Sanlúcar de Barrameda, sus vinos, su gastronomía y sus gentes

Ya estamos de vuelta de las vacaciones. Hemos cogido fuerzas para acabar el año, pero también hemos aprovechado para conocer un poquito más alguna de las zonas que más nos gustan, especialmente por sus vinos, pero también por su gastronomía. Este año ha sido Sanlúcar de Barrameda y sus alrededores.

manzanillas

Sanlúcar es una de esas ciudades en la que se respira vino. Todo está lleno de carteles publicitarios de bodegas y entre las calles puedes oler sus vinos, ya que las bodegas están entremezcladas con las casas. Sin olvidarnos de los aromas de su comida, laurel, especias fritura… con un incomparable marco, el de Doñana.

En verano Sanlúcar triplica su población. La plaza Cabildo está repleta de gente, las terrazas llenas y sus mesas más. Tortitas de camarones, chocos fritos, ortiguillas, papas aliñadas y un sinfín de manjares tradicionales de la cocina Sanluqueña. El Bajo de Guía y el famosísimo Casa Bigote a rebosar, esperando a que la gente vaya a comer sus despampanantes langostinos cocidos frescos. Las calles llenas de vida, aunque en el barrio alto todo es más pausado, a los Sanluqueños que pasan todo el año aquí les encanta estar más relajados, en sus bares de siempre, con su gente, con su copa de manzanilla en la mano y charlando con los compañeros de barra. Cada barrio tiene su personalidad, todo cuadra para que sea una ciudad peculiar y con un alto grado de magnetismo.

Para los amantes de los vinos Jerez es un auténtico tesoro, y uno de sus epicentros es la Taberna Der Guerrita. Armando Guerra es un agitador e impulsor de los vinos de Jerez. En su taberna puedes encontrar vinos a granel espectaculares, manzanillas en rama, pasada, amontillada, Palo cortado y un sinfín de joyas. Pero también se encarga de tener una sacristía, una pequeña tienda con verdaderas joyas del marco de Jerez en la cual es inevitable pecar. Al lado tiene una sala de catas donde cada verano trae a lo más granado del panorama vitivinícola español a dar unas catas memorables.
Recorriendo las tabernas de la ciudad puedes encontrar verdaderas joyas, en sus mini soleras puedes encontrar manzanillas en rama espectaculares, amontillados viejísimos o moscateles antológicos. Lo que se necesita es viajar allí y explorar. Es la magia del lugar lo que hace grande a Sanlúcar.

Aprovechando que estábamos en Sanlúcar, no podíamos desperdiciar la oportunidad de visitar algunas bodegas:

Callejuela: Esta bodega de reciente creación, en 1980, la fundaron los hermanos Blanco. Disponen de 28 hectáreas repartidas en diferentes pagos, Macharnudo y Aniña en Jerez y Hornillos y Callejuela en Sanlúcar. Su bodega la han creado entre sus viñedos del pago de la Callejuela, un manifiesto físico para revindicar que el vino proviene del viñedo. Fue un atardecer para recordar. Paseamos por sus viñedos y probamos mostos y diferentes barricas después de encabezar los diferentes pagos. Luego bajamos a la bodega y estuvimos probado las diferentes soleras y criaderas, desde su Callejuela Manzanilla fina ideal para comenzar un aperitivo debido a su carácter afrutado y seco hasta su Callejuela Amontillado, magnífico equilibrio entre la crianza y el territorio que marida perfectamente con un buen queso de la zona. Un verdadero placer compartir unos momentos con gente que ha vivido la viña y sus vinos.

Colosía: Bodega emplazada en el Puerto de Santa María y, por consiguiente, lo criado dentro de su bodega se comercializa como Fino. Bodega fundada en 1838, se encuentra en la desembocadura del Rio Guadalete, donde antiguamente se encontraban todas las bodegas de esta ciudad debido a las especiales condiciones de humedad y temperatura que resultan perfectas para la crianza bajo velo de flor. Actualmente está dirigida por la familia Gutierrez-Colosía. Es una bodega espectacular, como las antiguas del Marco, con esa arquitectura tan característica. Aquí llevan criando vinos desde 1838, primero como almacenistas y luego como comercializadora. Visitamos la bodega y luego pudimos probar toda la gama de vinos entre los que resaltan, como es de esperar, sus soleras familiares. Todos sus vinos tienen una gran tipicidad, pero sus soleras familiares sobresalen al estar más concentradas y llenas de sapidez. Podemos destacar el Colosía Palo Cortado Solera de la Familia con más de 50 años de solera y el Colosía Pedro Ximenez Solera de la Familia en la versión dulce, con un final salino debido a los años de crianza. Grandes vino que pudimos degustar junto con Carmen, mujer de Juan Carlos Gutiérrez Colosía, encantadora y llena de energía.

Bodegas Alonso: Antigua bodega Pedro Romero que entró en concurso de acreedores y la compraron los hermanos Asencio hace un año. Hoy en día están recuperando la bodega arquitectónicamente y pasarán a elaborar una manzanilla joven llamada velo de flor para dar apoyo a los vinos viejos que albergan en la bodega, el gran legado que tienen hoy por hoy en sus instalaciones. Tuvimos la oportunidad de probar alguno de esos vinos que van desde los amontillados, a los olorosos y palo cortado. Mención especial a los vinos almacenados de Gaspar Florido y sus famosos Ánsar Real 25 y 30 con una edad probable de entre 55 y 80 años, en el que no paran de criar ya que no están embotellados, vinos interminables y bebibles, un gran legado de este tipo de vinos del Marco que van más allá de la típica cata.

En definitiva, volvimos de Sanlúcar con la idea de que se trata de una ciudad indispensable a la que se debe de ir para poder descubrir los grandes tesoros que se encuentran entre sus calles, tabernas y bodegas.

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