D.O. Binissalem Mallorca

El vino balear no escapa a los condicionantes de la insularidad balear, tan dinámica y peculiar en su cultura y sus costumbres. Por su estratégica situación geográfica, Mallorca posee un excelente mercado potencial de vinos cuyas mejores cualidades se fundamentan en el clima y en la cultura mediterránea, y en dos uvas autóctonas; la tinta Manto Negro y la blanca Moll o Prensal Blanc que, desde tiempos antiguos, han sido la base de sus vinos más genuinos.

La D.O. Binissalem-Mallorca se ubica en la isla de Mallorca, que es la mayor del archipiélago balear, y está enclavada en el Mediterráneo occidental, a 132 millas de Barcelona y 140 de Valencia.
Los vinos comenzaron a ser elaborados en esta zona por los romanos, alrededor del año 120 a.C. en el que Quinto Cecilio Metelo conquista la isla de Mallorca, y ya en el siglo I a.C., Plinio habla de los vinos baleáricos comparándolos con los mejores de Italia. Incluso durante la dominación árabe y pese a las prohibiciones coránicas, el cultivo de la vid no desapareció puesto que el moro Beni Abet ofreció a D. Jaime I cuando conquistó la isla en 1230, uvas de excelente calidad. De hecho, la viticultura llegó a ser tan importante en la isla que antes de la llegada de la filoxera, Mallorca contaba con cerca de 27.000 hectáreas de viñedo. Sin embargo, como consecuencia de la llegada de la filoxera a Mallorca y a las demás islas de archipiélago a finales del siglo XIX, la viticultura tuvo que hacer frente a épocas muy complicadas, por lo que la industria del vino sufrió un duro revés y muchos viticultores emigraron en busca de nuevas tierras. Los viñedos fueron reemplazados en su mayoría por almendros, olivos y otros cultivos más rentables, y muchas variedades locales terminaron por desaparecer.

Durante la primera mitad del siglo XX, la extensión de viñedo oscilaba entre 5.000 y 8.500 hectáreas, pero más tarde, con la guerra y la posguerra, la situación del viñedo siguió empeorando porque la economía de subsistencia obligó a transformar los viñedos en cultivos de productos básicos. Pese a todo, el nuevo mercado turístico de mediados del siglo XX dio un empuje a los escasos vinos locales, que desde entonces no han parado de crecer tanto en cantidad como en calidad, hasta que en 1991 se constituyó la DO Binissalem-Mallorca, y es la más antigua de la Isla. Se encuentra situada el centro de la isla de Mallorca, alrededor de la localidad que le da nombre y los municipios de Consell, Santa Eugenia, Santa María del Camí y Sancelles, un paisaje de suave relieve dominado por la llanura, y protegida de los vientos del norte por el imponente macizo de Sierra Alfabia. En la actualidad abarca algo más de 600 hectáreas de viñedo inscrito y hay registradas 13 bodegas elaboradoras.


En la isla de Mallorca también se encuentran la DO Pla i Llevant, así como los Vinos de la Tierra Baleares, Vinos de la Tierra de Mallorca y Vinos de la Tierra Serra de Tramuntana Costa Nord.


Clima, suelo y variedades


El clima de la Denominación de Origen Binissalem-Mallorca se puede calificar de mediterráneo suave, con veranos secos y calurosos e inviernos cortos. La precipitación media anual ronda los 450 mm. Al norte se encuentra la Sierra de Alfabia, que resguarda a los viñedos de los vientos marítimos, fríos y húmedos que soplan en invierno. Las elevadas temperaturas del verano son el mayor problema de los agricultores, aunque la altitud donde está situado el viñedo, entre los 125 y 300 metros, ayuda a mantener una temperatura algo más baja durante la noche en las épocas de maduración y vendimia.


Los suelos mayoritariamente son suelos pardos o pardo-calizos procedentes de sedimentos continentales cuaternarios, con abundante presencia de caliza.


La uva nativa es la tinta Manto Negro, que representa el cerca del 40% de del cultivo de las variedades tintas, seguida de la Cabernet  Sauvignon con el 27%, además de Callet, Tempranillo, Monastrell, Syrah y Merlot, aunque también hay plantaciones de la tinta Gargollasa que se destina en un porcentaje máximo del 30% en la composición tanto de vinos como espumosos rosados.
En blancas predomina la autóctona Moll o Prensal Blanc, que representa el 50% del cultivo de las variedades blancas, seguida de la Chardonnay con un 28%, y Giró Ros, Macabeo, Parellada y Moscatel, así como algunas viñas experimentales de Sauvignon Blanc.


Vinos y bodegas


Los vinos de la DO Binissalem-Mallorca con más renombre son, sin duda, los tintos elaborados con la variedad Manto Negro. Se trata de vinos elegantes cuando se vinifican bien, aromáticos y con cuerpo, especialmente concebidos para una crianza en barricas de roble. La DO Binissalem-Mallorca exige que esta variedad debe participar en la elaboración de los vinos tintos al menos en un 30% para que éstos puedan acogerse a la Denominación de Origen. Los vinos de Manto Negro nos acercan a los aromas de frutas muy maduras como la mora, el higo, la granada y un peculiar recuerdo de algarroba, cultivo con el que comparten hábitat las viñas de Mallorca.


Y en cuanto a los vinos blancos y espumosos, la variedad autóctona Moll o Prensal Blanc debe participar en la elaboración de estos vinos en una proporción mínima del 50%. Los blancos varietales de Prensal Blanc recuerdan la fruta de pulpa blanca, pera, manzana, juntamente con ciertas notas cítricas, pomelo, y florales, que dan lugar a un afrutado singular con notas de anís.

Las bodegas están dotadas de la última tecnología y se trata de empresas familiares donde casi todas aplican el concepto de château en sus explotaciones vinícolas: viña y bodega en una misma propiedad.

Un ejemplo de ello es la Bodega Jaume de Puntiró, una bodega familiar y artesanal fundada en 1980, con media docena de hectáreas de viñedo propio en diferentes parcelas en Santa María del Camí, con cultivo de agricultura ecológica inscrita y avalada por el Consejo de la Producción Agrícola Ecológica de Baleares. Destacan sus tintos Vermell, varietal de Manto Negro y Callet, y también Carmesí, un ensamblaje de Manto Negro, Callet y Cabernet Sauvignon con crianza de un mínimo de doce meses, además de su alto de gama JP, un tinto que sólo se elabora los años de cosecha excepcionales, que proviene de una viña vieja llamada Cas misser Fiol, del que se elaboran menos de 700 botellas.


Bodegas Macià Batle, fundada en 1856, es una de las más antiguas de la comarca de Benissalem-Mallorca. Una de las apuestas seguras es el Macià Batle Crianza, que se elabora a partir de una selección de uvas Manto Negro, Callet y Cabernet Sauvignon que envejece en barricas de roble francés y americano y reposa en botella hasta completar 24 meses. Sin embargo, el buque insignia de la bodega es Reserva Colección, fruto de las mejores viñas de la comarca, siempre en una edición limitada y numerada donde se dan cita el saber, el arte y la tradición vitivinícola de la bodega.


Ca Sa Padrina (1999) en Sencelles, cuenta con ocho hectáreas de viñedos propios en los que se trabajan las variedades autóctonas y las foráneas, de las que elabora y comercializa el tinto Montenegro Suñer-Bibiloni, un vino elegante, muy aromático y equilibrado entre juventud y crianza. También destaca su vino blanco, Mollet Suñer-Bibiloni, donde la protagonista es la uva autóctona Moll.


Vinya Taujana es un proyecto de la familia Crespí, que comenzó en 2001. Cuenta con siete hectáreas de viñedos propios en los que se trabaja, mediante el sistema de espaldera, las variedades autóctonas Manto Negro, Callet y Prensal, así como las foráneas Cabernet Sauvignon y Syrah. Con la marca Vinya Taujana se comercializa un blanco monovarietal de Prensal y un tinto ensamblaje de Manto Negro al 70 % y Cabernet Sauvignon, así como su Torrent Fals Crianza, elaborado con Manto Negro y Cabernet y Syrah, que ha envejecido más de seis meses en barricas nuevas de roble francés y americano.

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