las variedades blancas y se abandonaron muchas variedades tintas, menos productivas y demandadas en aquel momento, por lo que se perdieron prácticamente algunas cepas ancestrales, como la Garrut, la Terret Negra, la Morastell, la Trepat, la Sumoll o la Mando, entre otras. Sólo los tintos más tradicionales, de Garnacha, Monastrell y Cariñena, siguieron elaborándose -al igual que en todo el Mediterráneo, desde Jumilla y Priorato hasta Cháteauneuf-du-Pape- como un testimonio único de la tradición.

    Los embotellados con cierta calidad empezaron a los inicios del siglo s.XX, y en 1960 se consolidad la DO Penedès, momento en que también los elaboradores comenzaron a introducir la tecnología del espumoso -el acero inoxidable y la fermentación en frío- a los vinos tranquilos, siendo los pioneros en España, así como también los primeros en introducir variedades de uvas procedente de Francia.

    La DO Penedès se encuentra en el cuadrante nororiental de España, en Catalunya, dentro de la provincia de Barcelona. Es una región amplia y abierta y se extiende a lo largo de una gran franja de territorio entre mar y montaña, a medio camino entre Barcelona y Tarragona, en el corazón de la Depresión Prelitoral catalana, entre la Cordillera Prelitoral y las pequeñas llanuras de la costa mediterránea. En la DO Penedès hay inscritas cerca de 24.300 hectáreas de viña que trabajan 2.900 viticultores y se extiende al sur de la provincia de Barcelona, sobre 47 términos municipales, y en una zona (Bajo Penedès) situada en Tarragona, con 16 municipios, con total de 170 bodegas inscritas.

    Lo cierto es que la DO Penedès fue la puerta de entrada de una manera de entender el negocio del vino, donde se autorizaron y se autorizan las variedades necesarias para hacer el vino que sea necesario. Esta mentalidad funcionó muy bien desde los inicios de los años 80 hasta finales de la primera década del XXI, y desde entonces las cosas están cambiando, cuando salió a la luz el Plan Estratégico del Penedès, que concentraba toda la energía en la variedad blanca Xarel·lo como variedad propia y casi exclusiva de la comarca, dejando de lado el resto de cuestiones varietales que se debería resolver a largo plazo, tal vez confiando en que el mercado será el juez que propiciara los sucesivos cambios en el listado de tipos de uva admitidos. Cabe decir que teniendo en cuenta la dimensión y la importancia estratégica de esta DO, los cambios van a buen ritmo, y también que el Consejo Regulador de la DO Penedès sigue una estrategia acertada al prestigiar una parte pequeña de la producción de los vinos espumosos bajo el paraguas de la marca Clàssic Penedès, o incluso el estudio y la aprobación de subzonas dentro del territorio de la DO.

    Es evidente que queda una huella importante de la etapa francófila del Penedès, pero ahora la fuerza está en la Xarel·lo, que atrae la I + D de muchos elaboradores en decenas de vinificaciones diferentes; en la Macabeo que, aunque sean todavía con pocas muestras, ya suelta todo su potencial; y en tintos, donde la Sumoll parece que es la gran revelación de los últimos años. También hay otras opciones, como en algunos lugares la Garnacha Tinta o la Tempranillo, incluso en Albet y Noya tienen una gran confianza en la Balado, una variedad recuperada de la nada, sin que se haya tenido noticia de su existencia hasta hace unos años. Hay que esperar para ver cuál de estas opciones debe ser la elección de la mayoría de bodegas a la hora de hacer vino tinto, pero hay que hacerlo asumiendo que el Penedès también es un lugar para lograr vinos tintos con carácter.

    No sólo hay mucho potencial para el futuro; la cuestión es que históricamente es una región puntera, que marca tendencia, que influye en todas las demás porque económicamente es muy potente. Y por lo tanto, los cambios que se puedan producir en el Penedès -tal como ha ocurrido en los últimos cincuenta años- serán probablemente modelo de comportamiento para muchas bodegas del resto del territorio. En este sentido, la responsabilidad es doble y, antes de hacer cualquier paso, la DO Penedès debe ser consciente de la trascendencia que sus decisiones han tenido en el pasado más reciente.

    Clima, suelos y variedades

    En la DO Penedès coexisten tres zonas diferenciadas: el Penedès Superior, cercana a la Cordillera Prelitoral, el Penedès Marítimo, junto al mar y en la Cordillera Litoral, y el Penedès Central, entre una y otra zona. De ahí que la DO Penedès dispone de una gran diversidad de microclimas, consecuencia de su proximidad litoral y de su altitud. La climatología es típicamente mediterránea, es decir, suave y cálida. La zona del Penedès Marítimo (Baix Penedès y Garraf) es más templada por la influencia y proximidad del mar. El Penedès Superior (Alt Penedès, Alt Camp, Anoia y Baix Llobregat) goza de precipitaciones más frecuentes y de mayor contraste entre temperaturas máximas y mínimas. El Penedès Central (fundamentalmente Alt Penedès) es el compendio de ambos microclimas.

    Los suelos de las tres zonas tienen similares características: ricos en fósforo, bajos en potasio y un 20% de piedra caliza por término medio. En las zonas más bajas, la mayoría de los terrenos son arenosos mientras que en las más altas son calizos y con predominio de arcilla.

    En cuestión de variedades, una de las ventajas más claras del Penedés frente a otras zonas vinícolas es el clima, el cual posibilita la aclimatación de diferentes variedades de uva en distintas alturas. Así, en tintas preferentes destacan la Tempranillo, Garnacha, Samsó, Sumoll, Monastrell, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Syrah, Cabernet Franc. Y en blancas preferentes sobresale la Macabeo, Xarel·lo, Parellada, Subirat Parent, Moscatel de Alejandría, Moscatel de grano menudo, Malvasía de Sitges, Chardonnay, Sauvignon Blanc, Riesling, Gewürztraminer y Chenin Blanc. De las cerca de 24,300 hectáreas de viñedo, en más de 19.000 se cultivan variedades blancas y en cerca de 5.000 tintas. La variedad blanca más cultivada es la Xarel·lo, con unas 7.000 hectáreas, a la que le siguen la Macabeo con 5.300 y la Parellada con unas 4.500 has. En tintas, la variedad más cultivada es la Merlot con unas 1.770 hectáreas, seguida de la Cabernet Sauvignon con 1.170 y muy de cerca la Tempranillo (Ull de Llebre) con 1.150.

    Clasificación de Subzonas de la DO Penedès

    El mapa de las nuevas subzonas de la DO Penedès tiene el objetivo de continuar con el proyecto propuesto por el propio Consejo Regulador y por petición de algunas bodegas, de dar valor añadido y contenido a aquellos vinos que se elaboran con una uva de una zona concreta. Desde el punto de vista de los productores, es importante que los consumidores conozcan las diferencias que existen en las diferentes zonas, ya que cada una produce un vino con un carácter u otro dependiendo del suelo y el clima del que provengan. En definitiva, se trata de poner en valor, no sólo la DO o los vinos de las bodegas, sino también el terreno en el que se cultivan las viñas. Por ello, en el mes de abril de 2015, el pleno de la DO Penedès aprobó por unanimidad el mapa de subzonas, hecho a partir de un estudio de suelos que se elabora desde hace 15 años, y que nutrirá de contenido los vinos en función del suelo y el clima.

    A partir de este estudio, el plenario ha determinado que en la zona del Penedès hay 96 tipos de suelos diferentes que han sido clasificados por el clima, la inclinación y la exposición solar, entre otros factores. Con estos datos, se han delimitado un total de siete zonas diferenciadas, que son: Conca del riu Anoia, Valls del Bitlles Anoia, la Conca del riu Foix, Serra d’Ancosa, Massís del Garraf i Costers de l’Ordal, Marina del Garraf i Costers del Montmell. El segundo paso del proyecto se aprobó una normativa general y específica para cada subzona, con la colaboración de las bodegas implicadas. Ésta, sin embargo, es una cuestión que todavía se está debatiendo entre todos los actores implicados.

    Los Clàssic Penedès

    Los vinos espumosos de calidad pertenecen a la DO Penedès desde sus inicios, aunque siempre en un volumen mucho menor que los vinos tranquilos. Sin embargo, desde 2013, con la entrada de nuevas bodegas es cuando este tipo de vinos se han impulsado dentro de la DO Penedès. Desde 2014 reciben el nombre de Clàssic Penedès, y a partir de ahí se marcan las directrices que definen el producto. Los Clàssic Penedès siguen el método tradicional y ancestral de elaboración de los mejores espumosos de calidad de todo el mundo y se caracterizan por 3 puntos principalmente:

    * 100% Ecológico: con este requisito la DO Penedès se proclama en 2014 la primera DO 100% ecológica del mundo con respecto a los vinos espumosos de calidad. Los espumosos Clàssic Penedès nacen con la garantía de respetar una agricultura que se integra en el medio, utilizando métodos tradicionales de cultivo y técnicas 100% ecológicas que hacen de la DO Penedès la denominación de origen que encabeza en cantidad y calidad el ranking de producción ecológica de Cataluña y en España.

    * 100% Penedès: uno de los puntos fuertes de los Clàssic Penedès es la garantía de territorio que ofrece el hecho de estar dentro de la DO Penedès. Es un producto con identidad definida, donde su producción se limita exclusivamente al territorio de la DO Penedès, potenciando por encima de todo las variedades ancestrales y propias de esta tierra.

    * 100% Reserva: el escrupuloso seguimiento de los métodos tradicional y ancestral, y el objetivo de mantener Clàssic Penedès con los mejores espumosos del mundo, obligan a nuestras bodegas guardar Clàssic Penedès un mínimo de 15 meses en la bodega. De esta manera todos los Clàssic Penedès son Reserva.

    Algunas de las bodegas del Penedés que abandonaron la DO Cava e integraron su vinos espumosos dentro la DO Penedès bajo la marca Clàssic Penedès son Albet i Noya, Bonans, Castell de Pujades, Celler Cal Costas, Celler Can Morral del Moli, Celler Grapissó, Celler Puig Romeu, Cellers AT Roca, Clos Lentiscus, Colet, Loxarel, Mas Bertran, Mas Comtal, Mas dels Clavers Can Gallego, Torre del Veguer.

    Vinos y bodegas

    El Penedès es una región vitivinícola muy prolífera en bodegas, y casi todas elaboran una amplia gama de vinos en todos los colores, tanto vinos tranquilos como espumosos, por lo que es imposible hacer una referencia de todas ellas en estas páginas. No obstante, el territorio es relativamente pequeño y se pueden entrelazar distintas y variadas rutas enoturísticas que nos permitirán visitar tanto bodegas singulares como familiares y, al mismo tiempo, conocer algunos encantos históricos de la región.

    Parés Baltà, en Pacs del Penedès, es una bodega centenaria que mantiene su carácter tradicional y familiar, y es un ejemplo claro de la nueva tendencia vitivinícola del Penedès más ortodoxo. Cuenta con un rico patrimonio: cinco hermosas fincas situadas en cinco municipios, donde aplica un exhaustivo cultivo ecológico y la biodinámica (Demeter) desde 2012. Posee más de media docena de variedades tanto blancas como tintas, las cuales elaboran con sofisticadas técnicas modernas, incluso vinos naturales, y algunos desarrollados en ánforas de arcilla procedente de sus viñedos plantados en las montañas del Foix. Elabora en total casi una treintena de vinos, entre blancos, naturales blancos, tintos, rosados y espumosos, tanto en monovarietal como de coupage.

    Jané Ventura fue fundada en 1914 por el bisabuelo de su actual protagonista: Gerard Ventura. Empezó comercializando vinos de la zona, y continuó su actividad hasta que, en 1985, Benjamí Jané Ventura, padre de Gerard, dio el impulso definitivo a la bodega, recondujo el negocio, y creó la marca Jané Ventura. En 1990 llegaría el cava, y en 1991 el vino tinto.
    El objetivo actual de la bodega es elaborar vinos singulares y personales, que transmitan todo el afecto que sus dueños sienten hacia su tierra, un cariño que se hace patente en el propio diseño de las etiquetas, que muestran una simbología inspirada en elementos del entorno (una rueda de carro, un palmito, un zorro, una hoja de lentisco, una referencia al pico de El Montmell, etc.).
    La bodega dispone de dos fincas en propiedad, ambas situadas en la comarca del Baix Penedès; por un lado, Finca Els Camps, a 450 metros de altura, en el término municipal de la Juncosa del Montmell, donde hay cepas de hasta 50 años de antigüedad, y Mas Vilella, situada a 250 metros, en el término municipal de La Bisbal del Penedès, una típica masía catalana del siglo XII que fue restaurada para construir la bodega, y se adquirió con la determinación de obtener vinos de especial prestigio, vinificando de manera minimalista.
    Elabora un blanco, un rosado y un tinto bajo la colección Selección de Viñas, y 3 vinos de finca, el Mas Vilella tinto de Cabernet Sauvignon con 13 meses de crianza en roble francés nuevo, el Finca Els Camps blanco a base de Masabeo (85%) y Malvasía de Sitges, y el Finca Els Camps tinto de Ull de Llebre (Tempranillo ) con crianza de 12 meses en roble francés nuevo y de 1 año. También elabora una colección de Ediciones Especiales con un blanco varietal de Malvasía de Sitges, un tinto de Sumoll, un cava de larga crianza y el 1914 con 60 meses de crianza en rima, así como una colección tradicional de espumosos.

    Huguet de Can Feixes es otra bodega familiar situada en una casa señorial del siglo XV, cuya referencia escrita más antigua data del año 1400, cuando la familia Feixes cultivaba las tierras cedidas por el barón de Cabrera. A principios del siglo XX, la familia Huguet tomó el relevo y, en la década de 1980, se inició una nueva etapa con la segunda y tercera generación de los Huguet, que imprimieron a sus bodegas el espíritu y la filosofía tradicionales del château. En 1984 se presentó al mercado la primera botella con el nombre de Can Feixes. Esta bodega cuenta con 80 ha de viñedo propio, cultivado con variedades tradicionales e internacionales, dispone de una nave de crianza con un total de 225 barricas de roble y elabora vinos blancos y tintos muy interesantes que se han ganado, en los últimos años, el aprecio de los consumidores. Sus vinos llevan el nombre de Can Feixes, mientras que los cavas se etiquetan con el nombre de Huguet. Bajo la etiqueta Can Feixes, se comercializa un tinto de crianza, 40 % merlot, 40 % cabernet sauvignon y 20 % ull de llebre (tempranillo) de cosechas propias de la finca Can Feixes, un blanco varietal de chardonnay con crianza y el Blanc Selecció con  una combinación de parellada, macabeo y chardonnay. En cuanto a la otra línea de la bodega, la del cava Huguet, la producción es limitada y se comercializan botellas numeradas de Brut Clàssic, Brut Nature y Cava Gran Reserva.

    Jean León pertenece desde 1994 a la famiia Torres, pero es la historia de un pionero en plantar variedades galas en el Penedès. La bodega la inauguró Ceferino Carrión, nacido en Santander en 1928 y, a los 19 años, emprendió un largo viaje que le llevó a París y, posteriormente, a Nueva York. Cruzó Estados Unidos y llegó a la ciudad de Hollywood, donde su vida empezaría a cambiar, empezando por su propio nombre (como solían hacer los actores de la época), que sustituyó por el de Jean León. Tras trabajar para Frank Sinatra y Joe di Maggio y conocer a numerosos artistas, entabló amistad con James Dean y ambos crearon el restaurante La Scala, que se inauguró en abril de 1956 en el corazón de Beverly Hills y por el que pasaron prácticamente todas las celebridades de la época. Como buen anfitrión, Jean León siempre escogía el vino cuidadosamente y, con el tiempo, decidió iniciar su segunda gran aventura: viajó por todo el mundo en busca de terrenos apropiados hasta llegar a Cataluña y, en 1962, adquirió las mejores tierras de la comarca y creó el Pago Jean León, de 150 ha.
    Ante la sorpresa de los viticultores del Penedès, mandó arrancar las cepas existentes y plantar cepas procedentes de Francia de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Chardonnay, desconocidas hasta entonces en la zona, y así se inició la andadura de las bodegas Jean León, pioneras en España en la elaboración de vinos siguiendo el concepto de château o single vineyard. Entre las marcas comercializadas destacan los vinos de pago, como el Jean León Chardonnay Viña Gigi, fermentado y criado en pequeñas barricas de roble francés y actualmente distinguido como “Vi de Finca”, el Jean León Merlot procede de la viña Palau y, el mítico Jean Leon Cabernet Sauvignon Gran Reserva, nacido en 1969, con uvas procedentes de la viña La Scala, y el Zemis, un tinto especial cuya primera cosecha fue la del 2000.

    Agustí Torelló Mata es conocido como «el hombre del cava», ya que contribuyó de manera decisiva a su impulso mientras ocupaba puestos de responsabilidad en bodegas tan importantes de la zona como Segura Viudas y Marqués de Monistrol. En 1960 hizo su apuesta personal junto a su esposa y su familia con la creación de su propia bodega. Desde entonces, el trabajo, la ilusión y la pasión de toda una familia se transmite a la personalidad de sus creaciones. Fieles a las variedades autóctonas tradicionales (macabeo, xarel·lo y parellada), elaboran sus cavas a partir de viñedos propios y controlados muy cuidados, con las técnicas más avanzadas, una selección propia de levaduras autóctonas y tras el tiraje, el embotellado, la crianza, el degüelle, una garantía de calidad. Pero también elaboran vinos tranquilos bajo la DO Penedés, como son el blanco Xic, un Xarel·lo 100% procedente de viticultura ecológica y un trabajo sobre sus lías durante 3 meses, y el Aptià otro varietral de Macabeo fermentado en barrica de roble francés durante 6 meses.

    Caves Llopart es una bodega familiar donde la personalidad y el estilo que definen sus vinos y cavas procede del singular emplazamiento de sus viñas, de un impecable proceso de elaboración, de una tierra concreta y de una tradición. Elaborados en la Heretat de Can Llopart, una de las fincas vitícolas de más larga tradición de la zona, tal como atestigua un documento conservado por la familia escrito en latín y fechado en el año 1385, se caracterizan por una calidad contrastada y un gran prestigio.
    Las primeras botellas de cava Llopart fueron elaboradas en 1887, en las antiguas bodegas de la masía, que actualmente han sido renovadas y acogen una sala de vinificación y crianza de vinos y una moderna cava integrada en el centro de la heredad. Con 70 ha de viñedos propios, situados en una zona montañosa, se elaboran dos vinos y una amplia gama de cavas. El Castell de Subirats es un tinto reserva de Merlot, Tempranillo y Cabernet Sauvignon, sedoso y bien estructurado, con taninos redondos y suaves. El Llopart Vitis, elaborado con Xarel·lo, Subirat Parent y Muscat, y Llopart Clos dels Fòssils con Xarel·lo 65% y Chardonnay 35% procedente de la parcela Clos dels Fòssils, con un estrato de calcárea arrecifal con abundantes restos de fósiles marinos, formando terrazas y pendientes, con una crianza de 4 meses en barricas de roble francés de Allier.

    Gramona es una de las bodegas de larga tradición vitivinícola en el Penedès. La familia inició la elaboración de vino espumoso con marcas como Victoria, Gramon, Clos du Marquis o Ninon de Lenclos, que dieron paso en la década de 1940 a la marca definitiva, Gramona. Actualmente, es la quinta generación la que lleva las riendas de esta prestigiosa casa en las personas de Jaume Gramona (hijo de Jose Luís), actual enólogo, y Xavier Gramona (hijo de Bartolomé). Elabora una completa gama de cavas, pero también elabora vinos tranquilos bajo la DO Penedès, entre los que se encuentra la colección de vinos de terruño, con sus blancos Font Jui de viticultura orgánica, el Roent de práctica biodinámica, y Ovum también te viticultura orgánica, todos elaborados con Xarel·lo, el Gramona Sauvignon Blanc fermentado en barrica, y el Gramona Chardonnay, así como el vino de pago Mas Escorpí, un Chardonnay de viticultura ecológica. En tintos sobresale el Bru de Gramona, en honor a la Pinot Noir. También elabora dos vinos jóvenes muy afrutados, el Gessamí, con 40% Muscat de Frontignan, 35% Sauvignon Blanc y 25% Gewürztraminer, uno de los vinos blancos más impactantes elaborados en los últimos tiempos en Cataluña merecedor de varios premios, y el rosado Gramona Primeur con Syrah de cultivo ecológico. También tienen muy buena acogida en el marcado sus dos vinos de aguja, el Mustillant de Gramona Blanco y el Rosado. Otras elaboraciones incluyen dos vinos dulces de Gewürtztraminer y un Riesling denominados Vi de Gel, así como también el Frisant de Gel, un blanco dulce de aguja también con Gewürtztraminer.

    Colet Vinos y Cavas es el ejemplo de la elaboración de vinos espumosos bajo la DO Penedès y la marca Clàssic Penedès. Los orígenes vitivinícolas (1783) nacen en la Heredad Romaní, con 25 has de viñedos propios. Esta pequeña bodega familiar marca tendencia de la mano del enólogo Sergi Colet, con tan sólo una producción de 100.000 botellas. La bodega es funcional y de dimensiones reducidas y las variedades de uva cultivadas incluyen las autóctonas junto a las foráneas. La gama actual de la bodega está compuesta por blanco tranquilo de Xarel·lo, y seis cavas extra brut, donde destacan el Tradition, ensamblaje de las variedades tradicionales del cava, Parellada, Macabeo y Xarel·lo; el A Priori es un cava diferente, fresco, limpio, ligero y refrescante, orientado a un público joven, con una imagen moderna, un predominio de fruta y una mezcla de cinco variedades diferentes; el Assemblage, mitad Pinot Noir y mitad Chardonnay, es un espumoso original que difiere de los habituales cavas rosados. La originalidad, creatividad y atrevimiento de estos cavas choca a veces con las rígidas reglamentaciones de la DO Cava, pero los consumidores saben valorar la calidad y la pasión por encima de todo.

    Juvé y Camps es una bodega familiar que se remonta a 1796, pero es finales de los sesenta cuando los nietos de los fundadores aportan savia nueva a una empresa ya plenamente consolidada y con una reputación intachable. Luego viene la exportación y la culminación de un sueño con la construcción, por parte de Josep Juvé Raventós, de una nueva bodega de elaboración y crianza al más puro estilo château en la finca Espiells. En esta moderna bodega, con la tecnología más puntera, se obtienen los vinos base para el cava y también se elaboran vinos tranquilos bajo la DO Penedès. Destacan los blancos Ermita d’Espiells, con Macabeo, Xarel·lo y Parellada, y Miranda d’Espiells, un monovarietal de Chardonnay fermentado en barrica, así como el Flor d’Espiells, un vino de pago con 8 meses de crianza. En tintos destaca el Casa Vella d’Espiells, con 85% de Cabernet y Merlot y 12 meses de crianza en barricas de roble francés y americano, el Viña Escarlata, un varietal de Merlot con 12 meses de crianza, y su más novedoso, Iohanes, un tinto de Merlot con un toque de Cabernet Sauvignon y una particular crianza en roble nuevo francés.

    Raventós i Blanc es un proyecto personal de Josep Maria Raventós Blanc y su hijo Manuel que se inicia 1984. Con una filosofía clara, la elaboración con uvas propias, Raventós i Blanc ofrece una amplia gama de vinos con DO Penedès. Elabora dos vinos tranquilos jóvenes, el Perfum de Vi Blanc, un blanco ágil, elaborado con Macabeo (60%) y Moscatel (40%), donde el primero le aporta frescor y vivacidad, mientras que el Moscatel le imprime un perfil aromático sutil con marcadas notas de flor de viña y un atisbo sabor de uva de mesa. El otro es La Rosa, un rosado pálido de nueva generación, elaborado con uvas de Pinot Noir, que evidencia la frescura y la luminosidad de un estilo de vino muy mediterráneo. Su blanco Extrem es un vino natural 100% Xarel·lo radicalmente auténtico, que expresa los extremos del terroir de la finca Viña del Serral, dividida en varias parcelas de las que se obtienen Xarel·los con características diferenciadas. Se realiza un trabajo intenso sobre lías que le aportan larga vida, más volumen en boca y protegen al vino de oxidaciones, pudiendo trabajar con un uso reducido de sulfuroso añadido. Le sigue su tradicional Silencis, un vino blanco de Xarel·lo, ácido, de alta expresión salina, que proviene de suelos con fósiles marinos del mioceno, cepas de 50 años, al que se le aplicado un trabajo sobre lías, y se embotella sin estabilizar ni filtrar. Y cierra la gama su tinto Isabel Negra, con una crianza de 12 meses en barrica de roble francés, que nace de un coupage de Cabernet Sauvignon, Syrah y un toque de Monastrell.

    Albet i Noya se funda en 1979 y desde sus 70 ha de viñedo, entre Subirats i Mediona, elaboran vinos y cavas a partir de una producción ecológica siendo con ello los pioneros en España. Además de sus cavas, Albet i Noya es conocida por su colección de vinos tranquilos, con 9 blancos, 1 rosado y 10 tintos. En blancos sobresale El Fanio, que representa la esencia del Xarel·lo de viña vieja, con una elaboración en huevos de cemento y barricas de acacia que respectan la pureza del vino. El Marina Rión, elaborado con una variedad desconocida por lo que el vino adquiere el nombre de la bisabuela de Josep Maria Albet, y es la primera variedad blanca del proyecto de recuperación de variedades abandonadas que han pasado a producción comercial. Un clásico es el Albet i Noya Chardonnay Colección, que fermenta en botas nuevas de roble, quedando encima de las propias lías hasta completar un envejecimiento en madera de 8 meses. Y uno de los blancos más particulares es el Blanc XXV, elaborado con la variedad Viognier (V), junto con la Vidal y la Marina Rión, con una presencia en barrica. En tintos sobresalen La Milana, elaborado con Caladoc, Ull de Llebre, Cabernet Sauvignon y Merlot procedentes de 11 terrazas que hacen un total de 7 has. entorno a la actual masía de Can Milà de la Roca,con 18 meses en barrica de roble francés. Otro tinto sugestivo es Belat, elaborado por una variedad única (Belat) abandonada después de la plaga de filoxera y recuperada por Albet i Noya en los años 90, con 16 meses de crianza en roble francés. Y uno de sus tintos clásicos es el Reserva Martí, procedente de las viñas de Ull de Llebre, Syrah, Cabernet Sauvignon y Merlot más viejas de la propiedad, y 24 meses en barrica de roble francés. También dentro la DO Penedès se incluyen sus 7 espumosos, donde sobresalen su Brut 21, y el Brut Barrica 21.

    Sumarroca se funda en 1983, y es una bodega familiar que pronto apostó por la innovación en el universo de los vinos tranquilos y cavas del Penedés. La familia Sumarroca, cuya historia vitivinícola arranca en la población leridana de Llimiana (Pallars Jussà), se trasladó al Penedès en la década de 1980 y allí adquirió las fincas Molí Coloma de 36 ha y Sabartés de 24 ha. En 1999, adquieren la antigua propiedad de Marqués de Monistrol, que pasa a denominarse Finca Sumarroca y que, con sus más de 400 ha es una de las parcelas más grandes de la zona. Con una filosofía basada en la elaboración a partir de materia prima propia y en mantener un tamaño de mediana empresa que le permita participar en proyectos de investigación y desarrollo y conservar el trato personalizado que sólo pueden ofrecer las pequeñas bodegas, Sumarroca elabora una amplia gama de cavas y una gran línea de vinos tranquilos con un predominio de blancos monovarietales (Muscat, Chardonnay, Riesling, Gewürtztraminer, etc.).

    Can Ràfols dels Caus es el nombre de la finca propiedad de Carlos Esteva en Avinyonet del Penedès, adquirida por el abuelo, Jacinto Esteva en 1930 y con una larga tradición en el cultivo de la vid y la elaboración de vino (hay un premio registrado en la Exposición Universal de Barcelona de 1888 a un vino tinto de esta finca). En 1979, Carlos Esteva decide irse a vivir a la finca de su abuelo, rehabilita la masía que data de 1634, regenera la explotación de las viñas y empieza a elaborar vinos bajo la filosofía del terruño, de la satisfacción de las cosas bien hechas, de la sabiduría de la naturaleza y de la máxima calidad. Las viñas se cultivan con criterios biológicos y, en el proceso de elaboración de los vinos, se pretende manifestar a la par las propiedades de la fruta, del terreno y de la intervención personal y humana de la familia.
    El proyecto más reciente de este emprendedor es la construcción de una nueva bodega, unas modernas instalaciones integradas en el paisaje del Garraf que le permitan seguir mejorando y potenciando la calidad de sus elaboraciones, que no la cantidad, y cuya oferta incluye cinco blancos, Petit Caus, Gran Caus, El Rocallís, La Calma y el Xarel·lo Pairal. Las etiquetas Gran Caus y Petit Caus sirven también para dos rosados excepcionales y dos tintos, que se complementan con el Cuvée Syrah, AD Fines, el Caus Lubis y un reserva especial que conmemora el 20 aniversario.


    Alemany i Corrió es el ejemplo del vino de garaje o de boutique. Se hallan en un pequeño almacén de Vilafranca del Penedès, donde el matrimonio Laurent Corrió, enólogo y bioquímico, e Irene Alemany, también enóloga, iniciaron su aventura personal en 1999 después de su paso por Borgoña. El viñedo de la familia Alemany, de unas 8 ha, está situado en Lavern (Subirats) y en él cultivan Merlot, Cabernet Sauvignon y Cariñena tras un minucioso estudio de cada una de las parcelas para conocer mejor el terreno y establecer el potencial de las variedades en cada  lugar. Las variedades se vinifican por separado en depósitos de acero inoxidable de varios volúmenes y la producción anual ronda las 18.500 botellas, repartidas entre su Sot Lefriec y su Pas Curtei. La primera cosecha de Sot Lefriec, con un ensamblaje de las tres variedades cultivadas por la pareja, nació en 1999, se comercializó en 2000 y fue calificada desde el primer momento como una de los proyectos más interesantes del Penedès. En 2003 nace Pas Curtei, en la misma línea de su predecesor, tinto joven con crianza. Sus últimas novedades son el blanco Principia Mathematica, elaborado con viñas viejas de Xarel·lo cultivadas en las Sierra del Garraf, y el Cargol treu vi, con una producción de sólo 1.200 botellas, que refleja el carácter y la personalidad de unas cepas de Xarel·lo de más de 70 años en el macizo del Garraf.

    Miguel Torres es una de las bodegas más prestigiosas del Penedès y, por extensión, de toda Cataluña. El apellido Torres está ligado al vino desde hace más de tres siglos, cuando la familia se asentó en el Penedès, dedicándose al cultivo de sus tierras y trasmitiendo su entrega de generación en generación. En 1800, se inicia la actividad comercial, con un carro tirado por caballos que transportaba el vino en barriles de madera. Fue al regreso de Jaime Torres Vendrell de Cuba cuando la familia Torres comenzó su expansión nacional e internacional y, en 1870, Jaime y Miguel Torres Vendrell forman, junto a su padre, la sociedad Torres y CIA y se inicia la construcción de la primera bodega en Vilafranca del Penedès. Las Bodegas Torres empiezan a exportar sus vinos a los mercados de Europa y América y, a principios del siglo XX, Juan Torres Casals comienza a elaborar brandy, criado en roble lemosín. Una generación más tarde, se inicia la gran expansión mundial gracias a la tenacidad y el espíritu emprendedor de Miguel Torres Carbó, y son muchos los pasos dados a lo largo de su historia para consolidar el apellido Torres. Hoy, en la gama de vinos Torres con DO Penedès destacan los vinos tintos Reserva Real, Mas La Plana, Mas Borràs, Gran Coronas y Atrium Merlot, mientras que blancos sobresalen el Fransola, Waltrraud, Gran Viñas Sol y el Atrium Chardonnay.
  • D.O. Pla del Bages

    D.O. Pla del Bages

    Apunta la tradición que la antigua ciudad romana de “Bacassis” cedió el nombre de Bages al término de Manresa. Otra tradición voceada, más popular y más bien surrealista, es que el topónimo de “Bages” deriva del latín “Bacus”; es decir, nada más y nada menos que dios romano del vino. Según los historiadores, la comarca del Bages ha sido siempre, y sobre todo antes de la plaga de la filoxera, tierra de muchas vides y buen vino.
    Por una parte, si Manresa, actual capital de la comarca, fue y sigue siendo el núcleo principal de población, en Sant Benet de Bages se instauró durante muchos años el importante centro espiritual, cultural y de la colonización agraria de la comarca, donde la importancia del clero y los monjes fue decisiva para el desarrollo de la viticultura.
    Aquí, los monjes adquirieron y regentaron muchas hectáreas de viñedo –ya por compra o por donación generosa- situado en las inmediaciones del monasterio, a un extremo del cual, cerca del río Llobregat, el cenobio benedictino dominaba todo el Pla de Bages.
    Más tarde, este esplendor vitivinícola se vio truncado por la plaga de la filoxera, la cual obligó a arrancar vides y sus gentes emprendieron otros cultivos más productivos en ese momento, aunque esta comarca nunca dejó de ser la proveedora principal de vino a los Pirineos.
    La invasión de la filoxera llegó al Bages en 1892, y la crisis vinícola fue profunda, pero una vez superado este largo período de estancamiento, en los años 60 el campo inició una época de grandes transformaciones motivada por el esfuerzo de todo el colectivo de pequeños viticultores, adecuando viñas y bodegas, que culminó en el año 1995 con la creación de la DO Pla de Bages, con tan sólo siete bodegas, que con los años se han ampliado a doce. Hoy en día, la viña y el vino es uno de los pilares fundamentales de la economía de la comarca del Bages.

    La DO Pla de Bages está situada en el cuadrante noreste de España, en el norte de la provincia de Barcelona, en la comarca del Bages, en el lado oriental de la depresión central de Catalunya, y su área de producción abarca 27 municipios. La DO Pla de Bages incluye unas 450 hectáreas de viñedo, cultivadas por 90 viticultores entre los 300 y 650 metros de altitud, y hay inscritas 12 bodegas elaboradoras.
    En la actualidad, todavía en esta DO se dibujan dos momentos importantes de su historia: la primera, una añoranza de un pasado reciente en el que la viña estaba muy presente hasta que el textil se llevó la mano de obra. La segunda, una replantada que arrebató con buena parte de lo que quedaba de este pasado. La decisión en aquel momento fue clara: había que apostar por un futuro dedicado a la exportación, teniendo en cuenta que climáticamente el Bages se acerca más a las condiciones idóneas para plantar las variedades foráneas globalizadas. Y así se hizo.
    El hecho es que el Bages es la zona de Catalunya donde los vinos de Cabernet Sauvignon o Merlot tienen mejor regularidad y una destacada calidad. En blancos, sin embargo, se dejó espacio a la Picapoll Blanca, por lo que este Consejo Regulador de la DO Pla de Bages tiene el mérito de haber sido el primero en reivindicar y recuperar una variedad autóctona y ponerla al mismo nivel que las grandes foráneas internacionales. Hoy por hoy, todas las bodegas cultivan Cabernet Sauvignon y Merlot, pero también trabajan la Picapoll en monovarietal o en mezcla, y se ha convertido en el icono de la identidad del vino de la DO Pla de Bages.
    Sin embargo, todos los implicados en la viticultura de la zona son conscientes de que el gran momento de las variedades foráneas ha pasado, y aunque todavía queda un amplio testimonio de esta etapa, también están por la labor de un paulatino cambio varietal, con el fin de recuperar el discurso que una buena parte del mercado moderno quiere escuchar: personalidad, territorio y tipicidad.

    Una de las peculiaridades del Bages son las tinas y las barracas de viñas, construcciones de piedra seca que en los siglos XVIII y XIX los viticultores elaboraban el vino a pie de viña y lo guardaban allí. Coincidiendo con la notable expansión del cultivo de viñas, se construyeron muchas de estas barracas, de las que quedan alrededor de 4000 muy bien conservadas, por lo que el Consejo Regulador DO Pla de Bages promociona una ruta para conocer de cerca estas originales construcciones, que también se hicieron necesarias para que los payeses pudieran guardar los aperos agrícolas o protegerse de las inclemencias del tiempo.

    Clima, suelo y variedades

    Esta zona vitivinícola está enmarcada en un clima mediterráneo de interior, con una temperatura media anual de 13°, con escasa pluviometría (500 a 600 mm), una oscilación térmica anual entre el día y la noche bastante acusada, y una gran luminosidad. Esta oscilación, junto a las texturas de la tierra, con suelos franco-arcillosos y franco-arenosos, hace que la zona posea unas condiciones óptimas para el cultivo de la viña y poder conseguir vinos con fuerza y personalidad acusada.

    En variedades blancas, el Consejo Regulador autoriza la Sauvignon blanc y la Gewürztraminer, pero recomienda la Macabeo, Parellada, Picapoll Blanco y Chardonnay. En tintas autoriza el cultivo de la Cabernet Franc y Syrah, pero aconseja la Sumoll, Garnacha Tinta, Ull de Llebre (Tempranillo), Merlot y Cabernet Sauvignon. La variedad de uva autóctona de la comarca es la Picapoll de la que se obtiene un vino blanco afrutado, de aroma fresco, de espléndida textura y personalidad. Esta uva se ha convertido en símbolo de identidad del Bages ya que es el único lugar de España donde se cultiva esta preciada variedad. También en uva tinta se está llevando a cabo la recuperación de las variedades autóctonas Picapoll Negro, Sumoll y Mandó, que están ayudando a consolidar el perfil vinícola de la zona.

    Vinos y bodegas de la DO Pla de Bages

    Pla de Bages sería una pequeña y anodina zona, si no fuera por la Picapoll y Valentí Roqueta. La primera es la variedad de uva blanca, original, de procedencia tan antigua como la moscatel, de la que salen vinos untuosos, estructurados, de muy buena acidez. El segundo es el hombre que en gran medida ha impulsado la zona a través de su Bodegas Abadal. Roqueta proviene de una familia ligada al vino desde el siglo XII y la masía de la familia donde se elaboraban vinos en esa época.
    Su bisabuelo tuvo que abandonar la producción tras la filoxera y se trasladó a Manresa donde puso un pequeño negocio ligado a la venta de vino. Pero los Roqueta volvieron a replantar y en 1898 constituyeron una compañía vinícola. En 1982 Valentí Roqueta, licenciado en enología, vuelve a casa y pone en marcha una bodega moderna junto a la histórica masía, que se inaugura en 1983 y que terminaría tomando el nombre de Abadal.
    Impulsa la Picapoll y replanta con variedades foráneas, pero también hoy apuesta por variedades autóctonas como la Sumoll, Mandó y Ull de Llebre o Tempranillo. Pasados estos 33 años Abadal es ya una marca reconocida que cuenta con una gama de vinos por su estilo más juvenil, con un Abadal Blanco de coupage de Chardonnay, Sauvignon Blanc, Picapoll y Macabeo; el Abadal Rosado a base de Cabernet Sauvignon y Sumoll; y Abadal Tinto con Cabernet Franc, Tempranillo y Sumoll, y 4 meses en barrica. Les sigue el Abadal Picapoll, un blanco donde se expresa bien esta magnífica variedad, frutal y floral en nariz, y una boca potente, con cuerpo y frescura; el Abadal Crianza a base de Cabernet Sauvignon, y Merlot, con 10 meses de crianza en seis robles diferentes, fundiendo la potencia en elegancia, y el Abadal5 Merlot, un coupage de cinco tipos de Merlot de cinco parcelas, con 12 meses de crianza en roble francés, centroeuropeo y americano. En la gama más alta se encuentra el blanco Abadal Nuat, de Picapoll, con crianza de 10 meses sobre lías y buena evolución en botella, con una gran estructura, frutal y elegante. Y en tintos destacan el Abadal 3.9, un vino de finca con suelo de piedra calcárea sobre arcilla roja donde se cultiva Cabernet Sauvignon y Syrah en terrazas, y 12 meses de crianza en barrica nueva; y el Abadal Selecció  con Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Syrah, Mandó y Sumoll que provienen de una selección de parcelas donde se encuentra la mayor expresión del territorio, y una crianza de 14 meses en roble europeo de grano fino.

    Otra bodega puntera en la zona es Oller del Mas, donde su tinto Arnau Oller ha sido calificado en 2015 como “Vi de Finca”, de los que sólo hay 5 en toda Catalunya. Con este reconocimiento la DO Pla de Bages ya tiene la primera bodega con la máxima categoría que se puede alcanzar un vino a nivel vinícola bajo la normativa de la Generalitat. Es un vino elaborado íntegramente con Merlot y un toque de Picapoll Tinto procedente de la parcela de la Boïga, palabra de origen prerromano que viene de la raíz “boud” que significa "ganar, conquistar", ya que es una parcela de 2 hectáreas ganada al bosque. Los requisitos que hacen a estos vinos tan singulares son, entre otros, que todos deben estar amparados dentro de una Denominación de Origen, que procedan de viñedos con rendimientos inferiores en un 15% de la media, que consigan una puntuación mínima de 72 puntos en la cata oficial del Consejo Regulador, que tengan una trayectoria consolidada de prestigio y de calidad de al menos diez años en el mercado, y que lo soliciten. Otro vino muy exclusivo de la firma es el Oller del Mas Picapoll Tinto, monovarietal del que elabora tan sólo 380 botellas, con una crianza de 9 meses en barrica de roble francés de 300 litros y su posterior reposo en las bodegas del castillo. Es un vino fresco, de aromas limpios a frutas rojas y negras, elegantemente especiado, equilibrado y de largo recorrido en boca, que consigue reflejar el terruño de una viña seleccionada expresamente para este proyecto, a partir de una variedad ancestral, métodos de viticultura ecológica, vendimia nocturna y una máxima atención y cuidado en la vinificación y crianza. También elabora el Bernat Oller con una selección de los mejores racimos de Merlot y Picapoll negro proveniente de diferentes parcelas de la finca. También con estas mismas variedades elabora el Bernat Oller rosado, donde el carácter frutal en nariz, con cereza, grosella, casis y las especias ya denotan una personalidad fuera de lo común. Siguiendo esta lista también elabora el Bernat Oller Blanc de Picapolls, elaborado con las mejores uvas de las variedades Picapoll Blanco y Picapoll Tinto. Y completa la lista dos vinos de cultivo ecológico, el Petit Bernat tinto, con las variedades Syrah, Cabernet Franc y Merlot, y una crianza mínima de 3 meses en barricas de segundo y tercer año de roble francés; y el Petit Bernat Blanc de Picapolls, elaborado con Picapoll Blanc y Macabeu, de carácter agradable, fresco y afrutado.

    Bodegas Piuggros es un proyecto que se inicia en 2008, aunque la tradición familiar data de 1843. Está ubicada en Cal Pau Palomas, en Òdena, comarca de la Anoia, donde cultiva las variedades Sumoll, Garnacha Tinta, Garnacha Blanca y Cariñena. Elabora el blanco Sentits con Garnacha Blanca de cepas viejas de más de 80 años, con fermentación en barrica y una crianza de 4 meses con sus lías en barricas nuevas de 500 l de roble francés de Allier con un tostado ligero. Con la misma etiqueta Sentits elabora un tinto de Garnacha Tinta de cepas viejas con más de 80 años, con una crianza de 12 meses en barricas nuevas de 300 y 500 l de roble francés de Allier de tostado ligero y de grano fino. Es un vino con buena estructura y sedosidad, complejidad y profundidad. Con la etiqueta Signes elabora un tinto de Sumoll y Garnacha tinta de cepas viejas, entre 40 y 60 años, con una crianza de 12 meses en roble francés. Es un vino con mucho carácter, fresco y potente a la vez, con buena expresión del terruño. Uno de sus vinos revelación es el Mestre Vilavell, obtenido con Sumoll de cepas viejas de más de 80 años, y una crianza de 12 meses en roble francés de Allier. Es un buen referente de la variedad Sumoll: elegancia, sedosidad y frescura. Y completa la gama el Exedra, con Garnacha tinta fermentada en ánfora de barro  y una conversión maloláctica y crianza de 10 meses en ánforas de barro de 380 y 720 l con sus lías. Es un vino que expresa cierta mineralidad y frescura, con toda su fruta y buena acidez, fresco y elegante con notas de hierbas aromáticas.

    Lo que fue inicialmente la Bodega Jaumandreu, con una finca de 500 hectáreas, de las cuales 55 son de viña, se ha recovertido hace unos años en una sola marca: Més Que Paraules. La finca y la bodega están ubicadas en el municipio de Fonollosa, a unos 18 km de Manresa, la capital del Bages y a unos 70 de Barcelona. Elabora sólo tres vinos bajo la etiqueta Més Que Paraules; un blanco a base de Sauvignon Blanc, Chardonnay y la autóctona Picapoll, con un trabajo de 3-4 meses sobre lías;  un rosado con Merlot y Sumoll, fresco y afrutado; y un tinto a base de Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Sumoll, con 10-12 meses de crianza en barricas de roble francés de 225 l.

    Celler Solergibert está en Artés y  es una bodega estrictamente familiar. Comenzó en el mundo de la viticultura y el vino en 1730, pero hasta 1868 no construyeron una pequeña bodega rudimentaria en el centro de la población. Se amplió en 1910 y se fue modificando por parte de Enric y su padre Josep, durante los años que trabajaron juntos, hasta que en 1973 se hizo una importante ampliación de la bodega junto con unos estudios de los terrenos y la implantación de variedades nobles como la Cabernet Sauvignon, Cabernat Franc, Merlot y la autóctona Picapoll blanca. Con los años ha sufrido diversas modificaciones hasta conseguir unas modélicas instalaciones que reúnen la modernidad necesaria para tratar los vinos con el máximo respeto. Empezaron a embotellar en 1988 y entre sus vinos está el primer reserva que obtuvo la DO Pla de Bages. Ahora, la novena generación de los Solergibert elabora un blanco varietal de Picapoll de viñedos de más 90 años (Malla Vendrell) y otra viña plantada en 1997 con los cuatro mejores clones de la variedad Picapoll de Artés (Tapiada). Es un blanco con una crianza de tres meses en barricas nuevas de roble americano que le aportan una complejidad aromática y unos sabores muy interesantes. También elabora una colección de tintos varietales y de mezcla con diferentes crianzas, así como y un tinto muy especial y sugestivo a base de Sumoll.

  • D.O. Pla i Llevant

    D.O. Pla i Llevant

    Esta zona vitivinícola se ubica en la isla de Mallorca, que es la mayor del archipiélago balear, y está enclavada en el Mediterráneo occidental, a 132 millas de Barcelona y 140 de Valencia.
    Los vinos comenzaron a ser elaborados en esta zona por los romanos, alrededor del año 120 a.C. en el que Quinto Cecilio Metelo conquista la isla de Mallorca, y ya en el siglo I a.C., Plinio habla de los vinos baleáricos comparándolos con los mejores de Italia.
    Incluso durante la dominación árabe y pese a las prohibiciones coránicas, el cultivo de la vid no desapareció puesto que el moro Beni Abet ofreció a D. Jaime I cuando conquistó la isla en 1230, uvas de excelente calidad.

    De hecho, la viticultura llegó a ser tan importante en la isla que antes de la llegada de la filoxera, Mallorca contaba con cerca de 27.000 hectáreas de viñedo. Sin embargo, como consecuencia de la llegada de la filoxera a Mallorca y a las demás islas de archipiélago a finales del siglo XIX, la viticultura tuvo que hacer frente a épocas muy complicadas, por lo que la industria del vino sufrió un duro revés y muchos viticultores emigraron en busca de nuevas tierras. Los viñedos fueron reemplazados en su mayoría por almendros, olivos y otros cultivos más rentables, y muchas variedades locales terminaron por desaparecer.

    Durante la primera mitad del siglo XX, la extensión de viñedo oscilaba entre 5.000 y 8.500 hectáreas, pero más tarde, con la guerra y la posguerra, la situación del viñedo siguió  empeorando porque la economía de subsistencia obligó a transformar los viñedos en cultivos de productos básicos.

    Pese a todo, el nuevo mercado turístico de mediados del siglo XX dio un empuje a los escasos vinos locales, que desde entonces no han parado de crecer tanto en cantidad como en calidad.

    La DO Pla i Llevant se funda en el año 1999, y se extiende sobre la llanura central y oriental de la isla, alrededor de la población de Felanitx. Esta zona ha sido tradicionalmente conocida con el nombre de Felanitx y en ella se elaboraban vinos de mesa para abastecer el mercado turístico de las islas. A principios de 1991, sus 1.000 hectáreas de viñedos recibieron la clasificación de Vinos de la Tierra, pero sólo una parte de ellos son los que han sido reclasificados como el área de cultivo de la DO Pla i Llevant. Actualmente, la DO Pla i Llevant agrupa 18 municipios y hay inscritas 444 hectáreas de viñedo que cultivan 67 viticultores y elaboran 13 bodegas.

    Clima, suelo y variedades

    El clima de la zona es típicamente mediterráneo, caracterizado por temperatures suaves en invierno y muy caluroso en verano. La precipitación media anual es de 450mm. Los períodos de lluvia se concentran principalmente en otoño y primavera. El régimen de “Embat”, un viento que sopla de mar a tierra, se establece diariamente como consecuencia de la variación de la temperatura durante las horas de máxima insolación y su dirección se invierte, con menor intensidad, durante la noche. En la época cálida del año, se desarrolla un régimen de Embats de origen marítimo convergentes, lo cual favorece una moderación de las temperaturas y determina la formación de la nubosidad y, en ocasiones, precipitaciones.

    El suelo está formado por rocas calizas (margas y dolomitas) que dan lugar a un suelo calizo-arcilloso, dando a las tierras unas tonalidades rojizas o blanquecinas y con un pH ligeramente alcalino. Estas características del suelo permiten un buen drenaje y esto, junto con la escasa presencia de materia orgánica y la facilidad de penetración radicular, hace que el cultivo de la vid se realice en condiciones muy favorables.

    Los viñedos de la zona del Pla i Llevant estan situados a menos de 100 metros de altura, pràcticament a nivel del mar. Por ellos, las brisas marinas influyen de forma muy importante en aspectos microclimáticos. Las variedades blancas autorizadas para la elaboración de los vinos de la DO Pla i Llevant son la Chardonnay, Moscatel de grano menudo, Moscatel de Alejandría, Parellada, Riesling, Viognier y, sobre todo, las autóctonas Premsal Blanc i Giró Ros. En tintas destacan la Cabernet Sauvignon, Merlot, Monastrell, Pinot Noir, Syrah, Tempranillo y también las autóctonas Callet, Mantonegro, Fogoneu y Gorgollassa.

    Vinos y bodegas de la DO Pla i Llevant

    Al margen de los vinos elaborados en las dos Denominaciones de Origen de las Islas Baleares, también se elaboran un buen número de vinos con indicación geográfica bajo la protección Vino de la Tierra. En la actualidad cuentan con este reconocimiento cinco zonas. Una genérica y global que agrupa los Vins de la Terra Illes Balears, y otras más precisas como los Vins de la Terra Ibiza, Vins de la Terra Illa de Menorca, Vins de la Terra Serra de Tramontana-Costa Nort, y Vins de la Terra Illa Formentera. Todas las botellas con el certificado de indicación geográfica Vinos de la Tierra se comercializan con un número de control oficial asignado por la Dirección General de Agricultura, a la cual corresponde el control y la certificación.

    Sin embargo, fuera de las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas de los vinos de la tierra, también se elaboran vinos de mesa. Paradójicamente, parece que hoy es uno de los capítulos vitivinícolas más dinámicos de Baleares. Pero como pasa en otras zonas vinícolas peninsulares, aquí también hay de todo. Por un lado están aquellas bodegas o vinos que por voluntad propia no quieren verse encorsetados por los reglamentos de las denominaciones de origen ni las indicaciones geográficas, o que por simple ubicación no están acogidas a la demarcación territorial. En este estadio hay casi siempre más casos positivos que negativos, ya que estas bodegas persiguen la innovación elaborando vinos de vanguardia y personales, aunque por ello tengan que recurrir también a variedades experimentales o no permitidas.
    Buenos ejemplos de ello son los de ÀN Viticultors, Finca Son Bordils, Can Mayoral, Es Verger, Florianópolis o Hereus de Ribas, entre otros. En cambio, su lado negativo es que en medio de esas zonas marginales también se encuentran bodegas con vinos vulgares, donde la calidad y la cualidad de los vinos están muy lejos de su objetivo principal.

    Bodegas Miquel Oliver fue fundada en 1912, son ya la cuarta generación que avala su buena trayectoria. Fue pionera en introducir importantes cambios y mejoras a nivel tecnológico, así como también la primera en comercializar un Muscat seco, un vino original y diferente. En sus doce hectáreas de viñedos propios en Petra, más las 35 que controlan directa o indirectamente, se cultivan variedades locales y extranjeras. Con un diseño de etiqueta atrevido y rompedor, se presenta el tinto Ses Ferritges, fruto de la unión de Callet, Syrah, Merlot y Cabernet Sauvignon, envejecido doce meses en barricas de roble francés de Allier y americano. Destaca también el Aia, un monovarietal de Merlot con crianza de cinco meses, y el Mont Ferrutx, un ensamblaje de Callet, Fogoneu, Tempranillo y Mantonegro, cuyo reposo en roble americano de durante sus diez meses perfilan su personalidad.

    Can Majoral es una bodega familiar fundada en 1979, preocupada por la experimentación de variedades autóctonas y por la adaptación de las foráneas bajo las pautas del cultivo ecológico. La bodega dispone de 15 hectáreas de viñedos propios en los que se cultivan, además de las variedades autóctonas como la Mantonegro, Callet o Gargollassa, así como Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir, Syrah y Tempranillo, además de las blancas Chardonnay, Riesling, Viognier y Parellada. El total de viñas se reparten entre dos fincas, Son Roig y Son Reus, y con la marca que da nombre a la bodega se presentan dos blancos fermentados en barrica nueva con crianza en lías durante seis meses, y dos tintos envejecidos durante diez meses en barricas nuevas y de un año. La etiqueta Butibalausi incluye un blanco joven, elaborado a partir de una mezcla de variedades autóctonas mallorquinas, un rosado, ensamblaje de cuatro uvas vinificadas por separado, y un tinto con crianza de seis meses en barricas de dos años.

    Mesquida-Mora es el proyecto personal que inician en 2004 los hermanos Bàrbara y Jaume Mesquida-Mora en Porreres. Son la cuarta generación de una familia de tradición vitivinícola, pero sus elaboraciones actuales de basan en el cultivo de los viñedos con prácticas biodinámicas y una enología basada en las mejores técnicas sostenibles. Sus vinos son elaborados a partir de variedades autóctonas de viñedos con más de treinta años. Los vinos Acrollam, Mallorca al revés, son vinos jóvenes y frescos, con sello mediterráneo. Tripsol hace referencia a la tierra, y Sòtil hace referencia al cielo, y son los vinos tintos de Mesquida Mora, muy diferentes y a la vez complementarios. Y su colección Sincronia (tinto, blanco y rosado), es un soplo refrescante de la brisa del Mediterráneo.

  • D.O. Rías Baixas

    D.O. Rías Baixas

    La historia vitivinícola de la región está muy vinculada al Camino de Santiago y a la variedad albariño. Existe cierta controversia sobre la procedencia de la uva albariño. Algunas teorías sostienen que es originaria de Galicia, mientras otras versiones apuntan que fue introducida en el siglo XII por los monjes cistercienses (Monasterio de Armenteira) procedentes del Rhin a través del Camino de Santiago, incluso se detalla que fue acompañando a la dinastía de Borgoña venida a Galicia con motivo de la boda de Raimundo de Borgoña con la reina Urraca, y tampoco se descarta que pueda estar emparentada con la uva Riesling alemana. También hay otras teorías que apuntan  que pasó a través de Portugal, adonde llegó, procedente de Grecia, en barcos ingleses. Lo cierto es que, sea de una forma u otra, la viticultura en esta zona se practica desde hace más de 1.000 años. 

    Rías Baixas y Galicia en general es una región con una naturaleza salvaje y exuberante, donde la herencia celta se hace patente en su lengua, el gallego, y los elementos precristianos y cristianos se mezclan como en ninguna otra región de España. Pero en su estructura agraria, el paso de las relaciones casi medievales a las técnicas más vanguardistas de las modernas bodegas de las Rías Baixas, se produjo de una forma tan rápida que casi no puede hablarse de fase intermedia. Sin embargo, lo que se visionó hace 30 años como la gran esperanza blanca de los vinos españoles, representó una ruptura con lo tradicional, lo de toda la vida, que se basaba en la aberración de lo puramente "típico y natural", con elaboraciones incontroladas de unos vinos turbios parcos en todo menos en producción, inacabados, vendidos a granel o sin etiqueta, y tomados en "cunca" o taziña, como un mal entendido ecologismo. No obstante, por suerte, este vino y esta costumbre ya forman parte de la vieja historia de los vinos gallegos gracias al tesón de algunos honestos elaboradores con criterio calidad y futuro, y, sobre todo, a la creación de la flamante DO Rías Baixas en 1988, aunque desde 1980 se empieza con la propuesta de la creación de la DO Albariño, ya que la variedad era y es el eje fundamental del carácter de los vinos de esta zona.

    Rías Baixas se ubica en el extremo noroccidental de España,  y actualmente se divide en cinco subzonas bien definidas: Val do Salnés, que es la gran zona productora, con más del 50% de la superficie total de plantación y el 70% de los viticultores, Condado do Tea, O Rosal, Soutomaior y Ribeira do Ulla.
    Val do Salnés se encuentra en el bajo valle del río Umia y está centralizada en Cambados, que cada año celebra una fiesta en honor de esta uva.  Es una zona suavemente ondulada donde el viñedo se asienta tanto en laderas poco pronunciadas de diferentes orientaciones como en terrenos llanos.
    O Rosal Más se extiende más al sur, a lo largo de la frontera este-oeste con Portugal, en la cuenca más baja del Miño, y se prolonga tierra adentro hasta la ciudad de Tui. Los viñedos forman aquí terrazas en las orillas del Miño, que se abre para formar un estuario.
    El Condado do Tea se extiende desde Tui a lo largo valle del Miño hasta encontrarse con la D.O. Ribeiro. Su orografía es mucho más accidentada, integrada por una serie de pequeños valles fluviales formados por diminutos ríos.
    Soutomaior, que se incorporó a la DO Rías Baixas en 1996, se localiza justo al sur de la ciudad de Pontevedra, en la desembocadura del río Verdugo en la Ría de Vigo.
    Ribera de Ulla se incorporó a la DO en el 2000 y se ubica al norte de Pontevedra, en la provincia de A Coruña.

    Clima, suelo y variedades de Rías Baixas

    En general el clima en Rías Baixas es atlántico, con inviernos húmedos y con brumas marítimas, aunque varía ostensiblemente entre las diferentes subzonas. Las zonas más frías son Ribera do Ulla y Val do Salnés, dada su posición cerca de la costa, mientras que la más cálida es Condado do Tea seguida de O Rosal, con temperaturas ocasionales que pueden rondar los 40 grados, aunque también posee inviernos fríos con frecuentes heladas y lluvias superiores a los 2.000 mm.

    En cuanto a los suelos también existen ciertas diferencias. Por ejemplo, en Val do Salmés, O Rosal y Ribera de Ulla los terrenos son aluviales, en el Condado de Tea predominan el granito y la pizarra en la superficie, mientras que los de Soutomaior son ligeros y arenosos, y cubiertos con granito.

    La Denominación Rías Baixas permite el cultivo de hasta doce variedades de uvas locales, entre blancas y tintas, pero la Albariño representa más del 95% de los viñedos. Esta variedad está tan aferrada a la zona y un estilo de vino, que es frecuente el uso del término “albariño” para solicitar en el mercado los vinos de esta Denominación de Origen. Las otras variedades blancas recomendadas son la Treixadura, que generalmente se mezcla con la Albariño en el Condado de Tea; la Loureira Blanca, una variedad de uva local de alta calidad asociada a la zona de O Rosal; y la Godello, actualmente en auge de plantación en esta DO después del éxito logrado en otras zonas de Galicia. En cuanto a las variedades tintas son todas muy minoritarias, y destacan el Sousón, la Mencía y el Caíño Tinto, las cuales no superan el 1% del total de plantación.

    Actualmente se acogen a la DO Rías Baixas algo más de 4.000 hectáreas, que son cultivadas por más de 6.500 viticultores y repartidas en unas 24.000 parcelas, lo que supone que la media de un viticultor es de algo más de ½ hectárea repartidas en 3 o 4 parcelas, por lo que estamos delante de una atomización parcelaria y una propiedad minifundista. De hecho, muchas de las vides más viejas se cultivan en las lindes parcelarias y porchadas de las mismas propiedades y residencias privadas sobre pérgolas de granito, llamadas parrales, con el objetivo de protegerlas de la humedad y las enfermedades fúngicas propias del clima húmedo, donde también se aprovecha su suelo fértil para el cultivo de la huerta particular. Esta singularidad minifundista suele formarse en los regímenes de herencia en que el testador divide su propiedad a partes iguales entre sus herederos, resultando así pedazos de terreno cada vez más pequeños. Sin embargo, en la actualidad también existen plantaciones de viñedos más extensas, casi siempre elevados, que dan respuesta a las condiciones particulares del clima de la zona, incluso muchos se cultivan con el sistema de cortina doble; es decir, sin empalizamiento de vegetación pero sí de brazos, pensando también en el empleo de la recolección mecánica.

    Bodegas y vinos de Rías Baixas

    En cuestión de vinos, alrededor del 99% del vino producido es blanco, pero las diferencias climáticas y geográficas, así como el tipo de uva local empleada en las mezclas en las diferentes subzonas, ofrecen vinos con ciertas características propias, aunque en cualquier caso todos se elaboran con un mínimo del 70% de Albariño.

    Hoy en día, la elaboración de los vinos de Rías Baixas ampara diversos estilos y fórmulas de elaboración, demostrando lo que se puede hacer con la albariño y, sobre todo, alternar su imagen más asociada a vinos jóvenes, por lo que coexisten albariños madurados en botella, madurados en depósito sobre lías, fermentados en barricas o con crianza en roble, blancos de vendimia tardía, incluso madurados en el mar y alguna que otra experiencia en vino espumoso.

    La gama aromática de los albariños constituye una de sus características más definidas y personales. Son intensamente frutales cuando son jóvenes, pero se amplían a matices complejos, de manzana más madura, de plátano y herbáceos cuando evolucionan en botella, incluso con los años pueden desarrollar ligeras notas de hidrocarburos que les confieren gran personalidad. El trabajo sobre lías aporta cremosidad en boca, así como aromas más complejos y una mayor predisposición a madurar mejor en botella. La nariz es intensa, a manzana muy madura y melocotón, con notas de bollería y finas vainillas horneadas, con paladar amplio, mantecoso, frutal, con notas lácticas y atisbos de pan grillé.

    Para los fermentados y/o criados en barrica, muchos elaboradores apuestan por el uso de barricas grandes, con capacidad de 500 l o más, para lograr un mejor equilibrio madera-varietal y respetar así la elegancia y la personalidad de la uva. El roble aporta más extracto en boca y más potencia, pero los mejores se muestran también frescos, vivos, dejando al descubierto las notas frutales más maduras y complejas junto a notas especiadas, donde tampoco faltan ciertos matices mielados muy agradables, con toques glicéricos de carácter untuoso. La dificultad de los blancos delicados con fermentación y/o crianza en barrica, es lograr el equilibrio entre la fruta y la presencia de madera, que por suerte para muchos de estos vinos es ya una virtud.

    La sobremaduración intensifica y concentra los aromas del vino, y propone un paladar amable y fresco a la vez gracias a que conserva su acidez natural. Es un albariño genuino en su concepto y expresividad aromática, con fruta muy madura, florales, frívolos tomos de botritis; cremoso y con una formidable estructura.

    Sin embargo, en todos los casos, la intensa frutosidad de la variedad Albariño debe compensarse siempre con una buena acidez para que estos vinos no resulten planos y a la vez empalagosos. Cuando la cosecha es buena y la vinificación acertada, son vinos muy francos y sabrosos, y mantienen un alto grado de delicadeza en todas sus elaboraciones.

    En esta región se localiza alguna cooperativa con una imagen ejemplar, adegas (bodegas en gallego) medianas, pequeñas y minúsculas. Sirva como ejemplo la actual Martín Códax, que empezó como cooperativa de Cosecheiros de Albariño de Vilariño-Cambados y convertida en sociedad anónima en 1998, fue pionera en muchas cosas, entre ella la elaboración del albariño en barrica y el albariño de vendimia tardía, por lo que hoy es uno de los mejores exponentes vitivinícolas de la DO Rías Baixas.

    Mar de Frades, que, al margen de sus equilibrados vinos, se distingue por las botellas azules con una etiqueta termosensible en la que aparece un galeón azul cuando el vino alcanza la temperatura ideal de consumo.

    Palacio de Fefiñanes, en un edificio histórico (siglo XVII) en el centro de Cambados, es una bodega histórica que apuesta por la prolongada crianza sobre lías y la crianza en madera como una muestra evidente de que los buenos albariño necesitan descansar un tiempo prudencial antes de salir a escena.

    Pazo de Barrantes, en pleno Valle de Salnés, en un imponente pazo que lleva en manos de la familia del Conde de Creixell desde 1511 (grupo riojano Marqués de Murrieta), donde sus vinos, tanto el joven sobre lías como sobre todo el Comtesse de crianza en barrica, se sitúan en la élite de los vinos de Rías Baixas.

    Pazo de Señorans, también en un pazo del siglo XVII enclavado en Vilanoviña y con un viñedo original de 10 hectáreas en emparrado, desde su primer vino en 1989 ha sabido consolidarse como una de las referencias indiscutibles de la zona por su calidad y, sobre todo, por su regularidad.

    Bodegas Gerardo Méndez, artista y artesano del albariño, gesta la calidad desde la viña con un control casi militar para obtener lo mejor de la variedad del albariño, donde sus etiquetas DO Ferreiro amparan unos de los vinos de autor más interesantes del país de la última década, ligados a la tradición, pero con los ojos puestos en el futuro.

    Bodegas Valdamor, en Xil, en el “valle del amor”, que aunque dispone de una tecnología de las más avanzadas del sector y una alta producción, no renuncia por ello a la tradición de una vinificación minuciosa y precisa, tanto en su albariño joven, como en el Selección o el crianza en barrica de roble francés.

    Bodegas Zarate, es una propiedad familiar situada en Meaño, y una de las bodegas históricas del Valle del Salnés, enclavada en un Pazo que fue construido en el siglo XVI y reedificado totalmente en el XVIII, su proyecto se basa en los cuidados naturales a los viñedos centenarios de la propiedad, para luego poder expresar las características de cada parcela en vinos varietales y de producción muy limitada.

    Fillaboa, ahora pertenece al grupo Masaveu, y desde siempre sus etiquetas Fillaboa se han erigido como uno de los mejores vinos del Condado de Tea, desde el joven hasta el vendimia seleccionada, pasando por el fermentado en tino y su vino de finca Monte Alto.

    Viña Nora, no es bodega como tal, sino un miniholding de personas y empresas que llevan a cabo un ambicioso proyecto vitivinícola que pretende enfatizar las virtudes de cada una de las zonas, sus variedades y sus terruños.

    Adegas Morgadío, donde la historia de esta bodega empieza con la mayúscula de Morgadío, un albariño de lujo, abanderado de la denominación, que ha alcanzado una extraordinaria penetración en los mercados internacionales.

    Quinta Couselo, bodega familiar, que elabora jóvenes afrutados y con buen cuerpo, como su Quinta de Couselo que combina el albariño con loureira, treixadura y caíño, o el Turonia, un monovarietal de albariño bautizado con el nombre medieval del actual Baixo Miño.

    Lagar de Fornelos, que hoy pertenece al grupo de La Rioja Alta, entre sus modernas instalaciones de acero inoxidable y equipos térmicos atesora el lagar original, que es su marca distintiva, inmortalizada en relieve en la botella de su albariño Lagar de Cervera.

    Bodegas Terras Gauda, en O Rosal, muy cerca de la desembocadura del río Miño, apuesta por el ensamblaje del albariño con loureiro, caíño y treixadura, tanto en su vino buque insignia Terras Gauda como en su fermentado y criado en barrica, el Terras Gauda Etiqueta Negra, además de un varietal de caíño, La Mar, no acogido a la DO Rías Baixas.

  • D.O. Ribeira Sacra

    D.O. Ribeira Sacra

    En la Ribeira Sacra se refugian muchas de las leyendas que pueblan los temores, los recuerdos y los mitos de la tradición gallega, y es precisamente aquí, en un pequeña aldea rodeada de monasterios románicos, bosques de castaños y viñedos escarpados, donde nació una leyenda: el Amandi, un vino que según la tradición oral de sus pueblos, hacía poner los ojos en blanco al mismísimo emperador Tiberio.

    El territorio de la Ribeira Sacra guarda toda la esencia de los vinos gallegos vinculados a los Caminos de Santiago, tanto al internacionalmente conocido Camino Francés, a través de la subzona Ribeiras de Miño, como al llamado Camino de Invierno, que transita por las subzonas de Quiroga, Amandi y Chantada. Aquí la tradición vinícola es muy antigua, y cuenta la historia que los romanos ya habían elaborado el vino en esta región, cuyos especiados vinos de Amandi fueron legendarios en tiempos de la Roma Clásica, los cuales eran embarcados juntos con las lampreas pescadas en el río Miño para ser servidos en las mesas de los emperadores.

    Sin embargo, el término -Rivoyra Sacrata- fue empleado por primera vez por la reina de Portugal en 1124 al hacer referencia de sus posesiones y a la gran abundancia de ermitas y monasterios situados en el curso final del río Sil, entre ellos el monasterio de Montederramo.  El término define a la perfección una tierra elegida por su especial orografía para llevar una vida de recogimiento, sacrificio y oración por pequeñas comunidades de eremitas que dieron origen a la construcción de poderosos monasterios benedictinos y cistercienses, y cuyos monjes volvieron a replantar las vides para consumo propio, desarrollando hasta una docena de pequeñas áreas vinícolas en la región.

    La Denominación de Origen Ribeira Sacra es relativamente reciente, ya que se constituyó 1997, pero su incremento en todos los sentidos ha sido espectacular, ya que el número de bodegas ha pasado de las 49 iniciales a las 89, igual que el número de viticultores, de los 950 a más de 2.600. También en viñedos, que de las 990 hectáreas, hoy se contabilizan más de 2.500, aunque sólo estas acogidas a denominación unas 1.550 hectáreas.

    La Ribeira Sacra se localiza en la parte noroccidental de España, dentro la Comunidad Autonómica de Galicia, distribuida en 19 municipios de las provincias de Lugo y Orense, cuyos viñedos se sitúan a lo largo de las riberas del Miño y del Sil. Se divide en cinco subzonas, cada una con un microclima diferente: Chantada, al norte, sobre el Miño; Amandi, en Monforte de Lemos como capital; Riberas do Miño, en los alrededores del Miño meridional; Ribeiras do Sil, al este de Ourense; y Quiroga-Bibei, más el este.

    Aquí, al igual que en algunas otras regiones vitícolas, como el Priorat, la cercana Douro (Portugal) o los valles de Rhin, la mayoría de viñedos se cultivan en laderas escarpadas y con grandes pendientes, por lo que las condiciones humanas en tiempo de vendimia son extremadamente duras y casi heroicas. De ahí el sobrenombre “viticultura heroica”. Incluso hay lugares que se precisa pedir un permiso especial en vendimia para acarrear las uvas en sacos -ya que la normativa exige que sea en cajas- y luego trasladar éstos a la bodega en la grupa de un burro, siendo éste el único sistema de transporte capaz de enfrentarse a los estrechos desfiladeros. Además, en algunos viñedos es más fácil bajar la vendimia a una barca que subirla hasta los transportes situados en la parte alta.


    Clima, suelo y variedades de Ribeira Sacra

    Otro dato peculiar de la Ribeira Sacra es el microclima ribereño que aporta su especial orografía protegida por cañones, que hace que en sus valles se alcancen una temperatura, humedad y horas de insolación distintas a cualquier otra región de Galicia, al igual que sus suelos fértiles y con gran presencia de pizarra. Los climas son muy diferentes entre el valle del Sil y el Miño. En el primero la pluviometría anual es de 700 mm, mientras que en el segundo es de 900 mm. En cuanto a la temperatura, el valle del Sil tiene una media anual de 13,2º C, y la del Miño es ligeramente superior, con 13,9º C. En líneas generales, se puede decir que la zona del Sil participa de un clima de región interior, mientras que el valle del Miño posee unas características intermedias entre una región atlántica de transición y la interior.

    La composición del suelo, la orientación de las viñas, el clima, la adaptación de la vid y el trabajo de los viticultores conforman el concepto de terroir o terruño que describe cada una de las regiones geográficas vitícolas. Así, por ejemplo, en el valle del Miño los suelos son similares a los de origen granítico que dominan en toda la Galicia occidental, de fracciones arenosas y limosas, frescos y permeables. Los valles del Sil son de tipología oriental, con abundancia de arcillas, aunque el suelo de las terrazas ha mejorado notablemente la calidad de suelo original.

    Las principales variedades blancas autorizadas en Ribera Sacra son prácticamente las mismas que en toda Galicia. En blancas destacan las plantaciones de Albariño, Loureira, Treixadura, Godello, Doña Blanca o "moza fresca" y Torrontés. En tintas prevalece como mayoritaria la Mencía, considerada variedad principal de la DO Ribera Sacra, seguida de la Brancellao y la Merenzao -ambas muy escasas y con peligro de extinción-, y en complementarias la Mouratón o "negrera" y la Garnacha Tintorera. 

    Bodegas y vinos de Ribeira Sacra

    La Ribera Sacra está orientada fundamentalmente a la elaboración de vinos tintos, aunque se elaboran también vinos blancos muy interesantes. 

    La Mencía es la variedad más señorial cultivada en la Ribera Sacra. Según algunos historiadores la variedad Mencía es el mismo Cabernet Franc llegado de tierras francesas después de la devastación del viñedo gallego por la plaga de la filoxera. Otros afirman que se ha extendido por España desde Catalunya -foco de aclimatación y expansión de variedades europeas-, llegando a Galicia de la mano de dos agricultores gallegos, Darío Fernández Crespo y José Nuñez, allá por el 1884.
    Sin embargo, también existe la teoría que habla de una Mencía como una cepa autóctona presente en estas regiones desde mucho tiempo atrás, y cuya llegada a tierras españolas estaría asociada al Camino de Santiago.
    Sea de una forma u otra, los vinos de Ribera Sacra se asientan sobre la Mencía, donde una mayoría son vinos jóvenes. Presentan una capa cromática madia-alta y exhiben un atractivo color rojo cereza madura con marcados matices azulados que conforman bellas tonalidades púrpuras. En nariz son muy expresivos y elegantes. De hecho, para muchos, su conjunto aromático recuerda al de la Cabernet Franc, con frutas frescas, notas de frambuesa y violeta, bayas como el arándano, mora silvestre, grosellas negras y algunos matices balsámicos de eucalipto.
    Por regla general, los vinos tintos de Ribera Sacra presentan una notable acidez que los mantiene frescos y vivos en el paladar. Se caracterizan por su paladar amplio y carnoso, con la acidez que se deja notar, se agradece y no molesta. Presentan un cuerpo bien estructurado y un paladar lleno de sensaciones afrutadas. Son adecuadamente tánicos y con un final sabroso matizado por un leve regusto vegetal. Su recuerdo es bastante largo, alegre y persistente.

    En vinos blancos la producción es mucho menor que los tintos. Por regla general se elaboran a partir de una mezcla equilibrada de las variedades Godello y Albariño. Presentan una coloración centrada en el amarillo pajizo con más o menos reflejos verdosos dorados.

    Su gama aromática combina las características de las dos variedades. Son intensamente aromáticos, más frutales que florales, con predominio de los aromas de manzana, de plátano y de hierbas aromáticas. En boca presentan cierta carnosidad y una frutosidad intensa, y resultan bien equilibrados y frescos gracias a su buena acidez. Ella hace que no resulten demasiado planos ni exageradamente empalagosos. Una diferencia notable con los más tradicionales riberos y albariños es su graduación alcohólica que aquí, por regla general resulta más alta, debido en parte a que los viñedos se asientan un una zona interior de clima más cálido. Ello provoca que estos vinos sean más voluminosos en la boca, menos ligeros, con una sensación de calor, y un paladar algo más dulzón. No obstante, están provistos de una notable acidez total que sigue manteniéndolos en la línea de las características principales de los vinos blancos gallegos: frescura y viveza. Resultan algo más acidillos pero ofertan mayor cuerpo que los tradicionales ribeiros y albariños, y algunos poseen una notable finura, sobre todo cuando entran en juego la Treixadura y la Torrontés en su composición.

    Es preciso señalar que la Ribera Sacra guarda toda la esencia de los vinos gallegos, ya que en ella se cultivan todas las variedades tradicionales de Galicia.

    En cuestión de bodegas hay de todo; alguna cooperativa, bodegas grandes y otras muy pequeñas y familiares. Pero el acierto de los proyectos que van por delante radica en que algunos han entendido mejor que otros el valor de esos viñedos excepcionales. Pero ello, es justo hacer honor a quién revolucionó la zona y los vinos de la Ribeira Sacra, Raúl Pérez, reconocido como uno de los viticultores, enólogos, creadores y consultores de vinos más mediáticos de España, cuyo vino El Pecado, un tinto en barrica, obtuvo en 2008 los primeros codiciados 98 puntos del The Wine Advotace, del influyente crítico estadounidense Robert Parker.
    Actualmente sigue colaborando también con algunos bodegueros de la zona y asesorando a algunas bodegas como Algueira y Guímaro, donde en esta última elaboró El Pecado. Este hecho revolucionó por completo la imagen exterior de los vinos gallegos en general, que se asociaba hasta entonces a los blancos. También merece mención especial el tándem de Raúl Pérez & Rodrigo Méndez, con la elaboración de vinos de autor y de paraje bajo las etiqueta Castro Candaz La Vertical, un Godello de la subzona de Chantada con crianza en barricas de roble francés; Finca El Currado y el A Boca do Demo.

    Bodegas Guímaro, construida a principios de siglo y con una gran reforma en 1991. Elaboran vinos de forma tradicional bajo las etiquetas Guímaro Joven y Gímaro Barrica, y la mayor parte de su producción proviene de sus propios viñedos en la subzona de Amandi, aunque de la mano de Raúl Pérez también se elaboran El Pecado, La Penitencia y Finca Capelino.

    Bodega Algueira, en la Ribeira do Sil, elabora 3 blancos y media docena de tintos entre mezclas, vino de parcela y monovarietales, donde sobresale el Alguera Brancellao, y su Alguira Carballo Gallego, un tinto experimental con 16 meses en barricas de roble gallego, con el que se estudia la idoneidad de la Mencía con el roble autóctono.

    Bodega Dominio de Bidei, ubicada en la localidad de Manzaneda (Ourense), presentó su primer vino en 2002, aunque la aventura empezó en el año 2000. Elabora casi artesanal, principalmente con dos variedades, Mencía y Godello, con las que se elaboran los monovarietales Lacima (con una pequeña parte de Brancellao) y Lapena. El tinto Lalama, elaborado por el matrimonio Sara Pérez y René Barbier, contiene un alto porcentaje de Mencía completado con Garnacha, Brancellao y Mouratón, y es actualmente uno de los grandes y reconocidos tintos gallegos

    Bodega Ronsel do Sil, una bodega reciente (2010), proyecto de una pareja de arquitectos de Madrid que deciden elaborar vinos capaces de emocionar. Cultiva dos hectáreas de viñedo, parte propio y parte arrendado a viticultores de la zona. Destacan sus vinos Alpendre, un monovarietal de Merenzao, los Vel’uveyra, un monovarietal de Godello y otro de Mencía procedentes de los suelos graníticos de la zona de Ribas de Sil; el Ourive, con Godello y Dona Blanca, y el Arpegio con Mencía, éstos obtenidos de viñedos sobre suelos pizarrosos del Val do Bibei.

  • D.O. Ribeiro

    D.O. Ribeiro

    Se tiene constancia que los romanos ya elaboran vino en el Ribeiro, pero la historia más moderna también nos indica que fue la primera zona de Galicia que elaboró vinos con identidad propia. Alfonso X, en el siglo XIII, ya hablaba de los "buenos vinos de Orense".
    Entre los s.X y XII el cultivo de la vid se propagó en Galicia, gracias a la labor de los monjes de las órdenes de San Benito y San Bernardo. Así nacieron los pagos de ribeiro de Santa María de San Clodio y, más al sur, los viñedos del Salnés, que pertenecían al monasterio de Santa María de Armenteira.
    No en vano Galicia era la meta de una de las rutas culturales más importantes de la Edad Media: el Camino de Santiago. El Camino de Santiago, que fue un símbolo de la resistencia de la cultura cristiana frente a la expansión imperialista islámica, creó estrechos lazos de comunicación entre Galicia y los reinos medievales europeos. Los cruzados ingleses se detenían en Galicia a embarcar vino y a disfrutar de la última comida cristiana (lacón, jamones, morcillas), antes de proseguir su singladura hacia el Mediterráneo por las costas ibéricas sometidas a la dominación musulmana.

    La influencia de la cultura vinícola monacal demuestra que el desarrollo de la vid en Galicia (a diferencia de lo que ocurrió en otras comarcas de España, ocupadas por el Islam) siguió una evolución paralela a la de los grandes viñedos centroeuropeos. Incluso los santos más populares de la viña europea despertaron mucha devoción en Galicia, como es el caso de San Martín, patrono de Orense, al que todavía se consagran los primeros vinos del año.
    Los monjes crearon una verdadera escuela de viticultura, ya que los terrenos que obtenían por donación no eran los más rentables ni fáciles de laborear, y se veían obligados a perfeccionar sus técnicas de cultivo con artes ingeniosas y bien estudiadas.
    Además, la situación de Galicia en la frontera de diversos reinos (Portugal, León, Asturias) favorecía los intercambios culturales, que son tan importantes para el vino. Los mismos cistercienses que construyeron monasterios en Galicia se establecieron en el grandioso monasterio de Alcobaça (s. XII), creando los fundamentos del viñedo portugués. Los obispos y señores feudales estimularon la plantación de nuevos viñedos en Galicia como cultivo rentable y como símbolo de una próspera economía sedentaria para los campesinos que ocupaban las tierras bajo dominio cristiano. Y la viña ocupó así los mejores pagos.
    Además, las relaciones comerciales de Galicia con las islas Británicas facilitaron el paso de los grandes vinos europeos por esta vía. Y ya en la Alta Edad Media, las rutas más fáciles de exportación de los vinos mediterráneos seguían la costa española hasta Galicia, haciendo escala principalmente en el estuario del Miño.

    Los vinos del Ribeiro de Ribadavia tenían ya merecida fama internacional en el siglo XIV. Más de dos millones de visitantes cada año llegaban a Santiago en las épocas doradas de la peregrinación, y el consumo de vinos llegó a ser tan abundante que en el s.XVI los cosecheros de Ribadavia establecieron normas de control para garantizar la autenticidad de sus ribeiros.
    Los ingleses contribuyeron también al progreso de las técnicas enológicas, enseñando a los cosecheros del lugar el uso del azufre para conservar los vinos que debían exportarse.
    Pero al congelarse las relaciones entre Inglaterra y España durante el reinado de Felipe II, los comerciantes británicos olvidaron los vinos de Ribadavia y comenzaron a buscar sus fletes en Viana de Costelo.

    La competencia de Portugal fue siempre dura para los viticultores gallegos y, para colmo de males, los viñedos portugueses contrajeron a mediados del s.XIX una enfermedad fatal que se contagió al viñedo galaico: el mildiu.
    También en la misma época tuvieron la mala fortuna de sufrir el primer ataque mortal: el oídio y luego la filoxera, lo que destruyó lo mejor del viñedo gallego y, salvo contadas ocasiones, los vinos se convirtieron en locales y artesanos, rústicos e ingenuos, y fue durante muchas décdas la asignatura pendiente.

    Basta recordar que hace tan solo un par de décadas, la popularidad del vino gallego se centraba en los vinos blancos turbios y tintillos desnatados, tomados en "cunca" o taziña, cuyos consumidores lo identificaban como un malentendido vino ecológico y natural, cuando en realidad eran vinos inacabados.

    Pero por suerte, los gallegos también se dieron cuenta de que este vino folclórico tenía poco futuro en una sociedad de consumo que se saciaba de modernidad a pasos agigantados. Y, en general, viticultores y bodegueros gallegos supieron dar a tiempo ese gran golpe de timón para recuperar las valiosas variedades auténticas de la tierra, al tiempo que acogían la enológica moderna en un tiempo récord. En definitiva, todo un reto de expansión y modernidad que aceleró la creación de la hoy flamante DO Ribeiro, constituida en 1957, por lo que fue la primera denominación de origen de vinos de Galicia.

    La DO Ribeiro está ubicada en el extremo noroccidental de España, en la Galicia meridional, en el borde noroccidental de la provincia de Orense, en las confluencias de los valles formados por los ríos Miño, Avia, Arnoia y Barbantiño. Cuenta con una extensión de cerca de 3.000 hectáreas de viñedo inscrito, repartido en 65.000 parcelas que cultivan unos 6.000 viticultores, junto con 31 bodegas y 85 colleiteiros.

    Clima, suelo y variedades

    El peculiar clima se ve favorecido por las barreras naturales y su situación meridional, que protegen el territorio de borrascas sub-atlánticas y proporcionan un ecoclima de transición oceánico-mediterráneo, por lo que es húmedo y de temperaturas templadas de 15ºC de media anual, con veranos cálidos e inviernos fríos. Sus características intermedias entre los climas oceánico y mediterráneo permiten que el fruto de las viñas madure, conservando a su vez aroma y frescor.

    En cuanto a los suelos, las texturas predominantes son franco-arenosas, y en menor medida areno-francosas, si bien también se pueden encontrar texturas francas en zonas de sedimentos aluviales y texturas más finas sobre rocas metamórficas. Los suelos con predominio de textura arenosa son cálidos y de buen drenaje, lo que unido a las escasas precipitaciones de julio a septiembre, favorecen el estrés hídrico en maduración. Los contenidos en materia orgánica oscilan entre el 1 y el 4 % para la capa arable y suelen estar por debajo del 3% en el subsuelo, suficiente para el desarrollo de una importante actividad microbiana sin generar excesos de vigor.

    El Consejo Regulador de la DO Ribeiro autoriza hasta 16 variedades de uvas, siendo las blancas principales la Treixadura, Albariño, Godello, Torrontés y Loureira, así como la experimental Lado, y permitidas la Albilla, Macabeo y Palomino. En tintas sobresalen la Caiño, Ferrón, Sousón, Brancellao y Mencía, aunque también están permitidas la Garnacha Tintorera o Alicante, y la Tempranillo.

    Vinos y bodegas de la DO Ribeiro

    En la zona hay bodegas grandes, muchas familiares y algunas cooperativas. El vino de la DO Ribeiro es principalmente vino blanco, que representa el 85% de la producción, y el resto son tintos. No obstante, merece un comentario el tradicional vino “tostado del Ribeiro”, que es un vino naturalmente dulce. Para su elaboración únicamente se utiliza el mosto procedente de la selección de las mejores uvas convenientemente pasificadas a cubierto. Su producción es muy pequeña, laboriosa y compleja, resultando una auténtica joya de la enología de características únicas. Las características físico/químicas básicas del vino tostado do Ribeiro son el grado alcohólico volumétrico adquirido, que debe estar entre 13-15% vol, y los azúcares residuales mínimos, que estarán entre 100 y 150 gramos por litro.

    Viña Mein se funda en 1988 y es propiedad de la familia Alén, de la localidad de San Clodio, quienes adquirieron la finca Mein a principios de los 90 y replantaron 18 hectáreas de viñas situadas en las mejores laderas del Valle del Avia (San Clodio y Gomariz) con Treixadura, Godello, Lado, Loureira, Torrontés y Albariño, y construyeron una bodega bien dotada de equipos de vinificación modernos, que ampliaron años después con un pequeño hotel rural que acoge amigable a los amantes de la cata y el reposo.
    Desde 2015 la elaboración de todos los vinos de la bodega está al cargo de Comando G y la producción habitual es de unas 80.000 botellas, de las cuales el 75% es el clásico Viña Mein blanco del año, donde la filigrana varietal que compone este vino lo hace único y personal: aroma afrutado y tropical, frescas hierbas aromáticas, y un fondo floral. Altivo, muy fresco, y con buen peso frutal en boca. El otro 25% corresponde a los vinos de paraje de parcelas escogidas: los blancos Tega do Sal, Viña Mein Fermentado en Barrica, Eiras Altas y Tinto Atlantico, éste último elaborado con las variedades tintas Brancellao, Caiño y Sousón.

    Coop. Vitivinícola del Riberiro empieza a funcionar en 1892 y colaboró decisivamente en el renacimiento de los vinos de la región del Ribeiro. Sólo dos años después de su nacimiento, la bodega puso en el mercado la marca Pazo, el primer ribeiro etiquetado y embotellado.
    Los prácticamente 800 socios de la cooperativa aportan las vendimias recolectadas  a unas instalaciones de 6.200 metros cuadrados, con cubas de fermentación de acero inoxidable que se destinan a la vinificación de los mejores blancos de la firma, como el Viña Costeira y los varietales Colección 69, elaborados con las variedades de la zona.

    Bodegas Reboreda, ubicada a orillas del Miño, pertenece al Grupo Reboreda Morgadío, también con bodegas dentro de la DO Rías Baixas. Elabora una colección precisa de vinos donde destaca el Reboreda blanco, elaborado con Treixadura, Godello, Palomino y Torrontés, un vino redondo, suave y estructurado, en el que destacan por igual los aromas frutales y florales. Reboreda tinto es un vino varietal de Mecía de una sola finca, de gran estructura en boca, con aromas a frutas del bosque y una tanicidad equilibrada. El Gran Reboreda blanco está elaborado con Treixadura (80%), Godello (10%) y Loureira (10%) de finca propia, y es un vino fino y elegante, con gran impronta floral y frutal, con notas frescas de manzana y acidez muy equilibrada.
    Su última novedad es el 3URA blanco elaborado con un 75% de Treixadura, y un restante 25% de Godello y Loureira, procedentes de 3 fincas diferentes. Y uno de sus vinos estrella es el tostado Alma de Reboreda, elaborado con la mejores uvas de la variedad Treixadura vendimiadas a mano, pasificadas lentamente y posteriormente permanecen más de 2 años en barricas de roble.

    Coto de Gomariz resurge en la década de 1970, cuando Ricardo Carreiro Ameijeiras, después de su viaje a las Américas, reestructura las viñas familiares solo con variedades autóctonas, y está considerada la primera viña mecanizada de la zona. En la década de 1980 embotellan sus primeros vinos, y en 2004 se empieza a cultivar fincas en ecológico y biodinámico. En la actualidad la bodega cuenta con 28 has de viñedo a lo largo del valle del Avia. En Gomariz se encuentran 24 has, estando casi todas cultivadas mediante viticultura natural.
    En la actualidad distinguen por calidad las zonas y suelos los vinos. Así, las zonas de Premier Cru y cepas más jóvenes de Gran Cru, las comercializa Vitivinícola del Avia, mientras que Gomariz como Gran Cru y las viñas más viejas son las que comercializa Coto de Gomariz. Elabora una colección impresionante de vinos blancos y tintos bajo las etiquetas Abadía de Gomariz, Ailalá, Coios, Coto de Gomariz, O Con, Salvaxe, Seica, así como una colección de vinos divertidos como el Súper Héroe o los nuevos The flower and the Bee Sousón y el The flower and the Bee Treixadura.

    Bodegas Semeirás es el proyecto de Antonio Cajide Gulín, un colleiteiro ubicado en San André de Camporredondo, que en 2002 acomete una ampliación y reforma de la bodega, dotándola de la más moderna tecnología. Posee 6 has de viñedo, formadas por siete parcelas, O´Cotiño, O´Forte, O´Naranxo, A Horta, Sameirás y O´Troque en la parroquia de Santo André, y A Abeleira en la vecina Rivadavia. Estas se encuentran en altitudes que van desde los 95 hasta los 290 metros sobre el nivel del mar, en terrenos con distintos tipos de suelo, donde predominan los de esquistos, de pizarra evolucionada con presencia de mucho cuarzo y guijarro, sobretodo en Santo André, y de tipo arenoso granítico en Rivadavia. Las cepas tienen edades comprendidas entre los 70 años de edad las más viejas, a las más recientes, plantadas en los últimos 15 años. Elabora tres blancos con las etiquetas de Semeirá, 1040 y Viña do Avó, como como los tintos Semeirás y el Viña do Avó.

    Bodegas Cunqueiro está situada en el margen izquierdo del río Miño, y aunque desde 1985 es una sociedad mercantil, como empresa familiar está en el mercado desde los años 60. Elabora y comercializa una buena colección de vinos blancos y tintos, donde sobresalen las marcas Cunqueira, Cunqueiro III Milenium, Máis de Cunqueiro y Anciño.

  • D.O. Ribera del Duero
  • D.O. Ribera del Guadiana

    D.O. Ribera del Guadiana

    La historia de la viticultura extremeña es una de las más antiguas de la península. Los primeros testimonios del cultivo de la vid en Extremadura la encontramos en el s.IV a.C. en un yacimiento en Medellín, que suponía todo un ritual funerario donde intervenía el vino como ofrenda. Así mismo, se encuentra otra referencia en el mosaico de Augusta Emérita, del s.III, hallado en la Casa del Anfiteatro, con un mosaico que representa el pisado de la uva por tres personas.
    Es durante el Imperio Romano cuando el cultivo de la vid y la producción de vino consiguen un desarrollo importante. A Roma llegan vinos procedentes de las provincias hispanas de la Bética y de la Lusitania. Se sabe que ya los fenicios, con puestos en el mediterráneo, se adentraron hacia estas tierras del interior y establecieron colonias para la obtención de metales. También los griegos merodearon por estas latitudes en busca de mercurio.

    El desarrollo de la viticultura en Extremadura en los siglos XII y XIII, hay que entenderlo dentro del marco que supuso el proceso de ocupación que desarrollan los contingentes cristianos del norte de la Península. El paso definitivo de Coria al dominio cristiano en 1142 y la fundación de Plasencia en 1186 establecen las condiciones idóneas a partir de las que se va a desarrollar un paulatino asentamiento de pobladores venidos del norte en busca de nuevas tierras y nuevas posibilidades.
    No obstante, después de este largo episodio de la historia le siguen otros en que la viña y el vino parece que no existen, pero es de suponer que en ningún momento desaparecieron de la comarca.
    De nuevo reaparece la historia del vino en época de la conquista de América, donde figuran testimonios aportados por los biógrafos Pizarro y Hernán Cortés, que al parecer consumían vino de Trujillo.
    También se encuentran abundantes documentos del siglo XVII y XVIII que hacen referencia a los vinos de Almedralejo y alrededores. Y ya en el pasado siglo se habla de la gran cantidad de bodegas que existían en la zona y del vino de Cañamero, que se alza como uno de los más famosos y apreciados. En esa época eran vinos que poseían una alta graduación alcohólica, por lo que muchos de ellos se destinaban a la obtención de alcoholes y holandas, los cuales se vendían con facilidad a las mayores empresas productoras de brandy, debido a su proximidad con la comarca andaluza jerezana.

    Desde 1999, Extremadura cuenta con la flamante DO Ribera del Guadiana, que toma su nombre del río que la atraviesa de este a oeste. La DO Ribera del Guadiana se sitúa en el suroeste de España, en la frontera con Portugal, en la Comunidad Autónoma de Extremadura y aglutina seis subzonas que están divididas entre las dos provincias de la comunidad: Badajoz al sur, y Cáceres al norte.
    Se contabilizan unas 27.000 has de viñedo inscrito, que trabajan unos 3.000 viticultores en las seis subzonas: Cañamero, Montánchez, Ribera Alta, Ribera Baja, Matanegra y Tierra de Barros, siendo esta última la más extensa y también es la subzona que obtuvo mayor fama exportando vinos con la categoría de Vino de la Tierra.
    Por ahora, sólo 20 bodegas, entre ellas 10 cooperativas, comercializan algunos vinos bajo la precinta legal de la Denominación de Origen Ribera del Guadiana, aunque existen también medio centenar de bodegas repartidas por todas las subzonas a la espera de integrase dentro de la Denominación de Origen.

    Hoy en día, a pesar de que todavía subsisten algunas elaboraciones tradicionales de “pitarra”, un vino casero y rústico para consumo familiar y con dudoso futuro comercial, la situación de una gran parte de las bodegas y los vinos extremeños es muy distinta. A pesar del cooperativismo que reina en la región, la filosofía vitivinícola de Extremadura hace años que ya ha empezado a caminar en una clara búsqueda de vinos más modernos y de mayor calidad. Hoy, las bodegas más avanzadas, incluso algunas cooperativas, ya saben que la calidad de los vinos empieza en el viñedo. Este primer paso, importante, se traduce en una apuesta clara por la plantación y el cultivo de las variedades autóctonas, como la Alarije, Cayetana, Pardina y Montúa, entre muchas otras en recuperación, así como también la Tempranillo, Garnacha y Parellada que conviven con otras de reconocido prestigio internacional, como la Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Chardonnay.

    Subzonas de la DO Ribera del Guadiana

    Cañamero. La comarca se encuentra situada en plena Sierra de Guadalupe, con la vid en una altitud media de 849 m sobre el nivel del mar. Presenta un relieve bastante accidentado y los cultivos se sientan preferentemente en las laderas. La variedad de uva más abundante es la blanca autóctona Alarije, que ocupa las tres cuartas partes del total de viñedo. En mucha menor proporción se encuentran las también blancas Chelva, Malvar y las tintas Tempranillo y Garnacha.

    Matanegra. Es la zona de producción situada más al sur, y las variedades de uva más abundantes en blancas son la Eva o Beba de los Santos, la Montúa seguidas de Pardina, Cayetana Blanca y Macabeo, y en tintas por orden de superficie de viñedo, Tempranillo, Garnacha y Cabernet Sauvignon.

    Montánchez. Es la zona más al norte, de complicada orografía, con abundantes cerros y pequeños valles en los que el viñedo aparece a una altitud media de 638 m. La variedad más abundante es la blanca Borba, que ocupa unos dos tercios del total del viñedo, seguida en importancia por las también blancas Alarije, Cayetana Blanca y Pedro Ximénez. Entre las tintas, minoritarias, sobresalen la Tempranillo y Garnacha.

    Ribera Alta. Es la región llana de la provincia, las Vegas del Guadiana, las tierras llanas de la Serena y Campo de Castuera, que enlazan en la parte oriental con las Vegas Altas, y la Tierra de Barros. Las variedades de mesa tienen una fuerte presencia y si hablamos de uvas de vinificación las más abundantes son las blancas Alarije, Borba y las tintas sobre todo Tempranillo y algo de Garnacha.

    Ribera Baja. Los depósitos cuaternarios dejados por el Guadiana y sus afluentes han dado lugar a las vegas Bajas con una altitud media de 286 m. En uvas blancas resulta mayoritaria la presencia de Cayetana Blanca y Pardina, con algunas parcelas de Macabeo; y de las tintas Tempranillo y algo de Garnacha.

    Tierra de Barros. Está situada en el centro de la provincia de Badajoz y es la comarca de relieve prácticamente llano, con suelos fértiles, ricos en nutrientes y con notable capacidad para la retención de agua. Tiene una altitud media de 521 metros sobre el nivel del mar. Las variedades de uvas más importantes son las blancas autóctonas Cayetana Blanca, Pardina y las tintas Tempranillos, Garnacha y Cabernet Sauvignon, y son también abundantes las plantaciones de Montúa y Macabeo.

    Clima, suelo y variedades

    Por su situación, Extremadura comparte el clima continental de la España central, con temperaturas que alcanzan los 40 grados en verano, e inviernos suaves donde rara vez bajan de los cero grados. La pluviometría media está en torno a los 450 mm anuales, aunque las lluvias varían de una subzona a otra, aumentado de forma considerable en las áreas de sierra como Cañaremo, siendo los principales problemas para los viticultores la sequía estival y los efectos de las heladas primaverales.

    Cañamero agrupa cinco municipios de la Sierra de Guadalupe y es la subzona más alta donde predominan los suelos pobres sobre pizarra. En Tierra de Barros el suelo es arcilloso -de barro- que presenta muy buena capacidad de retención de agua, y posee un considerable contenido en caliza. Más al sur, se encuentra Matanegra, cuyos suelos son parecidos a los de Tierra de Barros, pero con un clima más fresco debido a los 638 m de altitud media.

    La Ribera Baja se encuentra al oeste, y el viñedo se cultiva sobre suelos arcillosos y terrenos aluviales. Y finalmente, al este de la región se encuentra la subzona de Ribera Alta, y sus viñedos se asientan sobre un terreno arenoso y poco profundo, a una altitud media de 427 metros.

    Todavía en la actualidad se cultivan 30 variedades de uva, algunas incluso desconocidas en otras partes de España y que son consideradas aquí variedades autóctonas. Las variedades blancas autorizadas son la Alarije, Borba, Cayetana Blanca, Pardina, Macabeo, Chardonnay, Chelva o Montúa, Eva (Beba de los Santos), Malvar, Parellada, Pedro Ximénez, Verdejo, Cigüente, Moscatel de Alejandría, Moscatel de grano menudo, Perruno y Sauvignon Blanc. Por otro lado, las variedades tintas autorizadas se concentran en la Garnacha Tinta, Tempranillo,  Bobal, Cabernet Sauvignon, Graciano, Mazuela, Merlot, Monastrell, Syrah, Garnacha Tintorera, Jaén Tinto y Pinot Noir. Evidentemente son muchas variedades de uva, pero algunas de ellas son meramente testimoniales y experimentales, como el Pinot Noir del que sólo hay inscrita una hectárea de viñedo, y, además, las bodegas emplean muchas menos para la elaboración de los vinos bajo el amparo de la DO Ribera del Guadiana, ya que se concentran en aquellas que ofrecen un mejor equilibrio y una mayor cualidad organoléptica en los vinos.

    Vinos y bodegas de la DO Ribera del Guadiana

    El abanico de vinos de la Ribera del Guadiana está formado por vinos jóvenes blancos, rosados y tintos jóvenes, aunque cada vez aumenta el número de vinos tintos sometidos a crianza más o menos larga, o incluso un ligero paso por roble. Además, con tantas variedades de uvas también se elaboran una buena colección de tintos monovarietales a partir de las variedades foráneas como la Merlot, Cabernet Sauvignon, incluso la Syrah, pero la mayor producción de los tintos se obtiene a partir de la variedad Tempranillo. También se elabora una pequeña producción de vinos espumosos bajo la DO Cava, principalmente a partir de las variedades Macabeo y Parellada.

    Palacio Quemado (Viñas de Alange), pertenece al Grupo Alvear. Desde 2010, la bodega ha realizado un cambio en su filosofía, modificando tanto el trabajo en la viña como en la elaboración de sus vinos. Desde esa vendimia, sus enólogos son el grupo Envínate, capitaneado por Roberto Santana, conocido por los vinos de Las Suertes del Marqués de Canarias, Alfonso Torrente, antiguo enólogo de Calzadilla, Laura Ramos y José Ángel Martínez.
    Además, desde enero de 2015 forma parte de Grandes Pagos de España, la prestigiosa asociación de fincas vitícolas de toda España que defienden y propagan la cultura del vino de Pago, producido en un terruño específico y que refleja la personalidad inconfundible de su suelo, su subsuelo y su clima.
    La bodega aplica una viticultura y enología sostenible, con vinos de Terroir, por lo que se ha eliminado el uso de herbicidas y solo se trabaja en el viñedo con azufre y pequeñas dosis de cobre, así como con plantas naturales como salvia, ajenjo, canela etc., y dosis muy bajas de sulfuroso en la entrada de uva y durante todo el proceso, aprovechando en la crianza el carbónico de la fermentación maloláctica como protector natural del vino, por lo que no hace falta la adicción de sulfuroso durante este proceso. También se trabaja cada parcela de la viña individualmente, en función de las orientaciones y suelos, con una adición limitada de sulfuroso, y un afinamiento en pequeños fudres de 500 litros, con la idea de respetar el máximo el trabajo realizado en el viñedo. Con la marca Palacio Quemado elabora un tinto joven y un crianza, ambos con Tempranillo, y en reserva, con 70% de Tempranillo y Cabernet Sauvignon y una crianza de 16 meses en barricas nuevas y de segundo año, 70% roble francés y 30% roble americano. También con Tempranillo elabora el PQ,procedente de suelos arcillosos de la Finca Palacio Quemado, con una estancia de 6 meses en barrica de roble americano y francés.
    Sus dos últimas novedades son sus vinos de finca, el Palacio Quemado La Zarcita, reflejando el terruño de la finca Palacio Quemado, y procedente de la parcela La Zarcita, de suelos mayoritariamente calcáreos, trabajados de manera orgánica, sin herbicidas y utilizando productos naturales como la canela o la salvia,con el objetivo de respetar al máximo el medio ambiente. El vino se afina durante 8 meses en barricas nuevas y de segundo año de 500 litros, de roble francés precedentes de los bosques Allier, Vosges y Nevers.
    Su otro vino de pago es Palacio Quemado Los Acilates, que se comercializa como Vino de la Tierra de Extremadura. Está elaborado con uvas procedentes de una sola parcela, Los Acilates, zona de laderas de fuerte pendiente causadas por la erosión, de orientación norte y con suelos principalmente calcáreos con una capa arcillosa en profundidad, trabajada de manera orgánica, con pequeñas dosis de azufre y cobre y preservando la singularidad del terroir por encima de todo. La fermentación alcohólica se realiza de manera espontánea con levaduras autóctonas, y tiene un afinamiento de 12 meses en pequeños fudres de roble francés y posteriormente un mínimo de un año en botella.

    Viticultores de Barros nace de un grupo de viticultores de la zona de Tierra de Barros que decidió unir sus esfuerzos en el año 1983 para emprender un proyecto en común. La bodega cuenta con modernas tecnologías que han conseguido mejorar las instalaciones ya existentes., y actualmente posee un viñedo propio que supera las 500 hectáreas. Bajo la marca Emperador de Barros se comercializan un tinto y un blanco. El Emperador de Barros tinto está elaborado con uvas de tempranillo, y posee un carácter muy frutal y maduro. El Emperador de Barros Cayetana Blanco, es un varietal que se caracteriza por poseer unos aromas muy atractivos y complejos, donde resaltan las notas de manzana y las flores blancas propias de la variedad. También elabora un rosado varietal de Syrah, y el tinto Vizana, con Tempranillo y una crianza de 10 meses en barricas de roble francés.

  • D.O. Ribera del Júcar

    D.O. Ribera del Júcar

    La historia de los vinos de la Ribera del Júcar se solapa con la misma historia de los vinos de La Mancha, ya que hasta el 2003 era una comarca que formaba parte de la DO La Mancha, donde se pone de manifiesto que el cultivo de la vid en esta extensa comarca comenzó, al menos, en la época romana, pero siempre de forma más tardía que en las comarcas litorales de la Península.

    Los viñedos se han plantado y cultivado en esta zona a lo largo de muchos siglos, pero realidad es en el año 2001, donde las cooperativas, bodegas privadas y ayuntamientos de la zona acuerdan delimitar un área al sur de la provincia de Cuenca para producir vinos con características diferenciadas, dando inicio así a lo que posteriormente sería la DO Ribera del Júcar, que se establece definitivamente en 2003.

    La DO Ribera del Júcar está en el centro de España, al sur de la provincia de Cuenca y adosada a la DO La Mancha. Cuenta con una extensión de más de nueve mil hectáreas de viñedo, situadas en los municipios de Casas de Benítez, Casas de Fernando Alonso, Casas de Guijarro, Casas de Haro, El Picazo, Pozoamargo y Sisante. Esta zona de producción se caracteriza por su horizontalidad, constituida por una llanura en la que descansan algunos oteros y algunas lomas boscosas entre Sisante y Casas de Haro, y por el paso de Río Júcar, que da nombre a la DO. En ella se contabilizan más de 1.400 viticultores y tan sólo 7 bodegas, por lo que una parte muy importante de la producción la llevan a cabo las 5 cooperativas de zona.

    La DO Ribera del Júcar está concebida como un proyecto multifuncional que gira en torno al equilibrio del ecosistema vitivinícola, siendo su origen las practicas respetuosas con el medio ambiente en el cuidado de las viñas y como objetivo el desarrollo de los viticultores y de los habitantes de los pueblos en general, a través de actividades paralelas al vino, como es el ecoturismo, con visitas a bodegas y otras alternativas de ocio al aire libre.

    Clima, suelo y variedades

    El clima en esta DO es un clima de tipo mediterráneo templado. La temperatura media anual de la Ribera del Júcar se aproxima a los 14 grados, con una oscilación térmica de aproximadamente 20,5 grados. La pluviometría media anual se sitúa entre los 450 y los 550 mm y es muy regular a lo largo del año salvo el periodo de junio a septiembre. Por tanto, el régimen de humedad del área geográfica de Ribera del Júcar es mediterráneo seco, pero la combinación del régimen térmico y de humedad permite establecer que el tipo climático es el mediterráneo templado.

    Los profundos terrenos arcilloso-calcáreos, cubiertos de cantos rodados, se asientan sobre una altiplanicie mesetaria con una altitud media que ronda los 750 metros. Esta privilegiada situación y el especial microclima de la Ribera aseguran unas condiciones excelentes para el cultivo de la vid.

    Las variedades de vid que se incluyen en la denominación son en tintas la Cencibel o Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Bobal, Petit Verdot y Cabernet Franc, y en variedades blancas sobresalen la Moscatel de Grano Menudo y la Sauvignon Blanc. El 50% de las variedades tienen una edad de entre 35 y 40 años, lo que asegura una buena relación entre la producción y la calidad de la uva. En este sentido también cabe resaltar que entre estas variedades, la Bobal y el Moscatel de Grano Menudo, están muy arraigas en esta zona.

    Vinos y bodegas de la DO Ribera del Júcar

    Bodegas Illana es un ejemplo de tradición, artesanía y un fuerte espíritu familiar, liderada hoy por la cuarta generación de viticultores. La bodega se ubica en la Finca Buenavista, en Pozoamargo (Cuenca), que en el año 1626 el rey Felipe IV otorgó a la familia. La bodega posee 100 has de viñedo propio donde cultivan las variedades Cencibel (Tempranillo), Bobal y Moscatel de grano menudo, además de Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Petit Verdot, Cabernet Franc y Sauvignon Blanc. Elaboran media docena de vinos bajo la marca Casa Illana, donde sobresalen el Expresión, a base de Bobal, Syrah y Tempranillo; el Tresdecinco, con Cabernet, Merlot y Syrah; y su alto de gama el Cas Illana Selección, con Petit Verdot y Syrah, y una crianza 18 meses en barrica de roble de 300 litros.

    Casa Gualda es el nombre comercial de la Cooperativa Ntra. Sra. De la Cabeza, en Pozoamargo, y es un ejemplo de modernidad. Elabora vinos con DO Ribera del Júcar y también Vinos de la Tierra de Castilla. Sobresalen el tinto Casa Gualda Plus Ultra, elaborado con Petit Verdot (70%) y Bobal (30%), y un paso por barrica nueva de roble francés y americano durante 4 meses y 1 año por seminueva. Su otro tinto es el varietal Casa Gualda Syrah en calidad de joven. Y una de sus especialidades es el Lágrimas de Casa Gualda, un vino dulce elaborado con 100% Moscatel de grano menudo.

    Elvi Wines es una empresa de winemakers que elabora y comercializa vinos kosher y cavas naturales en seis denominaciones de origen de España, entre ellas la DO Ribera del Júcar, donde elabora el tinto Adar, un vino kosher elaborado con un 37% Cabernet Sauvignon, 35% Petit Verdot y 28% Syrah, con vinificación en condiciones anaerobias con movimientos constantes del vino. Ha realizado la fermentación maloláctica espontánea en los mismos tanques, y posteriormente ha realizado una crianza de 12 meses barricas nuevas de roble francés y americano. El vino se embotella sin clarificación, y sólo con una ligera filtración de 5 micras antes de embotellar. Es un vino de aroma expresivo a fruta fresca y roja, a sotobosque, con un paladar sabroso, frutal, con buena acidez y taninos maduros y suaves.
  • D.O. Rueda

    D.O. Rueda

    Historia y localización

    Rueda se encuentra situada en la comunidad de Castilla y León, y está formada por cerca de 12.000 hectáreas repartidas entre diversos municipios principalmente de la provincia de Valladolid, pero también de Segovia y Ávila.

    La principal variedad cultivada es la variedad Verdejo, una uva blanca que aporta al vino matices de hierba de monte bajo y ciertos toques afrutados.
    El origen de esta variedad, aunque no hay nada documentado, se cree que se remonta al siglo XI, cuando en tiempos del rey Alfonso VI se repobló la cuenca del Duero con cántabros, vascones y mozárabes, siendo estos últimos quienes con mayor probabilidad introdujeron esta variedad en la zona del Duero.

    En los siglos XVII y XVIII el área plantada con viñedos era más extensa que hoy, y la única variedad plantada era el Verdejo. Para la clarificación del vino se utilizaba una arcilla de la zona que producía un vino muy limpio a la vista y muy duradero, lo que ayudó a que consiguiera un gran éxito comercial.

    A principios del siglo XXI llegó la filoxera, y en el en el año 1922 había destruído dos terceras partes de los viñedos. Tras esta mala experiencia, se replantó teniendo más en cuenta parámetros de resistencia y productividad que de calidad.
    Se empezó a plantar la variedad Palomino para la elaboración de vinos jóvenes de venta al por mayor.

    En el año 1935 se empezó a hablar de crear una D.O. que amparara a los elaboradores de la zona de vino Rueda. En el año 1972 la bodega de La Rioja Marqués de Riscal se instaló en la zona para empezar a elaborar vinos con la variedad Verdejo. Replantó grandes zonas y ayudó a dar un nuevo impulso a la zona hasta que finalmente nació la Denominación de Origen Rueda el 12 de Enero de 1980.


    Carácter: uva, suelo y climatología de Rueda

    Rueda se encuentra situada en la depresión que forma el río Duero. Los viñedos están plantados a una altura media de 750 metros sobre el nivel del mar, en algunos puntos de la provincia de Segovia llegan a superar los 850 metros, aunque en general se trata de terrenos planos que se encuentran a tanta altura por estar localizados en plena meseta castellana.

    Rueda está marcada por el paso del río Duero y sus afluentes Trabancos, Zapardiel y Adaja, con amplias terrazas fluviales de suaves pendientes sometidas a los vientos atlánticos.

    Las tierras suelen ser pardas. Ricas en calcio y magnesio y muy pedregosas, con un buen drenaje. Tierras de escasa fertilidad que arrojan un bajo rendimiento pero una uva de una gran calidad.

    Al estar localizados a tanta altitud, los viñedos soportan inviernos muy fríos y largos, primaveras cortas y con algunas heladas tardías y veranos muy calurosos y secos, con alguna tormenta aislada. Los viñedos están expuestos a una gran insolación, lo que supone una perfecta maduración de las uvas y un alto contenido en aromas en sus hollejos.

    La gran diferencia de temperatura entre el día y la noche es la que provoca el equilibrio perfecto en el vino de Rueda. Con el sol y la temperatura del día la uva gana en azúcar, pero sin perder acidez por el descenso de temperaturas por la noche.

    Las lluvias son muy escasas en esta zona, registrándose únicamente entre 300 y 500 litros anuales de precipitaciones, lo que obliga a las cepas a a buscar recursos hídricos en lo más profundo del subsuelo.

    Antiguamente se utilizaban técnicas de cultivo para intentar retener al máximo el agua durante las épocas de sequía, pero hoy en día ya no es necesario con la implantación de nuevas técnicas como el riego por goteo.

    La variedad reina en Rueda es el Verdejo, aunque también se plantan otras variedades de uva blanca como Sauvignon Blanc, Viura o Palomino Fino.
    Hay 3 tipos de vino blanco joven, el principal vino Rueda. Rueda Superior, con un mínimo del 75% de la variedad Verdejo. Sauvignon Blanc, monovarietales de esta variedad. Y por último, Rueda Blanco, elaborado a partir de un 40% mínimo de Verdejo o de Sauvignon.
    Los vinos blancos se elaboran mediante una fermentación en frío de la uva, un ligero prensado realizado con mucho cuidado, y por último, mezclando el mosto flor con el vino ya prensado.

    Aunque con mucha menos producción, también se cultivan las variedades tintas Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Garnacha.
    Los vinos tintos se elaboran con el 50% de Tempranillo y el 50% restante de las otras variedades.


    Principales bodegas de Rueda 

    Son numerosas las bodegas que elaboran vino blanco basado en la variedad Verdejo en Rueda.
    Marqués de Riscal, una de las bodegas más prestigiosas de La Rioja, elabora sus blancos en esta denominación.
    José Pariente, Bodegas Shaya o Bodega Naia son bodegas que elaboran el tradicional vino Rueda verdejo.
    Belondrade & Lurtón elabora blancos con Verdejo según los métodos de elaboración de Borgoña, aplicando largas crianzas para los vinos blancos.

  • D.O. Sierra de Salamanca
  • D.O. Somontano

    D.O. Somontano

    No hay duda que el Somontano fue la revolución del vino aragonés, pero la historia del viñedo en el Somontano es muy antigua. De hecho se remonta a algunos siglos antes de Cristo, pero un factor que influyó en el desarrollo del cultivo de la vid y su comercio, fue el asentamiento de itálicos en el Somontano, los cuales importaron las avanzadas técnicas vitivinícolas itálicas de la época y contribuyeron a la creación de las compañías de comercio.
    En la Edad Media, los monasterios fueron también un factor influyente en el desarrollo de la viña, provocando un fuerte aumento de viñedos en las zonas cercanas a ellos, ya que tenían el vino como producto esencial en los rituales católicos.

    No obstante, las fechas y momentos especialmente destacables para el Somontano comienzan en el siglo XIX, tras el ataque de la filoxera en el viñedo francés, donde la familia y bodega Lalanne llegan de Burdeos y Buenos Aires e implantan en la región, por primea vez, las  variedades Chardonnay, Merlot, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir y Syrah sobre pie americano resientes a la plaga.

    En el siglo XX, concretamente en los años 60, el nacimiento de la Cooperativa Comarcal Somontano del Sobrarbe, que aglutinaba a gran parte de los viticultores de la zona, supone la apuesta de la zona por la viticultura de calidad como motor de la economía y los primeros pasos del nacimiento de la Denominación de Origen Somontano, que sería aprobada en 1984. A partir de ese momento, y sobre todo a partir de los años 90, la llegada a Somontano de grandes proyectos empresariales con fuertes inversiones tanto en el viñedo como en las bodegas, sirvió para colocar, en un tiempo récord, los vinos de Somontano entre los mejores del país. De hecho, el estereotipo de vino rudo aragonés quedó roto por la revolución que se produjo a principios de los 90 en la zona del Somontano. Un hecho que también contagió a otras zonas colindantes como Campo de Borja y Cariñena, donde la ligereza, el equilibro, la elegancia, la frescura y la diversificación varietal empezaron a ser sus mejores cartas de presentación.

    La DO Somontano se encuentra en la vertiente sur de los Pirineos, dentro de la provincia de Huesca, en la comarca denominada Somontano de Barbastro, donde están inscritas cerca de 4.200 hectáreas de viñedo, trabajadas por 424 viticultores y 31 bodegas acogidas a la  Denominación de Origen. Al norte limita con las comarcas del Sobrarbe y Ribagorza, entrando en contacto por el oeste con la Hoya de Huesca, al sur con los Monegros y al este con la comarca de la Litera. El río Alcanadre divide la comarca en dos partes: el Somontano de Huesca al oeste y el de Barbastro al este. El Somontano de Huesca comienza sobre las márgenes del río Flumen y va desarrollándose hacia el sudeste comenzando al este el de Barbastro, más montañoso, con cerros y colinas separadas por hondos barrancos. 

    Clima, suelos y variedades

    El clima se caracteriza por los inviernos fríos y veranos calurosos, con cambios bruscos de temperatura al final de la primavera y del otoño en los meses de junio y noviembre. La temperatura media anual es de 11ºC, y las precipitaciones se sitúan alrededor de 500 mm, y van descendiendo de norte a sur y de oeste a este, aumentando en este sentido la necesidad de agua de las plantas debido también a un aumento de las temperaturas, por lo que existe un déficit hídrico especialmente acusado en los meses de julio y agosto.

    El viñedo del Somontano se asienta principalmente en suelos pardo calizos sobre materiales blandos que permiten la penetración de las raíces de la vid. Son suelos de escasa fertilidad, con un adecuado nivel de caliza, buena permeabilidad y buenas condiciones sanitarias que permiten la obtención de producciones vitícolas de calidad.

    Los viñedos se encuentran a una altura comprendida entre los 350 y los 1.000 metros sobre el nivel del mar.
    Las variedades que se cultivan en la zona son las tintas Cabernet Sauvignon, que representa el 30% del total del viñedo, Merlot (23%), Tempranillo, Pinot Noir, Syrah y Garnacha Tinta, además de las autóctonas Moristel y Parraleta. En blancas sobresale la Chardonnay, que representa el 14% del viñedo, junto a la Macabeo, Garnacha Blanca, Alcañón, Gewürztraminer, Riesling y Sauvignon Blanc.
    De hecho, la variedad más tradicional de este viñedo fue siempre la Moristel; una uva tinta con la que se elaboraban rosados y tintos muy típicos, la cual no debe confundirse con la Monastrell o Mourvèdre, cepa tinta muy cultivada en levante español y el sur de Francia.
    No obstante, aunque la mayoría del viñedo más viejo sigue plantado con las variedades tintas Moristel (1,95% del viñedo), Parraleta (0,72%), Tempranillo (11,30%) y la blanca Macabeo (2,46%), la amplia colección de variedades internacionales enmarcan la mayor parte del viñedo y componen la estructura varietal de los actuales vinos modernos de Somontano.

    Vinos y bodegas de la DO Somontano

    Esta es una de la denominaciones de origen más pequeñas pero más dinámicas de España. Desde la década de los 90, la inversión en tecnología cambió radicalmente la imagen del Somontano, y el progreso enológico ha encontrado, además, las condiciones naturales apropiadas para elaborar vinos de calidad, con un viñedo dotado de un riquísimo conjunto de variedades nobles, desde la borgoñona Chardonnay a la alsaciana Gewürztraminer, y desde la hispana tempranillo a la bordelesa Cabernet Sauvignon.

    Una de las bodegas más emblemáticas es posiblemente Blecua. Esta bodega pertenece a Viñas del Vero y abrió sus puertas en julio de 2000. La finca Blecua tiene 14 hectáreas y la bodega se asienta sobre una bella casa restaurada que data de finales del siglo XI, más conocida en la zona como la torre Blecua, que antiguamente fue utilizada como lugar de retiro por los monjes benedictinos franceses de Santa Fe de Conques. Hoy se elabora aquí el vino más representativo de Viñas del Vero: Blecua. Un tinto de estilo bordelés en todos sus aspectos, que nace bajo la filosofía que la bodega define como una “triple selección de viñedos, racimos y barricas”. Y así se obtiene siempre un vino excepcional, único y de producción limitada.

    Bodegas Pirineos nace en 1993, pero su historia está comprometida con una de las más antiguas tradiciones cooperativistas del Somontano, por lo que todavía conserva la participación de más de 200 viticultores, aunque en la actualidad el 76% de su accionariado pertenece a Bodegas Barbadillo. Su apuesta vitivinícola se centra en conservar las variedades de uva autóctonas como la Macabeo, Moristel y Parraleta y potenciar las foráneas Merlot, Cabernet Sauvignon y Chardonnay. Y es precisamente este mestizaje de variedades el que aporta a sus vinos la singularidad y personalidad. Elabora más de una docena de vinos, donde sobresalen sus marcas Alquézar, Montesierra, Señorío de Lazán, y su vino de autor Marboré, cuyo nombre evoca uno de los picos montañosos del Pirineo Aragonés, y fusiona variedades europeas con variedades autóctonas.

    Bodegas Viñas del Vero se establece a finales de 1986 y empieza su labor replantando las típicas cepas del lugar junto a las nuevas selecciones foráneas. Un año después adquiere la finca San Marcos, y empieza a construir la bodega de elaboración y crianza, que inaugura en 1993. Actualmente, la bodega trabaja 1.000 hectáreas de viñedo, de las que 750 son de su propiedad. Elabora una extensa gama de vinos bajo las etiquetas Viñas del Vero Tradición, Viñas del Vero Colección, con vinos monovarietales, y Viñas del Vero Reserva con el blanco Clarión y en tinto Gran Vos. Una mención especial merecen su tinto Secastilla, elaborado con antiguos viñedos de montaña recuperados de Garnacha, así como La Miranda de Secastilla, elaborado con Garnacha, Syrah y Parraleta cultivadas en este singular valle de Secastilla, que refleja el peculiar terruño del que proviene.

    Enate se define a sí misma como una residencia del vino, aséptica, luminosa y funcional, sin nada que ver con la imagen oscura, subterránea, espectral y húmeda. Aquí, parece que los nuevos conceptos tienen sus mejores aliados en el diseño y las formas, cuyas instalaciones están trazadas con una precisión geométrica espectacular. Elabora una gama amplísima de vinos blancos, rosados y tintos, tanto en calidad monovarietal como de coupage, en la que cada tipología es diferenciada por una reproducción artística en su etiqueta. Entre sus etiquetas sobresalen su Enate Chardonnay-234, y el Enate Chardonnay Fermentado en Barrica. Ya es clásico su Enate Rosado, elaborado exclusivamente con Cabernet Sauvignon, y sus dos vinos tintos en concepto joven, el Tapas y el Enate Cabernet-Merlot, aunque sus vinos de mayor proyección comercial son el Enate Crianza, con Tempranillo y Cabernet Sauvignon, y 9 meses en barrica, y el Enate Reserva, un monovarietal de Cabernet Sauvignon con 12 meses en barrica de roble francés.
    Un punto y aparte merecen sus tintos varietales de selección especial: Enate Melot-Merlot, Enate Syrah-Shiraz y el Enate Cabernet-Cabernet, con 13, 16 y 18 meses de crianza respectivamente. Y en cosechas especiales nace su Enate Reserva Especial al mejor estilo bordelés, con Cabernet Sauvignon y Merlot y un mínimo de 18 meses en barricas de roble francés.

    Otto Bestué es una bodega moderna que se constituye en 1999, pero la historia familiar está vinculada a la viticultura del lugar desde hace siglos. La bodega posee actualmente 45 hectáreas de viñedos en las fincas Santa Sabina, La Mezquita, Finca Rableros, El Plano y La Sierra, todas ellas muy cercanas a la bodega, en las cultivan Cabernet Sauvignon, Merlot, Tempranillo, Syrah y Chardonnay, y con las que elabora una precisa línea de vinos con la etiquetas Bestué Blanco, Rosado y Tinto, y dos vinos tintos de parcela, el Finca Rableros, y el Finca Santa Sabina, ambos con un coupage de Cabernet Sauvignon y Tempranillo.

    Bodegas De Beroz es uno de los proyectos más recientes, liderado por Mariano Beroz  con el apoyo de sus hijos, amigos y profesionales viticultores. Elaboran sus vinos en una nave diseñada siguiendo los más absolutos criterios vinícolas y con la más avanzada tecnología para elaborar vinos de calidad, que comercializan bajo las etiquetas De Beroz Esencia Tintos y Blancos con personal coupage de Chardonnay y Gewürztraminer y el De Beroz Roble con Cabernet, Merlot, Tempranillo y Moristel, y una maduración de 6 meses en barrica.

  • D.O. Tacoronte-Acentejo

    D.O. Tacoronte-Acentejo

    La comarca de Tacoronte-Acentejo está situada en la vertiente norte de la isla de Tenerife tiene una extensión de 23 km. longitudinales y un área cultivada de 2422 hectáreas de viñedos. Los viñedos están situados entre los 100 y 1000 metros sobre el nivel del mar y aprovechan bien el sol y el suelo volcánico sobre el que se desarrollan.
  • D.O. Tarragona

    D.O. Tarragona


    En la subzona de Falset, la mezcla de Mazuela y Garnacha, da lugar a vinos tintos robustos, equilibrados y redondos, de algo más de 13º.
    En la subzona de Tarragona Campo, a base de Ull de Llebre, se elaboran vinos ligeros de acidez media y elegantes.
    Se siguen elaborando vinos licorosos -Tarragona Clásico- tradición que resiste al tiempo y a la mecanización. Sin embargo, en la actualidad, han cobrado especial protagonismo en la producción vinícola catalana, los rosados de Tarragona, vinos excelentes al paladar, finos y elegantes.

  • D.O. Terra Alta

    D.O. Terra Alta

    La tradición vitivinícola en Terra Alta es casi milenaria, donde ya la Orden del Templo, a través de las Costumbres de Orta de 1296, y el Costumbres de Miravet de 1319, dejaron constancia del cultivo de la vid y la producción de vino en la comarca.
    Posiblemente, a pesar de la importancia y calidad de los vinos tintos, el testimonio más evidente de esta cultura hay que buscarlo en el vino blanco. También destaca aquí un testimonio histórico fechado en 1647 que deja constancia de una plantación de Vernatxa, posiblemente blanca, por parte de Mossén Onofre Catalán en el término municipal de Gandesa.

    Durante la primera mitad del s.XIX, el célebre escritor Joan Perucho, e incluso Pablo Picasso que pasaba largas temporadas veraniegas en la zona, sabían que los vinos blancos de la Terra Alta se distinguían entre vírgenes y brisados, estos últimos obtenidos por la fermentación de uva blanca, entera y pisada.
    También es bastante remarcable la fuerte vinculación del nombre de cada municipio a la producción vitivinícola en origen. De hecho, a lo largo de la historia se habían hecho populares los vinos denominados como "de Gandesa" o "de Batea", especialmente blancos, pero también tintos, donde se consumían y vendían a granel en numerosas tascas de Barcelona.
    La profesionalización del sector vitícola, así como la incorporación progresiva de la enología moderna en algunas bodegas y el afán de elaborar vinos más modernos y con más control de calidad, propició la puesta en marcha de la DO Terra Alta en 1985.

    La DO Terra Alta se ubica en el cuadrante nororiental de España, al sur de Catalunya, entre el río Ebro y las tierras del Matarraña (Aragón), y comprende 12 términos municipales: Polillas, Batea, Bot, Caseres, Corbera de Ebro, La Fatarella, Gandesa, Horta, El Pinell de Brai, La Pobla de Massaluca, Prat de Comte y Vilalba dels Arcs. En la actualidad se encuentran inscritas en la DO Terra Alta unas 5.500 hectáreas de viñedo que trabajan más de 1.600 viticultores y elaboran sus vinos 45 bodegas. Aquí, las cordilleras prelitorales calizas de Pàndols, Cavalls y los Puertos presiden un paisaje espectacular y típico del mediterráneo interior, destacando La Plana, el Altiplano y Los Valles, y la viticultura se desarrolla en terrazas, a menudo naturales, con varias pendientes y en bancales. Se concentra, especialmente, en el tercio central de la zona de producción, entre 350 y 550 metros de altitud. La terraza es la unidad de cultivo más común y es consecuencia de la interacción con la variada orografía que presenta el terreno, que se dispone en distintas pendientes y orientaciones, normalmente, entre paredes de piedra en seco con los márgenes o ribazos con cobertura vegetal, contribuyendo ambos a evitar las pérdidas de suelo de cultivo por erosión. Los emplazamientos de terrazas más tradicionales son los llanos y los costales, diferenciados por pendientes inferiores o superiores al 10%, respectivamente. El resto de las viñas se encuentran en terrazas abancaladas, los bancales, y en los fondos de los valles, prácticamente sin pendiente y, por tanto, con mayor aprovechamiento hídrico.

    Clima, suelo y variedades

    El clima es mediterráneo seco, destacando una influencia continental fuerte que no suele manifestarse fuera del periodo vegetativo de las viñas. La pluviometría es moderada, oscila entre los 350 y 500 mm / año en función de la proximidad de los Puertos. Destaca el importante papel los de los vientos dominantes: el Cierzo (NO)y la Garbinada (marinadas de componente sur), que propician unas óptimas condiciones para un perfecto desarrollo de las viñas y la producción de unas uvas de gran concentración y calidad. El suelo de cultivo es en general de texturas medias, con buen drenaje, de profundidad variable, rico en caliza y muy pobre en materia orgánica.

    El predominio de las variedades de uva tradicionales es la otra característica relevante de la viticultura en la DO Terra Alta, y es a través de las Garnatxas su punto más evidente. La Garnatxa Blanca, la Garnatxa Negra y la Garnatxa Peluda son las variedades de uva predominantes, que junto con la Macabeu, Parellada y Samsó suman tres cuartas partes de la superficie del viñedo.
    Hay que anotar que agronómicamente, todas las Garnachas y el Samsó están perfectamente adaptadas a los emplazamientos tradicionales de cultivo, y la clasificación de éstas como recomendadas por el Consejo Regulador de la DO Terra Alta evidencia el fomento de estas plantaciones. Un dato revelador es que el 80% de la Garnatxa Blanca cultivada en el mundo se encuentra en Terra Alta. El resto lo ocupan variedades internacionales, como el Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah, Chardonnay y Sauvignon Blanc, entre otras. También es remarcable la existencia de plantaciones de edad avanzada de la variedad de uva tinta denominada localmente "Morenillo", que se encuentra en proceso de reconocimiento y clasificación, aunque algunas bodegas ya han empezado con su elaboración.

    Vinos y bodegas de la DO Terra Alta

    Se elaboran blancos, rosados, tintos y espumosos, y hasta 4 tipos de vinos de licor (mistela blanca, mistela negra, rancio y vino dulce natural). Pese a esta diversidad, la importancia de la Garnacha Blanca en los vinos de la DO Terra Alta y la cultura específica de entender su elaboración hace que los vinos blancos elaborados con esta uva puedan lucir un distintivo de garantía específico, el "Terra Alta Garnacha blanca". También las cooperativas de Gandesa, Bot, Corbera, Batea, San Salvador de Horta, La Pobla de Massaluca, etc … son el pulmón de la Terra Alta donde se elabora el grueso de la uva, pero con más dignidad que en muchas otras zonas de Cataluña .Cabe decir que la de Gandesa, después de un período en el que los vinos se situaron en el mercado catalán con cierta fuerza, está en un momento de cambio que parece un poco arriesgado. Bot, en cambio, con la idea de concentrar la producción de vinos de calidad, parece que tiene proyectos estimulantes para el futuro. La de Corbera evoluciona muy positivamente, empezando a dejar de lado el espíritu de hacer apenas un buen vino para convertirse en algo más. Y la trayectoria de Batea se fundamenta en una gran selección de la uva que acoge, con gamas de vinos de muy buena calidad.

    Edetària. Edetària es hablar de la familia Llebería, y solo elabora sus vinos de las viñas de su propiedad, porque la viña es la parte más importante de todo su proyecto. La bodega dispone en la actualidad de 38 has, de las cuales 24 son viña; una buena parte de ella es viña vieja con más de 50 años, y el resto, de edad intermedia, entre 20 y 25 años.
    Edetària nace de la combinación de las variedades tradicionales de la comarca procedentes de viñas de hasta 60 años, y de una visión anticipada que se remonta 25 años atrás, cuando plantaron también Cabernet Sauvignon y Merlot, los primeros de la denominación de origen y uno de los primeros de Cataluña.
    Sus vinos más representativos son el Vía Edetana Blanc elaborado con un 70% de Garnacha Blanca procedente de viñas de más de 40 años plantadas sobre suelo arcillo-calcáreo, conocido como “panal” en la zona, y de arcilla, conocido como "tapàs", y un 30% de Viognier. La mitad del vino recibe una crianza de 4 meses en barricas de roble francés de 300 litros.
    Edetària Selecció Blanc, con uvas de Garnacha Blanca de viñas viejas en suelo de duna fósil y de bajo rendimiento, con una crianza de 8 meses en barricas nuevas de 300 litros de roble francés. Un vino con aromas florales y minerales, potente en boca, compensado con una buena acidez muy integrada, que le confiere una vida larga.
    La Terrenal, un vino elaborado exclusivamente con Garnacha Blanca de viñas viejas, plantadas en vertientes soleadas y en suelos arcillosos. En este tipo de suelo es cuando la Garnacha Blanca se manifiesta en plenitud, con carácter y potencia.
    En sus vinos tintos destaca La Pedrissa, un monovarietal de Cariñena de cepas viejas de una sola finca localizada encima de una cantera, con un respetuoso envejecimiento de 12 meses en barricas de 300 l.
    La Personal, un monovarietal de Garnacha Peluda de cepas viejas de una sola finca. Un vino que transmite la singularidad de una variedad de la que sólo quedan 50 has en todo el mundo, de las cuales Edetària tiene 7 has, con un envejecimiento de 12 meses en barricas de 300 l. de roble francés.
    La Genuïna, elaborado exclusivamente con Garnacha fina procedente de una selección de las mejores viñas plantadas en suelo de “tapàs”, un compuesto por distintas capas de margas acumuladas antiguamente bajo el mar. Destaca por su complejidad y expresa el máximo el carácter mediterráneo.

    Celler Vinos Piñol. La pasión por el vino de la familia Piñol data de cuatro generaciones atrás, aunque la bodega se funda en 1945, en Batea. Y precisamente porque lo excepcional no se improvisa, la bodega tardó unos 50 años en comercializar su primera botella, L'Avi Arrufi 1995, que en su primer concurso de cata internacional obtuvo ya una medalla de plata en el prestigioso Sélections Mondiales de Montréal (Canadá), entre 1.700 vinos de todo el mundo.
    Entre otros, la bodega comercializa las etiquetas: L’Avi Arrufi, Raig de Raïm, el vino dulce Josefina Piñol, y el que es considerado por muchos su vino estrella, el Mather Teresina, un vino de autor mencionado en las más prestigiosas guías especializadas.
    Su última y más sorprendente novedad es el tinto Finca Morenillo, elaborado con la variedad Morenillo 100%, de un viña centenaria y autóctono de la región, con 15 meses en barricas nuevas de 500 litros roble francés. Es un vino con un componente aromático muy elegante, con presencia de notas florales, balsámicas y de regaliz, combinadas con las notas del roble (tostados, vainillas, cacao,…); en boca mantiene esas notas balsámicas y especiadas, fino y elegante.

    Celler Bàrbara Forés. Los orígenes de esta bodega se remontan al año 1889. La bodega cultiva unas 22 hectáreas de viñedos, situados en La Cometa y en El Grau, algunas con viñas de Garnacha Blanca con más de 40 años. Uno de sus vinos más destacados es el Bàrbara Forés Blanco, joven, elaborado a base de Garnacha Blanca y Viognier, un vino fresco, aromático y sabroso que ha alcanzado grandes niveles de popularidad.
    Su otro blanco más opulento es el El Quintà, elaborado 100% con Garnacha Blanca de los viñedos más viejos de la propiedad, fermentado en barrica. Es un vino que se muestra siempre muy elegante y escultural, con notable fuerza y personalidad.
    El Coma d'en Pou es uno de sus vinos tintos elaborados con una mezcla varietal donde intervienen la Garnacha Tinta, Cabernet Sauvignon, Syrah y Merlot. También elabora un rosado muy personal y sustancial a base de Garnacha, Syrah y Cariñena, así como un blanco dulce de Garnacha Blanca, un vino típico de estas tierras. Su última novedad es el El Templari Bàrbara Forés, elaborado con la variedad Morenillo (70%) y Garnatxa Negra (30%), y una crianza de 12 meses en barricas de roble francés.

    Vins del Tros es el proyecto puesto en marcha en 2009 por Joan Ramon Bada, enólogo, y Josep Arrufat, viticultor, ambos nacidos en Vilalba dels Arcs, amigos desde la infancia y apasionados por las viñas y el vino de su tierra. A finales de 2012 se incorpora al equipo otro apasionado de la cultura vitivinícola de nuestro país, Xavier Orobitg, buscando aportar su dilatada experiencia profesional en favor de este ilusionante proyecto.
    Poseen cinco parcelas de viñedos de las elaboran el blanco Te La Dedico, con Garnatxa Blanca y Chenin Blanc; el Cent X Cent, varietal de Garnatxa Blanca que fue galardonado como el mejor vino blanco sin madera de Cataluña por la Guia de Vins de Catalunya 2014 y premiado con la medalla de plata en el Concurso Internacional de las Mejores Garnachas del Mundo 2014.
    En tintos sobresale el Ay De Mí, AY, con Garnatxa Negra y Syrah, y 12 meses en barricas de roble francés.
    El Señora Carmen, un varietal de Garnatxa Negra procedente de la finca Valleta con 35 años de edad, y 12 meses de crianza.
    Uno de sus vinos más aclamados es Lo Morenillo, elaborado con Morenillo de la finca Lo Mas, con 90 años de edad, y 8 meses en barricas de roble francés y tinajas de barro.
    También destaca el Tremenda, varietal de Samsó (Cariñena), de la finca Setena de 50 años, y 14 meses de crianza.
    Y por último los Brisat, uno de Garnatxa y otro de Morenillo, con una maduración de 4-5 meses en ánforas de barro.

    La Fou. Es el proyecto de Valentí Roqueta (Bages) en Terra Alta, iniciado en 2007. La bodega está ubicada en pleno centro de Batea, en la plaza mayor del municipio. Bajo la etiqueta de La Fou elabora tres vinos, el La Fou El Sender, con Garnatxa Negra, el La Fou De Batea, también con Garnatxa Negra, y el blanco La Fou Els Amellers, con Garnatxa Blanca, y unos aromas cítricos, de pomelo, hueso de limón, rodeadas de flor blanca (jazmín), y notas de fruta dulce (albaricoque) sobre un fondo de frutos secos (almendra tierna) y pedernal, que aportan sensación de volumen y complejidad en un conjunto dominado por la frescura inicial que se mantiene con el paso del tiempo.

    7 Magnífics. Es un proyecto auspiciado por Bodegas Miquel Torres, que elabora vinos en distintas zonas de Catalunya, en lugares singulares y de viñas únicas. En esta zona elabora dos vinos: el Rebels de Batea, un tinto de Garnacha tinta, con un perfil muy fresco, frutal y equilibrado, con ricos matices de ciruela madura, ligeras notas de hierbas silvestres y una nítida impronta mineral propia de los terrenos calcáreos; y el blanco Rebels de Batea, con Garnacha blanca de cepas plantadas hace más de 20 años, y una pequeña estancia en barricas. Es joven, fresco, con fragantes aromas de melocotón, pera y manzana y notas de flores blancas y nuez moscada, que le aportan finura y elegancia. Es un vino blanco equilibrado, agradable y seductor.

    Celler Tern. Es un proyecto relativamente nuevo que nace de las inquietudes de tres compañeros, un bodeguero, un enólogo y un viticultor. Elaboran tres vinos, el Tern Garnatxa Blanca, donde parte de vino fermenta en barrica de roble francés tostado medio y grano fino, y posterior crianza en la misma barrica durante un periodo de 4 meses con sus lías finas trabajadas con bâtonnage.
    El tinto Tern Syrah, un varietal de Syrah en calidad de vino joven. Y el Arrel de Nou, elaborado con la trilogía Garnacha Tinta, Syrah y Cariñena, y una crianza de 7 meses en barricas de roble francés de primer año, con capacidades de 300 a 500 l.
  • D.O. Tierra de León

    D.O. Tierra de León

    Ya desde la época romana, la zona sur de León se convirtió en zona de tránsito de todos los viajeros que frecuentaban las dos grandes rutas que atraviesan la zona de producción de Tierra de León: La Ruta de la Plata y El Camino de Santiago. Esta zona se convirtió posteriormente en el abastecedor de vino de prácticamente toda la zona norte de la Península Ibérica.

    En el siglo X las dos fuentes económicas sobre las que se apoyaban los territorios de la zona de producción eran los molinos para la transformación cerealista y los viñedos. Fueron muchos los monasterios que hicieron posible el resurgir de la viticultura de la zona mediante la adquisición de terrenos dedicados al cultivo de viñas.

    En la Edad Media la vid adquiere la categoría de cultivo tradicional en la comarca, y durante los siglos XVI al XIX los viñedos de la región no dejan de progresar hasta 1887, año en el que la filoxera hace su aparición en el viñedo leonés. Éste se verá afectado hasta los años veinte del siglo XX, hasta que un grupo de cooperativas y bodegas pertenecientes a la zona Valdevimbre - Los Oteros - Cea, iniciaron los primeros pasos para formar lo que sería una Asociación Profesional de viticultores, elaboradores y embotelladores, cuyo objetivo fundamental era lograr la Denominación de Origen para sus vinos.

    Pero no fue hasta abril de 1997 cuando se depositaron los estatutos de la Asociación en la Dirección de Trabajo de la Junta de Castilla y León, por lo que se concedió el derecho al uso de la mención “Vino de la Tierra” a los viticultores, elaboradores y embotelladores que perteneciesen a la Asociación Vino de la Tierra “Valdevimbre - Los Oteros”. Sin embargo, al ser un ámbito geográfico muy amplio, que abarca la influencia de dos riberas, Esla y Cea, los asociados de ésta última no se sentían identificados con el nombre “Valdevimbre - Los Oteros”, y por este motivo se aprobó por unanimidad en Asamblea General la modificación de los estatutos en busca de una mención más general, hasta que en el año 2000 la Consejería de Agricultura y Ganadería regula el uso de la indicación geográfica “Vino de la Tierra de Castilla y León”, que establece que las asociaciones con derecho a usar la categoría vinos de calidad con indicación geográfica, tendrán garantizado el acceso al nivel de protección Vino con Denominación de Origen una vez transcurridos cinco años desde que se les reconoció el derecho a la utilización de la mención “Vinos de la Tierra”, por lo que la actual DO Tierra de León, que quedó definitivamente aprobada en el 2007.

    La DO Tierra de León se encuentra ubicada al noroeste de España, al sureste de la provincia de León, integrando parte de la provincia de Valladolid y limitando con las provincias de Zamora y Palencia. Actualmente la DO acoge más de 1.300 hectáreas de viñedo que trabajan unos 380 viticultores y elaboran 38 bodegas. Una de las características de la zona es la existencia de las bodegas-cuevas rupestres, espacios excavados en pequeñas lomas o promontorios de tierra arcillosa aprovechando el desnivel y formando galerías, en cuyo interior se crea al micro-clima ideal que permite la elaboración del afamado vino de aguja. La técnica del madreo es un sistema por el que insertan racimos de uvas en las tinas durante la fermentación de los mostos, que recuerda al de la maceración carbónica, y con el que continúan elaborando rosados algunas de las bodegas de la zona.

    Clima, suelo y variedades

    El influjo del Atlántico y del Norte debería suavizar sus temperaturas y hacer abundantes las precipitaciones, pero la elevada altitud de la meseta donde se encuentra la DO Tierra de León y el borde del relieve montañoso de la cordillera cantábrica, modifican las características climáticas, dando lugar a una fuerte continentalidad, con un riguroso y dilatado período invernal durante el cual se producen persistentes nieblas y heladas, aunque en ningún momento las temperaturas mínimas absolutas en los meses más fríos, superan los -15º C (temperatura límite invernal para el cultivo de la vid).
    El período primaveral es irregular, alternando las temperaturas suaves con las temidas heladas primaverales, pero no suponen en ningún caso un factor limitante para el cultivo de la vid.
    También el periodo estival es irregular, alternándose periodos tórridos y áridos con otros fríos que dotan al cómputo un carácter suave, situándose siempre la temperatura media de los meses más cálidos por encima de los 20º C (necesaria para el período de floración y envero de la vid).
    Por otro lado, el periodo otoñal es suave y generalmente lluvioso, y favorece un buen final de maduración. También cabe remarcar las temperaturas extremas entre el día y la noche, factor condicionante y favorable para la acumulación de los polifenoles de la uva y la potenciación de los aromas.
    Precipitaciones medias anuales en torno a los 500 mm se reparten durante los periodos estival y otoñal, lo que hace que el cultivo de la vid en la zona no precise de riego salvo en algunos años aislados. También la alta luminosidad en la zona, con una media de 2.700 horas de sol anuales, favorece una maduración uniforme de la baya.

    Las variaciones que se producen en los suelos aptos para el cultivo del viñedo en la Meseta Leonesa, están todos situados bajo los 900m de altitud. Son suelos asentados sobre terrazas aluviales, tanto los pardos sobre depósitos pedregosos, como los calizos sobre materiales blandos. Son suelos con excelentes condiciones de drenaje interno, con una aceptable capacidad de retención hídrica, facilidad de aireación y penetrabilidad de las raíces, bajo contenido en sales minerales, profundidad, contenido adecuado de caliza y pobreza en materia orgánica.

    En lo que respecta a las variedades, el Consejo Regulador de la DO Tierra de León autoriza el cultivo de las variedades blancas Albarín (que representa el 5% de la superficie cultivada de viñedo), la Verdejo (15%), Godello (5%), Palomino (2%) y Malvasía (1%), mientras que en tintas sobresale la Prieto Picudo (que ocupa más del 60% de la uva que se cultiva), Mencía (17%), Tempranillo (12%)y Garnacha Tinta (2%).

    Vino y bodegas de la DO Tierra de León

    Entre los vinos de la DO Tierra de León se elaboran vinos blancos, rosados y tintos, pero el dominio indiscutible es de la Prieto Picudo, a priori una uva ruda y rústica, donde sus vinos piden oxigenación y tiempo, por lo que todavía hoy es uno de sus principales retos de muchos elaboradores de la zona.
    No obstante, también es cierto que en buena parte de ese carácter radica el atractivo de sus vinos y lo que los identifica y distingue. Mantener los aromas primarios de la uva y a la vez ponderar esa suavidad con el trabajo en las maderas, es en lo que están inmersas las diferentes bodegas, cada una con su estilo y desde la propia experiencia. En líneas generales, son vinos con rasgos característicos en los que la Prieto Picudo agradece la caricia no excesiva de la barrica porque, sin perder la fruta ni la frescura, gana en amabilidad.

    En esta línea podemos destacar El Músico, de la bodega Leyenda del Páramo, con 12 meses de crianza; Pricum de Bodegas Margón, con 14 meses barrica, obra del afamado enólogo Raúl Pérez, director técnico de la bodega; 3 Palomares crianza elaborado por Bodegas los Palomares, con 12 meses en barrica americana; al igual que Don Suero crianza de Bodegas Vinos de León, donde mezclan viñas centenarias con cepas de 13 años; Gamonal, con 8 meses de barricas francesa y americana, y, su vino de pago Carroleón, que permanece unos 15 meses en barrica nueva.

    Por su parte, la blanca Albarín, la otra variedad autóctona, fue descubierta hace poco tiempo en Valencia de Don Juan, y son ya unas cuantas bodegas las que han elaborado con ella en los últimos años. Señalar que tan solo hay 80 hectáreas de esta uva en toda España y 45 están aquí, y otras tantas en Cangas de Narcea (Asturias). A pesar de que su nombre puede llevar a la confusión con la Albariño, nada tienen que ver. Resulta cítrica y floral, y tiene buena resistencia a las enfermedades. En lo que se refiere a los blancos de Albarín, Pardevalles es una de las bodegas que más ha apostado por esta variedad, de la que posee 10 hectáreas, con las que elabora un vino fresco, exótico pero no dulce, y con buena acidez. Y también Gordonzello, la empresa potente de la zona, con 205 hectáreas y una producción anual de 900.000 botellas, elabora 11 tipos de vino, y firma el blanco Peregrino Albarín, tropical, fruta en almíbar, boca viva. En el caso del Tampesta, está fermentado sobre lías y una parte permanece tres meses en barrica, complejo, recuerdos de fruta blanca, manzanilla, acidez compensada. Y Pricum Albarín Barrica, del que Raúl Pérez hace una pequeña producción de tan solo 2.500 botellas, y fermenta en roble francés con sus lías, rico, amable, sin perder la frescura. En definitiva, materias primas propias y únicas que identifican una tierra que interpreta ahora cada elaborador.

  • D.O. Toro

    D.O. Toro

    Historia y localización 

    Vino Toro es un tipo de vino que toma su denominación de la zona situada en Castilla-León. Se encuentra repartida entre las provincias de Zamora y Valladolid, en el noroeste español, y cuenta con una extensión de 62,000 hectáreas, de las cuales 8,000 están dedicadas exclusivamente al cultivo del viñedo.

    Los origenes de la elaboración de vino de toro en la zona se remontan a períodos anteriores al asentamiento de los romanos. Se cree que en el siglo I A.C. los griegos ya enseñaron a elaborar vino a las tribus celtas locales.

    Ya en la Edad Media, durante los siglos XI, XII y XII, el vino de Toro gozaba de una gran reputación y se comercializaba con gran prestigio fuera de la comarca.
    Alfonso IX, rey de León, cedió tierras a diferentes órdenes religiosas, como a la Catedral de Santiago de Compostela, para que se encargaran de la producción de los cada vez más preciado vino Toro, lo que ayudó a aumentar su reconocimiento.

    En el siglo XIV la fama de los vinos de Toro llegó hasta Sevilla, ciudad en la que estaba prohibido por orden expresa del Rey la venta de cualquier vino extranjero, haciendo una excepción para los vinos de Toro.

    Se tiene constancia de que los vinos de Toro llenaban las bodegas de los barcos con los que Cristobal Colón y su tripulación se lanzaron al descubrimiento de América.
    Eran vinos con mucho cuerpo y eran muy cotizados ya que permitían “arreglar” otros vinos de menor calidad.

    En el siglo XIX, durante la filoxera sufrida por Francia, Toro exportó grandes cantidades de su vino que no se vió afectado, al estar los viñedos plantados en suelo arenoso.
    Cuando la filoxera llegó a España, también se utilizaron vides de Toro para replantar otras zonas que se habían visto afectadas.

    A partir de la década de los años 80, Toro ha vivido un nuevo relanzamiento con una nueva generación de enólogos muy cualificados que comenzaron a trabajar en la zona, diversas inversiones y continuas mejoras tanto en los métodos de vendimia como en los de elaboración.


    Carácter: uva, suelo y climatología


    Toro está enclavada en la Meseta Central. Los viñedos se encuentran plantados a una altura considerable, entre 650 y 850 metros de altitud sobre el nivel del mar.
    Se trata de un terreno de suaves ondulaciones con pequeñas pendientes a orillas del Río Duero. Los suelos son principalmente de origen fluvial por la influencia del Duero y sus afluentes. Lejos de los ríos encontramos suelos secos, arenosos, pobres y con mucha piedra en el subsuelo, lo que les proporciona un buen drenaje.

    Toro cuenta con un clima continental extremo, con influencias del Océano Atlántico. Los veranos son muy calurosos y los inviernos muy fríos, llegándose a alcanzar hasta los -10ºC.
    Los viñedos están expuestos a muchas horas de sol, y mucho calor durante el verano, lo que ayuda una correcta y temprana maduración.

    La uva más utilizada en Toro es la variedad Tinta de Toro, también conocida como Tempranillo o Tinta Fina variando el nombre dependiendo de la zona en la que se cultiva.
    Se trata de una variedad muy fina que, gracias a su bajo nivel oxidativo, es utilizada para la elaboración de vinos con largos envejecimientos.
    La Tinta de Toro es una variedad con una temprana maduración, lo que ayuda a que no se vea demasiado afectada por las heladas habituales en la zona al final de la época de maduración. Además de la Tinta de Toro, también se utiliza como complemento la variedad Garnacha Tinta.

    En Toro, aunque en menor medida, también se elaboran vinos blancos con las variedades de uva blanca Verdejo y Malvasía.


    Principales bodegas de Toro


    El vino de Toro ha conseguido una gran reputación gracias a los grandes vinos tintos que se elaboran en esta denominación. Vinos tintos sabrosos, con personalidad, potencia y muy complejos tanto en boca como en nariz.
    Son varias las bodegas de la Toro que cuentan con un gran reconocimiento. Bodegas Pintia, del mítico Grupo Vega Sicilia, o la reconocida Bodega Numanthia.
    Bodega Teso La Monja, de los hermanos Eguren también conocidos por Bodega Sierra Cantabria en Rioja.
    O la joven, aunque cada día más conocida, Bodega Matsu.

  • D.O. Uclés

    D.O. Uclés

    Al oeste de la provincia de Cuenca y al noroeste de la provincia de Toledo se sitúa la zona vitícola de la Denominación de origen Uclés. En la mitad occidental las vides se encuentran entre 500 y 800 metros de altitud y en la mitad oriental entre 600 y 1.200 metros, separadas ambas partes por la Sierra de Altomira. Los suelos son variados, desde arenoso a franco arenoso, profundos en su mayor parte, en los ríos que bañan la zona el Riánsares y Bedija, los suelos son de textura franco arcillosa.
    El clima es continental con un régimen de precipitaciones mediterráneo, en general de menos de 500mm. Todos estos factores determinan unas condiciones ideales para el cultivo de la vid confiriéndole unas características muy particulares.
  • D.O. Utiel-Requena

    D.O. Utiel-Requena

    La excelente ubicación geográfica y el formidable clima hacen que esta zona de producción elabore los vinos tintos de más color de todo el Levante español. El clima es plenamente mediterráneo, con una temperatura media anual que varía entre los 12 y los 16ºC, disfrutando de mucha insolación.
    Esta comarca se divide en cuatro subzonas: al Noroeste, Alto Turia; al Norte y al Centro, Valentino y al Sur, hasta el límite con Alicante, Clariano; la Subzona Moscatel de Valencia se superpone parcialmente a la Valentino.
  • D.O. Valdeorras

    D.O. Valdeorras

    Esta Denominación de Origen ocupa parte de los bellísimos valles de los ríos Sil y Jares en el Nordeste de la provincia de Orense.
    En esta comarca el clima es menos húmedo que en el resto de Galicia, combinándose la influencia atlántica con elementos continentales, dando lugar a unas condiciones muy adecuadas para el cultivo de calidad: alta luminosidad, temperaturas suaves y bastante generosas precipitaciones (800 mm. de lluvia anual).
    Los viñedos se alinean en las laderas de las montañas que enmarcan los valles fluviales y en el fondo de éstos, ocupando suelos pizarrosos de muy buenas condiciones físicas y adecuada fertilidad, en ocasiones en pronunciadas pendientes.
    La variedad de mayor calidad y prestigio, entre las blancas, es la Godello, uva que proporciona vinos blancos de muy fino aroma afrutado y floral y excelente estructura en la boca. Junto a ésta aparece la variedad Tinta Mencía que proporciona tintos de color púrpura, intenso y elegante aroma frutal y tierna carnosidad no exenta de nervio.
  • D.O. Valencia
  • D.O. Valle de la Orotava

    D.O. Valle de la Orotava

    La isla de Santa Cruz de Tenerife forma parte del Archipiélago Canario, en el Océano Atlántico, situado en el norte de África, cerca de las costas del sur de Marruecos y del Sáhara, y conforma una de las diecisiete comunidades autónomas de España.

    Los primeros viñedos de Tenerife aparecen en la zona del Valle de La Orotava en el siglo XVI, en la finca El Burgado, en el municipio de Los Realejos, y durante más de dos siglos su vino Malvasía, elaborado con esta variedad de baja producción y naturalmente dulce, ya se exportaba al norte de Europa, convirtiendo así el Puerto de la Cruz en el primer puerto del Archipiélago Canario y el eje esencial del comercio con el extranjero.
    Los vinos se llevaban directamente al barco por los cayados típicos de los pavimentos de los municipios, que facilitaban el transporte de las pipas de vino. La actividad comercial del vino era tan intensa que en el s.XIX los comerciantes vivían en casonas con su pequeña bodega y las casas comerciales tenían cajas de palta para probar la mercancía, así como marcadores para pipas y varas inglesas para su medición, y se calculan que por el Puerto de La Orotava se exportaban al año 30.000 pipas de vino Malvasía.

    Esta hegemonía comercial motiva el desarrollo urbanístico de los tres municipios del Valle: Los Realejos, La Orotava y Puerto de la Cruz, donde en este último llegó a instalarse una numerosa colonia inglesa con un consulado permanente. Esta colonia trataba de controlar el comercio de exportación de vinos, para lo que se crea en 1665 la empresa monopolista Compañía de Canarias, ya que muchos barcos recalaban en este muelle del Puerto de la Cruz con destino a la Península, Inglaterra, Países Bajos, Alemania, África y América. De hecho, tal era el auge comercial con Inglaterra, que en la vendimia de 1674, anclaron en este muelle 150 barcos ingleses con el objetivo de transportar vino.

    A mediados del siglo XVIII y por la política adoptada por Inglaterra con motivo de su conflicto bélico con España, comienza la crisis del vino Malvasía Canario, con una espectacular bajada de precios y beneficios, por lo que se apuesta entonces por el "vidueño” o vid común, como variedad alternativa de mayor producción y menores costes y riesgos para la exportación a EEUU, y por su fácil transformación en aguardiente para su exportación a Cuba, Yucatán y Venezuela.
    Sin embargo, la decadencia de los vinos de la zona es enorme y con el ataque del oídio y del mildiu, el cultivo de la vid sufre un grave descalabro, impulsado además por el comienzo del cultivo de la platanera en las zonas costeras de la isla, por lo que a mediados de 1950 se abandona mucha viña.

    No obstante, a partir de la creación de la DO Valle de la Orotava en 1995, el sector vitivinícola acomete una importante transformación, se recuperan viñas abandonadas, se plantan de nuevas y el vino comienza a conocerse dentro y fuera de la isla y a venderse a buen precio. Hasta hoy ha sido una transformación lenta y costosa, cuya adecuación de variedades y vinos parecía que nunca habría que llegar a la isla, quizá por estar demasiado lejos de las innovaciones que se producían en la península, pero desde hace unos años el positivo contagio de las bodegas peninsulares llegó a la isla con fuerza, y aún en medio de condiciones climáticas adversas, la enología moderna es ahora una realidad en el Valle de La Orotava.

    En la actualidad, la DO Valle de La Orotava se ubica en la zona norte de Tenerife, y abarca cerca de 400 hectáreas de viñedos cultivados en el valle, en la ladera norte del Teide (3.717 metros), y extendiéndose hasta el Océano Atlántico, sobre los municipios de La Orotava, Los Realejos y Puerto de La Cruz, cuyos viñedos son cultivados por más de 600 viticultores, y sus vinos elaborados por sólo 13 bodegas. No obstante, tal y como ocurre también en otras islas del archipiélago, cabe remarcar que quizás gracias al alejamiento con el continente, la isla no se vio afectada por la plaga de la filoxera, por lo que las viníferas se plantan directamente de sarmiento (pie franco) y se cultivan sobre sus propias raíces, con las grandes ventajas fisiológicas y enológicas que representa elaborar vinos con la pureza de la vinífera sin la influencia de un portainjerto, y aún más si consideramos que todas ellas fueron introducidas desde Europa entre los siglos XV al XVIII, antes de que la filoxera arrasara los viñedos, por lo que aquí se han conservado con un alto grado de pureza.

    Cordón trenzado tradicional

    Otra de las particularidades del Valle de La Orotava es que desde hace siglos se conserva el sistema de conducción de cordón trenzado tradicional, único en el mundo. Se trata de una trenza que se realiza con los sarmientos de la parra a una altura 0,60 a 0,80 m del suelo. La longitud de las parras varía desde 3 o 4 m en lugares estrechos hasta 15 m si la parra es vieja y tiene suficiente vigor.
    Ello implica una gran labor manual en todas sus etapas, desde la poda a la vendimia, ya que la singularidad del terreno y la particularidad que estén plantadas en pie franco, hace que el cordón trenzado sea una tarea muy artesanal.

    Esta tradición viene de antiguo, cuando en la zona predominaba el bicultivo, generalmente la papa y la viña, y había poco espacio para cultivar otra subsistencia familiar. Esta técnica permitía aprovechar más el terreno, ya que los sarmientos eran movibles. Existen todavía algunos viñedos cultivados por este sistema, aunque en la actualidad ya no se lleva a cabo.

    Clima, suelo y variedades

    A grandes rasgos, el clima en la DO Valle de la Orotava es moderado, templado y muy suave en cualquier estación del año. No hay períodos de frío pero tampoco los hay de calor asfixiante. Las temperaturas medias son de 18 °C en invierno y 25 °C en verano, aunque estos son valores relativos y generales.
    Evidentemente se producen importantes contrastes, como el que se produce durante los meses de invierno, en los cuales es posible disfrutar del sol en zonas de costa y, sin embargo, 3.000 metros por encima poder contemplar la blanca estampa nevada del Teide, donde nieva todos los años. Los vientos alisios cargados de humedad soplan todo el año procedentes del NO y NE limpiando y refrescando el ambiente y suavizando las temperaturas, mientras que el influjo del Atlántico, con su corriente fría de Canarias, llega a todos los lugares dulcificando las temperaturas en las zonas costeras y dando gran humedad al aire.

    Los suelos suelen ser en un 70% de carácter volcánico, un 20% arcillosos y el 10% restante de roca volcánica. Son ligeros, permeables, ricos en nutrientes minerales y con un pH ligeramente ácido debido a la naturaleza volcánica de la isla.

    En cuanto a variedades, el Consejo Regulador de la DO Valle de la Orotava autoriza las blancas Listán Blanco, Bastardo Blanco, Gual, Forastera Blanca (Gomera), Malvasía, Marmajuelo, Moscatel, Pedro Jiménez, Torrontés, Verdello y Vijariego. Y en tintas la Listán Negro, Bastardo Negro, Malvasía Rosada, Moscatel Negro, Negramoll, Tintilla y Vijariego Negro.

    No obstante, las variedades de uva mayoritarias son la Listán Blanco y la Listán Negro, que superan el 90% de los viñedos. Y la producción de vino del Valle de la Orotava se mantiene por igual entre blancos y tintos, aunque tradicionalmente en la zona de Los Realejos hay mayor proporción de elaboración de vino blanco, y en la de La Orotava de vino tinto.

    Vinos y bodegas de la DO Valle de la Orotava

    La mayoría de las bodegas poseen modernas instalaciones de acero inoxidable, y también se utiliza la barrica para la fermentación. Los vinos blancos se elaboran principalmente con Listán Blanco, o con las variedades nativas Gual y Vijariego. Por otro lado, algunas bodegas más pioneras están elaborando excelentes tintos afrutados con un corto periodo de envejecimiento en barricas de roble americano. En la denominación también se produce algún vino espumoso, así como los tradicionales vinos dulces y generosos, mientras que los vinos rosados apenas tienen representación.

    Suertes de Marqués es una bodega familiar volcada a los vinos de expresión del terruño, que ya ha causado mucha impresión dentro y fuera de España.
    Su finca El Esquilón, en la zona conocida como Las Suertes, en las medianías del Valle de La Orotava, totaliza nueve hectáreas de terreno, distribuidas en 21 parcelas, extendiéndose desde los 350 hasta los 700 metros de altitud.
    Su principal riqueza son las cepas centenarias de Listán Negro y Listán Blanco, junto a pequeñas viñas viejas y jóvenes plantadas con otras castas canarias, como la Vijariego, Baboso, Tintilla y Albillo.
    Los vinos de Suerte del Marqués son pequeñas producciones que pueden clasificarse en tres grandes familias: los vinos de villa, que provienen de diversas parcelas de viticultores, y otras de la propiedad vinificadas por separado y ensambladas antes del embotellado; los vinos de parcela que provienen solamente de la finca El Esquilón; y las vinificaciones especiales que comprende las cosechas Suerte del Marqués blanco y tinto dulce.
    Entre sus vinos destaca el Trenzado, un blanco elaborado con 90% Listán Blanco y 6% Pedro Ximénez, ambas con más de 100 años, y 4% de Vidueño de 15 años, un pupurri de variedades autóctonas. Fermenta 40% en hormigón y el resto en barricas de roble francés de 500 libros de capacidad, y envejece el 40% en hormigón durante 8 meses y 60% en barricas de roble francés de 500 litros de capacidad procedentes de pequeñas tonelerías borgoñonas, con sus propias lías durante 8 meses.
    La Solana es un tinto que se elabora con uvas Listán Negro procedentes de un viñedo de 2,5 hectáreas situadas entre 400 y 520 metros sobre el nivel del mar, con cepas de edades comprendidas entre los 80 y los 110 años. El mosto fermenta en barricas nuevas de roble francés de 500 litros de capacidad, y realiza una crianza de 10-12 meses, según la añada.
    El Ciruelo es otro tinto elaborado con 97% Listán Negro y 3% Listán Blanco con más de 90 años, procedentes de una parcela de 0,75 has situada entre 500 y 550 metros sobre el nivel del mar con exposición norte. Fermentación con levaduras autóctonas en cubos abiertos de hormigón con ligeros bazuqueos manuales, realiza la maloláctica en barricas neutras de roble francés de 500 litros de capacidad y permanece durante 12 meses con sus propias lías en las mismas barricas.

    Bodega Tajinaste surge en 1977 como relevo generacional a una tradición vitivinícola de la familia García Farráis. Posee viñedos con cepas muy viejas, plantadas en 1914 con las variedades Listán Negro y Listán Blanco bajo el sistema de conducción del cordón múltiple trenzado. Conservando su origen familiar trabajan con el máximo respeto del viñedo, intentando fusionar tradición vitícola y enología moderna, logrando de esta manera, una gran tipicidad en sus vinos.
    Destaca su tinto Can, elaborado con Listan Negro y Vijariego Negro, con una crianza de 9 meses en barricas nuevas de roble francés.
    También elabora el Tejinaste Blanco Afrutado, de nariz compleja y sutil y un paladar con un ligero dulzor natural; y el Tejinaste Blanco Seco con viñedos de diferentes altitudes.
    También elabora un rosado y una serie de tintos tradicionales donde destaca el Tejinaste Vendimia Seleccionada, un varietal de Listan Negro que se elabora sólo en cosechas excepcionales, soberbio y elegante.

  • D.O. Vinos de Madrid

    D.O. Vinos de Madrid

    La historia de los vinos de Madrid es larga y una de las mejor documentadas. Se tiene conocimiento que los primeros datos sobre la existencia de la actividad vitivinícola en los actuales límites de la Comunidad de Madrid datan del siglo XIII, pero también se puede pensar que la existencia de viñedos y vinos en la región se remonta a muchos siglos antes. Durante esa época, se sabe que el cultivo de la viña corría a cargo de viticultores casi todos dependientes de los señores feudales instalados en terrenos agrícolas cercanos a las ciudades, así como también a las instituciones municipales, los llamados Concejos, que explotaban sus propias viñas.

    Así pues, con el transcurso de la historia, los vinos madrileños llegan al siglo XV rodeados ya de cierto prestigio, como lo atestiguan algunas famosas citas literarias y múltiples testimonios de la consideración que tenían esos vinos elaborados en la propia ciudad, y de su exportación a otras localidades de España, como Burgos.
    A todo este auge, se sumó la elección de Madrid como capital del reino y ello supuso también un notable crecimiento en la demanda de sus vinos y, a su vez, un vertiginoso aumento de la producción de vinos en las zonas limítrofes de Arganda, Alcalá de Henares, Fuencarral, Alcobendas, Torrelaguna, etc. Los vinos consumidos durante el reinado de Felipe IV procedían, sobre todo, de los alrededores de Madrid, y tenían fama los de Valdemoro, aunque los más prestigiosos seguían siendo los de San Martín, a los que se unieron los de Cadalso y Pelayos.
    También en la propia ciudad de Madrid se mantenía una producción notable, y una prueba de ello en que en 1665 existían en la ciudad 63 cosecheros, los cuales eran sometidos a rigurosos controles y obligados a declarar al fisco la cantidad de uvas o de mosto que producían. Incluso existían viñedos famosos en diversas calles de Madrid, como los ubicados en los alrededores de la calle de Segovia, o los localizados en las pendientes del río Manzanares, y también en la actual Castellana a la altura de donde se encuentran hoy los Nuevos Ministerios. También existía un gran viñedo en buena parte del actual aeropuerto de Barajas, e incluso en el mismo Carabanchel, cuyo vino de moscatel era famoso y bien cotizado.
    Pero el imparable crecimiento de los polígonos industriales y la conversión de los pueblos en ciudades-dormitorio acabaron con los vinos de Valdemoro, Pinto, Getafe, Móstoles, Torrejón, Alcobendas y Alcalá de Henares, y también el aeropuerto y las bases aéreas hicieron lo mismo con los viñedos de Barajas y Torrejón.

    La expansión de Madrid, el asfalto y también la plaga de la filoxera terminaron por suprimir prácticamente todos estos viñedos cercanos a la capital, sobreviviendo a duras penas algunas pocas hectáreas en San Martín de Valdeiglesias, Navalcarnero y Arganda, zonas que fueron importantes y que contabilizan a la entrada del XX más de 60.000 hectáreas de viñedo. La primera plaga de la filoxera en el viñedo de Madrid se detectó en 1914 en San Martín de Valdeglesias, que se extendió rápidamente a otras zonas y arruinó buena parte de este viñedo madrileño, provocando también un cambio sustancial en los vinos típicos de la comarca. Fueron unos años difíciles para los viñedos y los vinos de Madrid, y la verdadera recuperación no llegaría hasta los años 1950, tras la guerra, cuando se empezó a implantar de forma masiva variedades seleccionadas básicamente por su alto rendimiento y su grado alcohólico, tomando protagonismo la tinta Garnacha en las zonas de Navalcarnero y San Martín, y la blanca Airén en Arganda. En esta época surgen la mayor parte de las cooperativas, las cuales suministran una gran cantidad de vinos anónimos y sin grandes características a una capital que crece a un ritmo frenético, y entierran definitivamente de la historia de los vinos de Madrid los afamados moscateles de los Carabancheles, Villaverde, Hortaleza y Fuencarral.

    Sin embargo, ante la crisis y la recesión del consumo de los vinos anónimos y a granel en todo el país en la década de los años 1970, las zonas de producción se replantean una nueva reconversión del sector vitivinícola. A partir de ese momento se trabaja para la recuperación de algunas de las variedades de uva típicas de la zona y se actualizan los métodos y los criterios de elaboración para lograr vinos más acordes con las nuevas tendencias de consumo, sobre todo de vino embotellado.

    De nuevo los ochenta marcan un antes y un después en los vinos de Madrid con la puesta en marcha de la nueva Denominación Específica Vinos de Madrid en 1984, y la posterior Denominación de Origen legalmente reconocida en 1990. Un año más tarde, algunos vinos ya lucieron la contraetiqueta Vinos de Madrid, y en enero de 1992 se empezaron a comercializar los primeros vinos de crianza. Así renacía ese largo reconocimiento histórico, pero también era todo un reto para unos vinos desconocidos, incluso para gran parte del mercado madrileño.

    La DO Vinos de Madrid se encuentra en el centro geográfico de España, al sur de Comunidad de Madrid, formado un semicírculo al sur de la capital. Sus 8.300 hectáreas de viñedos inscritos se reparten por un total de 54 municipios, más la finca denominada El Encín, en Alcalá de Henares, las cuales las trabajan 2.891 viticultores, elaboran 44 bodegas, y se distribuyen en tres subzonas: Arganda, Navalcarnero y San Martín de Valdeiglesias.

    Clima, suelo y variedades

    Subzona de Arganda. Abarca 26 municipios más la finca El Encín, y está situada al sudeste de la Comunidad de Madrid. Es la zona más grande de las tres, con más del 50 % del total de los viñedos inscritos. Su cultivo se asienta preferentemente sobre suelos y terrenos de arcilla y greda, formando terraplenes que descansan sobre granito con una buena cantidad de tierra calcárea, y por sus tierras corren las aguas del río Jarama, afluente del Tajo, y la de sus afluentes Tajuña y Henares. Aquí el clima es continental típico, con temperaturas extremas tanto en invierno como en verano, y la pluviometría es bastante escasa, con precipitaciones concentradas en primavera y otoño, mientras que la insolación ronda una media de 2.800 horas de sol al año.

    Subzona de Navalcarnero. Es muy llana, comprende 19 municipios, y se localiza en la zona sur-central de la Comunidad Autónoma de Madrid. Está surcada de norte a sur por el río Guadarrama, y su clima también es continental, con veranos calurosos e inviernos fríos, y unas 3.000 horas de sol al año. Aquí la pluviometría es muy baja, apenas llega a los 300 litros de lluvia por metro cuadrado, pero la naturaleza del suelo donde abundan los terrenos pardos no cálcicos, pobres en nutrientes, y unos subsuelos de arenas gruesas y arcillosas, presenta una buena retención de agua y permite un buen cultivo de la vid. La producción vinícola representa tan sólo el 15% del total, y está dominada por bodegas cooperativas aunque hoy en día están entre las más modernas de Madrid, y el vino embotellado que comercializan ha alcanzado un nivel de calidad.

    Subzona de San Martín de Valdeiglesias. Se encuentra en el extremo suroeste de la Comunidad de Madrid, y es la más pequeña de las tres subzonas, aunque es la segunda en cuanto a producción de vino ya que sus viñedos suponen el 35% del total. La proximidad del Sistema Central proporciona un relieve más accidentado y también le sirve de protección frente a los vientos fríos del norte. Es por eso que su clima, todavía siendo continental, presenta temperaturas más templadas y un ambiente más húmedo, que se refleja en unos paisajes menos áridos y con más abundancia de dehesas, montes y pinares. Los suelos con tierras pardas asentadas sobre granito, pobres en humus y pH ácido, presentan una buena aptitud para la producción de vinos de calidad.

    En las tres subzonas, las variedades tintas autorizadas son la Tempranillo (también conocida como Tinto Fino o Cencibel), Garnacha Tinta, Merlot, Cabernet Sauvignon y Syrah, mientras que en blancas destacan la Malvar, Airén y Albillo, además de la Viura (también conocida como Macabeo), Parellada y Torrontés Moscatel de grano menudo. Una de las variedades más exclusivas de los Vinos de Madrid es la variedad blanca Malvar. Es una variedad que tiene algún parecido con la Airén, pero en realidad se trata de una cepa diferente. Esta variedad da unos blancos vinos ligeros y con cierta frescura, pero también posee un mayor relieve aromático que los elaborados con Airén. También en cada una de las subzonas hay cierta preponderancia al cultivo de las variedades, por lo que en la zona de Arganda destaca la tinta Tempranillo y la blanca Malvar, en Navalcarnero se centran en la Garnacha Tinta y la blanca Malvar, y en San Martín predominan la Garnacha Tinta y la blanca Albillo.

    Vinos y bodegas de la DO Vinos de Madrid

    Como vinos de la DO Vinos de Madrid se elaboran blancos, rosados, tintos y espumosos naturales, además de un vino típico bajo la contraetiqueta de vino “sobremadre”. Estos vinos son blancos o tintos cuyo mosto fermenta con la uva estrujada-despalillada (madre), y una vez terminada la fermentación, las madres permanecen junto al vino un máximo de 6 meses, con ausencia de trasiegos hasta su embotellado. Estos vinos contienen gas carbónico de origen endógeno, procedente de la propia fermentación de los mostos con sus madres. Actualmente, en la DO Vinos de Madrid hay 8 bodegas que elaboran vinos a partir de uvas procedentes de la Agricultura ecológica y que están inscritas en el "Comité de Agricultura Ecológica de la Comunidad de Madrid".
    Sin embargo, dentro de las 44 bodegas elaboradoras se encuentran un número importante de cooperativas que aglutinan buena parte de la producción total de vinos, aunque también hay una colección de jóvenes enólogos y viticultores trabajando con mucha ilusión, dedicación, conocimiento y visión para elaborar vinos muy personales y genuinos, sobre todo en las zonas más altas y la variedad Garnacha Tinta.
    En ese sentido, merece una mención especial Comando G, con los personajes Dani Landi, que cuenta también con su propio proyecto tras abandonar la bodega familiar Jiménez-Landi de Méntrida, y Fernando García, enólogo a su vez de Bodega Marañones, en la DO Vinos de Madrid. Aunque son defensores e impulsores, junto a otras bodegas, de la asociación Garnachas de Gredos y su posible DO, elaboran bajo dos denominaciones de origen: Vinos de Madrid y VT Castilla y León. Como Vinos de Madrid elaboran La Bruja Avería, un tinto de Garnacha con 5 meses de barrica, que según el planteamiento borgoñón de la bodega, es su “vino de pueblo”, el que debe transmitir el paisaje de Rozas de Puerto Real. Las uvas, de las que aún se compra en torno al 40%, proceden de la parte baja del valle en forma de U que se dibuja entre los municipios de Rozas, Cadalso y Cenicientos. Es un vino directo, goloso, muy frutal, franco y fresco. También con las credenciales Vino de Madrid elaboran Las Umbrías, otro 100% Garnacha procedente del Valle del Tiétar, que nace de la primera viña abandonada y recuperada a base de biodinámica con que la elaboró Comando G en la cosecha 2008, una parcela de media hectárea con cepas de unos 60 años situadas en lo alto del llamado monte de los Corzos (1.000 metros), con los característicos suelos de granito de la zona y aquí además algo de arcilla roja. Su última creación es el Rozas 1er Cru, un 100% Garnacha procedente de una parcela de 3 hectáreas con viñedos de 50-60 años en suelos de granito con arenas y arcillas en superficie, situados en los parajes de Matallana, Prado Nebrillo y Arroyo en la localidad de Rozas de Puerto Real en el Valle del Tiétar a 900 metros de altura. Es un vino que fermenta en tinos de roble francés con levaduras autóctonas, y una crianza de 12 meses en barricas de roble francés de 500 litros. También elaboran como VT de Castilla Rumbo Al Norte, La Mujer Cañón, una recolección de garnachas de 60 años a 900 metros, y El Hombre Bala con 10 meses de crianza.

    Un ejemplo de bodega pequeña es El Regajal, que empieza en el año 1998 con la plantación de la viña, y actualmente se extiende sobre 16 hectáreas, con las variedades Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot y Syrah, cultivadas con criterios del cultivo de la biodinámica para obtener unos vinos realmente fieles a su terroir. Cuenta con Jerome Bougnaud, que pertenece a la cuarta generación de una familia de viticultores de la región de Cognac, donde gran parte de su carrera profesional la ha desarrollado en España, por lo que desde hace años es “vigneron” de El Regajal, además de Quinta Sardonia y Dominio de Pingus. La finca dispone de una pequeña y moderna bodega de vinificación y crianza donde los vinos envejecen en barricas de roble francés, y se comercializan bajo las etiquetas Galia, un tinto elaborado con Tinto Fino y Garnacha y envejecido 19 meses en barrica de roble francés; Las Retamas de El Regajal, elborado con un puzle de Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Petit Verdot, y envejecido 10 meses en barrica de roble francés; y el Ragajal Selección Especial, envejecido 15 meses en barrica de roble francés, con Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Petit Verdot.

    Otro ejemplo de bodega moderna y minúscula es Licinia, que se encuentra en Morata de Tajuña, posee 28 hectáreas de viñedo propio, y en otoño de 2006 se cosechó la primera añada de Licinia. Elabora sólo un tinto, el Licinia, con Tempranillo (65%), Syrah (25%), Cabernet Sauvignon (10%), y una crianza en barricas de 225 litros de roble francés nuevas durante 12 meses. Posee un aroma de buena intensidad, con fruta negra, notas tostadas, especiadas y un punto floral, con sutiles notas minerales; redondo, glicérico, intenso en fruta y aromas, sabroso y muy persistente.

    4 Monos Viticultores, en Cadalso de los Vidrios (Madrid), son cuatro amigos de Madrid que decidieron explotar las virtudes ecológicas de viñedos de altitud para crear vinos muy personales y distintos. En un viñedo de Cadalso de los Vidrios encontraron Cariñena, que ensamblan junto a la Syrah y la Garnacha en su tinto 4 Monos. También elaboran el blanco 4 Monos Albillo, y La Danza del Viento, un tinto de Garnacha de una finca a 820 metros, que se elabora con 100% raspón y 14 meses de barrica en San Martín.

    Bodega Ecológica Luís Saavedra, fue la primera bodega ecológica de la zona, aprovechando las excelentes condiciones del terreno en Cenicientos para sus Garnachas y Albillos, pero también para sus cepas de Merlot, Tempranillo o Cabernet Sauvignon, que cultiva sin herbicidas ni pesticidas, vendimia manual, levaduras autóctonas, etc., lo que atrajo la atención de los judíos, por lo que elabora el único vino kosher con sello ecológico de España, el Corucho Kosher, y otras marcas para la comunidad judía, así como un tinto roble con garnacha de 75 años y 4 meses de barrica.

    Bodega y Viñedos Barnaveleva, en San Martín de Valdeiglesias, en plena ruta del oso y los toros de Guisando, esta bodega es pionera en recuperar las Garnachas en vaso de hasta 800 metros, la tinta Morenillo y las uvas blancas Albillo y Moscatel de grano menudo, que cultiva con procesos biodinámicos. Su etiquetas más comerciales son Cantocuerdas Moscatel y Albillo, Navaherreros en versión blanco y tinto, y los vinos de finca: Bernaveleva Arroyo de Tórtolas, Bernaveleva Carril del Rey, y Bernaveleva Garnacha de Viña Bonita.

    Bodega Marañones, en Pelayos de la Presa, donde el enólogo Fernando García y el abogado Fernando Cornejo, decidieron unirse en un proyecto para recuperar las uvas locales Garnacha y Albillo. Posee 20 hectáreas de viñedos y la bodega fue pionera en ofrecer los primeros blancos con Albillo criados sobre sus lías en barricas de 500 litros y que evolucionan después en crianza hasta un año, como su blanco Picarana. Destacan el tinto Treintamil Maravedíes de Garnacha y Morenillo, y el vino de paraje Marañones (Garnacha), así como los vinos de finca Peña Caballera, el blanco de albillo Pies Descalzos, y el tinto Labros, con una Garnacha de finca pedregosa.

  • D.O. Ycoden-Daute-Isora

    D.O. Ycoden-Daute-Isora

    La tradición vitivinícola de Ycoden-Daute-Isora es consustancial con la propia historia de las Islas Canarias y ha condicionado las costumbres, el paisaje, la historia, el arte y la cultura de la zona. El paisaje de la Ruta muestra señas de una rica biodiversidad y de una actividad volcánica reciente en los siglos XVIII y XX. El legado de los antiguos aborígenes queda aún latente en laderas y barrancos, lugares donde se establecían, así como en las costumbres, y productos gastronómicos, actividades y riqueza patrimonial que los nueve municipios que la integran (Icod de los Vinos, San Juan de la Rambla, La Guancha, El Tanque, Garachico, Los Silos, Buenavista, Santiago del Teide y Guía de Isora) nos ofrecen.
  • D.O. Yecla

    D.O. Yecla

    Los orígenes del viñedo en el la zona están documentados desde el siglo I antes de Cristo hasta el siglo III d.C. en los restos arqueológicos de una bodega ubicada en la Fuente del Pinar en la que se distingue el lagar conectado con la pileta. Estas instalaciones fueron reutilizadas entre los siglos XIV al XVI. Dicha bodega estaba acompañada de una villa rústica de cierta relevancia en los Torrejones en la que se han encontrado bajo relieves alegóricos al viñedo.

    Por su situación, Yecla ha recibido numerosas influencias de civilizaciones como la romana, la griega, la cartaginesa y la musulmana, algo que provocó fuertes altibajos en su crecimiento económico y demográfico a lo largo de los siglos. En la primera mitad del siglo XIX, la zona sufre un freno económico debido a las desgracias climatológicas, las epidemias y la invasión del ejército francés.

    La auténtica expansión del viñedo fue a partir de mediados del siglo XIX gracias a la roturación de nuevas tierras, coincidiendo con la mayor expansión entre los años 1870 a 1890 favorecido por la demanda de vino por los franceses debido a la expansión de la plaga de la filoxera en ese país. Sin embargo, la llegada de la filoxera a esta zona y el fin del tratado con Francia, que facilitaba la exportación de los vinos, volvió a empeorar el panorama.

    Durante el siglo XX, los cambios también han sido numerosos. La Guerra Civil española y la posguerra provocaron un fuerte descenso de la población. Sin embargo, los años 70 supusieron un resurgir económico de la zona, sobre todo con la constitución de la DO Yecla en 1975, donde se tomaron algunas decisiones importantes, como la replantación de las variedades utilizadas para vinos de refuerzo, como la Garnacha Tintorera o la Forcallat, y potenciar y mantener la Monastrell como variedad principal, por lo que hoy ocupa más del 60% del viñedo. Hacia la mitad de los años 80, una lenta revolución promovida por pequeñas bodegas privadas y cooperativas permitió el comienzo de la producción de vinos tintos utilizando equipamientos de acero inoxidable con control de temperatura. Gracias a este esfuerzo, aquellos vinos robustos de antaño han pasado a ser vinos más equilibrados donde la complejidad aromática y el equilibrio prevalecen.

    La DO Yecla está ubicada al sureste de España, en la comarca del Altiplano, en el extremo norte de la región de Murcia, y limita con la DO Jumilla al sur y oeste, la DO Almansa al norte y la DO Alicante al este. Se trata de una zona de transición entre la meseta y el Mediterráneo, y está rodeada por un anillo de montañas bajas y sierras, donde los viñedos se sitúan en altitudes que oscilan entre los 400 y los 800 metros sobre el nivel del mar. En la actualidad la DO Yecla acoge unas 6.500 hectáreas de viñedo, y sólo 7 bodegas elaboran vinos bako esta denominación.

    Clima, suelo y variedades

    El clima en Yecla es de tipo continental seco, con veranos cálidos en los que se pueden alcanzar temperaturas de 39º C, mientras que los inviernos son bastante crudos: en los peores días, la temperatura puede llegar a los -10º C. Por su parte, las precipitaciones son escasas, del orden de los 300 mm, concentradas en primavera y otoño. La lluvia se produce generalmente en forma de aguaceros y tormentas, que en verano pueden ir acompañadas de granizo. La fuerte insolación supera las 3.000 horas de sol despejado al año.

    La característica más importante desde el punto de vista orográfico de esta zona es la notable altitud de la altiplanicie, que varía de 535 a 700 m, de la que sobresalen numerosas alineaciones montañosas, la mayoría de las cuales están dispuestas siguiendo la dirección Noreste-Suroeste. Esta constitución origina que las sierras formen entre si valles de tipo corredor y numerosas depresiones endorreicas, presentando una diferencia importante en altura, entre las cumbres y las partes bajas de los valles.

    Los suelos de la zona en general son, entre otros, de tipo calizo, profundos y con una buena permeabilidad. Su pobreza en materia orgánica, sumada a su riqueza en caliza, ocasiona algunas veces una costra superficial. En general, en los suelos de Yecla abunda el hierro, un mineral que influye en la calidad y la propensión a la oxidación y a las quiebras férricas de los vinos de la comarca, sobre todo blancos.

    Desde la perspectiva hidrográfica la característica más relevante de gran parte del municipio de Yecla es el carácter endorreico de sus cuencas, que son alimentadas por pequeñas ramblas entre las que se puede destacar las de Arabí, Agua Salada, del Pozo, de los Gavilanes, Toconera, Jumilla y Tomate. La rambla de mayor relevancia es la que circunda el casco de Yecla por su sector septentrional, resultado de la confluencia aguas arriba del núcleo urbano de las Ramblas del Pozico Lisón, Gavilanes, de Vera, de las Campanas y de Agua salada.

    En cuestión de variedades, se autorizan las uvas de Monastrell, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot, Garnacha tinta, Garnacha Tintorera y Petit Verdot. En blancas sobresalen la Macabeo, Airen, Merseguera, Malvasía, Chardonnay, Moscatel de Grano Menudo y Sauvignon Blanc.

    La variedad principal utilizada para elaborar los vinos de Yecla es la Monastrell, una variedad tinta de origen español, cuyo feudo se centra en el Mediterráneo, preferentemente en la región levantina. Esta uva de brote tardío, racimo compacto y bayas pequeñas, redondas y dulces, aparece documentada ya en el siglo XV, aunque también se cree que su cultivo se remonta muchas generaciones anteriores a esta fecha. Se la conoce también con los nombres de Mataró (posiblemente porque sus vinos se embarcaban desde el puerto de la villa de Mataró cuando esta variedad se cultivaba en el Maresme catalán), Matrassa y Mourvèdre (nombre que proviene del topónimo visigodo de la ciudad de Sagunto, en Valencia). En Francia se cultiva esta variedad con el nombre de Mourvèdre en las regiones de Côtes-du-Rhône, también en Provenza -donde da origen a, famoso vino rosado de Bandol- y en Languedoc-Rosellón. También, con el nombre de Mataró se la reconoce en California y Australia, mientras que en Azerbajan es la Matrassa.

    En España está cultivada ampliamente en todo el Levante y es una variedad dominante en las DO de Almansa, Valencia, Jumilla, Yecla, Bullas y Alicante, aunque está presente en otras zonas como Utiel-Requena, Tarragona, Terra Alta, Conca de Barberà, e incluso en el Penedés, de la que se elaboran algunos Cavas rosados.

    Vinos y bodegas de la DO Yecla

    Hace tan sólo cuatro días hubiera sido imposible hacer referencia a los vinos de Monastrell sin apoyarse más en la crítica que en los elogios. De hecho, cuesta creer que una variedad de uva ahora tan noble y reivindicada por los elaboradores levantinos tuviera hasta hace poco una fama tan mala y un futuro tan triste y oscuro.
    De hecho, la Monastrell siempre ha sido una uva tan rentable como menospreciada. La uva Monastrell se caracteriza por aportar vinos de alta graduación, carnosos, tánicos, y de un color intenso. Y no cabe duda que esas cualidades le han servido, hasta hace poco, para que sus vinos viajaran durante décadas a otras zonas de España y otros países como Francia, con el fin de aderezar otros vinos más flacos, pálidos y frágiles.

    Por suerte, este panorama sombrío está cambiando, y hoy ya son muchos los bodegueros que saben que la Monastrell es una variedad tan noble como la que más. Un ejemplo tácito de este salto cualitativo lo protagoniza Bodegas Castaño,que es hoy uno de los productores de vino más relevantes del sureste español por su tradición y logros con las variedades autóctonas, especialmente la Monastrell, y la adaptación de uvas foráneas al clima y suelo de la DO Yecla.
    Bodegas Castaño posee una extensión de viñedos cercana a las 500 hectáreas, repartidas en cuatro grandes parcelas situadas en diferentes puntos de la DO Yecla: Las Gruesas, de 160 hactáreas en la zona norte de Yecla, donde cultiva Monastrell, Garnacha, Merlot, Cabernet-Sauvignon, Syrah, Garnacha Tintorera, Cabernet Franc, Chardonnay y Sauvingon Blanc; El Espinal de 116 hectáreas al sureste de Yecla, donde cultiva Monastrell, Cabernet-Sauvignon, Merlot, Syrah, Macabeo y Garnacha Tintorera. En esta finca se asienta una parcela experimental, donde existen 16 variedades tintas y blancas de otras latitudes sometidas a control permanente y vinificación empírica posterior; Pozulo, de 135 hectáreas en la zona noroeste de Yecla, con cultivos de Monastrell, Garnacha, Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah, Garnacha Tintorera y Macabeo; y Arabí, de 32 hectáreas en la zona norte de Yecla, en la falda del monte Arabí, con plantación de de Monastrell en cepa baja.
    Todo este puzzle de ubicaciones y variedades le permiten elaborar una completa gama de 15 vinos, donde sobresalen sus tintos de Casa Cisca, un tinto varietal de Monastrell de 60 años y una crianza de 16 meses en barrica, y el Casa de la Cera, también con Monastrell, además de Garnacha Tintorera, Cabernet, Syrah y Merlot, con 20 meses en barricas de roble francés y americano de 550 l. Su gama de Esenciales la componen 6 vinos, el GSM, Hécula Monastrell, Castaño Selección, Santa, Castaño Dulce y Olivos de Castaño. Bajo la etiqueta Castaño comercializa un blanco de Macabeo y Chardonnay, un rosado y un tinto, además de un tinto Ecológico. Y bajo la colección de Dominio Espinal, elabora un blanco, un rosado, un tinto, y el selección especial.

    Otra bodega ejemplar es Barahonda, donde la familia Candela ha pasado conocimientos y tradición de padres a hijos durante cuatro generaciones. En la actualidad cuentan con 150 hectáreas en propiedad y 600 hectáreas controladas, con las que elaboran más de media docena de vinos, desde los Barahonda blanco, rosado y tinto joven, hasta el tinto barrica y crianza, y el Barahonda Organic (ecológico). En sus vinos de gama alta sobresalen los varietales Heredad Candela Monastrell y el Heredad Candela Petit Verdot, así como el Monastrell Zona Cepa, mientras que su top de gama es el Barahonda Summum, un tinto varietal de Monastrell de pie franco con 16 meses de crianza en barricas de roble americano (90%) y francés, de producción limitada y numerada a 2.000 botellas.

  • D.O.Ca. Rioja

    D.O.Ca. Rioja

    Rioja es una denominación de origen calificada que se extiende a lo largo del paso del río Ebro por las comunidades autónomas de La Rioja y el País Vasco, y en menor medida de Navarra y Castilla y León. La Rioja cuenta con más de 2.000 años de historia vinculada al mundo del vino. El cultivo de la vid fue introducido por los romanos, como demuestran diversos restos arqueológicos de lagares y bodegas encontrados, y más tarde continuado por fenicios y celtíberos.

    Durante la Edad Media la cultura del vino crece alrededor de los monasterios. En el siglo XIII Gonzalo de Berceo, clérigo del Monasterio de Suso y primer poeta español conocido, menciona en sus versos el vino convirtiéndose así en la primera referencia escrita al vino en España.
    Ya en la Alta Edad Media, y con el continuo crecimiento de la población en las ciudades, el vino gana en popularidad y en importancia económica para la región, convirtiéndose junto al cereal en el motor económico de la zona.
    Tal es la importancia que estaba adquiriendo el comercio del vino, que en 1787 se crea la Real Junta de Cosecheros con el objetivo de fomentar el cultivo de la viña, mejorar la calidad de los vinos elaborados e incentivar la comercialización del vino, sobretodo en los países del norte. Con este objetivo se construyen y mejoran caminos y puentes que unieran los pueblos de la Rioja con el puerto de Santander, puerto del norte que ayudaría a dar salida a los vinos en su ruta hacia el norte de Europa.

    En la segunda mitad del siglo XIX se produce la primera “explosión” de los vinos de Rioja. La crisis provocada por la filoxera en las viñas francesas y la llegada del ferrocarril facilita la exportación de los vinos de La Rioja hacia Francia, un mercado muy maduro y ávido de la llegada de buenos vinos.

    Empiezan a aparecer los que a la larga serían los primeros nombres relevantes en la denominación. Rafael López Heredia (Bodega Viña Tondonia), Luciano Murrieta (Bodega Marqués de Murrieta) o Camilo Hurtado de Amézaga (Marqués de Riscal) fundan sus bodegas, hoy reconocidas como grandes referentes en La Rioja, e introducen nuevas técnicas de elaboración y crianza de vinos.
    La calidad de los vinos de Rioja da un giro espectacular, pasando de vender vino a granel a embotellar vino criado al estilo de Burdeos, buscando la finura y calidad tras largas crianzas. Se empezaba a escribir la historia moderna de los vinos de Rioja.

    Aunque a finales del siglo XIX La Rioja sufrió un duro revés que supondría un gran freno a la evolución de la elaboración de vino.
    La temida filoxera cruzó la frontera y se instaló en La Rioja. En 1902 se extendió por La Rioja Alta y en 1904 por el resto de zonas.
    Con prácticamente toda La Rioja infectada se tuvieron que replantar muchas viñas con una variedad americana, resistente a la filoxera. Pero la replantación del viñedo fue un proceso lento y costoso. No fue hasta los años veinte cuando se dió por finalizada la crisis.

    Una vez pasada la crisis de la filoxera, La Rioja vive un proceso continuo de renovación y modernización, adaptándose a las nuevas exigencias de los consumidores que la llevarían a convertirse en una de las referencias a nivel mundial en cuanto a zonas elaboradoras de vino. El 6 de Junio de 1925 La Rioja se reconoce como la primera Denominación de Origen de España, tratando de proteger así la “marca” Rioja, y la calidad de sus vinos ante posibles falsificaciones.

    En el año 1991, La Rioja se convierte en la primera Denominación de Origen Calificada de España. Se establecen zonas de producción, variedades de uva y rendimientos máximos permitidos, así como técnicas de elaboración y de crianza.
    Este reconocimiento se tradujo en confianza por parte de los consumidores, y hoy en día ha llevado a La Rioja a convertirse en una de las zonas de elaboración más emblemáticas y reconocidas de todo el mundo.

    Carácter: uva, suelo y climatología

    La Rioja cuenta con un clima continental con influencias mediterráneas, más o menos marcadas dependiendo de la zona. Dos climas muy diferentes, prácticamente opuestos, que proporcionan temperaturas suaves y unas precipitaciones medias anuales de 450-500 litros por metro cuadrado. Este clima único, el paso del río Ebro a lo largo de toda la denominación y la proximidad de las Sierras de Cantabria, Demanda y Cameros, hacen de esta zona una zona única y muy privilegiada para el cultivo de la vid.

    La Rioja está dividida en tres zonas de elaboración. Rioja Alta, Rioja Baja y Rioja Alavesa. Tres zonas que están determinadas por diversos factores naturales, y que cuentan con una diferencia de clima y suelos considerable.

    La Rioja Alta es la parte más occidental de la denominación y limita al norte con el margen derecho del Río Ebro, extendiéndose a lo largo de su margen izquierdo. Haro, una de las poblaciones más importantes, y concretamente su Barrio de la Estación, está reconocido como la zona del mundo con mayor concentración de bodegas por metro cuadrado. Algunas de ellas míticas como Viña Tondonia, Muga o Rioja Alta.
    San Vicente de la Sonsierra, Brines, Ábalos, Samaniego o Cenicero son otras poblaciones históricas con una gran tradición en la elaboración de vino.
    La Rioja Alta cuenta con un clima continental moderado, marcado por una influencia cantábrica. La altura a la que están plantados los viñedos ronda entre los 380 y 500 metros sobre el nivel del mar.
    En La Rioja Alta encontramos una gran diversidad de suelos. La mayoría son suelos arcillosos - calcáreos, aunque también encontramos arcillosos - ferrosos y suelos de origen fluvial, muy ricos en grava y caliza.
    La principal variedad cultivada es la variedad Tempranillo, variedad autóctona de La Rioja, que proporciona vinos afrutados y muy equilibrados en grado alcohólico, con muy buenos resultados para elaboraciones con largas crianzas.

    La Rioja Baja es la parte más oriental de la denominación, y se extiende a lo largo del margen derecho del río Ebro.
    Entre las poblaciones más importantes en la elaboración del vino se encuentran Alfaro, Aldeanueva de Ebro o Mendavia.
    Cuenta con un clima más seco y con una mayor influencia mediterránea que La Rioja Alta. El terreno es más suave y la altura a la que se encuentran los viñedos es más baja que en las dos otras zonas de La Rioja, entre 260 y 380 metros sobre el nivel del mar. Los suelos en La Rioja Baja son principalmente suelos de origen fluvial, aunque también encontramos suelos de tipo arcilloso-ferroso.
    El clima, más benévolo, y unos suelos muy fértiles crean el escenario ideal para una perfecta maduración de la uva, proporcionando unas muy buenas cosechas.
    Aunque también se cultiva un porcentaje importante de Tempranillo, la principal variedad cultivada en La Rioja Baja es la variedad Garnacha. Una variedad que proporciona vinos muy aromáticos y con menor acidez y tanicidad que los basados en la Tempranillo.

    La Rioja Alavesa se encuentra situada al sud de la provincia de Álava, delimitada por el Río Ebro al sud y la Sierra Cantabria al norte.
    Hay muchas poblaciones con una gran historia en la elaboración de vinos, entre ellas Elciego, Laguardia o Labastida.
    Cuenta con un micro clima muy especial. Un clima mediterráneo con una gran influencia del Mar Cantábrico, aunque atenuado por la protección que le brinda la barrera natural que supone la Sierra de Cantabria.
    La mayoría de los suelos son arcillo-calcáreos, en fincas ubicadas en pequeñas terrazas a una altitud de entre 400 y 700 metros sobre el nivel del mar. Son suelos que presentan inmejorables características para el cultivo de la vid.
    La principal variedad cultivada es el Tempranillo, que en estas condiciones climáticas y de suelo da como resultado grandes vinos de la máxima calidad, muy delicados y exquisitos.

    Además de las citadas Tempranillo y Garnacha, en La Rioja también se cultivan las variedades Graciano y Mazuelo, que funcionan como complemento ideal a estos dos variedades.
    También se plantan como principales variedades blancas Viura, Malvasía, Garnacha blanca y Tempranillo blanco.

    Aunque los vinos de Rioja más conocidos son los tintos, se elaboran también vinos blancos y vinos rosados.
    El vino rosado está elaborado normalmente con la variedad Garnacha. Lo habitual es consumirlos como vinos jóvenes, aunque hay algunas bodegas que también envejecen estos vinos rosados obteniendo muy buenos resultados.

    El vino blanco se elabora habitualmente a partir de la variedad Viura, mezclándola con Malvasía o alguna otra de las variedades cultivadas. Los blancos pueden ser jóvenes, fermentados en barrica o criados con largo envejecimiento en barrica. Obteniendo desde blancos afrutados, los más jóvenes, hasta vinos blancos mucho más complejos, resultantes de las largas crianzas.

    Los vinos tintos son los vinos que han dado fama mundial a esta denominación. Los tintos jóvenes son vinos para consumir en el año, a veces elaborados mediante el proceso de maceración carbónica. Los tintos de crianza son vinos que han permanecido un mínimo de un año en barrica de roble, y en los que se nota la influencia de la madera. Los vinos Reserva son vinos con una crianza mínima de tres años entre barrica de roble y botella, habiendo permanecido un mínimo de un año en barrica. Suelen contar con aromas más complejos aportados por la crianza como especias, cuero y fruta madura. Y, por último, los vinos Gran Reserva son vinos con una crianza mínima de dos años en barrica de roble y tres años en botella. Se caracterizan por aromas muy complejos a especias, humo, resina. En boca son suaves, aterciopelados y con unos taninos muy pulidos.

    Principales bodegas de Rioja

    La lista de bodegas que encontramos en La Rioja es interminable, y es que hay más de 500 bodegas que elaboran sus vinos en esta denominación.
    Junto a las ya mencionadas Viña Tondonia, Marqués de Riscal y Marqués de Murrieta hay otras bodegas históricas como Bodegas Muga, Bodegas Riojanas, o Bodegas Faustino, todas ellas con métodos de elaboración que se han ido transmitiendo de generación en generación.
    Bodegas de nueva construcción como Bodegas Ysios, Bodegas Olarra o Bodegas Baigorri, que cuentan con unas instalaciones modernas e inmejorables para la elaboración del vino.
    Y por último, encontramos también otras bodegas que elaboran vinos de Rioja con un corte más moderno entre las que se encuentran Sierra Cantabria, Bodegas Contador o Remírez de Ganuza.

  • D.O.Q. Priorat

    D.O.Q. Priorat

    Historia y localización
     
    Priorat está situado al sur de Catalunya, en el interior de la provincia de Tarragona. Se encuentra enclavado en una depresión de montañas, a los pies de la sierra de Montsant y regada por el río Siurana y sus afluentes.

    La historia de la elaboración de vinos en la zona se remonta a principios del siglo XII, cuando los monjes cartujos procedentes de la Provenza llevaron las técnicas y el conocimiento necesario para la elaboración de vino hasta estas tierras.

    El rey Alfonso I fue el encargado de buscar un lugar idóneo para que los monjes se asentaran en Catalunya, con el propósito de fijar un asentamiento en las tierras que acababa de conquistar. Mandó a dos caballeros a recorrer el territorio, quienes al llegar a los pies de la Sierra del Montsant quedaron enamorados de la belleza del lugar.
    Además, corría una leyenda que decía que en el pino más alto de aquel valle aparecía una escalera por donde los ángeles ascendían al cielo.

    Los caballeros le comunicaron el descubrimiento al rey, quien no dudó en que sería el lugar idóneo para los monjes y así se lo hizo saber. Los monjes cartujos estuvieron encantados con la propuesta y decidieron levantar allí su monasterio, monasterio de Scala Dei en honor a la escalera que utilizaban los ángeles para ascender al cielo, así como un templo dedicado a Santa María en el punto donde se encontraba el árbol de la leyenda.

    A lo largo de los siglos, los monjes se encargaron de cuidar las viñas y proteger a los pueblos de la zona, que fueron creciendo a su amparo. Las viñas se fueron extendiendo poco a poco hasta llegar a ocupar prácticamente todos los rincones de aquellas montañas, cultivadas en pequeñas parcelas por los aldeanos.

    A finales del siglo XIX la filoxera llegó al Priorat, lo que hizo que desaparecieran la mayoría de las vides.
    Fue un duro golpe que hizo que los campos se replantaran con almendros, avellanos y olivos como alternativa a las viñas y no sería hasta la década de los años 50, ya en el siglo XX, cuando se volviera a apostar por la replantación de nuevas viñas para intentar volver a la elaboración de aquellos grandes vinos que se habían elaborado en la zona.

    El 23 de Julio de 1954, Priorat obtiene el primer reglamento como Denominación de Origen, reglamento que se ratificaría más tarde primero en el año 1959 y después en Mayo de 1975.

    Unos años después, ya en la década de los años 80 empezaría el relanzamiento de la D.O. Priorat.
    Todo empezó con René Barbier un, hasta entonces desconocido, viticultor francés que supo ver el potencial que le ofrecían las viñas viejas de garnacha y cariñena plantadas en laderas sobre suelos de pizarra y la diversidad de parcelas y exposiciones que presentaban aquellas tierras.

    En el año 1989 René Barbier convenció a 4 amigos (Carles Pastrana, Josep-Lluís Pérez, Daphne Glorian y Álvaro Palacios) del potencial que presentaba el Priorat y juntos decidieron elaborar un gran vino aprovechando todo el potencial que les brindaba esta denominación.

    El año siguiente decidieron elaborar cada uno de ellos ya por separado, y de aquí saldrían algunos de los grandes vinos que hoy en día se conocen de esta denominación como Clos Martinet, Clos Mogador, Clos Erasmus o el famoso y codiciado L'Ermita de Álvaro Palacios.

    A día de hoy el Priorat es una denominación reconocida internacionalmente por la gran personalidad y complejidad de sus vinos.


    Carácter: uva, suelo y climatología

    El Priorat está dividido en 12 zonas de producción. 12 villas con diferentes matices en su geografía y climatología.
    Bellmunt del Priorat, Scala Dei, Gratallops, El Lloar, La Morera de Montsant, Poboleda, Porrera, Torroja del Priorat, La Vilella Alta, La Vilella Baixa, Masos de Falset y Solanes del Molar. De ellas nace el "ví de vil·la" (vino de villa), vino elaborado con uva procedente de una única villa, creando así un gran vínculo entre la uva y el territorio en el que crece. Tipicidad, identidad y terroir.

    El Priorat se encuentra a los pies de la Sierra de Montsant. La característica principal de su orografía son grandes pendientes muy pronunciadas llamadas "costers" (cuestas). Tan pronunciadas en algunos puntos, que obligan a construir terrazas para poderlas cultivar. Algunas terrazas son tan estrechas que hacen muy difícil el trabajo mecánico, obligando a realizar todas las tareas en la viña de forma manual.

    Los suelos son otro de los signos de identidad de esta denominación. Suelos poco profundos y formados principalmente por la desintegración de pizarras, que en la zona reciben el nombre de "licorellas", entre las que se cuelan las raíces de la viña buscando agua y nutrientes. Esta "licorella" es la que aporta al vino del Priorat esas notas minerales, a pizarra, tan características.

    El Priorat, aún y encontrarse relativamente cerca del Mar Mediterráneo, se encuentra aislado de su influencia por la sierra de Montsant, que también ofrece protección de los vientos fríos que vienen del norte.
    Cuenta con unas condiciones óptimas para la maduración de la uva, marcada por grandes diferencias de temperatura entre el día y la noche. En verano, las temperaturas máximas durante el día pueden llegar hasta los 40º, mientras que de noche pueden caer hasta los 12º. Los veranos son largos y muy secos y los inviernos fríos, sufriendo algunas heladas y granizadas.
    La temperatura media a lo largo de todo el año se sitúa en torno a los 15º y las precipitaciones entre 400 y 600 litros por metro cuadrado.

    La variedad principal del Priorat es la Garnacha Tinta, aunque a también se cultivan otras variedades permitidas por la denominación: Mazuelo, Garnacha peluda, Tempranillo, Picapoll tinto, Cabernet sauvignon, Cabernet franco, Pinot noir, Merlot y Syrah.
    Además, se plantan las variedades blancas Garnacha blanca, Macabeo, Pedro Ximénez, Chenin, Moscatel de Alejandría, Moscatel de grano menudo, Blanquilla, Picapoll Blanco y Viognier.


    Principales bodegas del Priorat

    El Priorat está formado por infinidad de pequeñas bodegas, muchas veces familiares, que miman la viña de una manera muy personalizada con un gran trabajo artesano basado en la tradición.
    Entre ellas se encuentran algunas bodegas que han alcanzado una gran repercusión gracias a la gran calidad de sus vinos.

    Bodega Álvaro Palacios es una de las más conocidas, artífice de uno de los mitos de esta denominación, L'Ermita. Clos Mogador o Mas Martinet son otras bodegas que han conseguido hacerse un hueco entre los vinos más codiciados internacionalmente.
    Ferrer Bobet, Terroir al Límit o Celler Vall-Llach son otras bodegas relativamente jóvenes, pero que están empezando a obtener un gran reconocimiento por la calidad de sus vinos.
  • DO El Hierro
  • DO Secano Interior Yumbel
  • DO Valle de Guímar
  • DOC Abruzzo
  • DOC Alentejo
  • DOC Alto Adige Valle Isarco Kerner
  • DOC Amarone della Valpolicella
  • DOC Bairrada
  • DOC Barbera d'Alba
  • DOC Barbera d'Alba Superiore
  • DOC Bolgheri
  • DOC Cacc’e Mmitte di Lucera
  • DOC Campi Flegrei
  • DOC Cannonau di Sardegna
  • DOC Cannonau si Sardegna
  • DOC Cerasuolo d'Abruzzo
  • DOC Cinque Terre
  • DOC Cirò
  • DOC Colares
  • DOC Colli Piacentini Gotturnio Superiore
  • DOC Collio
  • DOC Dão
  • DOC Dolcetto d'Alba
  • DOC Douro
  • DOC Etna
  • DOC Etna Bianco
  • DOC Etna Rosso
  • DOC Freisa d'Asti
  • DOC Friuli Grave
  • DOC Greco di Tufo
  • DOC Lambrusco di Sorbara
  • DOC Langhe Nebbiolo
  • DOC Langue
  • DOC Lugana
  • DOC Maremma Toscana
  • DOC Menfi
  • DOC Monferrato Dolcetto
  • DOC Montepulciano d'Abruzzo
  • DOC Nebbiolo d'Alba
  • DOC Oltrepò Pavese
  • DOC Orvieto Classico
  • DOC Pico
  • DOC Romagna Sangiovese Predappio
  • DOC Rosso di Montalcino
  • DOC Rosso di Valtellina
  • DOC Sicilia
  • DOC Soave
  • DOC Südtirol Alto Adige
  • DOC Trebbiano d'Abruzzo
  • DOC Trento
  • DOC Treviso Prosecco
  • DOC Valpolicella Classico
  • DOC Valpolicella Classico Superiore
  • DOC Valpolicella Ripasso
  • DOC Valpolicella Superiore
  • DOC Valtellina Superiore
  • DOC Verdicchio dei Castelli di Jesi
  • DOC Verduno
  • DOC Vermentino di Sardegna
  • DOCG 
Valdobbiadene Prosecco Superiore
  • DOCG Barbaresco
  • DOCG Barbera d'Asti
  • DOCG Barolo

    DOCG Barolo

    Considerado como uno de los mejores del mundo, el Barolo es uno de los vinos más exclusivos a nivel internacional. Pero para ser “El rey de los vinos, el vino de reyes” tiene que cumplir tres premisas: nacer en las privilegiadas colinas piamontesas de Las Langhe, elaborarse con la mejor uva nebbiolo y pasar por largas crianzas y prolongados refinamientos.

    Las virtudes de los vinos de Barolo fueron reconocidas ya en el año 1807 cuando la noble francesa Juliette Colbert de Maulévrier se casó con el marqués de Barolo, Carlo Tancredi Falletti. Una vez instaurada en el municipio de su marido descubre el gran potencial de los vinos que se elaboran allí e inicia la producción en sus viñedos con intención de convertirlo en el embajador del Piamonte para toda Europa.

    Denominazione di Origine Controllata e Garantita (DOCG) desde el año 1980, Barolo abarca un territorio de 11 municipios situados en las colinas piamontesas de Langhe: Barolo, La Morra, Monforte, Serralunga, Castiglione Falletto, Verduno, Novello, Cherasco, Diano, Roddi y Grinzane Cavour. Un total de 1190 hectáreas divididas en pequeñas parcelas de viñedos donde suelo, altitud, exposición y el microclima cambian en tan solo 30 metros y que proporcionan una enorme variabilidad en sus vinos.

    El vino Barolo se obtiene de la fermentación de las mejores uvas nebbiolo, una apreciada variedad autóctona que, al tener un gran contenido de polifenoles, produce vinos muy tánicos que necesitan de varios años de crianza para su disfrute. Exactamente la Denominazione di Origine Controllata e Garantita Barolo concreta que sus vinos deben envejecer un período mínimo de 38 meses, 18 de los cuales los tiene que pasar en barrica. Si además se trata de un Barolo Riserva el tiempo se alarga a 62 meses, 18 de ellos en barrica.

    Clima, suelos y variedades.

    El Piamonte, ubicado al noreste italiano, se trata de la región vitivinícola más grande de Italia, después de Sicilia. A los pies de las montañas de los Alpes, de ahí su nombre, el Piamonte se divide en cuatro grandes zonas: el Valle de Sésia, el Valle de Dora Baltea, las Colinas de Monferrato y las colinas de Las Langhe. En esta última, al sur de las poblaciones de Asti y Alba, destacan dos zonas, las más prestigiosas del Piamonte: Barolo y Barbaresco, en donde la variedad nebbiolo encuentra su expresión más sorprendente.

    En el caso del Barolo, nombre procedente de su pueblo de origen, se encuentra dividido en tres elevadas cadenas de colinas divididas por dos afluentes del río Tanaro, el Tallòria dell’ Annunziata y el Tallòria di Castiglione. Todos los viñedos se concentran en esta zona de Las Langhe cuyos veranos son calurosos y húmedos y los inviernos fríos y largos y en donde la influencia de los ríos colindantes provoca brumas matinales de cinco metros que permiten que la variedad nebbiolo madure lentamente. Y de ahí el nombre de esta cepa autóctona, de la palabra italiana nebbia (niebla).

    La uva nebbiolo es una variedad difícil de cultivar y de gran delicadeza. Pero, a pesar de que tarda mucho en madurar, es sensible a la podredumbre y se oxida fácilmente, los resultados que se consiguen son increíbles. Unos vinos muy poderosos, fragantes, complejos y con un alto nivel de acidez, taninos y alcohol.

    Clasificación de subzonas de la DOCG Barolo.

    Lo cierto es que el Barolo se encuentra en altitudes que llegan a los 500 m y su suelo, formado por antiguos sedimentos marinos ricos en minerales y oligoelementos denominados marga gris y blanca, presenta considerables diferencias en toda la región. La gran sensibilidad de la uva nebbiolo por la diversidad de suelos, exposiciones, altitudes y mesoclimas en toda la región ofrece una enorme variabilidad en sus vinos e incluso han dado pie al debate de posibles subzonas.

    Mientras en el oeste de la carretera de Alba, cerca de La Morra los suelos se componen de margas calcáreas denominadas “tortoniense” y ofrecen vinos ligeramente menos tensos y más fragantes, en el este los suelos son menos fértiles y con más arenisca y producen vinos más concentrados y potentes con un envejecimiento extraordinariamente largo.

    Entre los grandes viñedos del oeste cabe destacar Brunate, Cerequio, Le Rocche, La Serra y, como no, el más famosos de todo Barolo, Cannubi. Por su parte, al este son mundialmente conocidos los viñedos de Bussia, Ginestra, Villero de Vietti, Monprivato de Mascarello y Bricco Rocche. Este último, aunque de suelos bastante arenosos, puede producir vinos muy fragantes.

    Tradicionales versus innovadores.

    Aunque una de las características principales de los Barolo son sus largas crianzas, no todos los elaboradores están de acuerdo en dejar tanto tiempo en bodega al rey. Todo comienza en los años 80, cuando hay un descenso de la demanda del vino de Barolo por parte de un consumidor descontento que encuentra abusivo el precio de alguno de los productores. Es entonces cuando se inicia un movimiento de nuevos elaboradores que, tras tomar ejemplo de otras zonas vitivinícolas como Borgoña o Burdeos, pretenden romper viejos esquemas que pueden proporcionar defectos al vino y ponen a la práctica nuevas metodologías que permiten obtener resultados cualitativamente mejores.

    Este grupo de innovadores proponen vendimiar antes de que la uva sobremadure, pasar maceraciones más cortas, fermentar en depósitos de acero inoxidable a temperatura controlada, utilizar barricas de roble francés y aplicar menos tiempo de crianza. De esta forma obtienen vinos menos tánicos, más frutales y más delicados. Además, a consecuencia de la limitación de la variedad nebbiolo, proponen elaborar vinos con castas vecinas.

    Por su parte, los tradicionales defienden los preceptos clásicos y no se dejan llevar, como dicen ellos mismos, por modas internacionales. La uva muy madura, fermentación a altas temperaturas, largas maceraciones y crianza duraderas en toneles grandes son las características que hacen al Barolo el rey de los vinos. Y como no, se niegan a utilizar otras uvas que no sean la nebbiolo, variedad que es la que proporciona la tanicidad y la estructura propia de este vino.

    Vinos y Bodegas.

    Sea como sea, lo cierto es que la grandeza del vino de Barolo se encuentra en el terroir. Así que aunque cada productor tenga sus principios a la hora de elaborarlo, por lo que realmente destaca “el vino de los reyes, el rey de los vinos” es el lugar donde nace. A partir de aquí cada bodega le proporciona su propia personalidad.

    Cavallotto es una bodega familiar situada en el municipio de Castiglione Falletto, en la provincia italiana de Cuneo (Piamonte). Desde el año 1928 cuatro son las generaciones que han trabajan en la colina de Bricco Boschis, una de las áreas vinícolas más prestigiosas del norte de Italia que ha permitido elaborar grandes Nebbiolos de marcada personalidad y carácter. Entre sus propuestas encontramos su gran joya, Cavallotto Bricco Boschis, todo un icono entre los Barolos de Castiglione Falletto.

    Ceretto es una de las bodegas más relevantes de las DOCG Barbaresco y Barolo. Verdadera embajadora del Piamonte italiano presenta una amplia gama de vinos que acoge una larga lista de denominaciones de la zona de Las Langhe como Barbaresco, Barolo, Barolo Chinato, Langhe Arneis, Langhe Bianco, Langhe Rosso, Dolcetto d'Alba, Barbera d'Alba, Nebbiolo d'Alba, Moscato d'Asti y Asti Spumante. Elaboraciones de primerísima calidad que nacen de la exigencia y meticulosidad que se imponen tanto en el campo como en la bodega.

    Giuseppe Mascarello e Figlio es el nombre de una bodega familiar que sabe expresar como nadie los Barolos más finos. Fundada en 1881 destaca su trabajo por vinificar en depósitos de cemento recubiertos de resina epoxy y de acero inoxidable con el objetivo de expresar de la mejor manera la uva y el terroir. En cuanto al envejecimiento se hace uso de foudres de roble de Eslovenia. Como resultado obtienen vinos con marcada personalidad, grandes taninos y con una muy buena evolución en botella. Sandrone Luciano, uno de los grandes del Piamonte, es un viticultor amante de su tierra que sabe mostrar como nadie las excelencias de la variedad autóctona nebbiolo. Con un total de 27 hectáreas ubicadas en Langa y Roero que son las responsables de generar unos vinos elegantísimos en donde se combina el saber hacer tradicional con las nuevas metodologías para conseguir así un fiel reflejo del terruño con un vino puro y nítido. Poderi e Cantine Oddero dispone de 35 hectáreas en propiedad repartidas por las colinas del Barolo y el Barbaresco, Barbera y Moscato d'Asti. Una bodega familiar que se funda en el año 1878 para mostrar la grandeza de Barolo. Y aunque Poderi e Cantine, que significa granja y bodega, ha estado durante generaciones en manos de los hombres de la casa, en la actualidad es propiedad de las hijas de James Oddero, Mariacristina y Mariavittoria. Poderi e Cantine Oddero concentra todos sus esfuerzos en la viña para conseguir una uva espléndida y única que, una vez vinificada, ofrece lo mejor de la fruta y de unos suelos únicos. Roagna es otra de las bodegas históricas del Piamonte. Un proyecto familiar que se consolida en Alfredo y después con su hijo Luca Roagna. Partiendo de un manifiesto de 10 principios trabajan la viña de forma biodinámica, sin productos químicos y respetando al máximo la biodiversidad. En la bodega también se procura por el mínimo intervencionismo donde fermentan con levaduras autóctonas, realizan largas maceraciones y embotellan sin filtrar, sin clarificar y con el mínimo de sulfitos. La Azienda Agricola Roberto Voerzio es una joven bodega que inicia Roberto Voerzio en el año 1986. Se trata de un prestigioso enólogo enamorado del Barolo y que es conocido por innovar en el Piamonte. Sin embargo, aunque es uno de los más fervientes representantes de los nuevos barolistas y le encanta experimentar, muestra al mismo tiempo un respeto absoluto por la esencia de esta denominación y por ello sus vinos mantienen una poderosa estructura, gran tanicidad y una enorme capacidad de guarda.
  • DOCG Barolo Riserva
  • DOCG Brachetto D'Acqui
  • DOCG Brunello di Montalcino
  • DOCG Cerasuolo di Vittoria
  • DOCG Chianti Classico
  • DOCG Chianti Classico Riserva
  • DOCG Gattinara
  • DOCG Morenillo di Scansano
  • DOCG Roero
  • DOGC Franciacorta
  • DOP Barbera Monferrato
  • DOP Cilento
  • DOP Colli Orientali del Friuli
  • DOP Falerno del Massico
  • DOP Madeira
  • DOP Marsala
  • El Dorado
  • Elgin
  • England
  • Extremadura
  • France
  • Franschhoek
  • Fronsac
  • Galicia
  • Galilee
  • Genérica
  • Ghazir
  • Gigondas
  • Guarilihue
  • Hawke's Bay
  • IG Azores
  • IGP Aglianico
  • IGP Alpilles
  • IGP Aveyron
  • IGP Campania
  • IGP Collines Rhodaniennes
  • IGP Côte Vermeille
  • IGP Côtes de Gascogne
  • IGP Falanghina
  • IGP Gresivaudan
  • IGP Pays d'Oc
  • IGP Roccamonfina
  • IGP Rosso Toscana
  • IGP Terre degli Osci
  • IGP Toscana
  • IGP Umbria
  • IGP Veneto
  • IGT Delle Venezie
  • IGT Emilia
  • IGT Isola dei Nuraghi
  • IGT Lambrusco dell 'Emilia
  • IGT Salento
  • IGT Terre Siciliane
  • IGT Toscana Bianco
  • IGT Venezia Giulia
  • IGT Vigneti Delle Dolomiti
  • Italy
  • Japan
  • Kamptal
  • La Rioja
  • Leithaberg
  • Lodi
  • Mâcon
  • Madrid
  • Maipo Valley
  • Mallorca
  • Margaux
  • Marlborough
  • Marsannay
  • Martinborough
  • Maule
  • Mendoza
  • Mexico
  • Moravia
  • Morgon
  • Moscato d'Asti
  • Nelson
  • Neméa
  • Niederösterreich
  • North Coast
  • P.G.I. Epanomi
  • Pannobile
  • Paso Robles
  • Patagonia
  • Pauillac
  • PDO Naoussa
  • PDO Santorini
  • Penedès
  • PGI Cyclades
  • PGI Pella
  • Porto
  • Pouilly Fumé
  • Prosseco
  • Retsina Roditis
  • Ribeiro
  • Robertson
  • Rosenberg
  • Saint Aubin 1er Cru
  • Saint-Émilion Grand Cru
  • Saint-Joseph
  • Salzberg
  • Santa Barbara County
  • Santa Cruz
  • Santa Maria Valley
  • Santa Rita Hills
  • Santenay
  • Segovia
  • Sierra de Salamanca
  • Spain
  • Südsteiermark
  • Tokai
  • Toro
  • Uco Valley
  • V.P. Campo de la Guardia
  • V.P. Dominio de Valdepusa
  • V.P. El Terrerazo

    V.P. El Terrerazo

    El área de producción está constituida por los terrenos aptos para la producción de uva de vinificación que se encuentran dentro del paraje del Terrerazo en el término municipal de Utiel. La graduación alcohólica volumétrica natural mínima para los vinos de la tierra será para los blancos 11,5 % en volumen y para los tintos 13 % en volumen. Se trata de vinos homogéneos con las siguientes particularidades: A la vista, son vinos con una capa muy alta, color cereza picota muy profundo. En nariz, se encuentran notas muy persistentes y a la vez intensas de una uva bien madura, mora frambuesa y ciruela. Luego aparecen aromas de sotobosque y arpillera. En boca, son vinos cálidos a la entrada ; en el paso medio por boca, es un vino con mucho cuerpo y estructura, pero no rudo sino todo lo contrario, aterciopelado y con taninos bien maduros. El final de boca es muy largo y fresco.
  • V.P. Finca Élez

    V.P. Finca Élez

    Esta bodega data de los primeros años 90 del pasado siglo, cuando Manuel Manzaneque eligió estos altiplanos de El Bonillo -a más de 1.000 metros de altura- para hacer realidad su sueño vinícola. En esa fecha se construyó la bodega -nueva pero de clara inspiración en su entorno manchego-, perfectamente equipada, donde se procesan únicamente las uvas que se obtienen en los viñedos que la circundan. En el otoño de 2002 la Finca Élez ha sido una de las dos primeras propiedades que han obtenido en España el reconocimiento de 'vino de pago' previsto en la nueva legislación vinícola.
  • V.P. Pago de Arínzano
  • V.P. Pago de Otazu
  • V.P. Pago Florentino
  • Valle de Casablanca
  • Valle de Huasco
  • Valle de Itata
  • Valle de Maipo
  • Valle del Aconcagua
  • Vashon
  • VC Islas Canarias
  • VC Tierra del Vino de Zamora
  • VC Tierras de León
  • VDP des Côtes Catalanes
  • VDP du Gard
  • VDP Mittelrhein
  • VDP Mosel-Saar-Ruwer
  • VDP Nahe
  • VDP Pfalz
  • VDP Rheingau
  • VDP Rheinhessen
  • Venezuela
  • Vermont
  • Villamette Valley
  • Vin de France
  • Vin de la communaute Européenne
  • Vin de Liqueur
  • Vin de Pays de la Franche-Comté
  • Vin Mousseux
  • Vinho de Portugal
  • Vinho regional Beira Atlantico
  • Vinho regional de Lisboa
  • Vinho Verde

    Vinho Verde

    Historia y localización

    Los vinos que se amparan bajo la Denominación de Origen Controlada Vinho Verde son los que se sitúan entre el Valle de Cambra y el río Minho, en el noreste de Portugal. La DOC Vinho Verde fué creada en el año 1984 y es conocida especialmente por vinos blancos, secos, jóvenes y con alta acidez.

    La DOC Vinho Verde se divide a su vez en sub-regiones: Amarante, Ave, Baião, Basto, Cávado, Lima Monçao, Paiva y Soussa y representan unas 21.000 hectáreas de terrenos con viñas propiedad de alrededor de unos 22.000 viticultores. Como dato hay que recalcar que es el vino de Portugal más exportado a otros países.

    Carácter: uva, suelo y climatología

    Las características de los vinhos verdes son directa consecuencia de su proximidad con el Atlántico. Este les otorga la frescura y la acidez perfecta. Además cuentan con una baja graduación alcohólica que oscila entre los 8,5 y el 14%, lo que los hace perfectos para disfrutarlos durante comidas y aperitivos. 

    Las uvas más utilizadas para los vinhos verdes blancos son alvarinho, loureiro, arinto, trajadura, avesso y azal. Los vinhos verdes tintos son elaborados con binhao, borraçal y amaral. También se elaboran vinhos verdes rosados con espadeiro y padeiro, uvas autóctonas, entre otras.

    Principales bodegas de la DOC Vinho Verde

    Las principales bodegas de esta DOC son Nieport y Quinta de Soalheiro. Por eso en Decántalo nuestros sumilleres las han incluido en nuestro catálogo, ya que representan perfectamente la esencia del vinho verde.

  • Vino da Tavola
  • Vino de Mesa
  • Vino Spumate di Qualità
  • VM Andalucía
  • VM Aragón
  • VM Baleares
  • VM Castilla-León
  • VM Catalunya
  • VM Galicia
  • VM Madrid
  • VM Tenerife
  • Volnay 1er Cru
  • Vosne-Romanée
  • Vouvray
  • VT 3 Riberas
  • VT Bajo Aragón
  • VT Cádiz
  • VT Cangas
  • VT Castilla
  • VT Castilla-León

    VT Castilla-León

    Los vinos de Castilla y León elaborados son vinos tintos, blancos y rosados. Son 317 localidades las que los elaboran utilizando uvas producidas en la misma comunidad autónoma. Forman parte de ella las provincias de Ávila, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora.

    El clima de Castilla y León es un clima mediterráneo continental que se caracteriza por no sufrir apenas precipitaciones, siendo seco y haciendo "sufrir" a las viñas para su crecimiento, factor que es positivo para la elaboración de vinos. Los suelos no tienen uniformidad y se pueden encontrar distintos dependiendo de las zonas.
  • VT Conca del Riu Anoia
  • VT Extremadura
  • VT Formentera

    VT Formentera

    Indicación geográfica utilizada para designar los vinos tradicionales de la isla de Formentera. Son vinos elaborados con las variedades tintas: Monastrell, Fogoneu, Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Merlot; y con las blancas: Malvasia, Prensal Blanc, Chardonnay y Viognier.
  • VT Granada Sur-Oeste
  • VT Ibiza
  • VT Illa de Menorca

    VT Illa de Menorca

    Vinos de la tierra identificados con la identificación geográfica Illa de Menorca. Son vinos elaborados con las variedades blancas, Chardonnay, Macabeo, Malvasía, Moscatel, Parellada y Moll, y con las variedades tintas Cabernet Sauvignon, Merlot, Monastrell, Syrah y Tempranillo.
    La isla de Menorca,reserva de la biosfera, da nombre a los vinos de la tierra producidos con uva de esta área geográfica. Actualmente hay inscritas un total de 19,28 hectáreas y 5 bodegas.
    La isla de Menorca se caracteriza por una orografía muy suave. Predominan los suelos profundos pardos calizos, de textura franca y/o arcillosa, formados sobre un substrato litológico complejo, integrado por rocas calizas, areniscas y pizarras.
    La isla se caracteriza por su clima mediterráneo, con precipitaciones (más de 600 mm/año) de otoño a primavera y veranos secos, con temperaturas medias entre 13 y 20 ºC. Destacan los vientos de dirección norte, intensos y frecuentes durante los meses de invierno.
  • VT Illes Balears
  • VT Liébana
  • VT Mallorca

    VT Mallorca

    Vinos de la Tierra, elaborados en la isla de Mallorca a partir de variedades de uva blanca prensal (moll), chardonnay, macabeo, malvasía, moscatel de Alejandría, moscatel de grano menudo, parellada, riesling y sauvignon blanc; y a partir de las variedades tintas callet, manto negro, cabernet sauvignon, fogoneu, merlot, monastrell, syrah, tempranillo y pinot noir.
  • VT Ribera del Queiles

    VT Ribera del Queiles

    Están amparados los vinos elaborados con las uvas de los viñedos de los siguientes términos municipales de la Comunidad Autónoma de Aragón: Grisel, Lituénigo, Los Fayos, Malón, Novallas, Santa Cruz del Moncayo, Tarazona, Torrellas y Vierlas, y de la Comunidad Foral de Navarra: Ablitas, Barillas, Cascante, Monteagudo, Murchante, Tudela (la parte del término municipal al sur del río Ebro) y Tulebras.

  • VT Serra de Tramuntana
  • VT Valdejalón
  • VT Valle del Cinca

    VT Valle del Cinca

    En la actualidad el territorio vitivinícola de Aragón está formado por las cuatro denominaciones de origen y por seis zonas de vino de la tierra: Valle del Cinca, Ribera del Gallego/Cinco Villas, Bajo Aragón, Campo de Belchite, Valdejalón y Valle del Jiloca. Hasta la fecha una de las zonas más avanzadas y dinámicas. Se encuentra ubicada en la provincia de Huesca, lindando casi con Cataluña, en municipios como Albalate de Cinca, Altorricón, Belver de Cinca, Binéfar, Fraga, Monzón, Tamarite de Litera, Vencillón y Zaidín, entre otros. Las distintas variedades que se cultivan son Macabeo, Chardonnay, Garnacha, Tempranillo, Cabernet y Merlot en lo que respecta a principales, y como complementarias, Moscatel de Alejandría, Moristel, Mazuela, Parraleta, Graciano y Pinot Noir.
  • VT Valles de Sadacia

    VT Valles de Sadacia

    La Rioja cuenta con una Indicación Geográfica para los vinos blancos elaborados principalmente con la variedad Moscatel. Estos vinos, los vinos de la Tierra Valles de Sadacia, pueden ser secos, semisecos, dulces y semidulces.
    Los valles de Sadacia -los regados por el río Cidacos, antiguamente Sádacos- resultan idóneos para el cultivo de viñedos en general y de la variedad Moscatel en particular, debido a las características del clima y del suelo.
    Estos vinos se elaboran como otros vinos blancos, pero con una interrupción de la parte final de la fermentación. Con ello se logra que permanezcan azúcares propios, dando lugar a un delicado vino blanco, que puede ser seco, semiseco, dulce o semidulce, dependiendo de la mayor o menor fermentación.
    Los vinos resultan aromáticos y muy finos. Son de color oro, untuosos y con gran presencia de aromas frutales y florales. Muy aterciopelados en el paladar, intensos y elegantes, constituyen un equilibrio perfecto de sensaciones dulces.
  • Wachau
  • Waipara Valley
  • Walker Bay
  • Walla Walla Valley
  • Weinland Österreich
  • Western Cape
  • Wiener Gemischter Satz DAC
  • Willamette Valley
  • Wine of Origin Swartland