Vinos con crianza. ¿Qué le aporta el roble al vino?

Comenzamos nuestro artículo de hoy comentando algo casi obvio. Y es que estamos seguros de que la mayoría de nuestros lectores y lectoras habrán oído en algún momento que muchos vinos son envejecidos en barrica de roble.

Lo que quizás no sea tan obvio es conocer con cierta exactitud qué aporta exactamente el roble al vino, así como los tipos principales de roble y sus propiedades organolépticas. En el post de hoy nos apetece adentrarnos en las propiedades que la crianza en barrica confiere al vino. ¿Te apetece acompañarnos?

vinos-crianzaSala de crianza de Bodegas Dinastía Vivanco (DOCa Rioja). Imagen por Semsu Hor (CC BY-ND 2.0)

Como nota principal, y a modo de resumen general, podemos decir que el roble se utiliza desde hace siglos en la elaboración del vino, para variar el color, el sabor, el perfil de tanino y la textura de vino.

Como decíamos, la madera de roble permite suavizar la textura del vino y estabilizarlo. Además, hace que los taninos se polimericen dando una sensación más agradable y redonda en la boca.

Otro efecto, además de aportar estructura y suavidad, es que agrega sabores y aromas que de otra forma sería imposible encontrar en ciertos vinos. Hablamos de los famosos aromas especiados y tostados que encontramos en muchos vinos con crianza en roble.

Un largo abanico de experiencias aromáticas al alcance del bodeguero, siempre condicionado por la elección del tipo de roble que se utilice en la crianza.

Actualmente, y a modo general, en enología pueden utilizarse tres tipos diferentes de roble:

Roble francés. Las barricas de roble francés imparten al vino taninos sedosos y transparentes, que transmiten una sensación de dulzura sutil y persistente. Este tipo de roble complementa los vinos con una sensación especiada rica y profunda en nariz. Como ejemplo de vino criado en este tipo de roble, te recomendamos Baigorri Reserva 2007. Vinazo de Rioja con nada menos que 18 meses de crianza en barrica nueva de roble francés. Un vino muy especiado e intenso en nariz que no te dejará indiferente.

Roble americano. Este tipo de roble es mucho menos poroso y más hermético. Ofrece sensaciones mucho más amaderadas, y a menudo un dulzor mucho más presente que en el roble francés, así como intensas vainillas y cocos. Te invitamos a disfrutar de las características de este tipo de crianza descorchando una botella de Viña Arana 2006, también de la DOCa Rioja. Un muy buen vino de perfil clásico, sutil y elegante.

Roble centroeuropeo. De características organolépticas similares al roble francés, el roble del centro de Europa – principalmente Hungría – , es además la variedad que menos compuestos volátiles de la madera cede al vino, lo que convierte a esta madera en ideal para preservar las propiedades de la uva. No es fácil encontrar demasiados vinos criados 100% en barricas de roble de este tipo, aunque por suerte encontramos algunos magníficos ejemplos, como Loxarel Amaltea 2013, elaborado por Bodegas Loxarel bajo el amparo de la DO Penedés. Un vino con magnífica relación – calidad precio, elaborado bajo los preceptos de la agricultura biodinámica.    

¿A qué esperas para disfrutarlos? ¡Te van a encantar!

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